La que se fue Programa 14 de La Oposición Noble
Ella vive en el Este y quiere que el
Presidente se rinda, que entregue y se vaya. Para ella la vida puede ser así,
sin principios, son honor, sin recuerdo ni herencia de Bolívar. Sin patria qué
defender. Claro, los medios han hecho su trabajo: ella cree que el Presidente
es un bandido. Que se robó las elecciones y está ahí ilegalmente. Ella recibe
la vida de segunda mano, no la sabe leer por ella misma. Recibe la versión de
un bando, pero ella lo toma como verdad absoluta y entra a la guerra sin
saberlo. Sabe que la AN opositora fue elegida por el mismo aparato electoral que
el Presidente, y que tal institución electoral tiene fama mundial y pudiera ser
el mejor, el más seguro del mundo, pero ella quiere creer que el Presidente se
robó las elecciones el año pasado. Y dice tener pruebas: en tal mesa los
testigos dijeron que el otro iba ganando y, de pronto, ganó Maduro. Culpa de
Diosdado.
Para ella su país es un lugar donde un
extraño puede llegar y ordenar lo que los demás deben hacer. Uno fuerte viene y
te grita “¡Te vas de tu casa que aquí mando yo!”, y ella se va sin morderle
aunque sea la pata al caballo del tipejo. Más bien le lame esa pata y le dice
qué bonito tu caballito, con temor escondido a medias en una sonrisa que no
llega a ser hipócrita, porque se devela a sí misma como falsa.
Cree que la oposición es buena, que no
miente, no sabe que la oposición salvaje es capaz de matar a media humanidad y
quedarse con los sumisos con tal de dominar (no lo sabe, o no se lo quiere
tomar en serio). Jura por la bondad de los que les mandan mensajes por la red,
la radio y la tv, a ella y a sus amistades, cree que su honestidad la alcanzará
cuando gobiernen, es decir, cuando tumben al gobierno legítimo. No ve que lo
que ella sufre, vivir sin luz, sin comida, sin un sueldo que alcance, sin agua,
etc, es el resultado de una lucha donde se combinan, por un lado, las
ineficiencias del gobierno -que no es capasz de construir una red sana de
distribución de alimentos-, pero por el otro el saboteo sistemático proveniente
de los enemigos del gobierno. No reconoce que el gobierno tiene enemigos poderosos, que pese a ellos intenta
mantener los servicios de salud, educación, transporte, luz, agua, telefonía y
vivienda más baratos del mundo, y que está siendo asediado precisamente por
eso. Ella no reconoce nada bueno del
gobierno: escoge esa medio ceguera.
Los ricos no quieren que se sepa que
las riquezas se pueden compartir en paz y con gran alegría. Pero a ella no le
interesan esas deducciones o verdades. Ella no vive en ese mundo. Y en verdad se
siente atrapada, rodeada por los ladrones del gobierno usurpador y acosada por
los motorizados, aunque no le han hecho nada. Dice que los colectivos
provocaron a Guaidó, ese niño de pecho. O sea, que Guaidó no provocó a nadie. Con
ese nivel europeo de razonamiento, está lista para disparar una guerra mundial más,
si la dejamos. Su lógica más sencilla le dice que en la Cuarta “Yo trabajaba,
salía, paseaba, fiesteaba en los cerros pobres y no me pasaba nada. Una se
compraba un pantaloncito, comía bien. Y en diciembre, aunque sea comprabas un
pan de jamón y teníamos hallacas ¡Me quedo con la Cuarta!”. Cree que hay un solo culpable, Maduro. Vive
mal, no inventa, no entiende, no razona, no emprende, no mejora con los días,
considera que el gobierno no tiene remedio, solo una salida y es hacia el
deterioro creciente de todos. Ella, que es hermosísima físicamente, se sumerge
en un sentimiento de impotencia e incapacidad de defenderse. Y no tiene un plan
exitoso para escapar de ese hueco (un programa político honesto, ¿de dónde
podría sacarlo, dada la calaña de los que la rodean y alimentan
cibernéticamente su ideario político?) y entonces descarga toda esa arrechera
culpando soberanamente al presidente y deseando que se vaya.
Para ella el problema del mundo se
arregla cuando alguien manda. Uno ordena y los demás obedecen. Ni siquiera
importa si tiene razón, basta que tenga fuerza. Ella tiene alguna educación,
fue a clases por más de diez años y se sentó en su silla, hizo las tareas. Pero
eso fue lo que aprendió. Nada de amar a Bolívar y la gesta de los libertadores
y de que la patria se respeta. Eso no existe o no vale para ella. Nada de
defender tus derechos. Sólo vale el derecho a tener la nevera llena con poco
esfuerzo. Ella proviene de este país que somos, de estas familias y de esta
escuela que tenemos, pero también proviene de ver esos programas sin cabeza de
la tv, casos resueltos frente al público, telenovelas que jamás tocan la
epopeya en que el pueblo toma el poder, que esconden que los dueños de esas
televisoras matan diariamente a un líder social, programas de entretenimiento
sin historia, sin sociología, sin política de entender abiertamente. Y viene de
ver películas, millares de películas gringas. De ahí viene esa mente sin amor
por la verdad de los semejantes, esa mente lista para rendirse automáticamente
ante el imperio.
Por último, como el Presidente no se rinde,
entonces se marcha ella y va a tener precisamente a Colombia, a casa de unos
familiares que tenía por allá, no lejos de la frontera. Aquí le dijeron que no
se fuera ni de vaina, que allá las cosas no estaban bien. Pero otros le dijeron
que sí que se fuera, que allá disfrutaría como solía hacerlo aquí en la Cuarta,
que recordaría de nuevo lo que es ser gente y abrir la nevera del súper y encontrar
de todo. Claro, el que le dijo eso, cuando va lleva full bolívares de aquí y se
codea nada más con el 30% de la población de allá y olvida a todos los demás,
pero sobre todo le hablaba con el amor ciego y herido por haber abandonado su patria,
le hablaba con las vísceras y la añoranza ciega, con los ojos del corazón. Le
hablaba de un sueño que nunca existió. Otro le dijo que se fuera que allá no
escucharía a tanta mujer revoltosa y deslenguada defendiendo a Maduro por el
canal del gobierno. Y ella les hizo caso y se fue. Bueno. Lo que le pasó allá
no cabría en un programa completo: llegando le mataron a un familiar porque era
líder social y ese día le tocó a él. Y una sobrina, para parir decentemente,
tuvo que venirse a Ejido a un hospital venezolano gratuito y de primera
calidad. Y en esas ciudades la gente estaba jodida porque Maduro trancó la
frontera, y en otras ciudades los estudiantes la pasaban mal y salían heridos
porque están protestando para que les paguen bien a los maestros y abran
universidades. Y cuando se fue a la capital, el Metro es carísimo, sólo para
unos cuantos. Y hay demasiados indigentes, el bienestar es para un 30% de la
población y no alcanza para los niños que se mueren, de a miles, de hambre en
la frontera. Y no consiguió trabajo sino de esclava sexual pero no lo quiso y
la empezaron a ver mal porque no había llevado muchos dólares y no la dejan
trabajar tranquila de buhonera. . . y después
vino la pandemia y la gente no se hace pruebas porque son carísimas y los
hospitales están abarrotados y en vez de un líder social asesinado diario ahora
es una masacre diaria y la botaron de la pieza por no pagar el alquiler y vamos
a parar de contar.
Porque un día regresó y lo primero que
hizo fue alegrarse de que aquí se hubiera quedado gente defendiendo el país,
porque si no, no hubiese tenido adonde regresar y lo habría perdido todo. Y ahora sí sabe lo que es patria: un grupo humano
que se protege y trata de ser mejor cada día para no maltratarse unos a otros
como fieras. Por eso vino y está aquí, en este programa de hoy.
Hola. No te voy a dar las gracias por
invitarme, porque sé que es un placer para ti. Igual que lo es para mí.
Ustedes no la están viendo, pero está
más bella que nunca.
Menos mal que no vendí nada antes de irme
y al regresar aquí tengo mi casa y mis corotos. Aparte de que la aventura me
dejó una inmensa riqueza adicional.
Además, ahora tiene ganas de
emprender, de avanzar, de ser animadora social, de echar para adelante.
Ahora critico, pero adelanto
propuestas e iniciativas.
Yo me alegro mucho de que hayas
regresado:
Aquí la gente puede ser crítica y no
la matan, aquí puedes gestionar que las cosas cambien.
Bueno, no hace falta terminar con un
consejo, pero ella misma insiste en darnos una recomendación:
“Míralo con cautela, pudieran estarte
manejando, tus propias emociones o alguien afuera. Si estás desesperado y te
invitan a una guerra, piénsalo. Pero mira las otras puertas que ya están
abiertas. Te queremos y conocemos el significado de la parábola del hijo
pródigo. Dale.
Bueno hasta la próxima. Recuerden que,
de las 11 am a las 2 pm y de las 6 a las 10 de la noche hace falta bajar el
consumo: cero plancha, cero secadores de pelo, cero microondas, todo por amor a
este lugar del universo. Para dar ejemplo, así más nadie lo haga, nosotros
adelante, como los de Las Queseras del Medio. Sigamos haciéndolo bien.
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