“El florecimiento de la patria”  

Duodécimo Programa de radio     La Oposición Noble

 

La patria es el planeta tierra, aunque puedes comenzar a forjarla en tu país de residencia, justo en tu barrio. Cuando liberas tu barrio lo insertas en la patria nacional y pones tu granito de arena para que haya un Primer País de la Armonía y para que tu país, en vez de ser parte de un conjunto de grupos aislados, muchos de ellos bandas delincuenciales, subordinadas al imperio, que operan generando desplazados, viudas, víctimas, sea un lugar de encuentro donde todos nos reconocemos, respetamos y protegemos en paz generando la mayor suma de felicidad para todos.

Por supuesto, el enjambre de bandidos y pandillas facinerosas que, durante las épocas críticas, azotan la nación (Entre 1810 y 1814 fueron los negros, indios y mestizos anarquizados, que junto a los blancos marginados vagaban saqueando, violando y quemando con Boves, abiertamente contra el grito de independencia. Hoy son los bachacos, las mafias del gas y del clap, los traficantes del efectivo, contrabandistas de materiales estratégicos, terroritos de alquiler, pranes carcelarios y los que andan sueltos, y los colectivos desviados que venden comida cara o extorsionan comerciantes, los generales y ministros corruptos, las trapazas de oficina, las pequeñas trácalas del vecindario, todos aupados por la tv violenta y otros comandos degenerativos). Esa gente no tiene patria. Los criminales colman el ambiente, lo tiñen de dolo y desconfianza, y crecen tanto que parecen reducir a cero el número de los idealistas, de los que sostienen en alto las banderas de la honestidad y la utopía, de los que aún respetan los códigos de la virtud y el honor. Pero, aunque casi todos ayudemos ese desastre, el malestar nos hace rechazarlo y aspirar a algo mejor. Y es ese malestar y esa aspiración lo que podría llevarnos, barrio por barrio, a que todo el país se dedique a liberarse del caos, y que ofrendemos al mundo la realización de un primer embrión de la armonía planetaria, nuestro grano de arena en el paraíso terrenal. Ahora bien, tal paraíso, esa patria grande planetaria comienza por Americalatinafrocaribe. ¿Por qué en Nuestra América? Porque somos más jóvenes y tenemos menos de qué deslastrarnos, tenemos menos ínfulas por las ventajas heredadas culturalmente, menos prepotencia y menos desprecio por los demás y menos costumbre de aprovechar la debilidad ajena. Porque por aquí pasaron Bolívar, San Martín, Artigas y los otros libertadores. Si cumplimos el prodigio de liberarnos, después de esta región latinoamericana y afrocaribeña, el paraíso se irá extendiendo a todo el planeta, conformando la patria global.

Lo contrario de la patria es el sueño colonial, la ínfula imperial. La herencia de los saqueadores y los filibusteros, de los asesinos seculares entre hermanos. Trescientos siglos matándose no les bastan, ahora quieren masacrarnos a nosotros. En Usa y Europa, bandas armadas facinerosas están apoderadas del gobierno y mantienen a la gente secuestrada en un cerco desinformativo y de manipulación psicológica y religiosa. Van rumbo a la Tercera Conflagración mundial, pero para ellos eso es normal, la tradición europea lleva milenios haciéndolo sin aprender. Aquellos pueblos aún no se atreven a defenestrar a sus líderes fascistas porque no manejan su destino. No se atreven a soñar ni a salirse del precario confort que dan las costumbres milenarias, el despojo al semejante, la mentira y la fuerza aplicadas contra el débil. No se atreven a desafiar el porvenir. Y como nuestro ejemplo pudiera despertar a esas mayorías manipuladas, eso nos convierte en una amenaza para los bandidos reptilianos –piratas que desprecian las ventajas del enorme neocortex creativo y poeta y se aferran al minúsculo cerebro reptil, defensivo y ciego-. Les duele demasiado que nosotros aspiremos a una Verdadera República, que aspiremos a una Patria Grande, les asusta que estemos construyendo una patria gigante, Latinoamérica unida, ni se imaginan que nuestro designio es expandirla hasta fundar el paraíso global, el Edén Planetario.

Para el supremacista eurocéntrico, vivir en Venezuela es estar, como los conquistadores, en el lugar menos apetecible, solo de paso, lo mejor queda allende los mares. Aquí todo está atrasado y es de menor calidad, la gente no es tan bonita ni de tan buena cuna ni es tan inteligente. Se han mezclado o son de razas inferiores. Es lógico que los sometan los imperios, porque son inferiores. En la mente profunda del supremacista yacen contenidos probatorios:  Te dejan por siglos que compres cosas y se las vendas al precio que te da la gana, o que les cambies los presidentes a tu antojo: son tontos. A los pocos que se rebelen, hay que volverlos al redil a pinochetazos. Si hay que matarlos a todos, no importa. Los laboratorios de operaciones psicológicas les envían lo que deben repetir: Los mestizos no tienen derecho sino a modelos que nacen fracasados. Nada de lo que inventen servirá porque son inferiores.

Para 1818, ya en Venezuela muchas fuerzas militares se habían pasado del bando realista para el bando patriota, las del indio Reyes Vargas, las del Coronel Juan José Rondón, el del dicho: “Rondón no ha peleado”. Muchos soldados no entendían de qué se trataba eso de la patria. Pero poco a poco se habían estado pasando los jefes, y con ellos las tropas. Las de Boves, una vez muerto éste, se vinieron a la revolución. Negro Primero fue uno de los que en un principio defendieron al rey detrás de Boves, pero un día, vio que estaban dañando a sus propios conciudadanos en favor de extraños y lejanos déspotas –y convocados por héroes eminentes, Zaraza, Páez, Monagas comenzaron a vislumbrar el hermoso sueño que estaba naciendo. Pero sobre todo vieron que en la naciente patria se podían cumplir realmente sus aspiraciones. En nuestros días, ¿qué jefes imperiales emigrarán hacia la República? Y entre la tropa, entre los opositores que aún votan por ellos, ¿cuáles son hoy las aspiraciones que debe cumplir la Nueva Sociedad, nuestro lugar de encuentro, para que los que estaban peleando a favor del imperio se vengan a la paz y a la abundancia de la V República?

Un plan de emigración y recolocamiento de las fuerzas opositoras tendría que contemplar el deslizamiento de jefes importantes. ¿Cuáles?  ¿Los pranes malandros? Esto pudiera ocurrir en los barrios que se liberen de verdad: el cambio de actitud de la mayoría vecinal, su salida de las dudas ayudaría a redireccionar la energía de los delincuentes menores. Eso podemos aseverarlo como una ley: barrio que se libera se convierte en un lugar de poder que regenera a todos. Algunos altos dirigentes contrarrevolucionarios abandonarán su proyecto al ver de cerca la invasión extranjera. No se vendrán a la Nueva Sociedad, pero con que no quieran asesinar gente aquí estarán prestando ya un enorme servicio a la patria buena. Cabe inventar a un jefe saurio que sí se viene, Construir virtualmente líderes que se salen de la oposición salvaje y se vienen a la vanguardia humanista y amorosa, a la Oposición Aristocrática y sana, ya es parte de la agitación cultural y creativa. En el comic “La Repúbica Contraataca” puse a un personaje así: Wilfredo Lanza era un encapuchado incendiario, campeón de lanzar molotovs contra la guardia, pero en realidad él quería ser un Libertador y un día entendió el problema. Le preguntaron “Si en Star War ibas a la República, ¿por qué aquí vas al imperio?” Y sus reflexiones lo llevaron a volverse un líder principal de la Oposición Noble. En la Oposición Noble todos son líderes principales. En general, el pueblo deberá ver muy claramente las ventajas de venirse a vivir en este lado, y, por supuesto, será más fácil enamorarlos si construimos en vivo el modelo de la Nueva Sociedad, los primeros enclaves, los primeros hitos, empezando por el primer Barrio Feliz y los primeros Pueblos Bonitos. La población deberá ver muy claro que con la revolución puede vivir holgadamente y que su trabajo le asegura no sólo la supervivencia sino mucho más. Debe ver muy claramente las desventajas del capitalismo, sus comerciantes salvajes desbocados, el ahogo creciente, eso de volvernos cada día más rata cuando antes éramos tan desprendidos, la crueldad del ahorcamiento mutuo de unos contra otros sin cuartel. Y el pueblo que hoy sufre tiene que admirar cómo con la belleza de la organización popular, la distribución sin mafias intermediarias, llega el alivio y se expande como una bella flor que se abre. Y ese pueblo tiene que ver cómo aparecen los nuevos campeones de la producción para la gente –no para hacer dinero-  con la garantía de que la vida se vuelve segura y plena, ahora sobre una base no reversible, no violentable, no artificial, no dependiente de que todos estén dormidos ni de que acepten pagar los precios más altos del mundo por cien años y se dejen cambiar los presidentes desde afuera.

Para reunir a la gente en torno a esa patria cálida, hay que ayudar a que las poblaciones vean que pueden volverse empresarias y prósperas. Deben constatar que pueden ejercer el más divino heroísmo del trabajo. Deben ver que es fácil volverse gente floreciente que maneja cada día más bienes, no propios sino comunales, que le brinda a todo, a ellos, a sus vecinos, al país y al planeta un estatus de poder y éxito. Hay que mostrar el nuevo concepto de poder y éxito, no poder sobre los demás, no éxito para preponderar sobre los que no acumularon objetos.

El personaje enfermo levanta la mirada y el gesto despreciativamente, muy por encima, creyendo que así sube de rango. O adquiere cosas caras para subir, porque es capaz de sentirse por el suelo y teme bajar del pedestal imaginario, sin notar que, tanto creerse por encima como sentirse menos, son pensamiento, un subibaja de la emoción; un juego innecesario para quien sabe eliminar sus imágenes, tanto la de creerse por encima como la de imaginarse por abajo. En vez de ese poder que dan las cosas, hay que popularizar el poder personal, el poder de ser libre del pensar. El poder de ayudar cada vez más y con mayor éxito a la alegría creciente.

¿El que dirige la GMVV necesita 20 carros lujosísimos, cien apartamentos para él, doscientos trajes? No, él lo tiene todo y lo entrega a quien lo necesita, y puede carecer de los yates, las joyas, los cuadros originales de pintores famosos, porque conoce cómo funcionan esos signos del estatus burgués –la imagen y su orden perentoria, la vivencia en el ámbito de la emoción-: el héroe revolucionario es un Rey Midas que no necesita atesorar para él, sino que aprovecha las riquezas para repartirlas a manos llenas haciendo el bien. Hay que trabajar ese concepto. En la telenovela “Escuela de Talentos” hay un joven personaje así, es el gerente del mayor consorcio multimedia e industrial, pero vive en un apartamento de la Gmvv, en un barrio que él ayudó a liberar. Debemos exaltar (en vivo y en filmes) a esos que se dedican a la comunidad y manejan bienes con abundancia creciente, de una manera feliz, honesta, espectacular en su belleza. Podemos buscar a uno que distribuye cajas del claps, pero es parco en sus hábitos de consumo y no roba ni atesora defensivamente, que vive sin el temor que obliga a los frágiles a delinquir aprovechando que los pusieron donde hay. El canal que intenta proteger a todos los venezolanos pudiera tener un programa, o una sección de un programa, que entreviste a personajes así, para publicitar a ese tipo de héroes, que se vea que no se corrompen sino que vencen en una brega espléndida que garantiza que haya cada día una mayor seguridad económica para todos: una patria. Y por supuesto, publicitar también a las comunidades que los forman, que los enderezan con su vigilancia preventiva permanente, con su contraloría inviolable. Que se vea que son más estos ejemplares adalides de la buena fortuna, que los que caen enfermos, contagiados con la fiebre del oro.  El programa podría, de vez en cuando, narrar la historia de esa contraparte, para pintar la miseria de la sociedad que estamos ayudando a bien morir.

El programa podría entrevistar a un Ministro y preguntarle por la gestión, pero darle más importancia aún a su condición moral: cuántos carros tenía, cuantos tiene ahora, cuántos apartamentos o yates, qué piensa de los gustos lujosos. ¿Por qué vive en una urbanización rica y no en una de la Gmvv, cuándo piensa crear las condiciones para mudarse?  Describir ese perfil de los gerentes de la revolución ayudará a cambiar, entre la población, los conceptos de éxito y de abundancia, y a demostrar que la patria sí existe porque hay gente fundándola con su esfuerzo moral y espiritual. Con su mente clara respecto a qué es lo importante. Respecto a que lo importante no es el dinero sino la gente, el hogar cálido que estamos construyendo.

No preguntarle por su ética, es enmascararla, alcahuetearla, permitir que sea doble, exponerse a que de pronto aparezca que en el fondo era un corrupto enfermísimo, cuando debimos descubrirlo por sus actitudes, por los movimientos que le encubrimos. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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