Sexto Programa de radio                         El Instrumental

Hasta ahora, hemos ido acumulando un valioso equipaje instrumental: conocemos el conflicto interior y sabemos cómo desarmarlo mediante la autoliberación instantánea, que no es más que despertar de la imagen, dejar de obedecerla y eliminar así el sufrimiento que causaba; conocemos también el conflicto interpersonal o social y tenemos una forma general para desarticularlo: uno de los focos, el mejor informado, el más inteligente se sale primero de la trampa y ayuda al otro a entender y salir; conocemos las trampas de tiempo, en que fabricamos una solución ilusoria que supuestamente ocurrirá en el futuro, pero que sabotea, en el ahora, la solución efectiva, porque la evade e impide con ello la plenitud en el presente. Y podemos detectar las operaciones divididas. Estos saberes nos aportan claves para el desarrollo de habilidades innovadoras que elevan a un nivel sofisticado la comunicación interpersonal: la acción calmada, la mirada sin imagen de enemigo, el reclamo contento, destrezas que a su vez inciden facilitando la unificación comunitaria y garantizan el poder de todos, la administración conjunta de las empresas vecinales, la contraloría generalizada a toda hora y el más extendido poder comunal, que es en  esencia la ampliación de la democracia, la democratización profunda, absoluta, que persigue como objetivo la Oposición Noble.    

A este equipaje ya conocido, nos falta agregar los niveles de acción y los mecanismos de dominación, cuyo conocimiento pormenorizado nos permitirá vivir detectando el amplio espectro de la Estructura de la Muerte, lo que significa vivir desmantelándola conscientemente y construyendo en cada presente y con cada paso una Nueva Sociedad.

Veamos los niveles de acción: Hay diferencia entre a) la acción libre infantil, b) la acción sumisa que se implanta con el castigo,  c) la acción rebelde que surge cuando el oprimido se quiere liberar pero no sabe deshacer imágenes y queda en choque con su antiguo opresor, y d) la acción libre y consciente del  sujeto que entiende el  proceso en que estaba aprisionado y actúa escogiendo con autonomía, disfrutando y sin hacer daño a otros ni al ambiente. Veamos las características de cada una.

La acción libre infantil es autoescogida y feliz aunque muy desinformada e irresponsable con el ambiente. La acción sumisa, es obligada por un represor, pertenece al espectro de la acción por temor al castigo, es acción dividida, ingrata, y lesiona la dignidad humana. La acción rebelde es igualmente una acción dividida, generalmente hecha contra el antiguo represor o contra otro, puede ser muy grata o disfrutada a medias, está poco informada sobre lo que está ocurriendo, y en su afán de luchar contra el antiguo opresor, puede cumplir algo que no hace falta o rechazar algo que hace falta, desconoce la autoliberación. La acción libre consciente surge cuando el sujeto se autolibera y entiende lo que ocurre: es madura, altamente informada, autoescogida, feliz, ecológica y amorosa. Entre éstas, la acción sumisa y la rebelde ciega son acción dividida. El paso de la acción sumisa a la acción rebelde no significa ruptura epistémica ni salto fuera de la Estructura de la Muerte, ni liberación: la acción rebelde sólo crea una apariencia de libertad o sólo manifiesta el ansia de ser libre: implica que una persona, aún oprimida en su interior, viola las antiguas normas o desobedece al antiguo opresor, pero lo lleva interiorizado, lo mantiene en una imagen que le ordena directrices que el rebelde ahora incumple: pero incumplir el mandato de las imágenes es diferente a eliminarlas y ser libre de ellas.

El conocimiento de estos niveles de acción es crucial para regular las relaciones en la familia, en el colegio y en el barrio: por ejemplo, es inútil esperar que un niño o un adolescente haga caso, que es mantenerse en el área de la dominación, cuando él lo que quiere y necesita es ser libre. Si escogemos adiestrarlo para obedecer, seguir, copiar, repetir ciega y mecánicamente, lo hará sólo mientras lo obliguemos, pero cuando dejemos de presionarlo o se haga fuerte, hará cualquier otra cosa menos someterse. Si queremos formar a un adulto responsable que se dedique a fabricar armonías en la sociedad, tenemos que entrenarle la conciencia: la capacidad para comprender, deducir, analizar, detectar fallas y corregirlas. Es un error considerar que cuando el otro hace caso es porque entendió o produjo un cambio de conciencia y ya está hecho el trabajo del educador. Es un error considerar que cuando el otro agradece porque recibió un beneficio, eso quiere decir que adquirió conciencia. Es otro error suspender a medias el castigo -como ha estado haciendo el sistema autoritario entre  nosotros en los últimos 70 años- y no sustituirlo por un sistema alternativo que entrene el entendimiento de situaciones, porque la atenuación del castigo, sin conciencia, sólo implanta la acción rebelde ciega. Quien quiera orden y obediencia, tiene obligatoriamente que intensificar el castigo y la opresión. Pero quien esté interesado en embellecer la relación humana y la sociedad, tiene que, a la vez que desmantela el sistema de temor al castigo, establecer metódicamente la alternativa: la acción madura, consciente, afectuosa, altamente informada, autoescogida, ecológica, inteligente.

El niño o el muchacho deben ser ayudados a diferenciar el nivel temeroso y sumiso del nivel inteligente, a desdeñar la acción esclava y admirar la acción libre; la dinámica de la comunidad debe ser rediseñada, no para que los que crecen se sometan, sino para que aprendan a escoger y preferir el nivel maduro, por amor a la belleza existencial (es lo que el ser humano ama, en el fondo de su alma, si no, todos se quedaran mansamente en el nivel sumiso para siempre y no existiera la rebeldía). Conocer los niveles inferiores y saber despreciarlos por la conciencia superior es el cambio mental, el cambio hacia el poder personal individual, única base sustentable del poder popular y del gobierno comunal. Y es algo realmente sencillo, aunque difícil y francamente imposible para quien no quiera volverse especialista en construir un paraíso entre sus semejantes. En definitiva, la paz es para el que entiende. El cielo es para los que entienden.

El procedimiento para resolver los conflictos entre dos personas o grupos, un foco sale antes y ayuda al otro a salir, se repite durante el exterminio del caos en cualquier ámbito, una discusión ciega, una pelea entre bandas de muchachos pandilleros o una guerra entre bloques de países o entre continentes. Por eso en una ciudad gobernada por el caos, lo recomendado es sacar cada barrio, uno por uno. Si el primero es colocado como vitrina, ayudará a que cunda el ejemplo y se difundan las herramientas de trabajo. Asimismo, para rescatar un país, la estrategia deducible es crear Zonas de desarrollo paradisíaco. No Zonas especiales de desarrollo capitalista, sino conglomerados de ciudades y poblaciones liberadas en base a barrios extraídos, uno a uno, limpiamente del caos. La estrategia barrio por barrio, lleva a la liberación de zonas, estados y regiones hasta lograr la liberación de todo el país. Luego, la liberación del primer país ayudará a mostrar las herramientas y estimular que se liberen cada uno de los demás países, primero en la Patria Grande latinoamericana y afrocaribeña, y después en la patria planetaria, en todo el planeta, lo que significaría la fundación del paraíso terrenal. 

Hay un momento en que, en el BF, los muchachos piloto y los vecinos avanzados agarran el truquito de la detección de la estructura de la Muerte y comienzan a deshacerla cada vez que aparece, esté donde esté. Comprenden la necesidad de que se deshaga la vieja sociedad paso a paso, incansablemente, y no sólo lo saben hacer, no sólo le agarran el truquito a la deconstrucción, sino que le agarraron el gustico, el sabor, la disfrutan más que nada. Esto ocurre de la misma manera en que, en el sistema caótico, el emprendedor capitalista primero le agarra el truquito a aplicar una técnica para producir algo con ventaja, y enseguida le agarra el gustico a acumular dinero transacción tras transacción y ya nada lo hace salirse de esa dinámica, es lo que más le gusta hacer. Cuando los promotores vecinales aprenden a detectar la queja, el lamento, un rumor o una crítica ciega, una trampa de tiempo o un mecanismo de dominación, el miedo, el disimulo, las trampas habituales de la vida en comunidad, como portadores de la Estructura de la Muerte, y disfrutan al desmantelarlos, entonces el proceso de emersión del barrio es irreversible y ya no paran hasta que declaran su independencia respecto al caos social. Y asimismo, en la revolución habrá de llegar un momento en que el liderazgo avanzado del país le agarra el truquito y el gusto a la transformación profunda y ya la mayoría no sigue ciegamente líderes burocráticos directo hacia el despeñadero -ni se apartan los lúcidos, desanimados, convertidos en críticos impotentes y dañinos o perniciosos; ni se crean facciones que dividen el proceso, sino que al ver las fallas los líderes lúcidos las señalan y apartan a los burócratas o a los corruptos, pero se mantienen en el proceso, corrigen y siguen adelante, cada cual empoderado con el proyecto, líder creativo cada uno, cada cual capaz de avanzar así los demás a su alrededor no estén bien encaminados. Cuando eso ocurre, la revolución está madura en el país y se ha vuelto un proceso irreversible, una revolución verdadera.

La clave universal para que una persona sepa pensar por su propia cabeza es que pueda discriminar cuándo una acción pertenece a la nueva sociedad y cuándo no, que sepa deducir por sí misma cuándo una acción domina y sufre o hace sufrir, y cuándo libera o ayuda a liberar. El líder que no procura en su medio, entre sus allegados, entre sus semejantes ese grado de discernimiento individual como una prioridad, no es un líder de liberar ni está haciendo una revolución verdadera.

Ese punto en que cada cual se convierte en un líder autónomo de una sociedad altamente democrática, es la meta que pretende alcanzar la oposición noble con el grueso de la población. Los avanzadores pioneros no surgen para establecerse ellos como dirigentes y mantener a la mayoría como seguidores automatizados –lo cual sería crear una división entre dirigidos y dirigentes imprescindibles y eliminables por el emperador-, sino para ayudar a que se abra la conciencia de cada cual para que, libre de sus dominaciones internas y dueño de su poder personal, ejerza su liderazgo noble, compartiendo el poder con sus iguales, con sus semejantes y hereden así el reino de la tierra.  Un líder de la Oposición Noble lo es, no porque domina a muchísima gente que lo sigue, un líder pertenece a la Oposición Noble sólo si está logrando que mucha gente se vuelva líder en alguna comunidad que se está independizando del caos y refundándose como espacio luminoso de la Nueva Sociedad. 

Esta es la función crucial del Método: permite eliminar la formación de seguidores, gente dominada desde un control externo. Permite erradicar la necesidad de una capa de burócratas que dirigen la revolución, aunque no la realizan, porque jamás construyen el poder popular, el poder de la gente. Permite dotar a la población de claves precisas para que cada activista desarrolle su pensamiento autónomo y pase del estatus de seguidor, repetidor que comete en serie los errores de sus dirigentes superficiales, a la acción madura y creativa. El Método le permite a la población saltar del accionar por temor al castigo, a la acción por conciencia plena, por comprensión personal de la situación respectiva, con la independencia requerida para ejercer cada cual como Ciudadano Libre y para volver la vida una obra de arte vivencial: poesía de la acción en los predios de un paraíso entre nosotros.

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