Por qué el chavismo
debe desaparecer
Primera parte: El chavismo debe
desaparecer porque es un sectarismo. Ya conocemos el sectarismo, no forma
personas que piensen con su propia cabeza, no suelta la imaginación, no desata
los poderes creadores de los pueblos. El ejemplo clásico son las religiones, a
ninguna se le ha ocurrido fundar un primer barrio feliz. Y cuando los jesuitas
crearon las Misiones con los indios del sur de América latina, fueron
saboteados rotundamente por los jerarcas de la misma iglesia, porque no convenía a los interesas del capital. No querían indios más o menos libres y
felices. Querían indios esclavos y lo lograron. Según Tránsito Amaguaña, viva
en el año 2000, hasta el siglo pasado todavía había indios esclavos, ella era
una, esclavizada por la iglesia, y al crecer se metió en el partido comunista.
El cristianismo no la liberó y tuvo que buscar la libertad en el otro extremo.
Y según los que regresaron del sur en estos días, allá los querían esclavizar
otra vez, y por eso se vinieron.
Bueno, el chavismo es igualmente una
secta. Podrían pasar 2.000 años y no crear un barrio feliz, una zona especial
de desarrollo paradisíaco. Porque ellos no van a la estructura, se conforman
con decir que la vieja sociedad no termina de morir y la nueva no nace. La
verdad es que ellos no saben matarla, ni quieren aprender. ¿Cuántos se van a
venir a fundar el Primer Barrio Feliz? Esa es la forma directa de matar a la
vieja, minuto a minuto que pase, de aquí a la eternidad. Pero, como no lo dice
ninguno de sus libros, ni ninguno de los discursos del Comandante, no lo harán.
¿Y cuándo van a deshacer la separación entre dirigentes y seguidores? ¿Cuándo
el chavismo va a ser un movimiento de líderes nobles y va a dejar de ser uno con
mayoría de repetidores de un discurso oficial, sin pensamiento ni acción
creativa capaz de crear el poder de la gente? Nunca. No es su naturaleza. y no
es que sean los malos de esta película, son los héroes que han traído el
proceso hasta aquí. Cuando a Libia, a Afganistán, a Irak, a Ukrania los bajaron
rapidito, nuestros revolucionarios novatos llevan dos décadas resistiendo. Y
nos están señalando el camino de lo que está mal y lo que hay que mejorar. Son
nuestros antepasados. Nuestros hermanos mayores. Sin ellos no podríamos, no
sabríamos ser la vanguardia.
Y tampoco es que actúen de mala fe.
Tienen la mejor intención. Luchan hasta el sacrificio. Pero ya no es la época
de los sacrificios sino la del fin del sufrimiento. Y la intención no basta. De
buenas intenciones está llena la vieja sociedad -el infierno, dice el pueblo. Y
ya no se trata de luchar, podrías pasar toda la vida luchando sin mudarte, se
trata de ganar. De hacer que ganemos todos. De llegar de una vez al paraíso y
fundarlo y mejorarlo, ampliarlo cada día, por siempre.
el chavismo debe desaparecer porque es
una secta y en el cielo, en la Nueva Sociedad no hay sectas. Por eso tiene que
desaparecer, para llegar, para arribar al objetivo. Cuanto antes lo haga mejor.
Segunda parte: El chavismo
debe desaparecer, porque alimentarlo sería mantener al pueblo
dominado. No eleva la conciencia sino que refuerza la capacidad para
repetir y seguir.
“El sectarismo es una
forma de dominación. El seguidor fue adoctrinado porque ya en él habían sido
inculcados ciertos mecanismos, rituales y dinamismos: baja autoestima,
autonegación, incapacidad para analizar situaciones por sí mismo, escasa
capacidad deductiva, impericia para manejar la información desde una autonomía
personal, condicionamientos para la sumisión.
Memorizar, repetir, copiar, bajar de internet y entregar intacto, en vez
de deducir y producir conocimiento por uno mismo, es entrenamiento para
trabajar como subalterno, al mando de otro que fue educado para jefear gente.
Todo ese trasfondo mental del ciudadano, facilitaron el adoctrinamiento, la
invasión cultural por parte de líderes que no liberan sino aprovechan la
capacidad de seguir. Todo con la mejor intención, pero incapaz de fundar una
Nueva Sociedad. Aquel bagaje de aprendizajes previos, proporcionados por su
escuela, por sus padres y por la familia, por el barrio y la tv, llevaron al
actual sectario a aceptar la verdad de otro y a no modificarle nada, a no verle
jamás errores graves o cruciales –o a verlos pero conformarse con murmurar las
críticas solapada, silenciosamente, para seguir alineado, para no molestar,
para seguir a los otros que siguen-. De modo que no se desempeña como
protagonista o participante creativo, productor libre de conocimiento junto a
los demás protagonistas creadores y productores, sino que viene a ser un
repetidor, un sirviente del caos, con la misma estatura espiritual de los fanáticos
de todas las guerras europeas”. Por esa
actitud sectaria, limitada, seguidora
ciega, es que pudieran pasar dos mil años sin que aparezcan
soluciones plausibles, barrios felices, juegos de mesa que entrenen la
solidaridad y la libertad, sino juegos donde compras bienes u ocupas posiciones
ventajosas, arruinando a los otros.
La capacidad del seguidor para
repetirse por siglos y siglos en marchas, discursos, consignas, los mismos
rituales los días de conmemoración, etc, tienen otra consecuencia: un
contingente se cansa y se aparta. Muchos se desengañan y se retiran o se
voltean. Ese es uno de los futuros de la escasa conciencia. Si no está
creciendo la conciencia hacia una plenitud (que significa el fin de la secta,
del partido, de la burocracia y el arribo de todo el chavismo a la Nueva
Sociedad), si no está creciendo la conciencia pueden ocurrir increíbles
sorpresas. Ya en la actualidad, una buena parte del chavismo está criticando
contrarrevolucionariamente. Como no manejan teoría ni método de la integración,
al criticar se apartan y casi dan la espalda. Se sienten desengañados,
insatisfechos. Aunque eso no es irse a la tolda de enfrente, funciona casi
igual. Es una labor francamente
destructiva pararse en una esquina medio tarde y dictarle a todo el que llega lo
malo que está haciendo el gobierno, las fallas, los robos, sin a la vez mostrar
una alternativa revolucionaria, sin otro remedio que la matazón final entre
hermanos. Hacer eso es trabajar en la contrarevolución.
La forma idónea de eliminar la
deserción –y de realizar, afianzar, hacer irreversible la revolución- es alimentar
y elevar la conciencia de la militancia. Pero elevarla al máximo significa
deshacer el partido. El ser de consciente superior está más allá del partido.
Hace la revolución desde afuera: desde afuera de la guerra, desde la paz, desde
el conocimiento, por ejemplo, de que no hace falta un partido ni una secta sino
comunidades con poder basado en el desarrollo personal de los miembros: lo que
hace falta son barrios liberados. Una
forma de determinarlo es preguntarse ¿qué es lo que hace falta, barrios
liberados o un partido? ¿Barrios liberados o chavismo? Hasta ahora, el partido
existe y no ha creado ni una zona libre, que sirva de ejemplo a las demás: una donde
los opositores no actúen como reos sometidos ni como verdugos pendencieros
–sino noblemente-, una donde la distribución interna no la hagan las mafias
traficantes de alimentos, una donde la producción comunal no vaya a tener a
manos de esas mafias, una donde sea resuelto el problema del veinte o treinta %
que no le para bolas a nada. No se puede argumentar que el partido hace falta
para liberar al pueblo. El partido puede estar ahí y no hacerlo, en la Urss
estuvo 70 años, en Venezuela ha estado por 20. Una proyección es que podría
estar 2000 años, igual que el cristianismo, y no crear el poder de la gente.
¿Por qué no lo hace? ¿Para qué sirve el partido entonces, en esta etapa
avanzada de la revolución? De nada. Si los barrios lo que necesitan es gente
despierta, dispuesta a cambiar su mente y a ayudar en la práctica –liberando-,
que los otros también muten, ¿cuántos de estos mutantes va a aportar el
partido, cuántos chavistas van a venirse a fundar el primer barrio feliz? Es
decir ¿cuántos se van a venir a la ON?
Como se ve, elevar la conciencia de
todos los ciudadanos, volverlos líderes en vez de seguidores sectarios e
ineficientes es deshacer la estructura del partido. En otras palabras, hacer la
revolución es una labor que destruye el partido noblemente, paulatinamente. Profundizar
la revolución es la mejor forma que tiene a mano la historia para destruir el
partido -como secta, como instancia burocrática ineficiente-, la más gloriosa.
El partido es una forma intermedia de
la conciencia. El que asciende, deja el partido, crea barrios felices, unido a
los otros ciudadanos libres, y los barrios felices pasan a ser el poder. El
partido y la secta existen porque no se ha hecho la revolución, y persistirán
mientras no se haga. De manera que cuanto antes desaparezca el chavismo, cuanto
antes sus militantes escalen la conciencia superior y se transformen en Sistema
Nacional de Barrios Felices, mejor.
Tercera parte: El ascenso ético del pueblo a la nueva nobleza
del espíritu
El futuro del pueblo es
ascender a ejercer la nueva nobleza del espíritu. Hay quien en este momento
–incluso dentro del partido- ya está siendo un Líder Libertador y ejerciendo el
poder popular –siendo feliz y derramando luz, ayudando a que otros ejerzan
también, en cada presente, el poder compartido en vez de la sempiterna riña
entre dirigentes-, y hay quien, en el seno del pueblo, no está siendo un Líder
Libertador ni difundiendo el poder popular. Hay gente, por ejemplo, que está
ejerciendo como dominado o como líder autoritario que domina poblaciones que no
lo cuestionan en paz y amistad, que murmuran a sus espaldas sin comunicación
efectiva ni esperanzas. El trabajo de los Libertadores es ayudar a que la mayor
parte de esos rezagados se venga también a ser Libertadora y a cultivar y
establecer la nueva mentalidad, la mentalidad noble, la nobleza del espíritu.
Para ilustrar la rotunda transformación ético-social y señalar que es algo
esencial y ecuménico -pero sobre todo algo vivible, evidente y demostrable, un
bien para ser alcanzado y usado como estandarte y faro-, ya vimos la
comparación entre los reptilianos y los mutantes. Bueno, los del partido actúan
en el nivel reptiliano, posponen, culpan, separan, repiten, dominan,
adoctrinan, etc. Esa es la base del imperio. La acción dividida es la base del
imperio. El partido es una instancia del imperio entre nosotros. Y los mutantes
son la alternativa revolucionaria o civilizatoria: unen, integran, aman,
liberan, hacen todo lo que hace falta para fundar el cielo, la patria, la
República.
Llevar –en realidad es
animar, estimular, dar para comprender, mostrar el ejemplo y atraer con la
belleza, porque los pasos decisivos, el trabajo de mutar y el ascenso personal,
tiene que darlo cada quien- al pueblo a la acción del máximo nivel requiere
especialización. Empeño, aprendizaje, una dedicación perenne, y escalar, saltar
del nivel burocrático donde se declama el poder popular pero no se lo concreta,
y arribar adonde se lo construye con hechos, con pruebas evaluables: con
barrios que existan fuera del caos. Con empresas comunales de hacer harina de
maíz, o paneles de luz solar o sosa cáustica que no vayan a las mafias. Con
pruebas que den fe de que la otra vida existe. Que sorprendan con su diferencia
y entusiasmen y atraigan por la belleza de su existencia innovante. Con hechos
que inventen para no errar. Con barrios que duerman con las puertas abiertas y
ganen dinero con las visitas de los turistas nacionales e internacionales.
Cuarta parte: El chavismo no puede resolver el problema de
la unión
“Hay un rango de la tarea
cultural esencial que el chavista no puede resolver: el problema de la unión.
Un sectario es incapaz de unir a la mayoría”. Puede cortarles la cabeza a los
que no se bauticen, como hacía CarloMagno, pero eso no es unir. Hay que ser
unido para unir, es imprescindible dejar de ser sectario. Si tu idea de unión
es que todos se van a agrupar alrededor del chavismo estás soñando un sinsentido.
Se agruparán los seguidores –los convencidos y los farsantes-, se combatirá a
los enemigos inconciliables y se pactará con los otros poderes, para mantenerse
en el poder. No atacarán a algunos factores que no se bauticen, mientras no
ataquen muy fuerte, pero tampoco los convencerán. Les permitirán sus fechorías.
Técnicamente, la secta atrae a unos, repele a otros y pacta con los demás -los
alcahuetea. Sólo la conciencia une. ¿Es sensato aspirar a una conciencia que
unifique a todos, una virtud de entender que se desarrolle en cada cual, y se
expanda como la alfabetización, que, aunque en el principio alcanzaba a pocos
privilegiados en cada reino, con los siglos se tornó un bien gratuito, que
disfrutan las grandes mayorías? ¿Cabe esperar que todo un país ascienda a
disfrutar de ese bien, la conciencia superior -la capacidad para ver el
truquito del seis y el nueve y salirse, las discusiones ciegas y salirse, los
mecanismos de dominación y no alimentarlos-, cabe esperar que los más activos y
lúcidos de sus ciudadanos se dediquen a especializarse en difundir esa lucidez?
Por supuesto que sí. Lo que es difícil es que esa tarea la realicen los
sectarios. Ellos preferirán dejar eso en el último plano, y continuar sus
tareas de dividir, defenderse, adoctrinar, pelear, sabotear o sostener el
gobierno con medidas coyunturales.
“El sectario siempre
guiará seguidores, aun cuando hace falta es formar líderes, protagonistas que
vayan adelante todos, que sean capaces de crear, inventar, que se atrevan todos
a ir adelante. Trabajar en la conciencia, dando para comprender, ayudando a
despertar es una nueva cultura que rompe con el viejo paradigma de la
dominación. Éste es el paradigma de la liberación. Hay que liberar al pueblo,
desatar sus energías represadas, y el chavista sólo sabe dominar, ir él
adelante y mantener a la gente atrás, como hacían los caudillos”
“Pero hay otro aspecto de
la tarea cultural esencial que el chavista tampoco puede advertir, encarar y
menos aún resolver: La forma de producir cultura que conocemos y usamos, o bien
fue inventada por la burguesía y corresponde a sus intereses de clase, o bien
se coló en su programa proveniente de las antiguas culturas planetarias, que
eran principalmente culturas de la dominación mutua. Por ejemplo, el drama
burgués usa el conflicto y la tensión para mantener a la gente aprisionada en
la imagen, es una creación de individuos ansiosos por tener público, pero sin
conocimiento de cómo liberar a ese público, ni deseo prioritario de liberarlo.
El drama burgués es fruto del trabajo entre competidores inmersos en la lucha
por la sobrevivencia, gente que hace de todo a fin de acumular dinero en la
bolsa de su financista, intentando que le gotee una porción de los beneficios.
El financista, por supuesto, no está interesado en la emancipación de la gente,
saca provecho de que la población esté dormida y sea manipulable. Hace falta un
drama que aproveche el conflicto para resolverlo, técnica y poéticamente, con
saldo para la alegría y la magia perenne, pero el chavista tradicional no puede
afrontar ese reto porque no conoce la estructura dividida ni maneja
tecnológicamente su extinción. Es manejado por ella, soslaya, obvia su enfoque
y su destrucción”.
De modo que para
enfrentar y resolver el reto de crear una nueva cultura, un nuevo drama, una
nueva canción popular, unos nuevos deportes y unos nuevos juegos y
entretenimientos masivos que no castren, donde nadie gane a expensas de otro que
pierde, donde se rompa la vieja estructura. Entonces el chavista, si quiere
participar en la fiesta de la transformación social, tiene que dejar de ser lo que es y asumir un
cambio profundo de mentalidad que lo lleva a conocer ese otro mundo que
queremos crear. Sólo después de la mutación, podrá crear y manejar los medios
artísticos y culturales en función de esa nueva sociedad, que es distinta, que
es de todos, no de unos sobre otros. Que es de ganadores todos. De felices
todos,
Quinta parte: ¿Y el culto
a la personalidad? En Vtv ¿cuántas veces se llama a la gente a ser chavista y
cuántas a ser ciudadano consciente, noble, aristócrata de la libertad y la
igualdad? ¿Cuántos intentos se hacen de sembrar el culto al Presidente dándole
las gracias a cada rato? Rendir pleitesía viene de cuando a los reyes se los
alababa y ponderaba para ganar su favor. Eso es separación, obligación de
señalar que uno está arriba y el otro abajo, intento de demostrar que uno no es
un peligro, un competidos, un malagradecido. ganas de aplacar al ogro o
mantenerlo suave o ponerlo a favor. Todo eso es temor. Una barrera de
pensamientos. ¿Y cuántas veces aparece la gente agradeciendo lo que le “dan”,
como si lo entregado no fuera de la gente? En vez de “Gracias Sr Presidente”,
habría que decir, “Gracias a la revolución que estamos haciendo”, o “Gracias a
nuestros líderes revolucionarios”, y “Gracias a nosotros, el pueblo, que
ponemos en el gobierno a los líderes que más convienen al país”, o “Gracias a
que somos un pueblo valiente que está aprendiendo a compartir en paz”
Epílogo: Hacerle el
trabajo al “enemigo”.
“Mientras el sectario no
crea una sociedad evidentemente nueva y superior, mientras no genera una
diferencia suficiente (bombillos eternos, barrios felices, zonas de desarrollo
paradisíaco, colegios sin adoctrinamiento) trabaja para su “enemigo”, lo
exaspera y lo ayuda a resurgir cada cierto tiempo (Venezuela 2014, 2017;
Nicaragua 2018). Un sectario es capaz de atormentar alegremente, quince horas
seguidas a sus vecinos con una canción revolucionaria, muy bonita pero emitida
a volumen exagerado en un aparato con malísima calidad de sonido. O es capaz de
decir “Este espacio es de nosotros, los que trabajamos aquí”, refiriéndose a un
infocentro, legalmente de todos los ciudadanos. Si la revolución no libera a
las poblaciones ni las organiza férrea, sabiamente mediante un poder de todos en los barrios de
prueba, entonces le abre la puerta a cualquier poder despótico, los
funcionarios desviados, los paramilitares, los bachacos, que alinearán pronto a
los individuos más inescrupulosos y someterán fácilmente a los vecinos,
aprovechando los entrenamientos para la sumisión previamente recibidos y nunca
desmontados. Es decir, mcomo no se dedica a desmontar la sumisión, el sectario
está trabajando para su enemigo y en esas transacciones de signo negativo,
dentro de la Estructura Mortal, la vecindad sólo cambia un amo por otro”.
Algo que no está en el folleto. Allá,
solicito o propongo que chavismo desaparezca por la vía de que sus adeptos se
superen y descubran una teoría de las dominaciones y un método preciso para
superarlas. No percibí otras posibilidades. Pudiera ocurrir que se consolide
como una banda fanática. Muchos esperanzados se salen, pero no forman un frente
más consciente y activo –una Oposición Noble-, sino que se hunden en la inopia.
Muchos oportunistas entran y crece la corrupción interna. Entonces, ante el
peligro, la militancia dura se reduce a un grupo fanático que ya aprendió lo
que necesitaba y no va más allá: no revisa una hipótesis más, pero tampoco
reconoce su cansancio histórico, sino que niega lo que no comprende, se va por
el camino fácil de la irracionalidad y rechaza todo lo que pueda adversarlo, se
cierra en su “verdad” de antaño y no aprende nunca nada nuevo. Por ese camino
es que las religiones se han detenido por siglos y jamás alguna ha creado
estados de paz y paraísos sino lugares del infierno. En este caso el chavismo
no desaparecería por la vía de que sus adeptos se superen, sino por la vía de
que la sociedad lo supere.
Me gusta más otro escenario: Si
aparece una potente oposición noble con más del 35% de los votos, una oposición
que provenga de la mayoría que no es chavista ni sectaria del anticomunismo extremo,
esa mayoría dispuesta a realizar el programa de la nobleza de espíritu, antes
que nada, reconocerá lo bueno de la heroica revolución novata, pero asimismo
asumirá la tarea de superar sus deficiencias, fundará barrios felices, liberará
liceos, creará fábricas de sosa cáustica para bajar drásticamente el precio del
jabón. Un hito importante será cuando los alcaldes, concejales y diputados sean
escogidos desde las comunidades, como una expresión soberana de lo avanzado en
la conquista de su poder popular –y no por alguna instancia superior de
dominación. Y, sobre todo, no fundará un
partido, sino que construirá desde la conciencia, desde la unión por el
espíritu. Incluso unidos al espíritu del chavismo, que en el fondo lo que
quiere es cambiar el mundo. Unificados por el mismo nivel de comprensión
profunda del problema y el mismo método, esa oposición noble, esa mayoría,
convencerá a los más sensibles de los chavistas, y no creará un cisma al
interior del chavismo, pero sí una profundización del trabajo de la gente que
está en el gobierno. Y los otros se quedarán atrasados, sectarios,
arrinconados, pero ellos tampoco dividirán el proceso. Así, el surgimiento de
la ON presiona para que el chavismo se radicalice en su viaje hacia la
conciencia.
Secuencia para un video o un teatro de
la calle: Un muchacho de la ON sufre un accidente y se quema en una fábrica
comunal de sosa cáustica, intentando bajar el precio del jabón y se arma un peo
en todo el país, donde lo más importante no es la gente en la calle sino el
descrédito que cae sobre el gobierno: ¡El gobierno revolucionario administra
una petroquímica y no fabrica sosa cáustica -que sólo requiere agua salada y
electricidad-, y tiene el pueblo que pagar el jabón carísimo y que arriesgar la
vida de sus hijos en la peligrosa labor de fabricarla artesanalmente: qué
vergüenza!”. Al final, los del gobierno son obligados por la protesta popular a
poner a la petroquímica a fabricar sosa y baja abismalmente el precio del
jabón. ¿Qué tal?
Este es más o menos el proceso que me
agradar soñar como porvenir. El chavismo no toma la iniciativa de su
desaparición, pero un contingente cada vez mayor de la población ejerce una
oposición tan noble, que comienza a dictarle la pauta y el chavismo más
sensatos se incorpora a esta corriente de conciencia lúcida y de acción madura,
y entonces todo el país se enrumba, unido, en paz hacia nuevos derroteros,
hacia el destino designado por la Providencia.
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