Burocracia reincidente 

Comienzos de septiembre: cuando veo y oigo al gobierno aprestándose para atender a los nuevos casos, más o menos mil diarios durante todo el mes pasado, asumo que en ello hay diligencia ante la realidad adversa, pero también hay un rendirse ante un enemigo triunfante. No el coronavirus más reciente, sino los que nos infectaron por nuestros errores tácticos: los disidentes comunitarios realengos no sacados de circulación preventiva, cívica y didácticamente, y los trocheros, que ingresaron gracias a que no tenemos control puntual de nuestra inmensa frontera. La heroica diligencia sanitaria ante la realidad adversa, sirve para tapar las dos fallas, que quedan sin tocar y sin reparar. Es una actitud típicamente burocrática: no reconozco mi error, lo olvido, lo tapo con eficiencia al atender el enorme rebrote con el asombroso 82% de recuperados, sin duda una excelente performance, pero como no soluciono el problema de fondo, queda abierta la puerta para que me socave el futuro: los disidentes quedan a merced de quien los pueda aprovechar, un Bolsonaro criollo o algo peor; y los estrategas colombianos y metropolitanos ya saben que por los puentes no, pero por las trochas sí. Eso sin contar con que la tv sigue siendo sumisa y no pone el dedo en la llaga. Mientras los problemas de fondo no son reconocidos como tales ni resueltos (mientras no esté cundida esa frontera de barrios felices inexpugnables por los irregulares, mientras no estemos desarrollando una campaña especial para atraer a los infectadores realengos), la revolución es tambaleante y perecedera. 

Otra forma en que se manifiesta la permanencia en el nivel burocrático, la rendición ante el obstáculo (los disidentes realengos y los trocheros, los fiesteros y los indolentes que se ahogan con el tapabocas) es la repetición diaria de los mismos consejos. Desde el Presidente hasta el más desconocido partidario dicen lo mismo, mes tras mes, aunque los que iban a entender con consejos, o a acatar, ya lo hicieron, y los que no, no van a entender ni a acatar. ¡A ellos habría que mandarles otro tipo de mensajes personalizados! En el nuevo paradigma, al presidente le correspondería -en vez de estar repitiendo el mismo consejo cien veces-, enviar una producción audiovisual diaria, elaborada por un equipo especial mandado a organizar por él: “A los que no se cuidan: ahí les va esta otra andanada persuasiva. Fue hecha amorosa, creativamente, ya que no oyen consejos”. Y enviarles una historia macabra o tierna, que hiciera llorar de la emoción, que despertara el entorno de los disidentes y lo hiciera activarse para reclamarles. Un dispositivo hecho por especialistas para incitarlos a unirse a la patria, que les hiciera ver que están enrollados en sus mitos, en sus creencias del mundo y que están equivocados, historias con deducciones, con meditaciones, con otra vuelta que conociera sus trapisondas mentales, jorungara su sensibilidad y les diera poder para liberarse. El Presidente podría al final decir “Si esta no sirve, buscaremos otra mejor. No nos rendiremos, los buscaremos hasta despertarlos. Los queremos vivos y despiertos, felices”. Todo menos repetir la súplica, que es rendirse, porque se sabe que ellos no oyen. Porque repetir no ayuda a la población ni la saca de los mil casos diarios, y porque repetir desgasta la imagen del mandatario y agota la revolución.

Están los que se te enciman en las colas y te reviran si los conminas a cumplir su metro y medio “¡Coño!, ¿tú crees que no te vas a morir nunca?”. “¡Ay, yo no estoy pendiente de eso!”. Van inocentemente por la vida, imponiéndoles a los demás su falta de juicio y prevención. ¡No les importa que los enfermen o infectar a otros: no están pendientes de eso! Sirve para ver realmente dónde estamos. Si, después de seis meses de acoso y medio millón de muertos, no están atentos a algo que amenaza directamente su vida, la de sus hijos, padres y vecinos, ¿cómo van a estar pendientes de algo tan lejano o etéreo para ellos como la Patria, la República o la Nueva sociedad? ¿Es una opción válida dejarlos como están, como si no existieran? Hay que tomar en cuenta que pudieran estar respondiendo a un hábito de vida aprendido durante décadas de no pertenecer, de no adscribirse, de negar el entorno. ¿Autedesprecio, odio a la condición humana? ¿Qué experiencia infausta los alejó de sus semejantes? La sociedad debe diseñar la manera de despertarlos de ese sueño en que son islas, fantasmas, duendes sin contacto con los seres humanos. Es obvio que, si el entorno cambia asombrosamente, irremediablemente serán impactados. Pero, para empezar, hay que diseñarles una batería tras otra de alertógenos. Y en el último tramo de la terapia de alertamiento, hay que ponerles ante la vista una ley que les prometa encarcelarlos -igual que a los cazados sin tapabocas, fiesteando y trocheando-, si se comprueba que alguien enfermó por culpa de su inexistencia ficticia. 

Algo más. Si hay un poder supremo cuidando que aquí en Venezuela se funde el Paraíso, entonces es más válida aún la estrategia del Presidente, de rogarle a los disidentes y confiar en ellos, en vez de asustarlos con la cárcel yo con sacarlos de circulación preventivamente, en caso de reincidencia. Porque es confiar en el poder divino y dejar el camino libre y despejado para que se haga la más santa voluntad. Yo no llego a tanto. Sueño que pudiera haber un Dios que nos está ayudando, y llego a enamorarme de esa idea y deseo que sea cierta. Ojalá, digo, eso hago, pero hasta ahí. No creo ciegamente. Prefiero saber qué es una creencia y dejar eso en sueño y poesía, y asegurar con técnica, conocimiento psi y medidas sistemáticas, que todo salga bien. Eso prefiero, pero, no es para pelear. Acepto que si hay un poder supremo que nos ayuda, entonces se está dando lo de “Al inocente lo ayuda Dios”.

Pero si hay dios y nos está ayudando a construir el paraíso –o nosotros lo estamos ayudando a Él-, entonces el Presidente está en lo cierto cuando no castiga ni encarcela ni persigue a los realengos, primero, porque así triunfamos sin tanto ajetreo, segundo, porque así se nota más que pese a los errores humanos la voluntad divina se abre paso, como ha ocurrido hasta ahora, y tercero porque así nos alejamos del remoquete de “Dictadura”, y quizá acumulemos más votos para las elecciones del 6 de diciembre.

 

 

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