El chavismo es un sectarismo
(El siguiente
trabajo fue extraído de la segunda parte del libro “Epistemología de la
liberación”).
Hay una definición
de sectarismo que sólo toma en cuenta el interior de un movimiento. Sectario
es, en ese caso, el que crea grupos cismáticos al interior de ese movimiento.
Pero, siguiendo la misma lógica, si tomamos como universo el movimiento social
como un todo, queda definida como sectaria toda corriente que se separa y
conforma grupos incomprensivos, respecto a los otros grupos y respecto al
proceso de separación, generando guerras.
Sectarismo es adhesión a una parte y
negación ciega de las otras. El cristianismo considera que dios es Jehová y que
el Islám está equivocado, que Alah no es el nombre del ser supremo, que la Biblia
es la palabra divina y el Corán y los Vedas mienten; no reconoce a Buda, a
Viracocha ni a Inti. No toma en cuenta que el Islam y el hinduismo hacen lo
mismo, cada uno considera que su dios es el único y que los otros libros
sagrados están equivocados. El joven
sectario revolucionario, se considera la cima de la civilización, asistida
imbatiblemente por la razón histórica, porque apoya la justicia social: pero,
frente a él, el joven neoliberal se cree parte de la élite más razonable del
planeta, cuando apoya a los que fueron exitosos acumulando dinero, y agrega
enfático que, la del capitalismo, es la única manera que hay de producir
riqueza.
Un
esquema que ilustra con bastante precisión este tipo de situación es el del
seis y el nueve: el que se sitúe viendo un seis, si no es capaz de entender
todo el proceso de él y su contrario, queda enfrentado al que, situado en una
visual opuesta, ve un nueve. El sectario se aferra a su creencia de que tiene
toda la razón y de que el otro está errado. Mientras no ve la trampa, discute
ciego, considera al otro bruto por no ver una verdad tan evidente, se molesta
frustrado, comienza la escalada violenta que, como sabemos, puede desencadenar
conflagraciones como la II del siglo pasado. Sólo cuando deja de querer ganar,
y le da prioridad a entender lo que pasa, puede el sectario salir de su
encierro, ir a observar qué ve el otro, entender su razón y atraerlo
amistosamente a ver desde el otro lado y a reír juntos.
Pero un sectario no entiende que apoyar
uno de los bandos, negar el lado bueno o razonable de los diferentes y quedar
en guerra con ellos, repite el esquema de las guerras y auspicia la
destrucción. No sabe que ese esquema mental puede ser comprendido por la
inteligencia humana, trascendido e inutilizado. Ni sospecha que, para una
solución armoniosa, su actitud mecánica debe cesar. Él tiene miedo y quiere
ganar.
Por supuesto,
tampoco vislumbra que vivir trascendiendo ésa y las otras trampas de la
Estructura de la Muerte crea el paraíso en que nos unimos más allá de las
creencias, y que para tal arribo a nuestro mejor destino tiene que dejar de
repetir ciegamente un libro o una doctrina, y pasar a considerarlos materia de
estudio, hipótesis o mitología, siempre punto intermedio en nuestro vagar
infinito hacia una conciencia cósmica.
Los seguidores
Los seguidores son
la nómina menor del estamento sectario. El seguidor es, igual que todos los
sectarios, una víctima de la estructura dividida y de los condicionamientos
anteriormente recibidos. Obedece a entrenamientos previos para el sometimiento
inculcados en la familia, el hogar, a través de los filmes, las telenovelas, y
del ejemplo de los líderes y los demás actores públicos del sistema social
caótico. Cuando se conforma con su trabajo de apoyar y repetir, aunque obtiene
seguridad y equilibrio de su adhesión, y garantiza con ella la cohesión
necesaria de su movimiento, se mantiene incapaz de crear o innovar. El que
sigue pila el maíz, acata lo heredado. Le deja el trabajo de inventar el molino
manual a una mente superior, a un poder divino, ignorando que es él, quien está
llamado a ser esa mente superior. En la medida en que la secta sea más o menos
rígida, el trabajo de la nómina mayor será devolver esa minusvalía del personal
o reforzarla. En un nivel intermedio de esta escala, alertará sobre el
coloniaje, pero no alentará una rutina precisa que erradique sistemáticamente
la vida subalterna.
Mientras acata y
repite, el seguidor puede ascender dentro de la cofradía, y esto garantiza que
la misma se expanda en el espacio y en el tiempo, pero con ello aumenta su
cualidad de resonador, no se torna un promotor ni un emprendedor creativo y,
por tanto, no funda una nueva sociedad.
La trampa
El sectario cae en
las trampas de la historia. El chavista cree en el socialismo como solución, y
queda en guerra con los neoliberales y con todo el pueblo bien intencionado que
teme el comunismo. Ninguno de los dos contrarios advierte que el otro tiene una
razón justificada que lo lleva a movilizarse en la forma en que lo hace.
Ninguno advierte que ese accionar del otro puede ser desmontado por la
inteligencia. El adoctrinado neoliberal, el anticomunista a muerte no se
detiene a entender la legítima defensa en que se posiciona el socialista. El
chavista no se dedica a entender y amar al anticomunista ni activa una
tecnología para liberarlo de su temor, de su adoctrinamiento, de su sujeción
dentro de la Matriz imperial esclavista. Cada uno, por el contrario, esgrime la
burla, el desprecio, la injuria o cualquier otro ataque, clichés, frases y errores
que convencen a su contrario de que está en peligro, o de que no hay talento en
el oponente y es mejor morir luchando: todo menos rendirse ante tanto desvarío
y desacierto.
Un seguidor es
alguien que se maravilló por algo y se mantiene encendido por el prodigio, pero
no se considera con acceso para hacer él mismo la maravilla. Se circunscribe a
mantener viva una lumbre, defiende el resplandor contra sus detractores. Y
mientras no tiene acceso a la maravilla, permanece esclavo del misterio: el
seguidor es un desconocedor de la verdad. Alguien que niega su potencialidad de
ser sabio y pleno: alguien que se cierra las puertas de la Nueva Sociedad.
Pensar con la
propia cabeza
Los seguidores no
tienen pensamiento propio, no descubren por sí mismos, temen variar las
enseñanzas recibidas, escogen seguir la huella trazada, así que repiten los
errores y las omisiones de sus maestros. Los seguidores de Aristóteles
mantuvieron por más de dieciocho siglos la creencia de que un proyectil al ser
lanzado describe, después de cierto tiempo, una caída vertical. Hasta que
Tartaglia, en el siglo XVI demostró que la trayectoria en cuestión se parece a
una parábola. Otras veces, los seguidores repiten los errores de los
codificadores o intérpretes de las enseñanzas del maestro. Los cristianos
defendieron por toda la edad Media que la tierra era el centro del universo y
fueron capaces de matar para defender esa falacia.
El seguidor
sectario no hace lo que su guía o su libro no prescribió, así quepa plenamente
en la lógica evolutiva de la prédica o la gesta en cuestión. Los cristianos, en
dos mil años no erigieron un solo barrio feliz -ni, por tanto, un primer país
de la armonía. Los seguidores chavistas tampoco lo han creado. Ambos podrían
pasar los próximos 2000 años sin incorporar pensamiento creativo y acción
diferente en sus sistemas. Mientras no sean laboriosamente ascendidos al papel
de entendedores a fondo de lo que ocurre, pudieran jamás aprender a liberarse
ni a pensar con su propia cabeza, discutir las ideas con sus jefes sin crear
cismas y avanzar fuera de los errores propios de todo accionar humano.
Que ese ascenso
acontezca, depende de que, quienes conocemos el problema, adquiramos y pongamos
en práctica una titánica virtud de ayudar a entender y a despertar, de
facilitar que otro se eleve espiritualmente, de procurar el ascenso de las
poblaciones y redimirlas de la prisión del pensamiento rígido, el tiempo y la
muerte en vida.
Autonegación
El sectario se
niega a desarrollar sus potencialidades, desconoce su capacidad de comprender
cada vez más a fondo, de salir de las trampas, innovar, crear y avanzar hacia
una sociedad plenamente humana. El líder o guía desarrolló alguna
potencialidad, pero el sectario se queda detrás . Para dar fin a las guerras y
liberar los poderes creadores, las energías creadoras del pueblo, hace falta
que todos los ciudadanos asciendan al mayor nivel de comprensión y sabiduría,
al mayor grado ético, a la estética del convivir, pero el sectario se limita a
repetir mecánicamente un cliché, una frase, una fórmula, y a considerar
enemigos u obstáculos a los que no repiten lo que él, a los que están anclados
en otras fórmulas igual de ciegas y mecánicas, y a guerrear con ellos a muerte.
La historia de Europa nos habla de gente que ha reproducido por 30.000 años
este esquema con resultados tan desastrosos como las dos guerras mundiales del
siglo XX, sin ningún aprendizaje significativo: son perfectamente capaces de
desatar la tercera y quizá última guerra, atacándonos. En realidad ya la están
desatando en forma de guerra híbrida, total y continuada.
Sólo un
entrenamiento especial fuera del sectarismo podría llevar a los seguidores a la
liberación. Pero esto significaría la extirpación de la base ciega, la
destrucción del partido, de la garantía de obtener votos dormidos y, sectario
que se respeta está muy lejos de autodestruirse. Aunque esa autodestrucción
eficiente, bellamente agenciada, significaría subsanar el error milenario,
mover los cerrojos y transformar el viejo accionar mecánico, heredero de las
peores tradiciones humanas. Comenzar la más potente resurrección de la
humanidad, el renacer de entre sus cenizas.
No rectificación
Una forma de la
autonegación es la incapacidad para corregir los errores de la actuación, y,
sobre todo, para combatir la corrupción. Y entonces cualquier manejo inadecuado
capaz de alimentar la vieja sociedad, se mantiene, gracias a los seguidores,
intacto por décadas. Pongamos el ejemplo de la sosa cáustica. Este insumo,
clave en la fabricación del jabón, es importado y pasa de mano en mano hasta
que llega a los productores artesanales carísimo, aunque los ingredientes para
fabricarla son agua salada y electricidad. El país puede fabricar su sosa
cáustica, distribuirla sin intermediarios y bajar drásticamente los precios de
los productos de limpieza. Pero los líderes del gobierno revolucionario
desconocen o callan esta información, ninguno la corre para levantar a la
población seguidora y corregir el proceso. Los líderes mayores pueden alentar
este tipo de insurgencia interna, el Comandante declaró ser el principal
crítico del proceso y Diosdado dijo expresamente: “En vez de salirte del
partido, lo correcto es ¡reclamar hasta que seas escuchado!” Pero dicho a esa
altura no basta. Los seguidores atienden a otras dinámicas: no son una
maquinaria engrasada para convertir esas directrices en marchas dentro de las
marchas para sacar a un corrupto o modificar una práctica adversa. Nunca ha
ocurrido. No hay un solo caso, y eso define lo que es un movimiento de
seguidores, algo contrapuesto a lo que se necesita: un proceso de liberar a la
población acostumbrada a seguir.
División y
dependencia
Seguir es una
forma de división que establece una partición entre el que sabe la verdad, la
descubrió o la manifiesta más amplia o claramente, y el que la recibe y se
dedica principalmente a no cambiarle nada. El que sigue, niega su potencialidad
para producir conocimiento, rechaza esa cualidad propia y natural del ser
humano, que debe ser desplegada a cada instante para que pueda haber plenitud
del vivir y nueva sociedad. No desplegarla es negarse una función vital,
amputarse el órgano de la autoliberación, abdicar al crecimiento de sí mismo y
condenarse, por un lado, a depender de otros que produzcan los saberes, y por
el otro, a depender de lo ya aprendido, que consiste fundamentalmente en
rutinas ciegas, automatismos de una vida ajena: enclaustrarse en la Estructura
de la Muerte. Es negarse a vivir la dimensión más fructífera y gratificante del
ser.
El seguidor
depende del líder para activarse y vibrar, o de la imagen del líder, hábilmente
manipulada, por él o por otros. Mientras el pueblo depende de líderes, su
movimiento está a punto de ser dislocado o abolido mediante el encarcelamiento,
la difamación y el asesinato ético o la eliminación física del líder. O a punto
de quedar detenido en el tiempo, desvirtuado o sin crecimiento creativo, muerto
o en la vía de marchitarse y perecer.
Adoctrinamiento y
verdad
El sectario es una
víctima del adoctrinamiento. Recibió un entrenamiento consistente en mostrar lo
que favorece a un bando y esconder –o desconocer- lo que lo menoscaba. El que
adoctrina muestra lo malo del otro y así maneja las emociones del futuro
adoctrinado, aprovecha la emocionalidad de las masas (en vez de ayudar a que la
mayoría madure). Adoctrinar es además una forma de dominación. Convertir a
alguien en seguidor es dominarlo. Es aprovechar sus condicionamientos previos
para la conducta mecánica y la baja estima, en vez de rescatarlo para la
vivencia plena y la ciudadanía libre. En la medida en que el adoctrinado se
hace capaz de evaluar su situación, su grado limitado de conciencia, el
desconocimiento del otro, la respuesta temerosa, la defensa ciega ante cada
estímulo enviado por el otro; y en la medida en que conoce al oponente, sus
motivaciones, los adoctrinamientos que sufrió, la manera en que es víctima y
sufriente,; pero al mismo tiem po en la medida en que se percata del proceso
qyue los involucra, en esa medida deja lña matriz sectaria y abre la
posibilidad de lo neuvo.
La Nueva Sociedad
Dependencia,
separación, subordinación, autonegación, dominación son formas perfectamente
superables. A la población le corresponde trascender el nivel de seguidora:
superar el emocionalismo primario y manejar con madurez los sentimientos,
hacerse capaz de desechar los ritos separadores, el rumor, los chismes, las
rencillas automáticas, dotarse con una sólida capacidad para entender situaciones,
aprender a analizar los conflictos en toda su amplitud, evaluando lo favorable
y lo nocivo de cada bando en cada confrontación, convertir cada comunidad en un
centro de producción de conocimiento, desarrollar pensamiento crítico y
habilidades deductivas, desarrollar una teoría de las guerras y un método para
su finalización. Producir el más profundo y ennobleciente cambio de mentalidad.
Pero los sectarios no se especializan en brindarse estas herramientas. Las
ignoran, o hacen un uso burocrático, declamatorio y superficial de las
mismas.
La eterna vieja
sociedad
Por la calidad del
pensamiento y el rango de la acción, la cofradía chavista está en el mismo
nivel de las bandas protestantes en lucha, durante 30 años, contra sus
opositores católicos, y en el mismo de conflictos similares. Se trata de una
banda convencida pero sirviente de una idea manejada por una dirigencia:
subalternos de la guerra. Mientras no entendamos el conflicto y apliquemos la
inteligencia, estaremos en nuestra propia y particular Edad Media. No habremos
dejado el pasado atrás.
El seguidor
sectario, dado el nivel de la información que maneja, se dirige a llegaderos previsibles: cansarse y retirarse
de la fe; adaptarse a las circunstancias y, si son favorables, quedarse como
feligreses, burocratizarse y permanecer en el movimiento ejecutando los
rituales de manera superficial; o, ante los embates y la dificultad de los
retos, obligado por su menguada conciencia de lo que ocurre y por lo manejable
de su mente, retirarse, abjurar y quedar afuera o voltearse: aliarse
irremediablemente con su antiguo contrario. Un último llegadero del sectario es
fanatizarse.
Supremacismo
Un sectario
fanatizado suele abrigar la creencia firme de que es la cúspide del desarrollo
humano, asume que él ya abrió los ojos y que son los demás los que deben
cambiar, despertar y transformarse (o los que jamás podrán hacerlo por ser
inferiores y pueden ser masacrados). La actitud regida por el pensamiento “sólo
el otro debe cambiar” implica un intento de doblegarlo, es un acto de
dominación. Esta actitud ejecuta, entonces, una especie de supremacismo. Quien
piense: “Nosotros valemos y los demás son de segunda categoría, son lentos,
torpes”, estará despreciando al resto de la población, pero, a la vez, está
amparándose en un error: el chavista no advierte que subió apenas un escalón en
la pirámide del conocimiento y la liberación, y que por encima de su grado de
conciencia, existe, al menos, el nivel de los que entienden la guerra y la
saben exterminar, junto con todas las injusticias y los demás males del mundo
dividido. El seguidor no es la cúspide humana, vive en la ineptitud que ha
mantenido a Europa por trescientos siglos masacrándose pueblo contra pueblo, y
que ahora la lleva a encompincharse con Usa para masacrar a otros continentes.
El futuro.
Una forma en que
aparece el supremacismo en la tolda chavista, es la expresada en diversas
oportunidades por voceros de ese bando al considerar que lo ideal, la solución
al problema en el país, es que toda la población se vuelva chavista. Cuando
este sector imagina un cuadro que pinta el mejor futuro nacional, ve la
revolución triunfante, la mayor fuerza electoral votando por el chavismo, la
oposición en desbandada y disminuyendo hacia su extinción, y el resto de la
población, los “apáticos”, neutralizados por su inopia. Como tal futuro no se
dispara mediante un método diferente al utilizado hasta la fecha, prevalece lo
conocido: se llega a ese futuro sin corregir las desviaciones, sin cambiar, con
votos de seguidores, apalancados por los errores de la oposición. Es un futuro
sin Barrios Felices ni Zonas de Desarrollo Edénico, es decir, sin Nueva
Sociedad.
Por supuesto, este
sueño surge en un entorno romántico en que las fuerzas revolucionarias
venezolanas, desde el gobierno, suelen invocar el amor (declaran y postulan el
amor, lo sueñan y desean, lo persiguen por intuición, sólo que, como están
anclados al paradigma temeroso, lo alejan con el resto de los pasos que dan).
Pero es tan precario e inconsistente, tan poco convincente este futuro, que sus
mismos promotores no han sido capaces de llevarlo al público en una película,
jamás. Se han hecho decenas de filmes del pasado, sobre Bolívar, Zamora,
Miranda, pero ninguno que enfoque el futuro de la patria. Habría que
preguntarse por qué.
Pero, por ahora,
nos contentaremos con ver lo que está detrás de esa formulación de futuro. Para
comenzar, lo de que el contrario desaparece, es la fórmula autoritaria
universal. El juego dicotómico cenit de la intolerancia, en que sólo uno gana,
el otro pierde y, en última instancia, desaparece. Es lo que procuraba Carlo
Magno cuando asesinaba a todos los sajones que no se le convertían al
cristianismo. Es el viejo juego del caos social, que en la política se encierra
en declaraciones del tipo: “Todo el pueblo asistió a mi marcha”, cuando, no, el
pueblo opositor no asistió, pero quien lo ignora con la palabra, lo está
eliminando simbólicamente. Si tomamos en cuenta que la propuesta que
estudiamos, para un radiante futuro nacional, no contempla el cambio personal
ni la evolución del partido, ni la transformación profunda de la gente, sino el
cambio en la dirección del voto en una significativa marea de seguidores, y la
desaparición o neutralización de los obstáculos, tenemos que concluir que se
trata de un intento de dominación. Yo no cambio y gano, porque soy perfecto, tú
si lo haces, según mi plan, o desapareces. Lo que está detrás es la misma
Estructura de la Muerte que en Usa asesina a los negros y que en Colombia
extermina diariamente a los líderes sociales, en un lenguaje en que esa
oligarquía le envía a la población un mensaje clarísimo y escueto: “Si no te me
sometes, te mato”.
Debemos asumir las
distancias ya mencionadas -allá se trata de élites oligárquicas asesinas
confesas, fuerzas fascistas empeñadas en conservar su dominio brutal, aquí es
la élite revolucionaria del planeta, dotada de un amplio arsenal humanista y
todos los deseos de paz, amor y armonía social-. Pero las dos formulaciones
quieren decir lo mismo: los camaradas de la burocracia revolucionaria actúan
bajo el mismo paradigma del fascismo, el de la enemistad, la incomprensión y la
muerte. Una de la otra, están tan distanciadas en su evolución, como lo está el
circo romano del fútbol, pero igual que estas dos últimas manifestaciones,
ambas, es fascismo y la revolución burocrática pertenecen a la misma estructura
dividida, a la Estructura dela Muerte. Es bueno que lo adviertan y reflexionen,
para que sepan que deben salir de ahí, ya que, sin lugar a dudas, quieren fundar
una Nueva Sociedad.
Estatus del
chavismo
El sectario
chavista tiene ante sí un primer problema consistente en que ignora que existen niveles superiores a su
estatus de conciencia social, que estos niveles de la conciencia superior
son los más recomendables si se desean la conservación de la especie humana y
la transformación que nos lleve a una Nueva Sociedad, y que debe crecer
urgentemente. Pero además se le presenta un segundo y gigantesco problema, su
yo: vive tan engreído por haber desplazado medianamente a la oligarquía del
poder, vive tan orgulloso de sus logros, que no está dispuesto a ver para los
lados ni a revisar sus posiciones, reconocer sus errores, y menos asumir un
aprendizaje sistemático de la división, de la fuente de las dominaciones, del
meollo transformante, del discriminante capaz de fortalecer un método preciso y
una estrategia de dar muerte definitiva a la vieja sociedad con cada paso.
Logros de la
revolución bolivariana el amor
Detengámonos en
los logros de la revolución bolivariana. No nos paremos en el sistema universal
de salud, la alfabetización, la educación gratuita hasta el nivel
universitario, la asistencia alimentaria a los más golpeados por el sistema, a
las madres del barrio, las pensiones a la totalidad de los adultos mayores, los
millones de viviendas. Pasemos por alto muchas otras y exaltemos, sobre todo
haber puesto de moda la palabra amor en los manejos políticos, demostrando con
ello una intuición irrevocable y certera respecto a la puerta, a la herramienta
fundamental para el cambio social. Y, por último, mencionemos la inmensa gloria
que conlleva haberse mantenido en el gobierno por dos décadas contra toda la
alevosía imperial. Hasta allí el elogio. Ahora veamos por qué el triunfo
chavista es realmente precario: el desalojo de la oligarquía fuera del aparato
gubernamental ha sido solo mediano, porque permanecen en esas instituciones
infinidad de infiltrados, oportunistas, saboteadores, corruptos, funcionarios
burocratizados, etc. Pero en lo económico la preponderancia de la oligarquía es
más contundente aún. Los burgueses perdieron el dominio pleno de Pdvsa pero
tienen el aparato importador-distribuidor y gobiernan los precios, desde donde
atormentan a la población sin que el gobierno haya podido hacer nada. Encima,
los oligarcas conservan sus posiciones en la conciencia de la gente ingenua,
tienen el aparato mediático y cuentan con las costumbres del pueblo –incluso el
pueblo chavista-: ver tv de entretenimiento castrante, disfrutar telenovelas
fatuas (que te alejan a toda costa del tema de dar fin a las dominaciones),
recibir noticias manipuladoras y creer todo lo que le mandan, admirar a los
ricos y querer ser como ellos, desconocer que el imperio existe y que está
detrás de todo lo que los instiga o mueve. Finalmente, buena parte de la población cree que comerciar en un
marco de inflación inducida es “trabajar”, cuando en realidad es ser soldado
mercenario en una guerra, es guerrear, despojar, empobrecer, preparar una
invasión, ayudar a asesinar gente.
Es en estos campos
de la economía y la conciencia donde hay que dar la batalla, pero el chavismo,
o no lo sabe, o se muestra francamente inhábil para ganar la batalla cultural.
O no lo sabe hacer, o se hace el loco, en todo caso deja la solución para
después, deja pasar el error y no se para seriamente a aprender para inventar y
no errar.
Escalera al cielo.
Para ilustrar el
nivel del chavismo, utilicemos someramente la herramienta "Escalera al
cielo”, uno de los instrumentos del Método de Uno, aplicable a las situaciones
para medir el grado de conciencia de los participantes, colocándolos en una escala que podemos construir a placer
(el ejemplo fue sacado del periódico alternativo “Correo Comunal” No. 122
Pongamos en el
escalón más bajo a los adoctrinados por
el imperio, creen que Usa es bonita en todo, que no tiene defectos y que es
obligatorio visitar Disney world una vez en la vida aunque sea. Subiendo un
escalón están los que despertaron de ese sueño y pelean contra los que siguen
abajo, a quienes llaman traidores y apátridas.
Un puesto más
arriba, rumbo a la conciencia plena, están los que ven la confrontación
capitalismo-socialismo y sus 50 millones de muertos del siglo pasado, pero
escogen el fascismo (Bachelet); Un peldaño más arriba están los que escogen la
paz, una neutralidad casi religiosa y respetuosa de la vida: analizan con
profundidad y opinan verazmente, pero no poseen herramientas idóneas para
organizar al pueblo y no garantizan su
liberación definitiva.
Si subimos un
peldaño más en el escalafón hacia la conciencia superior, hallamos a los libertadores
aún ineficientes, conocen las herramientas y el
método para instaurar la armonía, pero todavía no saben tener éxito. Por
encima coloquemos a los libertadores con éxito en pequeña escala. Y en la
cúspide, a los que no sólo tienen éxito liberando multitudes, sino que son
aclamados o reconocidos por ellas, lucen como estrellas, ganan dinero con su
performance, pero se desprenden del sobrante en favor del fin de las
dominaciones, etc.
Como se ve, el
chavista, con toda la belleza de su empeño redentor, no está diferenciado
psíquicamente del resto de la población productora del desastre social. No está
dotado del conocimiento específico sobre la Estructura de la Muerte,
imprescindible para desmantelarla. No da pasos precisos para desaparecerla,
porque no puede darlos, no sabe cómo se come eso. Animado por su genuino deseo
de redención, da tumbos, desvaría, tropieza buscando a ciegas, apuesta
intuitivo con suerte diversa o variable. Urgido por las exigencias del día a
día, y sin conocimiento sobre el meollo que debe ser transformado -la división,
que es íntima y social y deshacible-, le da prioridad a la respuesta
coyuntural. No ataca la división estructural porque no sabe que ése es el foco
irradiante de la sociedad salvaje: entonces la reproduce. Cada vez que se
dedica a lo coyuntural, fortalece, reedita la Estructura de la Muerte. Da
bonos, que van a tener a las arcas de los jefes de los bachacos: enriquece a la
burguesía. Remedia la precariedad en el seno del pueblo, pero no mata la vieja
sociedad: se condena a reconstruir este esquema hasta el fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario