Sistema Nacional de
Barrios Felices
Los Barrios Felices deben conformar un
sistema nacional tan exitoso como el de orquestas. Y crecer sin medida hasta
abarcar el país y colmarlo de alegría perenne. El triunfo de los primeros barrios
felices es la clave para que la gente vea la belleza del futuro. Pero también
puede proveer ese panorama de prosperidad y ser desde ya una promesa que
estimule a todos a las nuevas formas de producir. Esa es una de las necesidades
que cubre el proyecto BF, una de las razones que lo justifican: los barrios
felices proveen propaganda de excelente calidad para atraer a los que
legítimamente aspiran mejorar sus condiciones materiales de vida. Pero, por
supuesto, lo importante no es la propaganda, sino la necesidad urgente, desde
la ON, de potenciar al infinito la calidad de la existencia en los urbanismos,
liberando uno primero y enviando a los cuatro vientos las coordenadas de esa
victoria. El pueblo tiene derecho a recibir ese impacto de la belleza vivencial
plena y sus líderes deben proporcionar ese alimento espiritual, acercar el
cumplimiento de las más sagradas aspiraciones.
He aquí un campo fértil abonable por la
energía juvenil. Tenemos que mostrarles a los jóvenes el embrión fundante de la
transformación profunda. Exaltarlo como crítica leal a la revolución
burocrática y como superación de sus mil puntos débiles. Mostrar las fallas del
viejo paradigma, enriquecerá el panorama de los nuevos héroes, encenderá su
imaginación y reforzará que quieran mantener la llama en una avanzada
permanente que derribe lo que no debe ser conservado. Sólo si hay una realidad
y una verdad muy hermosa aquí, dejarán, los que se habían acercado, de emigrar
fuera de la revolución, a medida que se cansen y desengañen, sólo así dejarán, los
demás, de oír a los manipuladores de zombis, y de irse a buscar sus sueños en
lugares de donde ya huyó el espíritu de la humanidad.
Otra aspiración popular que debe ser
satisfecha en la Nueva Sociedad es el sueño de que el gobierno un día cambia y
llega al poder una élite sana, que establece una administración honesta y
acertada. Esa necesidad queda cubierta cuando llamamos a todos a cambiar de
mente y ocupar un puesto en ese nuevo país. La única forma de que el futuro llegue,
es que todos nos enrolemos y hagamos cada quien su parte, comenzando en los
Barrios Felices. Enrolarse es cambiar de mentalidad, aprender a calmarse, a
reclamar contentos, a mirar sin imagen de enemigo, a suspender las operaciones
divididas, atacar inteligentemente todas las dominaciones: desplegar los
proyectos factibles, asimilar el nuevo repertorio y actuar. Sólo renaciendo se
crea la nueva generación, capaz de sustituir a los viejos sin producir un
cisma, sólo mutando nosotros creamos la Nueva Sociedad. Quien quiera el cambio
que lo asuma y dé el ejemplo.
El país sí está cambiando, pero en la
medida en que cambiemos, y será tan hermosa la vida mañana como hermoso sea lo
que hagamos hoy. Llegará al poder una élite sana, tan sana como sanos nos hagamos
nosotros ahora, hoy, los que queremos el cambio. Se sabrá desde lo antes
posible si en realidad va a ser hermosa esa nueva patria: será tan bella como
bello sea el barrio feliz que vamos a construir. Un modelo vivo. En vez de
promesas, un ejemplo contundente, real, visitable, evaluable, mejorable. Los
chavistas más lúcidos y los opositores más sensatos ayudarán. Y los más
alertados de los antes indiferentes. Vamos a unirnos en este punto, como
preludio de lo que vendrá. El futuro será tan hermoso como sean los hechos que
emprendamos ahora, hoy. Vamos a anunciar el futuro con nuestros hechos, vamos a
comenzar el porvenir con una realización luminosa.
La patria hay que hacerla,
reinventarla, reencantarla: es bueno saber que otros están ayudando a que
exista y sentirnos protegidos en ella, pero igualmente importante es lo que
estemos haciendo para que ese hogar prospere y florezca. La patria es el empeño
por construir un hogar amplio y generoso que, a su vez, nos proteja y como
refugio acogedor. Sólo si hay una realidad y una verdad más hermosa aquí, los
jóvenes dejarán de irse a buscar sus sueños en lugares donde el espíritu está ausente
y sólo encontrarán ruinas.
El ingreso de las fuerzas opositoras a
la revolución despliega dos momentos apoteósicos: Uno es el instante en que los
adormecidos ven qué es en realidad el imperio, despiertan y ven qué horrible y
monstruoso es ese tinglado que te miente en tu cara, apoyado por su gigantesco ejército,
y capaz de ordenar a sus sátrapas a declarar que el día de Boyacá deben ser
agasajados los padres fundadores estadounidenses y no Bolívar y el pueblo
Libertador. Y el otro momento cumbre es cuando ven qué belleza encierra en el
fondo la revolución mundial, la patria edénica en construcción, la nueva
sociedad, la irreverencia con el pasado, pero no para sepultarnos entre cadenas
sino para arribar al paraíso que merecemos.
Los que admiran más las metrópolis
imperiales que a Venezuela, los que ponderan por encima La Florida, Roma,
Francia, el Reino Unido, Quebec, Bruselas, etc, dejan automáticamente en
segundo lugar Caracas o Barquisimeto. Como ven desde afuera, es inevitable que
quieran a este país arrodillado a las metrópolis imperiales. Su país principal,
el centro de su admiración, su cobijo espiritual es un país extranjero, una
potencia, aman Usa, Europa o Canadá y los consideran superiores. Viven
arrodillados adorando: es inevitable que quieran a este país arrodillado,
obedeciendo órdenes, tutelado. Eso implica menosprecio a lo que consideran
inferior, culpabilización de los hábitos autóctonos, calificación, crítica
ciega e impotente. Su idea de patria la tienen construida lejos de aquí. Eso
significa exactamente tener una visión y una actitud colonial respecto a
Venezuela. Son súbditos imperiales y quieren a este país explotado, sometido,
puesto al servicio de los admirables seres superiores: los extranjeros. Son,
sin saberlo, inocentemente, agentes extranjeros. Y por eso no les importa si
ayudan a destruir este patio trasero. Ellos no lo aprecian. Por eso dicen
socarronamente cuando falta algo, luz, agua, comida, “Pero tenemos patria”.
“Pero tenemos paz”. Ellos no están construyendo un refugio hermoso aquí, algo
bonito aquí, un cálido paraíso terrenal aquí, entre nosotros. Les basta con el
imperio, porque al imperio sólo le ven lo hermoso, a través de Hollywood y de
los otros contadores de cuentos.
Ojo. Aquí no se está diciendo que los
colonizados sean los malos. Calificar es una operación dividida, superficial, incompleta,
no agrega nada a la solución. Se dijo que, inocentemente, los ciudadanos
colonizados operan como agentes extranjeros y que debemos amarlos aun así.
Fácil es amar al que te complace o se parece a ti. Lo difícil es amar al que
quiere matarte porque tiene la mente envenenada, pero esa es la epopeya que
tenemos que desarrollar y ganar: la epopeya latinoamericana, donde, debido a
que los amamos, los rescatamos para la belleza, para la vida juntos. La patria
nunca estará completa sin ellos. Por eso debemos entrenarnos y no rendirnos. Y
validar que el paraíso está con nosotros, viene con nosotros adonde lo
llevamos.
Para continuar avanzando, un día habrá
que hacer una marcha donde la Oposición Noble declare su antiimperialismo
amoroso. A la marcha asistirán las víctimas golpeadas por los embates de la
agresión multifacética. A lo lejos, nos acompañarán las poblaciones de las
metrópolis, hoy doblegadas por las corporaciones, por su programación de la
obsolescencia de los productos, por sus circuitos de enfermedad y medicación
obligatorias, con su manipulación psicológica eterna. “¡Somos de la oposición –
No queremos invasión” “¡Somos de la oposición, pero no queremos que un imperio
nos tutele!”. “¡Sí a la paz! ¡No al fascismo!” “Las dominaciones deben cesar
sobre la faz de la Tierra!”, pudieran ser algunas de las consignas de esa
marcha. Con ella, los de la Oposición Noble pudiéramos intentar convencer a las
poblaciones controladas por el fascismo en las metrópolis imperiales, para que les
quiten el poder a sus élites bandoleras y corruptas: para que encamisen a sus
chicos malos y su locura homicida; para que frenen el fascismo a tiempo. “¡No
son lo que tú sueñas: ellos quieren fundar un paraíso: vamos a ayudarlos!”,
pudiera ser la consigna principal, dirigida a la población norteamericana sana
y a la dormida en el sueño europeo de la guerra inevitable permanente.
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