Los partidarios de la muerte   Programa 20      

Hay en el sector revolucionario, un trasfondo que es genérico en la raza humana, que pertenece a la estructura, aunque en la mayuría de los ciudadanos parece que no existiera. Es el deseo de muerte. De dar muerte y de considerarla inevitable. Pero en los revolucionarios novatos, no es sólo el instinto de muerte, sino que éste, además, viene aderezado por ingredientes culturales e históricos, y la forma más típica de sacarlo a relucir, es diciendo “Todas las revoluciones se han hecho con sangre”. Quizá los fascistas tienen su equivalente y es cuando dicen “La gente es tonta y hay que dominarla, porqe si no dominan ellos y no te va a dejar joder por unos tontos”, pero sigamos con los revolucionarios novatos. Lo de Todas las revoluciones se han hecho con sangre, es como una reducción al absurdo: no importa la vuelta que le des, siempre vas a aterrizar en un berenjenal con sangre. En esta afirmación está, muchas veces de manera central, el reconcomio porque en el 2002 no se asesinó a los golpistas, una vez derrotados. Una frustración por no haber saciado la tensión temerosa acumulada durante el golpe, mediante el recurso autoritario de dominar asesinando.

 

 

La molestia por las adversidades, las transforman en deseos de matar, y lo justifican diciendo que es para beneficio de la sociedad. Simétricamente, los opositores ante su frustración porque la vida les envía revés tras revés, en lugar de aprender y superarse, se desesperan y arremeten regresando a la barbarie y quemando infructuosamente libros, alimentos, medicinas, hospitales, gente. Ambos caen en el mismo mecanismo de la desesperación recurriendo al instinto de meurte. Justificados ambos por un razonamiento anclado a la Estructura de la Muerte.

Los revolucionarios tocados por el deseo de la muerte en Venezuela no matan, pero tampoco acompañan la revolución burocrática a plenitud. La critican y malogran, la desprestigian. Pero, más aún. Eso de gastar la energía en reconcomio y en prédicas que anuncian la mortandad, pero no la cumplen, funciona como una trampa de tiempo. Digo que ante la corrupción hay que aplicar el decreto de Bolívar, elevo la muerte como solución en un futuro próximo, pero como no tengo quórum suficiente o ímpetu organizativo o furia asesina suficiente, no ejecuto lo que considero una medida salvadora. Digo que es el gobierno quien debería hacerlo. Es decir, emito palabras que pintan una solución ilusoria en el futuro. Esa solución ilusoria, por un lado, me distrae, me complace, me llena de momento con su virtualidad y, por el otro, me aleja de la acción efectiva en el presente. Nunca llego a matar a nadie, ni a ajusticiar a ningún corrupto, sólo hablo molesto, choco, me doy malavida y sueño soluciones, evado pospongo. Por supuesto, ocupado en ese quehacer, no me ocupo de alguna solución en el presente, como educar al pueblo para que se erija en poder popular y sepa hacer contraloría.

Cuando repite que las revoluciones se hacen con sangre, los tocados por el hálito de la muerte promueven la matanza entre hermanos. Y cuando repiten que hay que matar a los corruptos, ponerles bombas, asesinarlos selectivamente, etc, también. Además, no se ocupan de la parte de responsabilidad que tiene el pueblo en las tramas corruptas. No se dedican a ese polo de la corrupción, no empoderan al pueblo como requisito para su liberación. Si un grupo anarquista o un club asesino matara a los corruptos, el pueblo quedaría asistido, otro le estaría haciendo el trabajo y la población seguiría alcahueteando. O, quizá quedara amedrentada e igualmente cómplice automática. De manera que el problema no se solucionaría, pero eso no lo prevén los locos por matar. Al grupo que se erige como matón, quizá le guste ese panorama en que la gente se asusta con los asesinatos y quedae sometida, secuestrada y bajo el síndrome de Estocolmo, y en adelante el que tiene las armas impone las soluciones: sin poder del publo. El problema central aquí es que la gente queda donde estaba o peor. Y mientras se incuba la frustración, la incapacidad, la falta de salidas y la desesperanza, se engendra la explosión irracional que ha llevado a Europa, siglo tras siglo, a las mismas masacres con diferente causa aparente, siempre regida por la E de la M. El matón de corruptos es un agente de la cultura Europea. Un agente de lo viejo, aunque se cree un profundizador de la revolución.

Un aspecto de este sectarismo es la negación fanática de la paz en el presente. Toda prédica de paz los enferma, se les vuelve sospechosa, es como una abominación en medio de la lucha. El remedo de filosofía que adquirieron, una cultura revolucionaria que mezcla insumos de caprichosa procedencia, los ayuda a mantenerse firmes. Valoran tanto el bagaje adquirido, que jamás se pondrán a revisar una propuesta diferente. Ya hicieron un esfuerzo suficiente una vez, y les quedó agotada la capacidad de investigar. No están acostumbradon al ejercicio permanente. No están dispuestos a hacer un nuevo esfuerzo. Están clavadon en un sectarismo de lo que entendieron o descubrieron cuando eran jóvenes y esforzados, y aunque no llegan a cincuenta años, ya son viejos. No avanzarán. Con esto podemos aprender: uno de los entrenamientos que deben adquirir los jóvenes de la Nueva Sociedad, para no llegar a este punto ciego, es la investigación permanente.

En el bando contrario puede ocurrir lo mismo. El opositor extremo, no aprenderá que la democracia necesita de la paz del alma, como requisito inicial. Él, desesperado por cambiar el gobierno, quiere acción, entonces el pacificador le molestará, lo verá como un distractor. De manera que ambos son capaces de silenciar, desconocer, desautorizar, esconder al que trae paz. Ambos extremos son capaces de arruinar la simiente del paraíso y quién sabe cuántas veces en la historia ya lo han hecho. En nuestro caso, supongo que hemos avanzado bastante, y que ya la humanidad está más cerca de alcanzar la utopía. Por fortuna, los profetas de la paz han durado bastante como para horadar el futuro: King, Lenon, Marley, Gandi y los demás, aunque asesinados, dejaron su simiente y ésta crecerá sin remedio.

¿En la medida en que una revolución es sectaria es también burocrática? Si. Hay una relación directa entre ambas esferas: si predomina el sectarismo, no hay profundidad y por tanto hay revolución burocrática   y viceversa. Analicemos la propiedad de la palabra revolución en procesos como el venezolano. Mucha gente dice: Esto no es una revolución, cuando detecta o señala los vicios, las superficialidades, los erros. En estos juicios se considera que se volverá revolución y merecerá el nombre cuando se profundice. Pero como no conocen una ciencia de las dominaciones, ni tienen un método para erradicarlas de raíz, entonces “profundizar” queda en el aire, y muchos lo toman como agrandar el espacio de la muerte. Matar gente, derramar sangre y sembrar sufrimiento. Pero quien antes afirmó que en Venezuela no hay todavía una revolución, habla, sin ningún reparo de revolución francesa. A ese proceso se le califica de revolución, aunque no cumplió su cometido declarado, liberar a todos: establecer la igualdad, la fraternidad y la libertad. Los revolucionarios franceses no dijeron que liberarían sólo a los burgueses, así que no cumplieron con sus postulados esenciales. Hicieron una revolución sólo de decreto, un proceso mentiroso que incumplió sus postulados, pero se le dice revolución. Así que yp creo que la palabra “revolución”, sí se puede usar para procesos incompletos, como el venezolano, que tiene un Ministerio del poder popular para la educación que le cambia el nombre a los colegios, pero no cambia la vida de conflictos estructurales, dominaciones y sufrimiento, dentro de los planteles. Se habla de revolución rusa, aunque no consolidó el poder de los soviets, lo cual hubiese garantizado una transformación irreversible. No logró su objetivo, se conformó con entregarle el poder a los burócratas, a los gerentes, a los funcionarios y luego dejó de emitir propaganda socialista, se diluyó en la continuidad de un país que todavía pugna valientemente por salir de la Estructura de la Muerte. Así que se puede hablar de revolución aún cuando el proceso referido esté anclado en el mismo nivel estructural en que se encontraba.

¿Por qué digo que la revolución venezolana es burocrática? Porque antes definí qué quiero decir con burocrático: quiero decir superficial, que no va a la estructura. Lo de superficial, se puede ver en el que no está involucrado del alma: y lo de que no penetra en la estructura, en que no va al fondo de las cuestiones, pero todo viene de donde mismo. Una persona que está en una oficina limpiándose las uñas y que te responde sin despegarse del celular, que te pelotea, etc, lo hace porque él vive en el Síndrome de Temor al Castigo, en la acción sumisa, trabaja por dinero, no porque le gusta, le gusta más echar carro. Está en la fase de rebeldía del síndrome: echar carro es rebelarse, pero a medias. Rebelarse del todo sería dejar ese empleo y forjarse uno de ser empresario haciendo algo que le guste, le dé para vivir y haga falta en la sociedad. Eso sería ir a la estructura, liberarse, alcanzar su libertad respecto al trabajo, volverse un artista en eso. Estar en ese trabajo porque conoce la importancia de la gente y la atiende contento, solidario, en conjunción, unido a ella, comprometido, dicen por ahí, en empatía con el otro, sería darse una vida de artista. Quien no hace su trabajo de oficina o de fábrica amorosamente, es un esclavo, pero se le puede llamar burócrata. Lo mismo pasa cuando sólo se les cambia el nombre a las escuelas, y no se toca la vivencia infernal de los niños en esos lugares. Eso es de no ir a la estructura, no profundizar, quedarse en lo superficial. Igual ocurre en los urbanismos, se los dota bien materialmente, pero no se toca la dominación, por ende, no se cambia la sociedad.

Así que el proceso venezolano sí es una revolución y es francamente burocrática (aunque sus cuadros más honestos sean esforzados y diligentes hasta el sacrificio) en el sentido de superficial porque no va a la estructura. Pero quedamos en que no nos vamos a molestar por eso y menos vamos a esperar que el gobierno lo solucione. Ese es el trabajo de la Oposición Noble. Ir a lo estructural y profundizar en la conciencia hasta alcanzar el nivel superior, que es hacer el trabajo más allá de la apariencia, reencantar el mundo y fundar un paraíso en estas tierras, como dijo el Comandante. Es bueno repetirlo, porque hasta ahora se han visto sólo casos de revoluciones que llegan, no para vencer la dominación, sino para remacharla, como ocurrió con la revolución burguesa. Nosotros tenemos que estar pendioentes de deshacer todas las dominaciones, para no consolidar en el gobierno a una élite revolucionaria que no sabe ir a la estructura --ni tiene tiempo para ello ni le interesa por ahora-, y que cuando habla de profundizar se refiere a endurecerse con los enemigos y volverse más autoritaria, al menos con ellos, y no de volverse más capaz de escalar a una conciencia superior.

 

Claro, habrá que correr el riesgo de que los sectarios de uno y otro extremo nos excluyan, aparten y escondan, porque ellos se asustan con lo diferente. El sectario, el autoritario sólo acepta lo que lo repite, lo que lo sigue. Ése es el cerebro reptiliano. Consideran enemigos a los que no se les alinean. Pero un revolucionario profundizador, que va a la raíz (no digo revolucionario de verdad, porque todos existimos y cada cual hace su parte, los superficiales ablandan el terreno, muestran las fallas que no se deben repetir, los profundizadores sembramos los cambios que florecerán en el futuro) un revolucionario de la estructura sabe los riesgos que corre. Pero, en fin, somos mayoría y somos alegría. Venceremos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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