Viraje al paraíso
Programa de radio: La Oposición Noble Tercer
Programa
Supongamos que un puñado de próceres, unos adelantados del cambio social rescatan del caos un urbanismo de la Gmvv y resuelven ahí el problema de la comida y la distribuyen sin bachacos, sin colas y sin sobreprecios. Y el problema de las dominaciones mutuas y dejan de producir caciques y azotes, líderes y seguidores o excluidos, y supongamos que resuelven el asunto de producir juntos, sin fabricar pobreza –nada de hacer jabón comprando sosa cáustica carísima a los traficantes-, y el de vivir sin fabricar mafias corruptas del gas, del clap, del tráfico con los apartamentos….. Supongamos que acaban con el adoctrinamiento y la dominación en los colegios del sitio y logran dormir con las puertas abiertas.
Un barrio así permitiría inculcar en vivo, de una vez y para siempre, no con palabras sino con hechos, que la gente sí cambia. Entregar un barrio así sería la prueba de que la sociedad sí puede ser transformada y de que el paraíso es construible. ¿Podemos solicitarle a nuestros Revolucionarios Salvajes, o a la Oposición Salvaje que le entreguen al país un barrio así, un barrio feliz con esas características excelentes? Podemos pedírselo, o sugerirles que lo hagan, pero no lo harán. Porque están ocupados en otra cosa, en lo que ellos saben hacer: pelear por los votos, defenderse de sus ataques mutuos, ocuparse de la coyuntura, entregarle beneficios al pueblo, sabotear, y no saben que algo mejor que eso se puede hacer. Nuestros líderes salvajes no tienen tiempo para la Nueva Sociedad. Su costumbre es dejarla para después, para nunca.
Algunos de ellos se acercarán, pero no podemos esperarlos para empezar. Es nuestro trabajo. Tenemos que hacerlo los capaces de ir hasta la utopía con el pensamiento y transformarla en acción: descubrir por qué es posible, de qué manera, considerarla lo más importante, entrenarnos, formarnos dándole la mayor importancia al cambio conductual, al cambio mental, a los logros ético espirituales, al desarrollo humano. Entrenar a la gente, y no a los líderes del partido, en el ejercicio del poder. Y estar en calma para hacerlo, dejar de pelear y de posponer lo importante para luego, y reconocer errores y corregirlos. Para hacer algo así, el protagonista tiene que creer en esa tarea y. amarla. Es lo que haremos, los que nos interesemos en ese trabajo trascendente y le dediquemos lo mejor de nuestro tiempo y energía. Y con una gesta así en un primer barrio, estaremos revolucionando el país. Porque le estaremos entregando a la gente el trabajo primordial, que es cambiar ellos mismos, y entonces la transformación ya no dependerá de los burócratas, de que lo pospongan y digan que eso se intentó y no funcionó.
Liberar un primer barrio equivale
a un triunfo como las Queseras del Medio, o como el Paso de los Andes: equivale a iniciar las victorias que pronto sellarán la liberación definitiva. Es abrir la puerta a la Nueva Sociedad.
Realizar la primera liberación entregaría las coordenadas a toda la población y, a partir de ese primer
ejemplo de lo que se puede hacer, los vecinos estarían comenzando el camino que
hace irreversibles los cambios, pasarían a demostrar que en verdad existe el
poder de la gente y que un día va a llegar a su fin el poder de las mafias, el
poder de los colectivos que agarraron el sendero malandro, el poder de los
dirigentes ineficientes o corruptos.
Eso sería resolver el problema del
poder popular. Los Revolucionarios Salvajes dejan de convencer y alejan a mucha
gente, cuando por un lado ofrecen el poder comunal o de todos -que es una
magnífica intuición de la democratización verdadera-, pero al mismo tiempo
permiten que en sus comunidades manden los caciques, las mafias del clap o
líderes sectarios que no saben reconocer los errores ni corregirlos. Si
liberamos un primer barrio de esas desviaciones, quedará demostrado que el
poder ciudadano supremamente democrático si existe, que la sociedad puede fluir
sin dominaciones, que el partido no es lo más importante, que lo más importante
es lo que ocurre en los barrios, que la comunidad puede ser dueña social de los bienes y de
su destino, que no es obligatorio que haya una clase que manda, sino que todos tenemos
que ejercer el gobierno. Si liberamos un primer barrio, se descubrirá hasta qué
punto es imprescindible un cambio en la educación y hasta cuál hacen falta,
no líderes de dominar y conducir a la gente a trampas con engaños, ni líderes
de entrenar a la gente para seguir ciegamente y repetir errores, sino líderes
de liberar.
Transformar la vida a fondo le hace
honor a nuestros próceres, que se plantearon el problema del hombre en libertad
y la vida social feliz, más allá de los fracasos seculares de Europa en ese terreno. No hemos tenido padres torpes, rufianescos, armados con
garras para arrebatarles los tesoros a sus vecinos. Nuestros padres fundadores fueron una ingente cima
de la nobleza humana. Si liberamos un barrio y otro y otro, entonces se
convencerá mucha gente de construir entre nosotros el futuro luminoso que ellos vislumbraron y
estaremos en paz con nuestro destino manifiesto.
Los Revolucionarios Salvajes hacen lo
que pueden, que es mucho, son el primer piso de la gigantesca transformación.
Hagamos nosotros lo que viene, lo que falta. Atendamos nosotros la tarea de
ascender a la conciencia superior con toda la población. Para hacer ese trabajo
hace falta gente nueva muy lúcida, una Oposición Noble. Los revolucionarios de la primera etapa no
tienen tiempo para lo nuevo. Los opositores salvajes están ocupados odiando y
tramando venganzas. ¿Tienes tiempo tú para la paz y para la vida?
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