Cría cuervos
Los muchachos aprovecharon un día que
los convocaron desde el liceo -para una gestión administrativa mal planificada-,
y se reunieron sin tapabocas ni distanciamiento físico y sin tapabocas, con besos, abrazos y
conversan juntitos, prácticamente unos encima de los otros, como acercándose de
más para compensar amistosamente el tiempo que pasaron sin verse. ¿De dónde
proviene esa conducta? Sencillamente, de que no han entendido dónde estamos,
qué está pasando, y que estaban recluidos en sus casas, era por temor a los
padres y sintiéndose oprimidos. Su grado de comprensión de las situaciones,
cercano al cero, no los lleva a tener conducta autónoma y prevalece la horda:
hacen como si no pasara nada nuevo, obedecen a la costumbre, no a la razón. Son módulos de conducta repetitiva, mecánica,
que no evalúa su ambiente, organismos muertos, sin inteligencia.
Eso es lo que ha hecho de ellos la
casa, la escuela, las revistas, las películas, la tv, los artistas que merecen
su atención: son ciudadanos sometidos que, cuando los dejas de vigilar, se
rebelan. Son rebeldes sociales en acción, aunque la escuela gasta miles de
millones en formarlos como participantes en la mayor aventura civilizatoria
jamás emprendida. Cuando el propósito de la vida social es llevarnos al uso
pleno de la conciencia, ellos manifiestan que tienen inhibida la inteligencia. Llevan franelas beige, de modo que están entre
los 14 y los 17 años. Ellos son los capaces de tomar agua del chorro con las
manos sin lavárselas antes, y entre ellos puedes reclutar para hacer fiestas,
montarse en los microbuses llenos, o en el Bus Ccs repleto, y para agolparse en
los mercados. Estos jóvenes están ocupando un sorprendente % entre los
fallecidos venezolanos. Y están dando un significativo aporte como infectadores
asintomáticos, y ayudando a engrosar nuestras listas de mil nuevos pacientes diarios.
Y el gobierno, cuando no desarrolla
una terapia especial para resolver el problema de los conductores que aceptan
sobre carga (hasta los del Bus Ccs lo hacen), al no ponerle un parao a las
fiestas, al no implementar rutinas para amedrentar a los que andan en la calle
sin tapabocas y al no darle una reversa definitiva al éxito de los trocheros, y
cuando actúa como si nada anormal hubiera en la conducta de esos ciudadanos disidentes,
está haciendo lo que ya hicieron los padres y los maestros frente a los
rebeldes: correr la arruga. El gobierno está declarando, con los hechos, que
hay que arrastrar –dejar sin resolver- esa porción del problema: esa es la
actitud burocrática. Conformarse con un resultado mediocre, insuficiente, capaz
de sabotear todo lo bueno. No ir al fondo. Concluir que no se puede hacer más.
Arrastrar el ala, pero llamar vuelo al recorrido, pese a su trazo declinante
***
Pero también evidencia la cortedad del
paradigma en que se mueven los revolucionarios tradicionales: el paradigma
dividido no tiene respuestas para los problemas que presenta la sociedad humana. Es como estar circunscrito a un campo
numérico: en los números naturales, sólo puedes contar cantidades construidas
sumando uno, si se te presenta un problema donde tienes que agregar o quitar
una fracción, ¼, por ejemplo, el sistema no te lo permite. Tienes que definir
un nuevo campo de operaciones, los números racionales, y entonces allí si te
ocupas de esos problemas y les consigues la solución satisfactoria que demandaban.
Los problemas de la sumisión y la rebeldía, sólo tienen solución en el
paradigma integrador, que surge tras una investigación de las dominaciones. Hay
que ampliar el conocimiento sobre el ser humano, hay que producir conocimiento
nuevo y es lo que los luchadores tradicionales –igual que los fascistas- se
niegan a hacer.
Quieren hacerle frente a todos los nuevos
retos con las armas melladas que usó la burguesía para encumbrarse. Se niegan a
asumir una teoría revolucionaria sobre las dominaciones y un método preciso
para darles fin. Mientras no asuman esa Ciencia de Uno, ese saber sobre uno
mismo, no llevarán la sociedad desde donde alguien domina –en este caso, los
rebeldes realengos que se te enciman en las colas, los fiesteros, los que se
aglomeran en los mercados y adentro de los microbuses, los que no usan
mascarilla y los trocheros- hasta donde la mayoría ejerce sobre ellos, el poder
popular, amoroso y comprensivo pero eficiente, hasta donde los disuade
técnicamente, los disminuye a un número ínfimo, llevándolos a una conciencia
superior y encarcela preventivamente a los muy pocos que se muestren irreductibles por las buenas,
para que no hagan daño alguno.
Incluso el trabajo de la mayoría
reclamando y manteniéndose atenta, no dejándose avasallar por los que no están
pendientes, no dejando solos a los que reclamen, formando un cerco común
poderosos para que gane la civilidad, todo eso, que son habilidades comunicativas
de la nueva relación humana, pudiera ser entrenado, aprovechando la pandemia. Ese
es el trabajo educativo de la Nueva Sociedad. Asumirlo, volverse especialista
en el cambio de conciencia y en el arribo al amor, es la única forma de
erradicar la cualidad cismogénica de la sociedad y acabar con el caos social. No
lo harán los políticos de la vieja sociedad. Es un trabajo para los que
comprendamos hasta qué punto es obligatorio inventar para no errar. Los burócratas
ilustran las situaciones para que aprendamos los interesados en impulsar la
segunda fase, la etapa no burocrática de la revolución.
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