El chavismo es un sectarismo

 

(El siguiente trabajo fue extraído de la segunda parte del libro “Epistemología de la liberación”).

 


Hay una definición de sectarismo que sólo toma en cuenta el interior de un movimiento. Sectario es, en ese caso, el que crea grupos cismáticos al interior de ese movimiento. Pero, siguiendo la misma lógica, si tomamos como universo el movimiento social como un todo, queda definida como sectaria toda corriente que se separa y conforma grupos incomprensivos, respecto a los otros grupos y respecto al proceso de separación, generando guerras.

Sectarismo es adhesión a una parte y negación ciega de las otras. El cristianismo considera que dios es Jehová y que el Islám está equivocado, que Alah no es el nombre del ser supremo, que la Biblia es la palabra divina y el Corán y los Vedas mienten; no reconoce a Buda, a Viracocha ni a Inti. No toma en cuenta que el Islam y el hinduismo hacen lo mismo, cada uno considera que su dios es el único y que los otros libros sagrados están equivocados. El joven sectario revolucionario, se considera la cima de la civilización, asistida imbatiblemente por la razón histórica, porque apoya la justicia social: pero, frente a él, el joven neoliberal se cree parte de la élite más razonable del planeta, cuando apoya a los que fueron exitosos acumulando dinero, y agrega enfático que, la del capitalismo, es la única manera que hay de producir riqueza.

Un esquema que ilustra con bastante precisión este tipo de situación es el del seis y el nueve: el que se sitúe viendo un seis, si no es capaz de entender todo el proceso de él y su contrario, queda enfrentado al que, situado en una visual opuesta, ve un nueve. El sectario se aferra a su creencia de que tiene toda la razón y de que el otro está errado. Mientras no ve la trampa, discute ciego, considera al otro bruto por no ver una verdad tan evidente, se molesta frustrado, comienza la escalada violenta que, como sabemos, puede desencadenar conflagraciones como la II del siglo pasado. Sólo cuando deja de querer ganar, y le da prioridad a entender lo que pasa, puede el sectario salir de su encierro, ir a observar qué ve el otro, entender su razón y atraerlo amistosamente a ver desde el otro lado y a reír juntos.

Pero un sectario no entiende que apoyar uno de los bandos, negar el lado bueno o razonable de los diferentes y quedar en guerra con ellos, repite el esquema de las guerras y auspicia la destrucción. No sabe que ese esquema mental puede ser comprendido por la inteligencia humana, trascendido e inutilizado. Ni sospecha que, para una solución armoniosa, su actitud mecánica debe cesar. Él tiene miedo y quiere ganar.

Por supuesto, tampoco vislumbra que vivir trascendiendo ésa y las otras trampas de la Estructura de la Muerte crea el paraíso en que nos unimos más allá de las creencias, y que para tal arribo a nuestro mejor destino tiene que dejar de repetir ciegamente un libro o una doctrina, y pasar a considerarlos materia de estudio, hipótesis o mitología, siempre punto intermedio en nuestro vagar infinito hacia una conciencia cósmica.

Los seguidores

Los seguidores son la nómina menor del estamento sectario. El seguidor es, igual que todos los sectarios, una víctima de la estructura dividida y de los condicionamientos anteriormente recibidos. Obedece a entrenamientos previos para el sometimiento inculcados en la familia, el hogar, a través de los filmes, las telenovelas, y del ejemplo de los líderes y los demás actores públicos del sistema social caótico. Cuando se conforma con su trabajo de apoyar y repetir, aunque obtiene seguridad y equilibrio de su adhesión, y garantiza con ella la cohesión necesaria de su movimiento, se mantiene incapaz de crear o innovar. El que sigue pila el maíz, acata lo heredado. Le deja el trabajo de inventar el molino manual a una mente superior, a un poder divino, ignorando que es él, quien está llamado a ser esa mente superior. En la medida en que la secta sea más o menos rígida, el trabajo de la nómina mayor será devolver esa minusvalía del personal o reforzarla. En un nivel intermedio de esta escala, alertará sobre el coloniaje, pero no alentará una rutina precisa que erradique sistemáticamente la vida subalterna.

Mientras acata y repite, el seguidor puede ascender dentro de la cofradía, y esto garantiza que la misma se expanda en el espacio y en el tiempo, pero con ello aumenta su cualidad de resonador, no se torna un promotor ni un emprendedor creativo y, por tanto, no funda una nueva sociedad.

La trampa

El sectario cae en las trampas de la historia. El chavista cree en el socialismo como solución, y queda en guerra con los neoliberales y con todo el pueblo bien intencionado que teme el comunismo. Ninguno de los dos contrarios advierte que el otro tiene una razón justificada que lo lleva a movilizarse en la forma en que lo hace. Ninguno advierte que ese accionar del otro puede ser desmontado por la inteligencia. El adoctrinado neoliberal, el anticomunista a muerte no se detiene a entender la legítima defensa en que se posiciona el socialista. El chavista no se dedica a entender y amar al anticomunista ni activa una tecnología para liberarlo de su temor, de su adoctrinamiento, de su sujeción dentro de la Matriz imperial esclavista. Cada uno, por el contrario, esgrime la burla, el desprecio, la injuria o cualquier otro ataque, clichés, frases y errores que convencen a su contrario de que está en peligro, o de que no hay talento en el oponente y es mejor morir luchando: todo menos rendirse ante tanto desvarío y desacierto.

Un seguidor es alguien que se maravilló por algo y se mantiene encendido por el prodigio, pero no se considera con acceso para hacer él mismo la maravilla. Se circunscribe a mantener viva una lumbre, defiende el resplandor contra sus detractores. Y mientras no tiene acceso a la maravilla, permanece esclavo del misterio: el seguidor es un desconocedor de la verdad. Alguien que niega su potencialidad de ser sabio y pleno: alguien que se cierra las puertas de la Nueva Sociedad.

Pensar con la propia cabeza

Los seguidores no tienen pensamiento propio, no descubren por sí mismos, temen variar las enseñanzas recibidas, escogen seguir la huella trazada, así que repiten los errores y las omisiones de sus maestros. Los seguidores de Aristóteles mantuvieron por más de dieciocho siglos la creencia de que un proyectil al ser lanzado describe, después de cierto tiempo, una caída vertical. Hasta que Tartaglia, en el siglo XVI demostró que la trayectoria en cuestión se parece a una parábola. Otras veces, los seguidores repiten los errores de los codificadores o intérpretes de las enseñanzas del maestro. Los cristianos defendieron por toda la edad Media que la tierra era el centro del universo y fueron capaces de matar para defender esa falacia.

El seguidor sectario no hace lo que su guía o su libro no prescribió, así quepa plenamente en la lógica evolutiva de la prédica o la gesta en cuestión. Los cristianos, en dos mil años no erigieron un solo barrio feliz -ni, por tanto, un primer país de la armonía. Los seguidores chavistas tampoco lo han creado. Ambos podrían pasar los próximos 2000 años sin incorporar pensamiento creativo y acción diferente en sus sistemas. Mientras no sean laboriosamente ascendidos al papel de entendedores a fondo de lo que ocurre, pudieran jamás aprender a liberarse ni a pensar con su propia cabeza, discutir las ideas con sus jefes sin crear cismas y avanzar fuera de los errores propios de todo accionar humano.

Que ese ascenso acontezca, depende de que, quienes conocemos el problema, adquiramos y pongamos en práctica una titánica virtud de ayudar a entender y a despertar, de facilitar que otro se eleve espiritualmente, de procurar el ascenso de las poblaciones y redimirlas de la prisión del pensamiento rígido, el tiempo y la muerte en vida.

 

Autonegación

El sectario se niega a desarrollar sus potencialidades, desconoce su capacidad de comprender cada vez más a fondo, de salir de las trampas, innovar, crear y avanzar hacia una sociedad plenamente humana. El líder o guía desarrolló alguna potencialidad, pero el sectario se queda detrás . Para dar fin a las guerras y liberar los poderes creadores, las energías creadoras del pueblo, hace falta que todos los ciudadanos asciendan al mayor nivel de comprensión y sabiduría, al mayor grado ético, a la estética del convivir, pero el sectario se limita a repetir mecánicamente un cliché, una frase, una fórmula, y a considerar enemigos u obstáculos a los que no repiten lo que él, a los que están anclados en otras fórmulas igual de ciegas y mecánicas, y a guerrear con ellos a muerte. La historia de Europa nos habla de gente que ha reproducido por 30.000 años este esquema con resultados tan desastrosos como las dos guerras mundiales del siglo XX, sin ningún aprendizaje significativo: son perfectamente capaces de desatar la tercera y quizá última guerra, atacándonos. En realidad ya la están desatando en forma de guerra híbrida, total y continuada.

Sólo un entrenamiento especial fuera del sectarismo podría llevar a los seguidores a la liberación. Pero esto significaría la extirpación de la base ciega, la destrucción del partido, de la garantía de obtener votos dormidos y, sectario que se respeta está muy lejos de autodestruirse. Aunque esa autodestrucción eficiente, bellamente agenciada, significaría subsanar el error milenario, mover los cerrojos y transformar el viejo accionar mecánico, heredero de las peores tradiciones humanas. Comenzar la más potente resurrección de la humanidad, el renacer de entre sus cenizas.

No rectificación

Una forma de la autonegación es la incapacidad para corregir los errores de la actuación, y, sobre todo, para combatir la corrupción. Y entonces cualquier manejo inadecuado capaz de alimentar la vieja sociedad, se mantiene, gracias a los seguidores, intacto por décadas. Pongamos el ejemplo de la sosa cáustica. Este insumo, clave en la fabricación del jabón, es importado y pasa de mano en mano hasta que llega a los productores artesanales carísimo, aunque los ingredientes para fabricarla son agua salada y electricidad. El país puede fabricar su sosa cáustica, distribuirla sin intermediarios y bajar drásticamente los precios de los productos de limpieza. Pero los líderes del gobierno revolucionario desconocen o callan esta información, ninguno la corre para levantar a la población seguidora y corregir el proceso. Los líderes mayores pueden alentar este tipo de insurgencia interna, el Comandante declaró ser el principal crítico del proceso y Diosdado dijo expresamente: “En vez de salirte del partido, lo correcto es ¡reclamar hasta que seas escuchado!” Pero dicho a esa altura no basta. Los seguidores atienden a otras dinámicas: no son una maquinaria engrasada para convertir esas directrices en marchas dentro de las marchas para sacar a un corrupto o modificar una práctica adversa. Nunca ha ocurrido. No hay un solo caso, y eso define lo que es un movimiento de seguidores, algo contrapuesto a lo que se necesita: un proceso de liberar a la población acostumbrada a seguir.

División y dependencia

Seguir es una forma de división que establece una partición entre el que sabe la verdad, la descubrió o la manifiesta más amplia o claramente, y el que la recibe y se dedica principalmente a no cambiarle nada. El que sigue, niega su potencialidad para producir conocimiento, rechaza esa cualidad propia y natural del ser humano, que debe ser desplegada a cada instante para que pueda haber plenitud del vivir y nueva sociedad. No desplegarla es negarse una función vital, amputarse el órgano de la autoliberación, abdicar al crecimiento de sí mismo y condenarse, por un lado, a depender de otros que produzcan los saberes, y por el otro, a depender de lo ya aprendido, que consiste fundamentalmente en rutinas ciegas, automatismos de una vida ajena: enclaustrarse en la Estructura de la Muerte. Es negarse a vivir la dimensión más fructífera y gratificante del ser.

El seguidor depende del líder para activarse y vibrar, o de la imagen del líder, hábilmente manipulada, por él o por otros. Mientras el pueblo depende de líderes, su movimiento está a punto de ser dislocado o abolido mediante el encarcelamiento, la difamación y el asesinato ético o la eliminación física del líder. O a punto de quedar detenido en el tiempo, desvirtuado o sin crecimiento creativo, muerto o en la vía de marchitarse y perecer.

Adoctrinamiento y verdad

El sectario es una víctima del adoctrinamiento. Recibió un entrenamiento consistente en mostrar lo que favorece a un bando y esconder –o desconocer- lo que lo menoscaba. El que adoctrina muestra lo malo del otro y así maneja las emociones del futuro adoctrinado, aprovecha la emocionalidad de las masas (en vez de ayudar a que la mayoría madure). Adoctrinar es además una forma de dominación. Convertir a alguien en seguidor es dominarlo. Es aprovechar sus condicionamientos previos para la conducta mecánica y la baja estima, en vez de rescatarlo para la vivencia plena y la ciudadanía libre. En la medida en que el adoctrinado se hace capaz de evaluar su situación, su grado limitado de conciencia, el desconocimiento del otro, la respuesta temerosa, la defensa ciega ante cada estímulo enviado por el otro; y en la medida en que conoce al oponente, sus motivaciones, los adoctrinamientos que sufrió, la manera en que es víctima y sufriente,; pero al mismo tiem po en la medida en que se percata del proceso qyue los involucra, en esa medida deja lña matriz sectaria y abre la posibilidad de lo neuvo.  

La Nueva Sociedad

Dependencia, separación, subordinación, autonegación, dominación son formas perfectamente superables. A la población le corresponde trascender el nivel de seguidora: superar el emocionalismo primario y manejar con madurez los sentimientos, hacerse capaz de desechar los ritos separadores, el rumor, los chismes, las rencillas automáticas, dotarse con una sólida capacidad para entender situaciones, aprender a analizar los conflictos en toda su amplitud, evaluando lo favorable y lo nocivo de cada bando en cada confrontación, convertir cada comunidad en un centro de producción de conocimiento, desarrollar pensamiento crítico y habilidades deductivas, desarrollar una teoría de las guerras y un método para su finalización. Producir el más profundo y ennobleciente cambio de mentalidad. Pero los sectarios no se especializan en brindarse estas herramientas. Las ignoran, o hacen un uso burocrático, declamatorio y superficial de las mismas.   

La eterna vieja sociedad

Por la calidad del pensamiento y el rango de la acción, la cofradía chavista está en el mismo nivel de las bandas protestantes en lucha, durante 30 años, contra sus opositores católicos, y en el mismo de conflictos similares. Se trata de una banda convencida pero sirviente de una idea manejada por una dirigencia: subalternos de la guerra. Mientras no entendamos el conflicto y apliquemos la inteligencia, estaremos en nuestra propia y particular Edad Media. No habremos dejado el pasado atrás.  

El seguidor sectario, dado el nivel de la información que maneja, se dirige a  llegaderos previsibles: cansarse y retirarse de la fe; adaptarse a las circunstancias y, si son favorables, quedarse como feligreses, burocratizarse y permanecer en el movimiento ejecutando los rituales de manera superficial; o, ante los embates y la dificultad de los retos, obligado por su menguada conciencia de lo que ocurre y por lo manejable de su mente, retirarse, abjurar y quedar afuera o voltearse: aliarse irremediablemente con su antiguo contrario. Un último llegadero del sectario es fanatizarse.

Supremacismo

Un sectario fanatizado suele abrigar la creencia firme de que es la cúspide del desarrollo humano, asume que él ya abrió los ojos y que son los demás los que deben cambiar, despertar y transformarse (o los que jamás podrán hacerlo por ser inferiores y pueden ser masacrados). La actitud regida por el pensamiento “sólo el otro debe cambiar” implica un intento de doblegarlo, es un acto de dominación. Esta actitud ejecuta, entonces, una especie de supremacismo. Quien piense: “Nosotros valemos y los demás son de segunda categoría, son lentos, torpes”, estará despreciando al resto de la población, pero, a la vez, está amparándose en un error: el chavista no advierte que subió apenas un escalón en la pirámide del conocimiento y la liberación, y que por encima de su grado de conciencia, existe, al menos, el nivel de los que entienden la guerra y la saben exterminar, junto con todas las injusticias y los demás males del mundo dividido. El seguidor no es la cúspide humana, vive en la ineptitud que ha mantenido a Europa por trescientos siglos masacrándose pueblo contra pueblo, y que ahora la lleva a encompincharse con Usa para masacrar a otros continentes.

El futuro.

Una forma en que aparece el supremacismo en la tolda chavista, es la expresada en diversas oportunidades por voceros de ese bando al considerar que lo ideal, la solución al problema en el país, es que toda la población se vuelva chavista. Cuando este sector imagina un cuadro que pinta el mejor futuro nacional, ve la revolución triunfante, la mayor fuerza electoral votando por el chavismo, la oposición en desbandada y disminuyendo hacia su extinción, y el resto de la población, los “apáticos”, neutralizados por su inopia. Como tal futuro no se dispara mediante un método diferente al utilizado hasta la fecha, prevalece lo conocido: se llega a ese futuro sin corregir las desviaciones, sin cambiar, con votos de seguidores, apalancados por los errores de la oposición. Es un futuro sin Barrios Felices ni Zonas de Desarrollo Edénico, es decir, sin Nueva Sociedad.

Por supuesto, este sueño surge en un entorno romántico en que las fuerzas revolucionarias venezolanas, desde el gobierno, suelen invocar el amor (declaran y postulan el amor, lo sueñan y desean, lo persiguen por intuición, sólo que, como están anclados al paradigma temeroso, lo alejan con el resto de los pasos que dan). Pero es tan precario e inconsistente, tan poco convincente este futuro, que sus mismos promotores no han sido capaces de llevarlo al público en una película, jamás. Se han hecho decenas de filmes del pasado, sobre Bolívar, Zamora, Miranda, pero ninguno que enfoque el futuro de la patria. Habría que preguntarse por qué.

Pero, por ahora, nos contentaremos con ver lo que está detrás de esa formulación de futuro. Para comenzar, lo de que el contrario desaparece, es la fórmula autoritaria universal. El juego dicotómico cenit de la intolerancia, en que sólo uno gana, el otro pierde y, en última instancia, desaparece. Es lo que procuraba Carlo Magno cuando asesinaba a todos los sajones que no se le convertían al cristianismo. Es el viejo juego del caos social, que en la política se encierra en declaraciones del tipo: “Todo el pueblo asistió a mi marcha”, cuando, no, el pueblo opositor no asistió, pero quien lo ignora con la palabra, lo está eliminando simbólicamente. Si tomamos en cuenta que la propuesta que estudiamos, para un radiante futuro nacional, no contempla el cambio personal ni la evolución del partido, ni la transformación profunda de la gente, sino el cambio en la dirección del voto en una significativa marea de seguidores, y la desaparición o neutralización de los obstáculos, tenemos que concluir que se trata de un intento de dominación. Yo no cambio y gano, porque soy perfecto, tú si lo haces, según mi plan, o desapareces. Lo que está detrás es la misma Estructura de la Muerte que en Usa asesina a los negros y que en Colombia extermina diariamente a los líderes sociales, en un lenguaje en que esa oligarquía le envía a la población un mensaje clarísimo y escueto: “Si no te me sometes, te mato”.  

Debemos asumir las distancias ya mencionadas -allá se trata de élites oligárquicas asesinas confesas, fuerzas fascistas empeñadas en conservar su dominio brutal, aquí es la élite revolucionaria del planeta, dotada de un amplio arsenal humanista y todos los deseos de paz, amor y armonía social-. Pero las dos formulaciones quieren decir lo mismo: los camaradas de la burocracia revolucionaria actúan bajo el mismo paradigma del fascismo, el de la enemistad, la incomprensión y la muerte. Una de la otra, están tan distanciadas en su evolución, como lo está el circo romano del fútbol, pero igual que estas dos últimas manifestaciones, ambas, es fascismo y la revolución burocrática pertenecen a la misma estructura dividida, a la Estructura dela Muerte. Es bueno que lo adviertan y reflexionen, para que sepan que deben salir de ahí, ya que, sin lugar a dudas, quieren fundar una Nueva Sociedad.

Estatus del chavismo

El sectario chavista tiene ante sí un primer problema consistente en que ignora que existen niveles superiores a su estatus de conciencia social, que estos niveles de la conciencia superior son los más recomendables si se desean la conservación de la especie humana y la transformación que nos lleve a una Nueva Sociedad, y que debe crecer urgentemente. Pero además se le presenta un segundo y gigantesco problema, su yo: vive tan engreído por haber desplazado medianamente a la oligarquía del poder, vive tan orgulloso de sus logros, que no está dispuesto a ver para los lados ni a revisar sus posiciones, reconocer sus errores, y menos asumir un aprendizaje sistemático de la división, de la fuente de las dominaciones, del meollo transformante, del discriminante capaz de fortalecer un método preciso y una estrategia de dar muerte definitiva a la vieja sociedad con cada paso.

Logros de la revolución bolivariana el amor

Detengámonos en los logros de la revolución bolivariana. No nos paremos en el sistema universal de salud, la alfabetización, la educación gratuita hasta el nivel universitario, la asistencia alimentaria a los más golpeados por el sistema, a las madres del barrio, las pensiones a la totalidad de los adultos mayores, los millones de viviendas. Pasemos por alto muchas otras y exaltemos, sobre todo haber puesto de moda la palabra amor en los manejos políticos, demostrando con ello una intuición irrevocable y certera respecto a la puerta, a la herramienta fundamental para el cambio social. Y, por último, mencionemos la inmensa gloria que conlleva haberse mantenido en el gobierno por dos décadas contra toda la alevosía imperial. Hasta allí el elogio. Ahora veamos por qué el triunfo chavista es realmente precario: el desalojo de la oligarquía fuera del aparato gubernamental ha sido solo mediano, porque permanecen en esas instituciones infinidad de infiltrados, oportunistas, saboteadores, corruptos, funcionarios burocratizados, etc. Pero en lo económico la preponderancia de la oligarquía es más contundente aún. Los burgueses perdieron el dominio pleno de Pdvsa pero tienen el aparato importador-distribuidor y gobiernan los precios, desde donde atormentan a la población sin que el gobierno haya podido hacer nada. Encima, los oligarcas conservan sus posiciones en la conciencia de la gente ingenua, tienen el aparato mediático y cuentan con las costumbres del pueblo –incluso el pueblo chavista-: ver tv de entretenimiento castrante, disfrutar telenovelas fatuas (que te alejan a toda costa del tema de dar fin a las dominaciones), recibir noticias manipuladoras y creer todo lo que le mandan, admirar a los ricos y querer ser como ellos, desconocer que el imperio existe y que está detrás de todo lo que los instiga o mueve. Finalmente, buena parte  de la población cree que comerciar en un marco de inflación inducida es “trabajar”, cuando en realidad es ser soldado mercenario en una guerra, es guerrear, despojar, empobrecer, preparar una invasión, ayudar a asesinar gente.

Es en estos campos de la economía y la conciencia donde hay que dar la batalla, pero el chavismo, o no lo sabe, o se muestra francamente inhábil para ganar la batalla cultural. O no lo sabe hacer, o se hace el loco, en todo caso deja la solución para después, deja pasar el error y no se para seriamente a aprender para inventar y no errar. 

Escalera al cielo.

Para ilustrar el nivel del chavismo, utilicemos someramente la herramienta "Escalera al cielo”, uno de los instrumentos del Método de Uno, aplicable a las situaciones para medir el grado de conciencia de los participantes, colocándolos  en una escala que podemos construir a placer (el ejemplo fue sacado del periódico alternativo “Correo Comunal” No. 122

Pongamos en el escalón más  bajo a los adoctrinados por el imperio, creen que Usa es bonita en todo, que no tiene defectos y que es obligatorio visitar Disney world una vez en la vida aunque sea. Subiendo un escalón están los que despertaron de ese sueño y pelean contra los que siguen abajo, a quienes llaman traidores y apátridas. 

Un puesto más arriba, rumbo a la conciencia plena, están los que ven la confrontación capitalismo-socialismo y sus 50 millones de muertos del siglo pasado, pero escogen el fascismo (Bachelet); Un peldaño más arriba están los que escogen la paz, una neutralidad casi religiosa y respetuosa de la vida: analizan con profundidad y opinan verazmente, pero no poseen herramientas idóneas para organizar al pueblo  y no garantizan su liberación definitiva.

Si subimos un peldaño más en el escalafón hacia la conciencia superior, hallamos a los libertadores aún ineficientes, conocen las herramientas y el  método para instaurar la armonía, pero todavía no saben tener éxito. Por encima coloquemos a los libertadores con éxito en pequeña escala. Y en la cúspide, a los que no sólo tienen éxito liberando multitudes, sino que son aclamados o reconocidos por ellas, lucen como estrellas, ganan dinero con su performance, pero se desprenden del sobrante en favor del fin de las dominaciones, etc.

Como se ve, el chavista, con toda la belleza de su empeño redentor, no está diferenciado psíquicamente del resto de la población productora del desastre social. No está dotado del conocimiento específico sobre la Estructura de la Muerte, imprescindible para desmantelarla. No da pasos precisos para desaparecerla, porque no puede darlos, no sabe cómo se come eso. Animado por su genuino deseo de redención, da tumbos, desvaría, tropieza buscando a ciegas, apuesta intuitivo con suerte diversa o variable. Urgido por las exigencias del día a día, y sin conocimiento sobre el meollo que debe ser transformado -la división, que es íntima y social y deshacible-, le da prioridad a la respuesta coyuntural. No ataca la división estructural porque no sabe que ése es el foco irradiante de la sociedad salvaje: entonces la reproduce. Cada vez que se dedica a lo coyuntural, fortalece, reedita la Estructura de la Muerte. Da bonos, que van a tener a las arcas de los jefes de los bachacos: enriquece a la burguesía. Remedia la precariedad en el seno del pueblo, pero no mata la vieja sociedad: se condena a reconstruir este esquema hasta el fin. 

 

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