Sobre el Amor
Programa de radio: La Oposición Noble Segundo programa
Vamos a hablar del amor. No del amor
de la boca para afuera, que es desde la intención (buena o mala) para afuera.
Vamos a hablar del amor rumbo al centro del corazón de todos, por decirlo con
algo de cursilería: O, diciéndolo técnicamente, vamos a ir más allá de la
intención contradictoria, que es un nivel superficial. Vamos a anclarnos en el
nivel más profundo, en el nivel necesario para fundar una Oposición Noble.
Vamos a hablar del amor necesario para fundar una Nueva Sociedad.
Los opositores salvajes y su otra
cara, los revolucionarios salvajes, son capaces de desatar una guerra, donde
cada uno culpará al otro eternamente. Nuestros opositores salvajes aseguran que
el Presidente es un narcotraficante, que el país está viviendo una feroz
dictadura, que el gobierno asesina gente todos los días impunemente y que hay
un solo y único culpable de que los precios aumenten sin medida y escaseen las
medicinas. No ven nada bueno en sus enemigos. Están ciegos, asustados. Mienten
o alucinan y se lo creen, lo cual es un problema público. Cualquiera que tenga
algo de lucidez sabe que la vida está hecha de confrontaciones, de
contradicciones, de opuestos en lucha, y sabe que aquí hay dos bandos en pugna,
cada uno con aciertos y errores. Hay una dosis de ineficiencia económica
gubernamental, y un evidente bloqueo económico, proclamado por los mismos
jerarcas imperiales. Pero los opositores salvajes no ven con esa lucidez: repiten
lo que les dictan, para ellos sólo hay un culpable y una solución. Creen que para
resolver la crisis, hay que sacar al presidente como sea y matar a todos los
que reclamen. Y sólo saldrán de ese estado de locura si los vamos a buscar.
Pero nosotros, los demás ciudadanos –los revolucionarios salvajes y los de la
mayoría silenciosa- nosotros, la mayoría, no podemos irlos a rescatar porque
también estamos dormidos.
La mayoría creemos en enemigos,
tenemos miedo y nos defendemos en vez de ver que, como a Turgut, a esos
opositores los envenenaron, pero en el fondo son nuestros hermanos y sólo
cuando veamos eso claro destruiremos la trampa que nos ha tendido la vida: la
trampa de que hablo es la guerra, la peor muerte.
Para los que no están viendo la serie,
vamos a echarles el cuento: Turgut es un guerrero turco que es capturado por
los cruzados, y tras mil tormentos y un brebaje, queda envenenado y listo para
matar turcos. Luego, al ser rescatado por sus antiguos compañeros de batalla,
apuñala al jefe y golpea a los otros. Casi los mata. Pero la respuesta del jefe
turco apuñaleado no es matarlo y, apenas se recupera de la estocada que le dio
el pana, va y lo abraza (claro, con Turgut amarrado) y le dice: Tú eres mi
hermano, y ahí comienza la recuperación psicológica y a los pocos capítulos la
logran, y el camarada los salva de una feísima. ¿No es como para llorar de
tanta belleza, de tanta poesía de la acción?
Ese capítulo muestra la solución
técnica de confrontaciones: uno se sale primero de la ira, de la idea de
enemigo y de venganza, ve con calma el problema –recordemos la importancia de
la calma, vía darle fin a las imágenes-, comprende y llama al otro fuera de la
trampa. Tal técnica, aplicada al caso de nuestros opositores salvajes, nos
propone que, aunque hoy están envenenados, dormidos en su sueño de matarnos
para ser felices, si los amamos lo suficiente ellos despertarán y
consolidaremos la paz.
El problema es que no los amamos aún
lo suficiente: ni los revolucionarios salvajes ni los ciudadanos llamados
apolíticos o imparciales, ninguno de los dos. No amamos a los fascistas, a los
venezolanos envenenados que piden una guerra. Aún no tenemos el poder del amor.
Los revolucionarios salvajes no aman, son sectarios. Un sectario ama a su
secta, a sus líderes, sus libros incuestionables, y considera a los demás un
obstáculo. Los sectarios quieren someter a todos a su sectarismo, eso no es
amor, es intento de someter, deseo de dominación. Quizá en un momento el
sectario habla de amor y es sincero, pero es un deseo, una intención que no
basta. Porque en los demás momentos el sectario se cree una maravilla y se
asombra de que los demás no lo sigan. En eso, tanto los fascistas como los
socialistas actúan igual. Porque los opositores salvajes también se creen la
mayor maravilla, se creen con tantas razones y con tanto derecho a prevalecer,
que se asombran cuando ven que los revolucionarios no los siguen y quieren inventar
por otro lado. Cada sectario cree que es mejor que el otro y que el otro debe
someterse o desaparecer. Por eso adoctrinan a los niños cada uno para su lado,
es decir, meten a los niños en su guerra, porque no saben formar para la unión,
la paz y la alegría, que es lo que nosotros, la oposición noble, estamos
intentando aprender. Bueno, por donde íbamos, ambos sectarios hacen lo mismo,
excluyen, incomprenden y por eso chocan. Mientras alimenten el sectarismo es
inevitable que choquen. Además, los revolucionarios culpan, califican de
traidores a sus oponentes, juzgan, condenan. Todo eso es acción dividida,
ataque, mundo de la guerra, lo opuesto al mundo del amor. En otros momentos
hemos ahondado en los detalles técnicos de los operadores divididos. Por ahora
nos interesa es que sólo despertando los más lúcidos, podremos evitar ese
choque de dos ciegos. los revolucionarios y sus opositores salvajes. Sólo
despertando nosotros, una mayoría sensata y actuando desde la lucidez, sólo
llamando con el ejemplo y siendo paz, podremos desactivar el mecanismo de las
guerras y quedar del lado afuera del caos, en una nueva sociedad.
¿Les gusta esta tarea principal de la
oposición noble? Es realmente hermosa. A mí me gusta: emprenderla es vivir en
el nivel estético de vida, ser artista de construir una belleza con cada paso
de la vida: mudarnos al paraíso. Esta es la nueva política. Esto es vivir desde
ya en la nueva sociedad. La NS no es mañana. Puedes ejercerla desde hoy,
habitar en su espacio que es nuevo para ti, pero que siempre ha estado ahí
visitable, habitable. El paraíso posible siempre ha estado y siempre va a estar
ahí.
Bueno, ya la Oposición Noble tiene dos
tareas: primero, arribar a la calma y ver al otro con aceptación y comprensión
de su proceso: ver al gobierno sin mirada de enemistad, deslastrarle lo malo y
ayudarle lo bueno. Esa es la primera tarea. Y la segunda es ir a buscar a los
que desean matar a los chavistas y despertarlos de su sueño, extraerles el
veneno, aplicarles el luminoso antídoto, volvernos especialistas de realizar
ese milagro y de fabricar esa unión. Especialistas de hacer que cesen los
partidos y se consolide la unión, y lograr así la mayor suma de estabilidad, de
seguridad y de felicidad para todos.
Para despertar de su sueño homicida,
los opositores salvajes tendrían que ver más de cerca a los chavistas y
descubrir que quieren mejorar el mundo y lograr que deje de fabricar pobres. Quieren
corregirle ese error al sistema capitalista, y esa búsqueda es buena: hay que
apoyarla. Hay mucho corrupto metido en la revolución, pero eso no invalida lo
bueno de su intento de cambiar el mundo. Para despertar, los opositores
salvajes tendrían que saber que, así haya un solo chavista noble y honesto,
vale la pena ayudarlo, irlo a buscar amorosamente y ayudarlo a que tenga éxito
en eso de suprimir la fabricación de pobres. A los opositores que dicen que
entre los revolucionarios no hay nada bueno, que todos son unas ratas, hay que
responderles que asimismo piensan los chavistas más ciegos: dicen erróneamente
que todo en la oposición salvaje es pura pérdida, fascismo horrendo, despotismo
ignorante y ruina moral: y que están condenados a quedarse por allá. Pero quien
afirme eso está equivocado, yo conozco a muchísimas personas que están metidas
en esa guerra y son bellísimas personas. Les falta más belleza, pero no son
pura pérdida. Hay que aprender a ver de cerca. En el fondo el mundo lo que
necesita es amor, como dicen los Beatles. Por supuesto, para ver de cerca a los
chavistas, los opositores salvajes tendrían que aprender a pasar imágenes,
liberarse de la dictadura de las imágenes que los dominan (odio, desprecio,
colonialismo, supremacismo racial) y ver con libertad lo que hay afuera:
entonces verían heroísmo y vestigios del sueño de grandes hombres como Bolívar
o Cristo, y de hermosas y sublimes, fabulosas mujeres como Luisa Cáceres, que se
escapó de la cárcel en España, o la soltaron, no sé bien, pero se vino otra vez
para Venezuela, ¡a pelear!): aquí en la revolución está vivo el esfuerzo de
todos los que han hecho algo por la libertad del continente latinoamericano
afrocaribeño. Ahí está viva el alma de todos los que han anticipado la
redención de la raza humana, que es la fundación del paraíso. Hay mucha
belleza, mucha poesía, mucha magia en cada rincón del mundo que destapes. Pero
hay que perder el miedo, autoliberarse, para verla y disfrutarla.
Cada sectario está en un escalón
intermedio de conciencia. Si has estado esclavizado, sometido a una idea
imperial, cuando entras a un sectarismo libertario te estás elevando a un grado
intermedio de conciencia, pero quedas en guerra contra los fanáticos del
imperio. Entrar a un sectarismo es dividirse y dividir. Si naciste en una cuna
pequeñoburguesa y estás contento con lo alcanzado por tu familia y con sus
valores, eres sectario del imperio, así no lo sepas o no lo reconozcas, y te
atraerán los fascistas y sus afanes defensivos, y lo natural es que quieras
quemar activistas libertarios para defender lo que aprecias: eres un troglodita
en potencia –como todos los humanos que no conocen su poder personal- y te
mantienes en una apariencia de civilización que es un grado intermedio de
conciencia. No vives en la esclavitud horrenda en el nivel de sobrevivencia
precaria, vives en la esclavitud dorada, en el lado hermoso del imperio. Puedes
pasar el día viendo películas y comiendo snaks, visitando la nevera rodeado de
inventos y sentirte cómodo en la provincia imperial, pero eso es el estado de
confort, el bienestar, un punto intermedio, que apoya, justifica, esconde o
ignora y por tanto genera la guerra, las expoliaciones y los latrocinios del
imperio. Más allá está el nivel estético de vida, la vida de artista y de poeta
real, de los que saben deshacer todas las esclavitudes, la autorealización
plena, el fin de toda esclavitud. Entrar a un sectarismo es estar lejos de la
conciencia plena y de la libertad. Si queremos unir tenemos que elevarnos a un
grado de conciencia más allá de todo sectarismo: arribar al amor, que es de lo
que estamos hablando.
¿Y qué hay de los silenciosos, de los
apolíticos o neutrales? ¿Aman?, ¿Tienen poder personal suficiente para ir a
buscar a un hermano envenenado y curarlo? Visto por encimita no, si eres de la
mayoría silenciosa, eres un dominado: aunque eres mayoría, entregas tu cuota de
poder y tu espacio a las minorías que pelean entre sí y aceptas los daños
colaterales de la contienda, eres un excluido, una víctima, y no estás libre
del sectarismo, vives en la reserva, pero eres medio revolucionario salvaje o
medio soldado imperial, y sales a flote en las revoluciones de colores,
manipulado por los operadores psicológicos. Eres soldado de la ira reprimida,
del odio represado, de la crítica impotente a punto de explotar. Si eres de la
mayoría silenciosa, es que aún no sabes calmarte hasta entender y en algún
momento entrarás a alguno de los bandos a expresarte con furor, quizá a
bachaquear, disolviendo toda noción de patria o comunidad de hermanos que se
protegen. Si eres de la mayoría silenciosa, en el fondo niegas la paz con cada
acto. Quizá dices que “Ya todo está inventado”, “Nada vale la pena”, o “La
gente es una M”, con lo cual apoyas la contrarevolución. Otra cosa muy
diferente es venirte a ser un ángel y andar fundando barrios pioneros, cantando
con la trova feliz y construyendo paraísos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario