Por qué el chavismo debe desaparecer   Programa 15 de La oposición Noble

Primera parte: El chavismo debe desaparecer porque es un sectarismo. Ya conocemos el sectarismo, no forma personas que piensen con su propia cabeza, no suelta la imaginación, no desata los poderes creadores de los pueblos. El ejemplo clásico son las religiones, a ninguna se le ha ocurrido fundar un primer barrio feliz. Y cuando los jesuitas crearon las Misiones con los indios del sur de América latina, fueron saboteados rotundamente por los jerarcas de la misma iglesia, porque no  convenía a los interesas del capital.  No querían indios más o menos libres y felices. Querían indios esclavos y lo lograron. Según Tránsito Amaguaña, viva en el año 2000, hasta el siglo pasado todavía había indios esclavos, ella era una, esclavizada por la iglesia, y al crecer se metió en el partido comunista. El cristianismo no la liberó y tuvo que buscar la libertad en el otro extremo. Y según los que regresaron del sur en estos días, allá los querían esclavizar otra vez, y por eso se vinieron.

Bueno, el chavismo es igualmente una secta. Podrían pasar 2.000 años y no crear un barrio feliz, una zona especial de desarrollo paradisíaco. Porque ellos no van a la estructura, se conforman con decir que la vieja sociedad no termina de morir y la nueva no nace. La verdad es que ellos no saben matarla, ni quieren aprender. ¿Cuántos se van a venir a fundar el Primer Barrio Feliz? Esa es la forma directa de matar a la vieja, minuto a minuto que pase, de aquí a la eternidad. Pero, como no lo dice ninguno de sus libros, ni ninguno de los discursos del Comandante, no lo harán. ¿Y cuándo van a deshacer la separación entre dirigentes y seguidores? ¿Cuándo el chavismo va a ser un movimiento de líderes nobles y va a dejar de ser uno con mayoría de repetidores de un discurso oficial, sin pensamiento ni acción creativa capaz de crear el poder de la gente? Nunca. No es su naturaleza. y no es que sean los malos de esta película, son los héroes que han traído el proceso hasta aquí. Cuando a Libia, a Afganistán, a Irak, a Ukrania los bajaron rapidito, nuestros revolucionarios novatos llevan dos décadas resistiendo. Y nos están señalando el camino de lo que está mal y lo que hay que mejorar. Son nuestros antepasados. Nuestros hermanos mayores. Sin ellos no podríamos, no sabríamos ser la vanguardia.

Y tampoco es que actúen de mala fe. Tienen la mejor intención. Luchan hasta el sacrificio. Pero ya no es la época de los sacrificios sino la del fin del sufrimiento. Y la intención no basta. De buenas intenciones está llena la vieja sociedad -el infierno, dice el pueblo. Y ya no se trata de luchar, podrías pasar toda la vida luchando sin mudarte, se trata de ganar. De hacer que ganemos todos. De llegar de una vez al paraíso y fundarlo y mejorarlo, ampliarlo cada día, por siempre.

el chavismo debe desaparecer porque es una secta y en el cielo, en la Nueva Sociedad no hay sectas. Por eso tiene que desaparecer, para llegar, para arribar al objetivo. Cuanto antes lo haga mejor.

Segunda parte: El chavismo debe desaparecer, porque alimentarlo sería mantener al pueblo dominado. No eleva la conciencia sino que refuerza la capacidad para repetir  y seguir.

“El sectarismo es una forma de dominación. El seguidor fue adoctrinado porque ya en él habían sido inculcados ciertos mecanismos, rituales y dinamismos: baja autoestima, autonegación, incapacidad para analizar situaciones por sí mismo, escasa capacidad deductiva, impericia para manejar la información desde una autonomía personal, condicionamientos para la sumisión.  Memorizar, repetir, copiar, bajar de internet y entregar intacto, en vez de deducir y producir conocimiento por uno mismo, es entrenamiento para trabajar como subalterno, al mando de otro que fue educado para jefear gente. Todo ese trasfondo mental del ciudadano, facilitaron el adoctrinamiento, la invasión cultural por parte de líderes que no liberan sino aprovechan la capacidad de seguir. Todo con la mejor intención, pero incapaz de fundar una Nueva Sociedad. Aquel bagaje de aprendizajes previos, proporcionados por su escuela, por sus padres y por la familia, por el barrio y la tv, llevaron al actual sectario a aceptar la verdad de otro y a no modificarle nada, a no verle jamás errores graves o cruciales –o a verlos pero conformarse con murmurar las críticas solapada, silenciosamente, para seguir alineado, para no molestar, para seguir a los otros que siguen-. De modo que no se desempeña como protagonista o participante creativo, productor libre de conocimiento junto a los demás protagonistas creadores y productores, sino que viene a ser un repetidor, un sirviente del caos, con la misma estatura espiritual de los fanáticos de todas las guerras europeas”.  Por esa actitud sectaria, limitada,  seguidora ciega, es que pudieran pasar dos mil años sin que aparezcan soluciones plausibles, barrios felices, juegos de mesa que entrenen la solidaridad y la libertad, sino juegos donde compras bienes u ocupas posiciones ventajosas, arruinando a los otros.

La capacidad del seguidor para repetirse por siglos y siglos en marchas, discursos, consignas, los mismos rituales los días de conmemoración, etc, tienen otra consecuencia: un contingente se cansa y se aparta. Muchos se desengañan y se retiran o se voltean. Ese es uno de los futuros de la escasa conciencia. Si no está creciendo la conciencia hacia una plenitud (que significa el fin de la secta, del partido, de la burocracia y el arribo de todo el chavismo a la Nueva Sociedad), si no está creciendo la conciencia pueden ocurrir increíbles sorpresas. Ya en la actualidad, una buena parte del chavismo está criticando contrarrevolucionariamente. Como no manejan teoría ni método de la integración, al criticar se apartan y casi dan la espalda. Se sienten desengañados, insatisfechos. Aunque eso no es irse a la tolda de enfrente, funciona casi igual.  Es una labor francamente destructiva pararse en una esquina medio tarde y dictarle a todo el que llega lo malo que está haciendo el gobierno, las fallas, los robos, sin a la vez mostrar una alternativa revolucionaria, sin otro remedio que la matazón final entre hermanos. Hacer eso es trabajar en la contrarevolución.

La forma idónea de eliminar la deserción –y de realizar, afianzar, hacer irreversible la revolución- es alimentar y elevar la conciencia de la militancia. Pero elevarla al máximo significa deshacer el partido. El ser de consciente superior está más allá del partido. Hace la revolución desde afuera: desde afuera de la guerra, desde la paz, desde el conocimiento, por ejemplo, de que no hace falta un partido ni una secta sino comunidades con poder basado en el desarrollo personal de los miembros: lo que hace falta son barrios liberados.  Una forma de determinarlo es preguntarse ¿qué es lo que hace falta, barrios liberados o un partido? ¿Barrios liberados o chavismo? Hasta ahora, el partido existe y no ha creado ni una zona libre, que sirva de ejemplo a las demás: una donde los opositores no actúen como reos sometidos ni como verdugos pendencieros –sino noblemente-, una donde la distribución interna no la hagan las mafias traficantes de alimentos, una donde la producción comunal no vaya a tener a manos de esas mafias, una donde sea resuelto el problema del veinte o treinta % que no le para bolas a nada. No se puede argumentar que el partido hace falta para liberar al pueblo. El partido puede estar ahí y no hacerlo, en la Urss estuvo 70 años, en Venezuela ha estado por 20. Una proyección es que podría estar 2000 años, igual que el cristianismo, y no crear el poder de la gente. ¿Por qué no lo hace? ¿Para qué sirve el partido entonces, en esta etapa avanzada de la revolución? De nada. Si los barrios lo que necesitan es gente despierta, dispuesta a cambiar su mente y a ayudar en la práctica –liberando-, que los otros también muten, ¿cuántos de estos mutantes va a aportar el partido, cuántos chavistas van a venirse a fundar el primer barrio feliz? Es decir ¿cuántos se van a venir a la ON?

Como se ve, elevar la conciencia de todos los ciudadanos, volverlos líderes en vez de seguidores sectarios e ineficientes es deshacer la estructura del partido. En otras palabras, hacer la revolución es una labor que destruye el partido noblemente, paulatinamente. Profundizar la revolución es la mejor forma que tiene a mano la historia para destruir el partido -como secta, como instancia burocrática ineficiente-, la más gloriosa.

El partido es una forma intermedia de la conciencia. El que asciende, deja el partido, crea barrios felices, unido a los otros ciudadanos libres, y los barrios felices pasan a ser el poder. El partido y la secta existen porque no se ha hecho la revolución, y persistirán mientras no se haga. De manera que cuanto antes desaparezca el chavismo, cuanto antes sus militantes escalen la conciencia superior y se transformen en Sistema Nacional de Barrios Felices, mejor.

Tercera parte:             El ascenso ético del pueblo a la nueva nobleza del espíritu                        

El futuro del pueblo es ascender a ejercer la nueva nobleza del espíritu. Hay quien en este momento –incluso dentro del partido- ya está siendo un Líder Libertador y ejerciendo el poder popular –siendo feliz y derramando luz, ayudando a que otros ejerzan también, en cada presente, el poder compartido en vez de la sempiterna riña entre dirigentes-, y hay quien, en el seno del pueblo, no está siendo un Líder Libertador ni difundiendo el poder popular. Hay gente, por ejemplo, que está ejerciendo como dominado o como líder autoritario que domina poblaciones que no lo cuestionan en paz y amistad, que murmuran a sus espaldas sin comunicación efectiva ni esperanzas. El trabajo de los Libertadores es ayudar a que la mayor parte de esos rezagados se venga también a ser Libertadora y a cultivar y establecer la nueva mentalidad, la mentalidad noble, la nobleza del espíritu. Para ilustrar la rotunda transformación ético-social y señalar que es algo esencial y ecuménico -pero sobre todo algo vivible, evidente y demostrable, un bien para ser alcanzado y usado como estandarte y faro-, ya vimos la comparación entre los reptilianos y los mutantes. Bueno, los del partido actúan en el nivel reptiliano, posponen, culpan, separan, repiten, dominan, adoctrinan, etc. Esa es la base del imperio. La acción dividida es la base del imperio. El partido es una instancia del imperio entre nosotros. Y los mutantes son la alternativa revolucionaria o civilizatoria: unen, integran, aman, liberan, hacen todo lo que hace falta para fundar el cielo, la patria, la República.  

Llevar –en realidad es animar, estimular, dar para comprender, mostrar el ejemplo y atraer con la belleza, porque los pasos decisivos, el trabajo de mutar y el ascenso personal, tiene que darlo cada quien- al pueblo a la acción del máximo nivel requiere especialización. Empeño, aprendizaje, una dedicación perenne, y escalar, saltar del nivel burocrático donde se declama el poder popular pero no se lo concreta, y arribar adonde se lo construye con hechos, con pruebas evaluables: con barrios que existan fuera del caos. Con empresas comunales de hacer harina de maíz, o paneles de luz solar o sosa cáustica que no vayan a las mafias. Con pruebas que den fe de que la otra vida existe. Que sorprendan con su diferencia y entusiasmen y atraigan por la belleza de su existencia innovante. Con hechos que inventen para no errar. Con barrios que duerman con las puertas abiertas y ganen dinero con las visitas de los turistas nacionales e internacionales.

Cuarta parte:           El chavismo no puede resolver el problema de la unión

“Hay un rango de la tarea cultural esencial que el chavista no puede resolver: el problema de la unión. Un sectario es incapaz de unir a la mayoría”. Puede cortarles la cabeza a los que no se bauticen, como hacía CarloMagno, pero eso no es unir. Hay que ser unido para unir, es imprescindible dejar de ser sectario. Si tu idea de unión es que todos se van a agrupar alrededor del chavismo estás soñando un sinsentido. Se agruparán los seguidores –los convencidos y los farsantes-, se combatirá a los enemigos inconciliables y se pactará con los otros poderes, para mantenerse en el poder. No atacarán a algunos factores que no se bauticen, mientras no ataquen muy fuerte, pero tampoco los convencerán. Les permitirán sus fechorías. Técnicamente, la secta atrae a unos, repele a otros y pacta con los demás -los alcahuetea. Sólo la conciencia une. ¿Es sensato aspirar a una conciencia que unifique a todos, una virtud de entender que se desarrolle en cada cual, y se expanda como la alfabetización, que, aunque en el principio alcanzaba a pocos privilegiados en cada reino, con los siglos se tornó un bien gratuito, que disfrutan las grandes mayorías? ¿Cabe esperar que todo un país ascienda a disfrutar de ese bien, la conciencia superior -la capacidad para ver el truquito del seis y el nueve y salirse, las discusiones ciegas y salirse, los mecanismos de dominación y no alimentarlos-, cabe esperar que los más activos y lúcidos de sus ciudadanos se dediquen a especializarse en difundir esa lucidez? Por supuesto que sí. Lo que es difícil es que esa tarea la realicen los sectarios. Ellos preferirán dejar eso en el último plano, y continuar sus tareas de dividir, defenderse, adoctrinar, pelear, sabotear o sostener el gobierno con medidas coyunturales.

“El sectario siempre guiará seguidores, aun cuando hace falta es formar líderes, protagonistas que vayan adelante todos, que sean capaces de crear, inventar, que se atrevan todos a ir adelante. Trabajar en la conciencia, dando para comprender, ayudando a despertar es una nueva cultura que rompe con el viejo paradigma de la dominación. Éste es el paradigma de la liberación. Hay que liberar al pueblo, desatar sus energías represadas, y el chavista sólo sabe dominar, ir él adelante y mantener a la gente atrás, como hacían los caudillos”

“Pero hay otro aspecto de la tarea cultural esencial que el chavista tampoco puede advertir, encarar y menos aún resolver: La forma de producir cultura que conocemos y usamos, o bien fue inventada por la burguesía y corresponde a sus intereses de clase, o bien se coló en su programa proveniente de las antiguas culturas planetarias, que eran principalmente culturas de la dominación mutua. Por ejemplo, el drama burgués usa el conflicto y la tensión para mantener a la gente aprisionada en la imagen, es una creación de individuos ansiosos por tener público, pero sin conocimiento de cómo liberar a ese público, ni deseo prioritario de liberarlo. El drama burgués es fruto del trabajo entre competidores inmersos en la lucha por la sobrevivencia, gente que hace de todo a fin de acumular dinero en la bolsa de su financista, intentando que le gotee una porción de los beneficios. El financista, por supuesto, no está interesado en la emancipación de la gente, saca provecho de que la población esté dormida y sea manipulable. Hace falta un drama que aproveche el conflicto para resolverlo, técnica y poéticamente, con saldo para la alegría y la magia perenne, pero el chavista tradicional no puede afrontar ese reto porque no conoce la estructura dividida ni maneja tecnológicamente su extinción. Es manejado por ella, soslaya, obvia su enfoque y su destrucción”.   

De modo que para enfrentar y resolver el reto de crear una nueva cultura, un nuevo drama, una nueva canción popular, unos nuevos deportes y unos nuevos juegos y entretenimientos masivos que no castren, donde nadie gane a expensas de otro que pierde, donde se rompa la vieja estructura. Entonces el chavista, si quiere participar en la fiesta de la transformación social,  tiene que dejar de ser lo que es y asumir un cambio profundo de mentalidad que lo lleva a conocer ese otro mundo que queremos crear. Sólo después de la mutación, podrá crear y manejar los medios artísticos y culturales en función de esa nueva sociedad, que es distinta, que es de todos, no de unos sobre otros. Que es de ganadores todos. De felices todos,

Quinta parte: ¿Y el culto a la personalidad? En Vtv ¿cuántas veces se llama a la gente a ser chavista y cuántas a ser ciudadano consciente, noble, aristócrata de la libertad y la igualdad? ¿Cuántos intentos se hacen de sembrar el culto al Presidente dándole las gracias a cada rato? Rendir pleitesía viene de cuando a los reyes se los alababa y ponderaba para ganar su favor. Eso es separación, obligación de señalar que uno está arriba y el otro abajo, intento de demostrar que uno no es un peligro, un competidos, un malagradecido. ganas de aplacar al ogro o mantenerlo suave o ponerlo a favor. Todo eso es temor. Una barrera de pensamientos. ¿Y cuántas veces aparece la gente agradeciendo lo que le “dan”, como si lo entregado no fuera de la gente? En vez de “Gracias Sr Presidente”, habría que decir, “Gracias a la revolución que estamos haciendo”, o “Gracias a nuestros líderes revolucionarios”, y “Gracias a nosotros, el pueblo, que ponemos en el gobierno a los líderes que más convienen al país”, o “Gracias a que somos un pueblo valiente que está aprendiendo a compartir en paz”

 

Epílogo:                               Hacerle el trabajo al “enemigo”.

“Mientras el sectario no crea una sociedad evidentemente nueva y superior, mientras no genera una diferencia suficiente (bombillos eternos, barrios felices, zonas de desarrollo paradisíaco, colegios sin adoctrinamiento) trabaja para su “enemigo”, lo exaspera y lo ayuda a resurgir cada cierto tiempo (Venezuela 2014, 2017; Nicaragua 2018). Un sectario es capaz de atormentar alegremente, quince horas seguidas a sus vecinos con una canción revolucionaria, muy bonita pero emitida a volumen exagerado en un aparato con malísima calidad de sonido. O es capaz de decir “Este espacio es de nosotros, los que trabajamos aquí”, refiriéndose a un infocentro, legalmente de todos los ciudadanos. Si la revolución no libera a las poblaciones ni las organiza férrea, sabiamente mediante un poder de todos en los barrios de prueba, entonces le abre la puerta a cualquier poder despótico, los funcionarios desviados, los paramilitares, los bachacos, que alinearán pronto a los individuos más inescrupulosos y someterán fácilmente a los vecinos, aprovechando los entrenamientos para la sumisión previamente recibidos y nunca desmontados. Es decir, mcomo no se dedica a desmontar la sumisión, el sectario está trabajando para su enemigo y en esas transacciones de signo negativo, dentro de la Estructura Mortal, la vecindad sólo cambia un amo por otro”.

 

 

Algo que no está en el folleto. Allá, solicito o propongo que chavismo desaparezca por la vía de que sus adeptos se superen y descubran una teoría de las dominaciones y un método preciso para superarlas. No percibí otras posibilidades. Pudiera ocurrir que se consolide como una banda fanática. Muchos esperanzados se salen, pero no forman un frente más consciente y activo –una Oposición Noble-, sino que se hunden en la inopia. Muchos oportunistas entran y crece la corrupción interna. Entonces, ante el peligro, la militancia dura se reduce a un grupo fanático que ya aprendió lo que necesitaba y no va más allá: no revisa una hipótesis más, pero tampoco reconoce su cansancio histórico, sino que niega lo que no comprende, se va por el camino fácil de la irracionalidad y rechaza todo lo que pueda adversarlo, se cierra en su “verdad” de antaño y no aprende nunca nada nuevo. Por ese camino es que las religiones se han detenido por siglos y jamás alguna ha creado estados de paz y paraísos sino lugares del infierno. En este caso el chavismo no desaparecería por la vía de que sus adeptos se superen, sino por la vía de que la sociedad lo supere.

Me gusta más otro escenario: Si aparece una potente oposición noble con más del 35% de los votos, una oposición que provenga de la mayoría que no es chavista ni sectaria del anticomunismo extremo, esa mayoría dispuesta a realizar el programa de la nobleza de espíritu, antes que nada, reconocerá lo bueno de la heroica revolución novata, pero asimismo asumirá la tarea de superar sus deficiencias, fundará barrios felices, liberará liceos, creará fábricas de sosa cáustica para bajar drásticamente el precio del jabón. Un hito importante será cuando los alcaldes, concejales y diputados sean escogidos desde las comunidades, como una expresión soberana de lo avanzado en la conquista de su poder popular –y no por alguna instancia superior de dominación.  Y, sobre todo, no fundará un partido, sino que construirá desde la conciencia, desde la unión por el espíritu. Incluso unidos al espíritu del chavismo, que en el fondo lo que quiere es cambiar el mundo. Unificados por el mismo nivel de comprensión profunda del problema y el mismo método, esa oposición noble, esa mayoría, convencerá a los más sensibles de los chavistas, y no creará un cisma al interior del chavismo, pero sí una profundización del trabajo de la gente que está en el gobierno. Y los otros se quedarán atrasados, sectarios, arrinconados, pero ellos tampoco dividirán el proceso. Así, el surgimiento de la ON presiona para que el chavismo se radicalice en su viaje hacia la conciencia.

Secuencia para un video o un teatro de la calle: Un muchacho de la ON sufre un accidente y se quema en una fábrica comunal de sosa cáustica, intentando bajar el precio del jabón y se arma un peo en todo el país, donde lo más importante no es la gente en la calle sino el descrédito que cae sobre el gobierno: ¡El gobierno revolucionario administra una petroquímica y no fabrica sosa cáustica -que sólo requiere agua salada y electricidad-, y tiene el pueblo que pagar el jabón carísimo y que arriesgar la vida de sus hijos en la peligrosa labor de fabricarla artesanalmente: qué vergüenza!”. Al final, los del gobierno son obligados por la protesta popular a poner a la petroquímica a fabricar sosa y baja abismalmente el precio del jabón. ¿Qué tal?

Este es más o menos el proceso que me agradar soñar como porvenir. El chavismo no toma la iniciativa de su desaparición, pero un contingente cada vez mayor de la población ejerce una oposición tan noble, que comienza a dictarle la pauta y el chavismo más sensatos se incorpora a esta corriente de conciencia lúcida y de acción madura, y entonces todo el país se enrumba, unido, en paz hacia nuevos derroteros, hacia el destino designado por la Providencia.

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