Los partidarios de la muerte
Hay en el sector revolucionario, un
trasfondo que es genérico en la raza humana, que pertenece a la estructura,
aunque en la mayuría de los ciudadanos parece que no existiera. Es el deseo de
muerte. De dar muerte y de considerarla inevitable. Pero en los revolucionarios
novatos, no es sólo el instinto de muerte, sino que éste, además, viene
aderezado por ingredientes culturales e históricos, y la forma más típica de
sacarlo a relucir, es diciendo “Todas las revoluciones se han hecho con
sangre”. Quizá los fascistas tienen su equivalente y es cuando dicen “La gente
es tonta y hay que dominarla, porqe si no dominan ellos y no te va a dejar joder
por unos tontos”, pero sigamos con los revolucionarios novatos. Lo de Todas las
revoluciones se han hecho con sangre, es como una reducción al absurdo: no
importa la vuelta que le des, siempre vas a aterrizar en un berenjenal con
sangre. En esta afirmación está, muchas veces de manera central, el reconcomio
porque en el 2002 no se asesinó a los golpistas, una vez derrotados. Una
frustración por no haber saciado la tensión temerosa acumulada durante el
golpe, mediante el recurso autoritario de dominar asesinando.
La molestia por las adversidades, las
transforman en deseos de matar, y lo justifican diciendo que es para beneficio
de la sociedad. Simétricamente, los opositores ante su frustración porque la
vida les envía revés tras revés, en lugar de aprender y superarse, se
desesperan y arremeten regresando a la barbarie y quemando infructuosamente libros,
alimentos, medicinas, hospitales, gente. Ambos caen en el mismo mecanismo de la
desesperación recurriendo al instinto de meurte. Justificados ambos por un
razonamiento anclado a la Estructura de la Muerte.
Los revolucionarios tocados por el
deseo de la muerte en Venezuela no matan, pero tampoco acompañan la revolución burocrática
a plenitud. La critican y malogran, la desprestigian. Pero, más aún. Eso de
gastar la energía en reconcomio y en prédicas que anuncian la mortandad, pero
no la cumplen, funciona como una trampa de tiempo. Digo que ante la corrupción
hay que aplicar el decreto de Bolívar, elevo la muerte como solución en un
futuro próximo, pero como no tengo quórum suficiente o ímpetu organizativo o
furia asesina suficiente, no ejecuto lo que considero una medida salvadora.
Digo que es el gobierno quien debería hacerlo. Es decir, emito palabras que
pintan una solución ilusoria en el futuro. Esa solución ilusoria, por un lado,
me distrae, me complace, me llena de momento con su virtualidad y, por el otro,
me aleja de la acción efectiva en el presente. Nunca llego a matar a nadie, ni
a ajusticiar a ningún corrupto, sólo hablo molesto, choco, me doy malavida y
sueño soluciones, evado pospongo. Por supuesto, ocupado en ese quehacer, no me
ocupo de alguna solución en el presente, como educar al pueblo para que se
erija en poder popular y sepa hacer contraloría.
Cuando repite que las revoluciones se
hacen con sangre, los tocados por el hálito de la muerte promueven la matanza
entre hermanos. Y cuando repiten que hay que matar a los corruptos, ponerles
bombas, asesinarlos selectivamente, etc, también. Además, no se ocupan de la
parte de responsabilidad que tiene el pueblo en las tramas corruptas. No se
dedican a ese polo de la corrupción, no empoderan al pueblo como requisito para
su liberación. Si un grupo anarquista o un club asesino matara a los corruptos,
el pueblo quedaría asistido, otro le estaría haciendo el trabajo y la población
seguiría alcahueteando. O, quizá quedara amedrentada e igualmente cómplice automática.
De manera que el problema no se solucionaría, pero eso no lo prevén los locos
por matar. Al grupo que se erige como matón, quizá le guste ese panorama en que
la gente se asusta con los asesinatos y quedae sometida, secuestrada y bajo el
síndrome de Estocolmo, y en adelante el que tiene las armas impone las
soluciones: sin poder del publo. El problema central aquí es que la gente queda
donde estaba o peor. Y mientras se incuba la frustración, la incapacidad, la
falta de salidas y la desesperanza, se engendra la explosión irracional que ha
llevado a Europa, siglo tras siglo, a las mismas masacres con diferente causa
aparente, siempre regida por la E de la M. El matón de corruptos es un agente
de la cultura Europea. Un agente de lo viejo, aunque se cree un profundizador
de la revolución.
Un aspecto de este sectarismo es la
negación fanática de la paz en el presente. Toda prédica de paz los enferma, se
les vuelve sospechosa, es como una abominación en medio de la lucha. El remedo
de filosofía que adquirieron, una cultura revolucionaria que mezcla insumos de caprichosa
procedencia, los ayuda a mantenerse firmes. Valoran tanto el bagaje adquirido,
que jamás se pondrán a revisar una propuesta diferente. Ya hicieron un esfuerzo
suficiente una vez, y les quedó agotada la capacidad de investigar. No están
acostumbradon al ejercicio permanente. No están dispuestos a hacer un nuevo
esfuerzo. Están clavadon en un sectarismo de lo que entendieron o descubrieron
cuando eran jóvenes y esforzados, y aunque no llegan a cincuenta años, ya son
viejos. No avanzarán. Con esto podemos aprender: uno de los entrenamientos que
deben adquirir los jóvenes de la Nueva Sociedad, para no llegar a este punto ciego,
es la investigación permanente.
En el bando contrario puede ocurrir lo
mismo. El opositor extremo, no aprenderá que la democracia necesita de la paz
del alma, como requisito inicial. Él, desesperado por cambiar el gobierno,
quiere acción, entonces el pacificador le molestará, lo verá como un
distractor. De manera que ambos son capaces de silenciar, desconocer,
desautorizar, esconder al que trae paz. Ambos extremos son capaces de arruinar
la simiente del paraíso y quién sabe cuántas veces en la historia ya lo han
hecho. En nuestro caso, supongo que hemos avanzado bastante, y que ya la
humanidad está más cerca de alcanzar la utopía. Por fortuna, los profetas de la
paz han durado bastante como para horadar el futuro: King, Lenon, Marley, Gandi
y los demás, aunque asesinados, dejaron su simiente y ésta crecerá sin remedio.
¿En la medida en que una revolución es
sectaria es también burocrática? Si. Hay una relación directa entre ambas
esferas: si predomina el sectarismo, no hay profundidad y por tanto hay
revolución burocrática y viceversa.
Analicemos la propiedad de la palabra revolución en procesos como el
venezolano. Mucha gente dice: Esto no es una revolución, cuando detecta o
señala los vicios, las superficialidades, los erros. En estos juicios se
considera que se volverá revolución y merecerá el nombre cuando se profundice.
Pero como no conocen una ciencia de las dominaciones, ni tienen un método para
erradicarlas de raíz, entonces “profundizar” queda en el aire, y muchos lo
toman como agrandar el espacio de la muerte. Matar gente, derramar sangre y
sembrar sufrimiento. Pero quien antes afirmó que en Venezuela no hay todavía
una revolución, habla, sin ningún reparo de revolución francesa. A ese proceso
se le califica de revolución, aunque no cumplió su cometido declarado, liberar
a todos: establecer la igualdad, la fraternidad y la libertad. Los revolucionarios
franceses no dijeron que liberarían sólo a los burgueses, así que no cumplieron
con sus postulados esenciales. Hicieron una revolución sólo de decreto, un
proceso mentiroso que incumplió sus postulados, pero se le dice revolución. Así
que yp creo que la palabra “revolución”, sí se puede usar para procesos
incompletos, como el venezolano, que tiene un Ministerio del poder popular para
la educación que le cambia el nombre a los colegios, pero no cambia la vida de
conflictos estructurales, dominaciones y sufrimiento, dentro de los planteles.
Se habla de revolución rusa, aunque no consolidó el poder de los soviets, lo
cual hubiese garantizado una transformación irreversible. No logró su objetivo,
se conformó con entregarle el poder a los burócratas, a los gerentes, a los
funcionarios y luego dejó de emitir propaganda socialista, se diluyó en la
continuidad de un país que todavía pugna valientemente por salir de la
Estructura de la Muerte. Así que se puede hablar de revolución aún cuando el
proceso referido esté anclado en el mismo nivel estructural en que se
encontraba.
¿Por qué digo que la revolución
venezolana es burocrática? Porque antes definí qué quiero decir con
burocrático: quiero decir superficial, que no va a la estructura. Lo de
superficial, se puede ver en el que no está involucrado del alma: y lo de que
no penetra en la estructura, en que no va al fondo de las cuestiones, pero todo
viene de donde mismo. Una persona que está en una oficina limpiándose las uñas
y que te responde sin despegarse del celular, que te pelotea, etc, lo hace
porque él vive en el Síndrome de Temor al Castigo, en la acción sumisa, trabaja
por dinero, no porque le gusta, le gusta más echar carro. Está en la fase de
rebeldía del síndrome: echar carro es rebelarse, pero a medias. Rebelarse del
todo sería dejar ese empleo y forjarse uno de ser empresario haciendo algo que
le guste, le dé para vivir y haga falta en la sociedad. Eso sería ir a la
estructura, liberarse, alcanzar su libertad respecto al trabajo, volverse un
artista en eso. Estar en ese trabajo porque conoce la importancia de la gente y
la atiende contento, solidario, en conjunción, unido a ella, comprometido,
dicen por ahí, en empatía con el otro, sería darse una vida de artista. Quien
no hace su trabajo de oficina o de fábrica amorosamente, es un esclavo, pero se
le puede llamar burócrata. Lo mismo pasa cuando sólo se les cambia el nombre a
las escuelas, y no se toca la vivencia infernal de los niños en esos lugares. Eso
es de no ir a la estructura, no profundizar, quedarse en lo superficial. Igual ocurre
en los urbanismos, se los dota bien materialmente, pero no se toca la
dominación, por ende, no se cambia la sociedad.
Así que el proceso venezolano sí es
una revolución y es francamente burocrática (aunque sus cuadros más honestos
sean esforzados y diligentes hasta el sacrificio) en el sentido de superficial
porque no va a la estructura. Pero quedamos en que no nos vamos a molestar por
eso y menos vamos a esperar que el gobierno lo solucione. Ese es el trabajo de
la Oposición Noble. Ir a lo estructural y profundizar en la conciencia hasta
alcanzar el nivel superior, que es hacer el trabajo más allá de la apariencia, reencantar
el mundo y fundar un paraíso en estas tierras, como dijo el Comandante. Es
bueno repetirlo, porque hasta ahora se han visto sólo casos de revoluciones que
llegan, no para vencer la dominación, sino para remacharla, como ocurrió con la
revolución burguesa. Nosotros tenemos que estar pendioentes de deshacer todas
las dominaciones, para no consolidar en el gobierno a una élite revolucionaria
que no sabe ir a la estructura --ni tiene tiempo para ello ni le interesa por
ahora-, y que cuando habla de profundizar se refiere a endurecerse con los
enemigos y volverse más autoritaria, al menos con ellos, y no de volverse más
capaz de escalar a una conciencia superior.
Claro, habrá que correr el riesgo de
que los sectarios de uno y otro extremo nos excluyan, aparten y escondan,
porque ellos se asustan con lo diferente. El sectario, el autoritario sólo
acepta lo que lo repite, lo que lo sigue. Ése es el cerebro reptiliano. Consideran
enemigos a los que no se les alinean. Pero un revolucionario profundizador, que
va a la raíz (no digo revolucionario de verdad, porque todos existimos y cada
cual hace su parte, los superficiales ablandan el terreno, muestran las fallas
que no se deben repetir, los profundizadores sembramos los cambios que
florecerán en el futuro) un revolucionario de la estructura sabe los riesgos
que corre. Pero, en fin, somos mayoría y somos alegría. Venceremos.
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