Libro XI La islita valiente
Capítulo 1
“Mi deseo es servir a
Cuba”, dice un muchacho isleño, convencido de que no tiene otra opción que
defender su patria con todo, para hacer frente a los manejos de los reptiles
gringomanos. Éste y otros testimonios convencen a los analistas furtivos de que
existe cierta Edad Media Actual -así la llaman-. Ellos no saben determinar el
rango ético de una acción según su proximidad al cielo. No logran establecer
con exactitud el nivel espiritual ni pueden ayudar que los escalones del
diferencial sean superados. Sencillamente, llaman atraso cultural lo que
observan y determinan que esa forma social es el modo de vida en la isla.
Pero, enseguida, la cotidianidad
les arroja ante los ojos contundentes ejemplos de una barbarie más colosal y
perniciosa aún –si aquella es autodefensa que no ataca a nadie, ésta es manía de
doblegar que invita a invadir-, existente en el lado afuera contiguo a la isla:
fueron engendrados 70 millones de seres de mentalidad salvaje que piensan que
si pierdes las elecciones debes asaltar el congreso, o que es bueno matar a los
negros sin pagarlos y que lo más recomendable es invadir los países que no
obedecen. La escena diaria no deja sin contar a las decenas de millones de
máquinas similares que, en el partido demócrata, apoyan que su país ande
robando petróleo en Siria. Y más allá del área aledaña, los habitantes agrupados
en la Otan, aceptan con mansa comododad que sus ejércitos invadan el suelo
afgano y cooperen con el aumento exponencial de los cultivos de amapola.
Pero no cesa la avalancha
de sucesos bochornosos que demuestran la antiquísima edad que vive Europa. Sus huestes autocráticas se reagrupan dispuestas
a asesinar en masa, y la mayoría se les arrodilla o se hacen los locos. Si fueron
capaces de tachar la proeza de los médicos cubanos como esclavitud laboral, ¿cómo
calificarían el Paso de los Andes, al ver las alpargatas o los pies descalzos de
los guerreros de Boyacá subiendo el páramo nevado? Hay quien vive en el horizonte heroico, porque
tiene energía de sobra para levantar las banderas de la libertad, que los apocados
arrastran por el suelo. Hay quien no entiende que la guerra no ha terminado
todavía. Quizá ni siquiera saben que la contienda perdura gracias a que gente
como ellos apoya al imperio gringomano.
Sin embargo, los
analistas furtivos tienen razón en algo: urge elevar al infinito el nivel de
vida en la isla. Y, para ello el numen de la historia se adelanta a los
acontecimientos y deja ver los gigantescos pasos de su plan divino:
Primero: Lanza al mundo
una verdad: la isla está en peligro por el desabastecimiento compulsivo fruto
de casi un siglo de bloqueo. Los cubanos resisten aún, porque son realmente un
pueblo heroico.
Cuba está en peligro de
morir, ¡porque el lado afuera contiguo quiere asfixiarla! –fagocitarla, absorberla,
desaparecerla, exterminarla como república.
Segundo: Invita a todos a
celebrar el intento de los cubanos, que hace 60 años pugnaron por salir de la
Edad Media Actual y decidieron abandonar el régimen de tutelaje que les impuso Usa
con la enmienda Plat.
¿Es o no necesario que
los países desintegren los imperios y ascienda al paraíso? ¿Es o no heroico
atreverse a ser la única voz en el mundo que no acepta las imposiciones, las
mentiras, las aberrantes extorsiones, los chantajes y la larga cadena de
delitos y crímenes de los gringomanos contra la humanidad? ¿Es o no Cuba un
ejemplo a seguir para el resto de los países? ¿Es o no Cuba la precursora del
Nuevo Mundo?
¿En caso de que una
tormenta arrasara la isla y Usa llegara primero para reconstruirla con sus diligentes
marines, la humanidad entera tendría que preguntarse: ¿quién en realidad
debería repoblarla, los cubanos mayameros capaces de querer destruir el embrión
del paraíso en Venezuela, o los que, en el mundo, son capaces de reconocer el
gigantesco heroísmo que significó, para la humanidad, que una islita se
atreviera a decir: “No somos imperio gringomano. Vivan la salsa y la libertad”?
¿Quién debería repoblarla, los que la martirizaron hasta asesinarla, o los que
entienden que intentó escalar el cielo?
El numen de la vida
establece, sin dejar ninguna duda, que Cuba, como baluarte ético y bastión
libertario de la humanidad: debe ser ayudada a escalar a la Edad de Oro de la
humanidad.
Se participa que ayer
aconteció el llamado “Referéndum cubano”, para saber cuántos querían entrar,
vivos, al cielo de la tierra, y ganaron los aspirantes a ángeles terrenos. En
vista de tales resultados, ya están siendo seleccionados, en la isla, los
barrios, las zonas de desarrollo, las empresas que se liberarán primero del
caos, y de la oprobiosa Edad Media Actual en que chapotea el 99,9% del mundo
civilizado.
Como no se puede
comerciar con la isla -mientras persiste el bloqueo-, todo se resuelve por la
vía de ayudas humanitarias. Entran sólo
regalos, donaciones, aportes para el ascenso espiritual. Y son colocados, no
como limosna y en los lugares más deprimidos, sino en los enclaves del paraíso
antes determinados con la encuesta, como apoyo al ascenso directo de esos
territorios privilegiados al cielo de la tierra.
La idea de extraer
primero del desastre a los más utopistas, a los más resilientes, a los que más
creen en la transformación profunda de la oscuridad en luz, a los capaces de
trascender sus propias obcecaciones, debilidades y mecanismos soldados a la
Estructura Dividida, la idea de extraer primero del desastre a los más soñadores
despiertos es lograr que su éxito y su belleza existencial, se permeen, generen
envidia en los lugares más deprimidos y menos afortunados de la isla, y generen
la energía necesaria para salir in situ, en vez de querer mudarse para Miami.
Los primeros en instalarse en el cielo de la tierra, darán desde allí, con toda
su alma, estímulo a los rezagados, apoyándolos en el traslado ecuménico.
Los proyectos de emersión
son monitoreados exhaustivamente. La meta es popularizar los métodos, las nuevas
tecnologías, las bellezas encontradas en el camino, los hallazgos sorprendentes,
dar a conocer el nuevo modelo de desarrollo, difundirlo para estimular a las
naciones más atrasadas de la América meridional y del planeta.
A los deprimidos, se les
pasan películas de cómo se vive, si eres indigente, en las calles de Usa, para
que se les quiten las ganas de repetir que allá se vive mejor y que el modelo
fracasado es el socialista. Y se los lleva de visita a los enclaves, para demostrarles
con hechos la existencia del escalón superior, después del socialismo acosado:
el paraíso resplandeciente. El socialismo tropical en su etapa superior esplendente
y soleada.
Cuando avanzó lo
suficiente la recuperación de la isla, se la denominó “alma de la nación americana”
y se realizó un Referéndum en el norte. ¿Quiénes están de acuerdo con ayudar a
que nuestra alma entre al paraíso? Cuántos no, ya lo sabemos.
El referéndum resucitó la
polémica entre los dos criterios: el de estrangular a un miembro incómodo de la
familia hasta hacerlo obedecer, y el de atender su reclamo y concluir su legitimidad.
¿Quién estaba errado, el que quería entrar al cielo o el que pretendía mantener
la sociedad en la época de la obediencia ciega? La elección fue concluyente: ¡El
miembro aparentemente ingrato, desobediente o incómodo, supuestamente enfermo, nos está diciendo por donde alcanzar la
libertad que tanto pregonamos! Prevaleció el acuerdo de considerar a Cuba el
corazón valiente que fue capaz de decirle a todo el continente las verdades en
la cara.
Entonces se encauzó la
fase final de la epopeya de salvamento de la isla. ¿Quién pretendía impedirle a
un pueblo expresar su solidaridad, sus deseos de ayudar a un amigo, a un
hermano menor a quien admiraba? ¿Quién
pretendía sabotearle a un pueblo su decisión de completar una obra que ya lucía
irreversible y magnífica? Rodaron muchas cabezas de políticos que intentaron
evitar que los rescatistas canalizaran sus aportes por la vía de la ayuda
humanitaria.
Pero el arribo de Cuba a
la Edad Dorada hizo explotar en Usa la era de las revueltas por el cielo. En
cada rincón del vasto país las poblaciones dejaron de obedecer mafias,
complicidades automáticas y comodidades cómplices. Los cambios de ética pasaron
a ser una moda permanente.
Finalmente, se pusieron a aplicar en casa el
método barrio por barrio, comenzando por salvar de la miseria a sus 40 millones
de indigentes, no con limosnas, sino con su restitución a la belleza original
de la humanidad.
Capítulo 2 Los últimos otra vez
Los isleños de Haití se
rebelaron ante el mundo y plantaron una ecuménica protesta: “¿Cómo van a seguir
mandando ayudas para acá, para que se la roben las bandas, las de los
delincuentes que se tirotean entre ellos y tienen tomados los caminos, y las
del aparato oficial de gobierno? ¡Tienen que enviárnoslo a nosotros, los
indigentes haitianos! ¡La forma es comenzar por una esquina de la isla que no
esté tomada por los bandoleros, que sea fácilmente defendible contra ellos por
las fuerzas de la Onu -escogidas por los países del cielo, es decir, por las
fuerzas de La República Global-, y, una vez seleccionada la cabeza de playa de
la patria refundada, entonces sí, enviar todo lo que la solidaridad
internacional desee mandarnos. ¡Pero, no para remediarnos y sostener la miseria
otros doscientos años, sino para liberarnos tecnológicamente del caos, punto
por punto de la isla! ¿Para qué es la Ciencia de Uno? ¡Úsenla! ¡Que el apoyo
global sea para sacarnos del infierno y establecernos definitivamente en el
Cielo de la Tierra!
Así se hizo y comenzaron
con gran éxito las acciones del rescate total. Cuando los detentores del
imperio gringomano vieron que los de Haití estaban entrando en el Paraíso antes
que ellos, comprendieron el porqué de la famosa frase bíblica.
Capítulo 3
La del Edén y el Encanto
Primero, descubrieron que
no era un impedimento absoluto carecer de independencia política, a la hora de
comenzar la emancipación psicológica esencial, una base humana, ética y
logística capaz de soportar todo el andamiaje de los cambios
infraestructurales. Fundaron sus grupos de acción en la conciencia y fueron
generando la emancipación profunda. Un amplio conglomerado de gestores hicieron
las primeras tareas, barrios felices incluidos.
Luego se dedicaron a la
conquista de la unificación. No podía un sector del país que prefiriera la condición
colonial, instigar el sectarismo de un sector liberacionista. Ni lo contrario.
La lucha de las fuerzas internas debía ser superada en favor de la conciencia.
La inteligencia dictaba crear una
mayoría dirigida al reencantamiento del Edén, y eso sólo era posible si se iban
todos juntos.
Entonces empezaron las
acciones de calle: actuaron con independencia, se consideraron bloqueados, como
Cuba, Irán, Venezuela. Exactamente bloqueados: intervenidos militar,
financiera, comercial, empresarialmente y se empeñaron en desarrollar una vida
no subsidiaria de lo que les suministrara el invasor, el imperio gringomano: desarrollaron
una economía de resistencia. Se prepararon para alcanzar una alta resiliencia.
El proceso sería escabroso, pero había comenzado siglos atrás y la vida no
tenía vuelta atrás en su empeño estético.
Aparecieron las siembras
urbanas y periurbanas, las crías no tradicionales, los inventos, la energía
solar y eólica, del mar, de los elementos químicos, el magnetismo. Los enclaves del paraíso florecieron por su
originalidad y fortaleza en medio de una situación que, los que esperaban todo
de Usa, no consideraban normal, Ni buena, soportable o, propicia. Para los
bregadores del Edén todo era posible y se les daba, parecía magia. Donde
parecía que nadie podría, los bregadores del Encanto obtenían grandes triunfos.
Su secreto era que habían alineado sus metas con las del universo.
Con los primeros éxitos
notables, se vio cómo se desprendían gruesas capas de anexionistas criollos de
la coraza imperial, y la historia los recicló para la belleza pura de la nueva
cultura mundial.
Cuando el imperio
gringomano tuvo su estertor final, hacía mucho tiempo que Puerto Rico era una
de las más sonoras regiones de la Reina de las Repúblicas.
El pueblos que había
entregado tanto sabor y tanto bembé, que había derrochado tanta alegría, parido
tantos cantantes y rumberos inolvidables por su vivir acompasados al ritmo, el
pueblo que había sacado de su mágica caja de música tantos entregadores del
cielo, tuvo su redención y vino a llamarse Borinquen.
Capítulo 4
Jamaica
Los estuvieron
balcanizando y destruyendo uno por uno. Los poetas locos hicieron lo suyo, interesados
en vender discos, les sembraban violencia con las canciones: ¡desde la misma
música! Los agarraban descuidados y caían redonditos. La dinámica del dinero
les trajo armas a las bandas. Los partidos que dividen los diezmaron. La droga
que los alegraba no daba suficiente para unirlos.
Pero la América estaba en
un movimiento encauzado por sucesos envolventes: las otras islas se liberaban,
los países líderes no se arrodillaban ante el destino manifiesto siglos atrás,
tributaban a una República Reina, el imperio colapsaba. La región avanzaba
diariamente hacia su destino de zona de paz, área sin conflictos sueltos,
distribución generosa, integraciones, soluciones más que problemas. Los
turistas preferían este lugar porque sabían que aquí nadie pondría bombas o
saquearía, a no ser los ataques remanentes de los obsoletos piratas
gringomanos.
Apenas el movimiento de
toda la región quedó establecido, la cuna del reggae se encaminó también a la
alegría natural.
Capítulo 5
Japón
Las zonas de desarrollo
paradisíaco de China y Rusia convencieron, en Japón, a los que dudaban de las
estrategias del cielo. Entonces dejaron la iniciativa en manos de los
pacifistas, ahora repotenciados. Florecieron los aprendizajes más relevantes,
el anhelo de Ikeda, la necesidad más honda y humana, el profundo clamor de la
tierra. Y el país entero dijo “Gringos, fuera de Okinawa”.
Capítulo 6
Taiwan
El temor saurio se
concentra en aprovechar el miedo ajeno para lucrar vendiendo armas. Los que las
compran, hacen negocio también, pero la población es la que decide. Más allá
del Referéndum, ya en pleno mundo reencantado, dejaron de existir problemas
como la pertenencia. La paz se hizo, y
llevó a su tumba la guerra fría.
Epílogo:
Corea: una nación, dos sistemas
Un día Corea asombró al
mundo mostrando su espléndida primera zona de desarrollo paradisíaco y desató
la mayor polémica desde la firma del tratado. Entonces propuso que, esa zona,
que estaba muy cercana al paralelo 33, se expandiera con la colaboración de las
dos partes, y que, mientras crecía hacia el norte y hacia el sur, en lo tocante
a la zona del Edén y su expansión, se comportaran como una nación, aunque se
sustentaran en dos sistemas diferentes. Los invasores podían ayudar, si lo
deseaban. No se molestaron en exigir que los gringomanos se fueran por dos
causas: una, que les convenía que los saurios estuvieran cerca y aprendieran
sobre el portento de la reunificación y el ascenso al paraíso –ellos, que
depredaban mediante la desintegración y el descenso al infierno-, y la segunda,
que, al final de la operación, ya los mismos surcoreanos no tendrían miedo, y
los de cerebro de lagarto no tendrían de dónde agarrarse para seguir tan lejos
de casa.
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