Libro V                                             Historia de los doce mendigos

 

 

Capítulo 1

 

MACUTO JUNTO AL MAR. Día soleado y colorido. El pueblo está levantado en protestas cívicas, de sólo repletar las aceras, la gente con pancartas, algunos entregando papelitos sin interrumpir el tráfico automotor. No quieren una Zona Especial de Desarrollo Capitalista, a imitación de las implementadas en China, que fabrican bombillos moribundos. Están exigiendo que se cree una Zona Especial de Desarrollo Paradisíaco.

Iguales alborotos se están dando en Caraballeda, Catia la Mar, Naiguatá, El Playón. Los vecinos aseguran que ya el diseño para la ZEDP existe: un programa al respecto está en ejecución y bastará potenciarlo. Enumeran las, bastante numerosas y muy significativas, empresas que son de todos los vecinos –una enlatadora de sardinas, las primeras urbanizaciones erigidas mediante autoconstrucción, una red de pequeños hoteles turísticos y otra de puestos de víveres, asociada a pequeños restaurantes populares, altamente apreciados por la población y un banco de la gente, entre otras-, y el trabajo que, desde hace casi tres décadas ha estado realizando un considerable sector del pueblo para emerger, desde la depredación mutua, hasta el poder compartido y la felicidad solidaria de los ciudadanos.

El origen de los emprendimientos es un legendario grupo de caminantes y bandidos, “Los Empresarios Descalzos”, según unos, “Los Doce Apóstoles”, según lo llamaron otros, en el tiempo en que se fueron reuniendo alrededor de un líder conocido como “el Loco Efrén”, de procedencia no identificada, que apareció un día en un albergue de nómadas urbanos y comenzó ahí mismo su recluta.

Calixto está contando el comienzo de la historia, lo que Efrén les contó sobre el día que, paseando por el boulevard, junto a las mesas y la gente, cerca de la playa, tuvo la idea de cambiar su destino. “Fui a tener a ese albergue porque me dio miedo. Ya caía la tarde y pensé en regresar a mi hospedaje temporal en Caracas. Pero me pregunté: “¿y por qué tengo que temerle a mis semejantes?, y entonces me entretuve todo lo que me dio la gana”.

Efrén deambula por la playa, se sienta a ver el mar.

“Dejé que oscureciera y después ya no había carros para regresar a Caracas ni tenía plata para un hotel y tuve que dormir aquí a la intemperie, que era lo que en el fondo yo había venido a buscar”.

Efrén observa de lejos el movimiento en el último kiosco abierto tomándose una cerveza de lata. Cierran el local. Se apagan las luces. Todos se van.

- Esa primera noche amaneció en Macuto –cuenta Calixto-, sorprendido y agradeciendo que no lo hubiesen molestado. Según nos contó, varios amigos le advirtieron que estaba jugando con fuego, pero a los días se vino otra vez y pernoctó en un refugio para callejeros allá mismo, y entonces tomó la determinación de quedarse. Quería rescatar la vía para la gente desarmada. Escogió atreverse a todo buscando una alternativa. Agarrar la vida al aire libre fue su forma de oponerse al acoso habitual. No aceptaba ser un prisionero más en una ciudad cercada.

- Dormir en cualquier playa sin que te roben, como en Mochima, es un derecho que debemos recuperar. Es imprescindible tomar los espacios abiertos, abandonar el encierro, ir saliendo de las casas, disfrutar la lluvia y la vida al aire libre –pregonaba Efrén a su tropa, ya montados y cabalgando en la aventura. 

- “¡Para invocar el futuro hay que descreer la realidad, irrespetarla, volverla trizas y saber que, aunque se ve ahí todavía, no está para quedarse sino esfumándose: transformar el presente es un acto de magia suprema!”, nos decía esos primeros días en que nos estábamos reuniendo -narra Calixto.

Celia Kraus graba y anota detalles en una libreta. Su empresa de la información la envió a averiguar el origen de los disturbios, y las indagaciones preliminares la trajeron a este hombre negro, altísimo, de modales extrañamente calmados, que dirige la empresa enlatadora de sardinas. 

Los empresarios descalzos deambulan por el paseo de la playa, en los primeros días de su andanza. A su alrededor, hay gente orinando en las piedras o agachándose entre ellas azorados, para excretar, o lavándose la arena y la sal dificultosamente con agua traída en botellitas, parados en un solo pie y trastabillando.

- Aquí hacen falta instalaciones de sacarse el agua y vestirse a cubierto –les recita Efrén-. Sueñen preludiando los paraísos turísticos de la era que vendrá y queden solos. Porque, al principio, pocos nos acompañarán. Pero acepten esa soledad en que los demás nos escuchan y aprueban, pero aún no se mudan a vivir en nuestros sueños.

Una casona abandonada, derruida y con malezas en pleno boulevard se disuelve en una bella edificación forrada por dentro, transformada en la imaginación de Efrén, de porcelana hasta un metro ochenta. Asistentes turísticos uniformados prestando servicio con el ánimo mejor dispuesto, la gente disfrutando, todos felices.

 - Esta casona puede servir. Pero no debe hacerlo el gobierno, sino un vecindario que emprenda el proyecto, cuide, administre y se desarrolle como dueño social: el factor humano organizado es lo primero que debemos hacer aparecer, como magos del paraíso que somos.

 

MAIQUETÍA. DÍA. Época actual. Los que van por la carretera paralela a la costa, y tenían tiempo sin venir, se asombran del gran cambio, flores y siembras, colores inusuales, cierta alegría en la gente, un irradiante ambiente humano.

- En Macuto, el primero que se le acercó fue Lacri medio ebrio y buscando peo, un día que Efrén estaba solo –cuenta Reimer.

Lacri, joven, negroide y corpulento le habla a Efrén cerquita, le manotea en la cara.

- Lo abordó molesto con su tema de que lo habían echado de Negra Hipólita, le dijo mamaguevo.  Traía una botella de anís. Pero Efrén no se contagió su malestar, ni lo atacó ni le huyó.

El Lacri lo invita a tomar. Se sientan de cara a la playa, a tomarse unos tragos y de pronto el negro voluminoso se molesta otra vez, se para, manotea de nuevo.

 

- Efrén nuevamente lo dejó correr hasta que el Lacri, amistoso, empezó a insistir en que se fueran para su barrio y cuando ya estaba francamente fastidioso llegamos Jeferson y yo.

Llegan Jeferson y Reimer y se les acercan a los dos. Reconocen a Efrén, de cuando se quedó en el refugio y de cuando se encontraron en el microbús. Se percatan de que Lacri está pasado. Lo disuaden con tranquilidad. 

- Deja la vaina, maricoelcoño –le dice Réimer a Lacri amigable, divertido.

Llegan otros y se hace un grupo mayor, se forma una velada en la playa.

- Fue una casualidad increíble, o la conjunción cósmica más asombrosa que pasáramos por allí, porque teníamos otros planes, yo una fiesta en El Playón y Jéferson un trajín en Maiquetía.

 

CAFÉ EPICENTRO. MESA DE LOS GERENTES. NOCHE.

- Ese día hicimos el pacto: no más robos, pero igualmente no más tipos que se enriquecieran solos en este litoral. Los gerentes teníamos que ser todos, nosotros lo empezaríamos para dar ejemplo. Quienes tenían que acumular ganancias éramos los pobres.

Panorámica de las caras, Celia, Jerónimo, Betania frente a Calixto y al lado de Juan Rey. 

- Esa noche contamos que en Macuto había como doce mil pobres y resolvimos que todos debían volverse ricos en  cinco o diez años -relata Réimer.

Betania tiene enfrente a Calixto, pero le cuesta verlo porque es un negro lucumí totalmente rapado. Observa a todos tranquila, pero cuando llega a él, parpadea y huye evitando sus ojos, respira incómoda, ve hacia Juan Rey y ahí descansa.

- Calixto y Réimer eran de Punta de Mulatos, y ahí por mucho tiempo habían sido los peores, desde rateros menores hasta coautores de varios exitosos secuestros express -relata Jerónimo mientras Reimer se contempla y cepilla las uñas con la franela, a la altura de una tetilla-.  Pero ya Réimer estaba incursionando como vendedor compulsivo en camionetas. Monchito se lo estaba  jalando para la vida de artista en las calles. Jéferson era de Maiquetía, y se ocupaba de vocear direcciones en las paradas.

 

Capítulo 2

 

AUTOPISTA. AUTO DE CELIA. DÍA. Betania al volante.

- A veces me las mandaba por correo electrónico o hablábamos y hablábamos por teléfono. Hasta que no llamó más ni pude rescatar sus mensajes de mi correo. Lo que pasó fue que intenté cambiar mi clave y perdí ese correo, o eso creí y abrí otro, que él nunca conoció. Pero la bendita cuenta siguió recibiendo sus envíos, y cuando por casualidad recuperé el acceso, fue que me di cuenta de que él me había estado buscando ¡todo ese tiempo en que yo había estado culpándolo y guardándole rencor! -cuenta Celia llorosa.

El carro se desliza raudo abajo, sobre la autopista, al pie de la montaña.

- Pero, tú lo dejaste de buscar y diste todo por terminado hace veinte años. ¿Por qué ahora, después de tanto tiempo con ese caso cerrado, vuelves a llorar por él?

- ¡Porque yo pensaba que era él quien me había abandonado, y resulta que soy yo la que arruiné quizá la mejor oportunidad de ser feliz que he tenido en mi vida!

- Cuando se vean aclararán todo y listo.

- ¡Coño, Betania! Después de veinte años, ¿qué es lo que hace falta aclarar?

 

PLAZA DE LAS PALOMAS. DÏA. Celia y Betania, que tenían décadas sin bajar al litoral, caminan asombradas por el cambio.

BOULEVARD. En los cafés ven a la gente con laptos  al aire libre y Celia, que tenía la suya escondida, siente vergüenza. Por último, se ven los servicios de playa nuevos (lo que ven los visitantes es exactamente lo que imaginó Efrén hace veinte años).  

 

RECUERDO REPENTINO. CUARTO DE CELIA. Noche anterior. Ella arregla un bolso de playa, pone a mano traje de baño, toalla, bloqueador solar, mientras Betania  la observa hacer.

- ¿Cómo se les ocurre mandarte para Macuto? En ese pueblo sólo consigues gente fea –dice Betania.

- ¡Coño, Betania!, ¿tú no te has visto lo gorda y lo extraordinaria que eres? ¡Qué bolas: quieres ver a todo el mundo estilizado y light, full europeo, pero los demás sí tienen que calarse tu presencia tal y como eres!

 

MACUTO. ENTRADA DE UN HOTEL de dos pisos en el boulevard. Día. Una familia con niños se despide de dos asistentes que vinieron acompañándolos hasta la puerta. Los niños derrochan un encanto inusual, ambos tienen la cara llena y los cabellos crespos y cobrizos en desorden.

- ¡Fue excelente: estamos listos para abordar la buena vida desde donde estemos! -se despide la turista.

- ¡Qué bien! –le responde un asistente.  

- Aprovechen sus aprendizajes  el resto del viaje -–le corresponde el otro.

- ¿Qué querrán decir con “el resto del viaje”? ¿Será que aquí preparan tours y se van para Margarita? –se pregunta Betania en voz alta

- Significa la vida, el resto del viaje es lo que les queda de vida –le responde el tercer asistente.

Betania y Celia ponen caras de no haber comprendido pero terminan de entrar.

 

RECEPCIÓN.

- ¿Puedo hablar con el gerente? –pregunta Celia.

- El director de aquí ya se fue y no viene hasta mañana, pero a Juan Rey, el gerente de la Red Hotelera, puedes encontrarlo con los otros gerentes del consorcio, en el cafetín Epicentro, bajando por el boulevard –les responde el recepcionista.

Ellas agarran folletos de los que están en el  mueble, pero no los leen aún. Observan en una pared un hermoso afiche donde desaconsejan hacer fogatas “En vez de un regreso a la vida primitiva y al fuego salvaje a fuerza de quemar madera, produce calor humano y asalta el futuro disfrutando una vivencia paradisíaca”.

 

PASILLO DEL HOTEL.

- ¿Crees que este hotel lo administran Efrén y sus amigos? –pregunta Betania.

- Esa es la información que tengo –le dice Celia.

- ¿A qué consorcio se estaría refiriendo el asistente?

- Yo también estoy intrigada. Pero lo sabremos esta noche.

 

OTRO PASILLO. Interior del hotel Tarde. Celia y Betania abren una puerta equivocadamente y  quedan asomadas a un auditorio, donde un grupo sentado escucha a un instructor que, sin inquietarse por ellas, sigue comentando un video que acaba de detener:

- El camión llegó al barrio voceando plátanos y pescado, pero la pareja estaba entretenida y cada uno escuchó sólo un rubro y se ponen a discutir. “Anda, está vendiendo plátanos”. “No, estás equivocada: está vendiendo pescado”. ¿Esta trampa de discutir es obligatoria o tiene solución instantánea, es posible aplicarle la fórmula de resolución que elaboramos al principio del curso, quién quiere darnos su análisis de la situación?

Ellas piden disculpas y se salen.

 

HABITACIÓN DEL HOTEL. En una mesita hay más ejemplares de los folletos que vieron dispensados en la recepción. Betania toma uno y lee en la portada: “¿Quieres llevar tu vacación al extremo? Busca los cursos de inicio. La aventura apenas comienza.”.

Celia entra a darse un baño y Betania se queda en una cama sentada leyendo, en la laptop de su amiga, donde ésta tiene todo lo investigado sobre el “Consorcio del Mar”.

 

Requisito Uno: hoteles como Puerto Azul van a ser construidos con el dinero de la gente, por los administradores de la población y para entregarle beneficios a la mayoría. No serán tan grandes, pero sí más bonitos, y totalmente ecológicos.

Cuando Celia sale del baño, Betania la llama para que vea lo que ella acaba de leer. Hay un video adjunto, abierto y en movimiento.

 

PLAYA LOS ÁNGELES o cualquier playa con las montañas cercanas vírgenes y sin edificaciones ni pueblo al lado.

Escenas encadenadas de la playa y el mar, nubes, vuelo de aves, y una voz que flota como una canción:

“Casi no hay casas y eso me ayuda a estar suspendido en el vacío. Puedes vagar en el vacío de tu alma como un parapente, o como una gaviota o como un zamurito adolescente”.

Nubes y vuelos, escenas de un matadero, una carnicería, una enlatadora de carnes, un restaurant caro.

A los zamuros bebés, sus progenitores los enseñan a comer, les ponen la comida en la boca y ellos se alimentan confiados. Nosotros somos más sofisticados. Envasamos, congelamos, sazonamos, aunque vamos a la misma carnicería”.

El más plácido y solemne vuelo de aves.

“Los zamuros nos aventajan en su desplazamiento majestuoso que casi nadie admira. A esa altura de miles de metros no están buscando comida: seguramente vuelan por placer, para hacer figuras, para planear y estar ahí sin hacer nada…”.

En las escenas se suceden, pulcramente editadas, colas urbanas, el ruido del tráfico automotor, la persecución tras el asalto a un banco, tiros,  carreras y la voz:

“Nada que ver con la mayoría de los humanos, que buscan dinero así no estén pelando, y piensan en enemigos, en vez de divertirse haciendo obras de arte con la vida, disfrutar la brisa que corre jugando, el paisaje humano, el mar”. 

HABITACIÓN DEL HOTEL. Betania en la cama, Celia parada al lado ya vestida, apesadumbrada, confundida.

- Bueno. Cierra eso y vámonos.

“Sin embargo, no estamos tan perdidos. Que la gente haya escogido el reggae para celebrar en las playas la alegría y la libertad, es un indicio claro de que tenemos la intuición del lugar sagrado dónde construir el otro mundo” -.

 

 

BOULEVARD: HORA DEL CREPÚSCULO. Las dos van buscando el café “Epicentro” y desde la playa les llega el sonido de Kingston Town. Se ven las caras y ambas recuerdan lo último que vieron del video, antes de  cerrar la computadora.

CAFETÍN EPICENTRO. EXTERIOR. Fin del crepúsculo. Ellas ven el local y entran. Abordan a un mesonero, quien les indica las mesas donde suelen reunirse los gerentes a charlar, recibir  críticas y sugerencias. Él les señala hacia un grupo de cinco hombres y dos mujeres sentados.

- El negro alto es Calixto, dirige la Empresa Sardinera. El del pelero es Jerónimo, que está al frente de la fábrica de paneles de energía solar. El que le sigue es Réimer, que dirige la Cría de Pollos y cabras, el otro es Juan.

Cuando enfoca a Juan Rey, Betania susurra impactada.

- ¿Ves qué tipazo? ¡Parece un príncipe! ¡Ay, yo quiero uno así! ¿De dónde habrá salido?

- Era portero y usaba un uniforme impecable, pero los promotores lo convencieron para que nos acompañara y ahora es un empresario de todos –le informa el mesonero.

 

MESA DE LOS GERENTES. NOCHE. Las reciben y festejan por la novedad del reportaje. Comienzan las grabaciones. Se agregan otras damas al grupo. Betania admira en silencio indiscreto a su galán. Después de un rato, llega una noticia y las damas se ponen a llorar. Jerónimo, un mestizo, pelo crespo abundante, ojos de un tono verde oscuro, les brinda consuelo:

- Cálmense. No hay ninguna seguridad de que él haya abordado esa avioneta, aunque a veces viajaba en ella. Pero ya antes se ha perdido por más de un mes y luego aparece. Esto para nosotros es normal. Claro, hay gente buscándolo, pero no tenemos por qué pensar lo peor.  Y menos sufrir por el invento.

Los gerentes les informan lo sucedido. Efrén tiene días que no aparece, y cayó a la montaña una avioneta en la cual él solía viajar. Betania casi se desmaya. Celia se demuda, pero los varones las calman. No hay que presentir lo peor. Continúan el recuento para el reportaje.

 

 

Capítulo 3

 

LA GUAYRA. PARADA DE BUSES. DÍA. Jéferson, también es negro, estatura regular, con lentes de montura blanca sin vidrios y gorra, grita direcciones y bromea, pero la gente se asusta y se le aparta con recelo.

- No eran trabajos en realidad, sino dominio malandro del espacio y un pretexto para sacarle monedas a la gente más o menos contra su voluntad” –suena en el Epicentro la voz de Jerónimo.

Efrén se consigue en el piso, frente a la parada, un billete de a dos monedas todo pisoteado y lo levanta.

- ¡Ése es mío, seguro se me cayó! –dice Jéferson, reclamando el territorio.

- Bueno, yo te lo encontré,  vamos a compartirlo, mitad y mitad –dice Efrén jugando y hace el ademán de partirlo en dos.

- ¡No, no, pícame la parte mía más grandecita! –se ríe Jéferson celebrando el chiste.

Efrén se lo entrega y sube a la camioneta.

- Toma. Lo bueno es que no somos del temor ni del rencor, sino de este otro mundo.

INTERIOR DEL MICROBÚS. Efrén está sentado y observa cuando se monta Réimer, comienza a repartir golosinas y se molesta porque la muchacha del primer puesto, su preventa inicial, no le recibe el pequeño paquete. Le manotea cerca de la cara y murmura un sordo “coñoelamadre”.

- Está bien, de todas maneras te deseo todo lo mejor. A todos les deseo lo mejor -dice Réimer avanzando su mal humor por el pasillo, pero su tono de voz y el gesto dicen todo lo contrario y asusta a los demás pasajeros. Efrén sabe que es un modus operandi, amedrentar para enseguida martillar, pero se dispone a comprarle para ayudarlo. Una señora también le compra y comenta bajito: “Se lo compré porque me da miedo que vaya a asaltar la camioneta”.

Desde la espalda de Réimer, se ve cómo alguien no le compra y Reimer hace otro desdeñoso gesto con la mano y el pasajero se le rebela, se pone de pie.

- ¿Tú crees que todos se te van a someter por tu cara de perro?

Dos pasajeros más apoyan al insurrecto y se le paran.

- ¡Saca tu cuchillo si quieres, pero aquí no vas a venir a someterlo a uno! –dice uno de los nuevos insubordinados.

La asonada en el microbús está a punto de reventar, cuando Efrén se pone de pie, alza las manos. Sólo entonces notas que el pasajero sentado a su lado es Calixto.

- ¡Un momento! –grita Efrén-. Vamos a decirle las cosas claramente, pero sin agresiones. Somos el pueblo y no nos corresponde pelear entre nosotros sino desarmar esta trampa en que estamos atrapados –mira a Réimer-. Tú te mereces un trabajo más provechoso y lo vas a conseguir, cuando le desees a ella lo mejor –señala a la pasajera que no le recibió las golosinas en preventa-, ¡pero no de la boca para afuera sino de verdad! Ella tiene derecho a ser libre y feliz así no te compre. Y ustedes –se voltea hacia los tipos embroncados- también merecen algo mejor que la enemistad con este pana. Estamos comprendiendo la situación: él montó ese cañón porque era lo único que tenía, pero si lo agredimos, estaríamos haciendo lo mismo que él. Hay que reconocerle que está haciendo un esfuerzo por aprender a vivir sin robar: bueno, vamos a ayudarlo a que le salgan bien las cosas, en vez de castigarlo por lo que hizo mal.

Los ánimos ya se clamaron. Reimer se le queda mirando a Efrén antes de bajarse.

- Date  con calma  y pásala bien –lo despide Efrén desde su asiento. Réimer se baja y a los pocos pasos se pone a hablar con Jéferson.

CAFÉ EPICENTRO. Mesa de los gerentes. Noche

- Luego, la casualidad dio para que Réimer y yo pasáramos por la playa y salváramos a Efrén. Esa misma noche se establecieron los requisitos, la estrategia y dijimos cuáles serían las primeras diez empresas.

- Yo los encontré como a la semana en la Plaza de la Guipozcoana, buscando promotores, y me les uní -dice Calixto.

- En Playa Los Ángeles se nos incorporó el Portu, Pedro Luis Silva, aquel que está allá – señala Jerónimo.  

Celia voltea y ve al portugués, un hombre altísimo y fornido, blanco y de facciones algo duras, parecido a Jean Claude Van Dam.

- El Portu había perdido a sus familiares y todos sus bienes en el deslave y se negaba a abandonar los escombros de su casa –narra Calixto.

CARMEN DE ÜREA. DÍA. Pedro Luís, ve a Jerónimo, Juliana, Réimer, Calixto y Jéferson acompañando a Efrén, quien se está dirigiendo a la gente.

- Estamos cumpliendo un pacto sagrado: de ahora en adelante, si es por nosotros, habrá cero robos y full seguridad, ¡pero también cero acumulación en un solo lado! Todo eso depende de nosotros. Ya no habrá una banda de emprendedores que trabajen aislados y principalmente para ellos, y no porque vayamos a expropiarlos o a limitarlos de alguna forma. Sencillamente, de ahora en adelante, tomaremos la iniciativa nosotros: ¡todos vamos a volvernos empresarios!

El silencio es absoluto. Pedro se acerca un poco más a los promotores. Efrén continúa.

- “La sociedad obliga a los ricos, pero también a los pobres, a pensar que las riquezas siempre van a estar en pocas manos y en eso todos están ciegos y francamente equivocados. En el paraíso las cosas son diferentes y eso es lo que estamos construyendo. Vamos a aprovechar que los pobres somos mayoría, y que poseemos la más grata información: ¡Podemos fundar una armonía ahora, vamos a crear una riqueza que alcanzará para todos sin restricciones! Y,  para lograrlo, basta con volvernos todos empresarios. Los que quieran comenzar hoy, pueden venir: ésta es la hora de dar el primer paso.

Pedro no lo duda un segundo. Se les acerca y se queda en el grupo. Al rato, están conversando él y Calixto.

- ¿Por qué quieres andar con nosotros? –pregunta Calixto.

- Entendí que la vida me había estado preparado sabiamente para que me uniera a este grupo y fuera  uno de los promotores del paraíso, aquí en La Guaira.

CAFETÍN DE MACUTO. Mesa de los gerentes. Noche.

- Yo al principio no lo podía ver de frente –cuenta Calixto-. Me costaba y era por envidia, porque creía que él se comparaba conmigo, y que era una rata, pensaba que me ganaba y lo disfrutaba. Era temor a su encanto personal y a su aparente rudeza. Pero cuando aprendí a deshacer pensamientos vencí ese miedo y pude alcanzar lo que estaba más allá de mi propia mirada. Ahora comprendo lo que siente la gente cuando me ve (Betania se da por aludida, pero no huye, se le queda mirando) y ya no me enrollo si me ven mal, sé que es porque sienten temor, imaginan lo peor, pero eso es una fealdad de ellos (Betania respinga), y también sé que cuando lo superan, descubren la melaza que tienen más allá de sí mismos.

Le hace un guiño cómplice a Betania, quien ya comenzaba a respirar tranquila. Acaba de descubrir que poco a poco ha estado perdiendo, sin saberlo, el miedo a aquel enorme negro y ha estado viendo aparecer a una persona increíblemente afable, a quien le gusta hacer chistes y que se esmera en explicar.

Desde el bulevar llega una canción traducida del brasileiro que dice “quien de dentro de sí no sale – va a morir sin amar a nadie...”

 

Desde la espalda de Jerónimo se ve al grupo y, más allá, a Réimer y a Juan Rey, que se fueron para la tertulia de Pedro Luís.

- Melquíades nunca dijo su lugar de procedencia, ni se lo preguntamos ni ha hecho falta. Pero es el mejor con el dinero: en el principio era el único que sabía cómo reproducirlo, dónde comprar y a qué precio, cómo y cuándo vender, con quién asociarse y qué condiciones ponerle -cuenta Calixto-. Todo lo que hace con la plata le sale bien, como si tuviera un pacto divino en el universo de la abundancia. Recuerdo el día que había que entregarles dividendos a todos los primeros que creyeron en nosotros y nos habían dado dinero para invertir en bonos. 

 

INTERIOR DE AUDITORIO. 2 PM. Al principio está lleno de gente.

- “Tenía que llegar en la mañana y ya eran las dos y nada” –piensa Calixto.

Cada vez hay menos gente en el auditorio. Sólo el grupo de los promotores crece: había cinco a las 12 m, y ya falta sólo uno.

- La mayoría dudaron. Ya la gente daba por perdido su dinero y hablaban de estafa y demanda cuando, a las ocho de la noche, el pana se presentó.

Con la llegada de Melquíades se completan doce promotores en el auditorio. Y comenzaron a regresar los vecinos que se habían ido.

- Pero además, la gente había sacado unas cuentas pensando que a nosotros nos tocaría la mayor parte, igual que hacen los grupos de inversión normales. Pero no, contra lo que todos esperaban, se les entregó la mayor parte del producto y la gente, que ya pensaban que lo habían perdido todo…

Los que reciben su dinero se asombran, se ven las caras y comienzan a poner sobre la mesa lo recibido, o buena parte de él.

- Para asombro nuestro, nos devolvieron casi todo el dinero ganado para que lo pusiéramos otra vez en la rueda de la fortuna y desde entonces ha estado ahí, engordando el capital de la gente.

- El ahorro popular ha sido una parte significativa del éxito del consorcio.

 

MACUTO. CAFETÍN. Mesa de los gerentes. Está llegando a sentarse de nuevo Juan Rey, junto a Betania.

- De Melquíades dependió que mucha gente nos reconociera como un consorcio serio, más por nuestro futuro que por lo ya realizado -dice Jerónimo-. Solemos decir, No creo en Dios, pero, si existe, él nos mandó a este carajo para garantizar el triunfo de la armonía en esta parte del país.

- Sinceramente, me confunde tu hotel –le comenta Betania a Juan Rey-. Ustedes tienen un misterio. Te juro que aún no lo comprendo.

- El verdadero trabajo de la Red Hotelera es el turismo paradisíaco. Ése es el secreto. Asesoramos a la gente para que su vacación ocurra en el nivel más alto de responsabilidad y conciencia, que es el de la alegría máxima. Para garantizarlo, les damos a los vacacionistas entrenamiento previo para que aprendan a no angustiarse, disuelvan las confrontaciones a tiempo y, en general, para que no se den mala vida mientras están aquí -explica Juan Rey.

- Pero a nosotras nos alojaron sin mucho miramiento –se queja Celia-. No nos pidieron ningún requisito.

- Ustedes llegaron como huéspedes comunes, sin reservación previa -explica Juan Rey-. A los que escogen una vacación más profunda se les facilitan materiales audiovisuales, se les dictan cursillos previos.

- O sea que, el que tiene más plata obtiene un servicio de más calidad  -inquiere Celia.

- No, no pagan más dinero, la diferencia no es el dinero sino el gusto y la intención: a los que prefieren la vacación más intensa y verdadera se les exige dedicarle más energía, reciben más información y obtienen una aventura realmente extrema -responde Juan.

 

Capítulo 4

VÍA A CARABALLEDA. DÍA. Panorámica del edificio de la Empresa Recuperadora. Están en un balcón saliente en la sección de recuperación de Plásticos. A lo lejos está el mar. Celia habla con el director. 

- La sardinera está en Maiquetía y tiene como proyecto base un sistema de acuicultura: pesca, siembra y regeneración del hábitat. Esta recuperadora está articulada con la Red de Reciclaje. Procesamos vidrios, papel y plásticos. En todas nuestras empresas la gente puso dinero y, aunque sólo en algunas, como en la producción de energía solar, ya hemos logrado regular el mercado desde el consumo y abaratar los costos, en las otras estamos intentando hacerlo. Vamos a lograrlo como en Suecia.

- Háblame de los que aún no conozco –solicita Celia.

- Te mostraré a los de la primera tanda.

Jéferson se acerca a una computadora, teclea en ella y una pantalla más grande, en la pared, muestra fotos de algunos eventos donde aparecen promotores que no estuvieron el día anterior. En varias se encuentra una joven delicada y fina como un junco tailandés.

- ¿Quién es ésta?

- Juliana. Antes de venirse fabricaba artesanías y las vendía en las playas. Era de Caraballeda. Su familia aborrecía sus costumbres y su forma de vida.

En una foto que muestra un día de sol espléndido, están Juliana y el grupo en la playa, todos con ropa, manipulando objetos, un equipo, algo.

- Pero se vino con nosotros y dirigía la vaina a la hora de armar las carpas y de hacer las compras en el mercado –cuenta Jéferson:

Hay fotos de Juliana entre hortalizas y verduras. De pronto te sorprende una de los indios de Los Caobos, en Caracas y, al principio, crees que ves una de las estatuas, luciendo inmóvil y exuberante bajo el sol y la llovizna de la fuente, pero cuando afinas la vista, descubres que es Juliana con el busto desnudo asoleándose bajo la leve lluvia artificial, con su faz mestiza terriblemente joven, seria y sensual a la vez, lo más seria y lo más sensual que una mujer puede ser.

-  Fue la primera mujer que se nos incorporó y desde entonces ha sido nuestro ángel principal, nuestra inspiración para vencer el machismo. La reina del grupo.

De pronto la imagen que parecía piedra se activa vuelta video y te muestra a Juliana sonriente, mientras se baja de la mole de concreto mojado.

- Ella inventó lo de montarse en los buses a vender folletos y discos de la mutación y a convencer a la gente de que era mejor sonreír que andar amargados o temiendo y estresados. Después que desarrolló ese arte, pasó a entrenar a los centenares de aprendices que se nos unieron –cuenta Jéferson

 

UNA PLAZA DE NAIQUATÁ. DÍA. Secuencia de imágenes, dos colas de cómo treinta jóvenes cada una. Con los que tienen guitarras o cuatros, Asdrúbal, en la otra, Juliana seleccionando personal.

- Ella y Asdrúbal, que era guitarrista, fueron encargados por Efrén para formar los escuadrones de visitantes de microbuses y lo hicieron en la vía, delante de todos: primero pusieron anuncios en los periódicos…

Los reclutadores se alternan para dirigirse cada uno a su contingente de seleccionados, juntos en la misma plaza.

- Ya no venderán más chucherías ni brindarán más esa alegría efímera, que hasta perjudica la salud de la gente, ahora difundirán dispositivos para sostener la alegría natural permanentemente –les dice Juliana, pensando principalmente en los vendedores compulsivos.

- Hasta ahora fueron cantantes tristes y alegraban a la gente brindándole cortos lapsos de olvido. En adelante ya no darán ese entretenimiento pasajero, ahora llevarán cantos de pasarla bien en el presente y difundirán folletos y videos para mantener la alegría por siempre –instruye Asdrúbal principalmente a los cantantes furtivos.

- Antes iban pensando en ustedes y en recibir dinero, ahora irán sobrados de todo lo que hace falta, y pendientes de brindar bienestar, paz, unión y armonía a su alrededor –les informa Juliana a todos.

 

OFICINA DE JÉFERSON. Cerca de Caraballeda.

- Ahora ellos dirigen el Área de Servicios para la Mutación del consorcio. Se comparten, ella se ocupa más de la Sección de Educación, él de la Recreativa, Johny de la Publicitaria y Monchito de la Multimedia, aunque no son compartimientos totalmente divididos –informó Jéferson.

- ¿Tienen una Escuela? –Pregunta Celia.

 - En verdad no es escuela. No nos agrada la idea de una Escuela de Cuadros. Hubo un momento en que sí, pero la vida ha avanzado. Ya sabemos que la verdadera escuela es el vecindario, que cuando se dispone a emerger de raíz, es la mejor Universidad. Pero, mientras eso cuaja, Juliana se ocupa de la formación de los que ingresan en las empresas.

- Sobre todo de su perfil ético, tengo entendido.

- Es una de las cosas que deberemos renovar. Es algo muy delicado eso de escoger a los que se te acercan, porque no sabes qué los motiva, es un problema serio. La dinámica nos envolvió, unas cosas fueron descuidadas desde el principio o quedaron relegadas, otras aparecieron de repente…..

- ¡Como cuál?

- Por ejemplo, no tenemos desarrollado un sistema de emisoras, ni una televisora. Eso nos serviría mucho ahora, que la población está queriendo que todo pase a un nivel superior y que en el estado La Guaira sólo haya empresas de la gente. Necesitamos gente para eso. ¿Tú no eres candidata?

Celia se ríe con ganas. Muestra asombro y gratitud.

- ¿Yoooo? ¡No, mijo! Yo no reúno el perfil que tu consorcio exige. Siempre he querido hacer radio, pero aquí ustedes necesitan gente que se case con este proyecto. Se necesitan más ganas, ideas, estar involucrada desde adentro…..

- Bueno. Puedes irte involucrando. No hay apuro.

En una pared cuelga un cartelito: “La honradez - sin habilidad emprendedora - es una mengua”.

 - Con ustedes no se habla de corrupción. ¿Cómo han garantizado la estatura ética?

- Sabemos lo que queremos y cómo lograrlo, el grupo se encarga de los detalles. En realidad todo se reduce a una ciencia y un arte de vivir en armonía. Formamos simultáneamente líderes poetas, sabios de unir a la gente y magos de cambiar la vida, todo en uno, además de empresarios. 

- ¿Cómo fue que todo combinó tan bien para progresar? ¿Por qué la gente les dio dinero, cómo lograron salir de abajo?

La expresión corporal de Celia deja entrever un interés genuino, como si en realidad necesitara saber qué sucedió.

- Los primeros meses fueron difíciles. Surgían peleas entre nosotros. Envidias, desconfianza. Todavía algunos se burlaban de la gente y a veces teníamos desencuentros con los extraños. Más de una vez estuvimos a punto de pelear.

PLAZA EN CARABALLEDA. Jéferson está encolerizado contra un lugareño. Toda la banda trata de llevarse al amigo. Alguien señala al grupo, la policía llega.

- Una vez me detuvieron porque quería golpear a un tipo que escupió cuando yo iba pasando. El salivazo ni me tocó y no tenía ninguna prueba de que hubiese sido adrede, pero les costó sacarme de la cabeza que eso era una terrible ofensa. Con cada percance aprendíamos algo sobre estar sin temor y no llegar más a esos desenlaces.

Los agentes se disuaden gracias a la palabra y el trato amistoso.

- A veces teníamos problemas porque, como varios de los promotores venían  de una vida delincuencial, al llegar a algunos sitios la gente que los reconocía temía una pendencia o una fullería del cambote y nos denunciaban a todos calumniosamente.  Otras, las mujeres criticaban que una muchacha tan joven anduviera con esa cuerda de tipos, murmuraban y Juliana al principio a veces les respondía, les enviaba mensajes groseros con los dedos.

 

UNAS MUJERES SEÑALAN veladamente a Juliana y comentan entre ellas.  Juliana va y le pone el pubis cerca de la rodilla a Efrén y baila una canción sensual que está sonando. Como ve que las mujeres siguen criticándola, va y abraza a dos de los promotores a la vez, para hacerlas sospechar más.

 

BALCÓN SALIENTE. OFICINA DE JÉFERSON. Día.

- Pero después que nos especializamos en unir dejamos ese nivel. La selección fue severa. El Lacri quedó afuera. Con un solo trago, ya empezaba a recordar los viejos reconcomios y nadie lo paraba. Con los demás, el entrenamiento decidió la diferencia –dice, mientras recuerda.

 

HAY UNO SENTADO EN LA PLAYA con los ojos cerrados y otro observando el mar distante, con los ojos abiertos.

- Efrén nos dijo como alcanzar la cima de la kundalini en tres segundos cada vez que quisiéramos. Es así de fácil: basta recordar que el prodigio existe, dejas de pensar de golpe y quedas ahí con el ruido del mar, las risas y las voces del ambiente, todo lo de afuera es lo más importante y tú quedas fundido con eso que está ahí, inexistente, o sin separación, es la mejor nota. Debes practicarlo.

Se ve al fondo la montaña oscura, mientras los otros se muestran en silueta sobre la playa, uno bailando, varios comiendo.

- Sin el acceso a esa delicia no hubiésemos podido dejar las drogas y el consumismo fanático. Tener vía libre a la mente vacía fue lo que nos salvaguardó de las manipulaciones mediáticas. Poco a poco aprendimos a descubrir por nosotros mismos y ya no necesitamos seguir a otro, ni a Efrén ni a nadie: sólo descubrir, cada quien por él mismo y compartirlo.

 

BALCÓN SALIENTE.

- Fue una bendición tener acceso a esa puerta del universo. Y a ese descanso respecto a uno mismo. A esa vacación voluntaria. A medida que aprendimos a estar unidos por dentro y por fuera nos abrimos paso por entre los problemas y pudimos hacer lo que hemos hecho.

 

Capítulo cinco

 

CARRETERA JUNTO AL MAR. Medio día. Microbús en marcha. Celia viene de pasajera. En una parada se monta una pareja de jóvenes.

- Buenos días. ¿Cómo se sienten? Tú estás triste, tú preocupado –va leyendo la chica.

- Me alegro por los que están bien. A los que no, les tenemos buenas noticias: El pesar se acaba en un instante, es eliminable. Solo hay que aprender a sacudirlo y eso es fácil –dice el muchacho.

La pareja impacta a los pasajeros del micro con su entusiasmo corporal, gestos y sonrisas convincentes, serenidad de movimientos. Afables sin ser melosos. El muchacho está entregando de puesto en puesto unos pequeños paquetes.

- Recíbelo sin compromiso, recíbelo sin compromiso…. 

Llega hasta Celia repitiendo su recomendación y ella descubre que se trata de un folletico con explicaciones, otro con ilustraciones y un Cd con videos que apoyan la información que no ha dejado de fluir de sus labios.

- Lo que están recibiendo es tecnología para entrar al mejor nivel de vida: hay otro mundo aquí, junto a uno siempre, y entrar es gratis: es como la emisora de al lado, sólo tienes que moverte de donde estabas, venirte y sintonizarte bien –dice la chica.

Algunos pasajeros alegran el rostro, yerguen la columna, se disponen a divertirse.

El chico se dirige a uno que se enderezó y luce una sonrisa reciente:

- ¿Ves?, esa carita está mejor –y para todos-. Él alegró el rostro porque nosotros se lo recordamos, pero la idea es que todo el mundo lo haga por sí mismo, cada vez que sea necesario, cuando le llegue una tristeza o algo parecido. Para adquirir esa independencia traemos estos dispositivos casi regalados, uno por dos Bs. F y tres por cinco.

- Esta es la mejor inversión: aprender a estar feliz siempre les servirá para tratar bien a los demás. Cuando uno está mal, tiende a echarle la culpa y a maltratar a los que están cerca, niños, ancianos, vecinos –declama ella.

- Tener la llave de ti mismo, te permite conformar de una buena vez ese mundo diferente que todos hemos estado deseando siempre –declara él.

Algunos compran. Cuando los muchachos se bajan el ambiente ha cambiado, brilla más el sol pero es benigno, sopla más la brisa, los pasajeros conversan más entre sí. Pero Celia no observa este cambio porque se bajó con ellos y los está entrevistando.

TANAGUARENA. Recodo de la carretera. Mediodía. El microbús se aleja. Enfrente está un edificio que viste en las fotos de Juliana.

- Estudiamos en la Escuela de Líderes, ya estamos haciendo la pasantía –responde el estudiante.

- Otros alumnos se ocupan de visitar barrios o cantar y entregar discos –le informa ella.

Caminan hacia la sede de la escuela.

- ¿Quien dirige este centro es Juliana? ¿La podré entrevistar? –pregunta Celia.

- Sí. La directora es Juliana. A esta hora lo más seguro es que esté –responden los alumnos.

- ¿Qué han sabido ustedes de Efrén?

- No hemos sabido nada nuevo de su paradero. En realidad  muy pocas veces hemos tenido contacto directo con él.

 

ESCUELA DE FORMACIÓN DE LÍDERES. Tanaguarena. Oficina de Juliana. Primeras horas de la tarde.

- Hola Celia. Me alegro de conocerte. Calixto y Jéferson me hablaron de ti. Y los muchachos me dijeron que estabas por ahí.  

Es joven, aunque luce más madura que en el recuerdo de la periodista. Y más atrayente. Piel tostada y pelo negro, como las indias, cara amplia como la de Terepaima, ojos y cejas ligeramente oblicuos como una china, labios pequeños pero vistosos como de negra. Su voz es grave para una dama pero sale como disfrutada, bien sentida.

-  “Es seria y sabia esta caraja –dice Celia para sí-. Luce algo desencajada, quizá es por la pérdida, pero se sabe al verla que no sucumbirá por el percance que están viviendo”. 

- ¿Por qué todos lucen calmados y no los siento preocupados por Efrén, aunque saben que quizá está muerto? –pregunta Celia.

- Hay gente especializada haciendo las más exigentes labores de rescate por los lados del siniestro. Pero, además, nosotros tenemos personas específicas del consorcio  buscándolo en otros lugares donde podría estar vivo, que es lo más seguro. Mira, Celia, una vez lo estuvimos buscando tres semanas y no apareció sino al mes. Ése es capaz de quedarse sin saldo o sin cargador en plena montaña. Lo hace a propósito, para que ganemos independencia. Quizá para irse despidiendo de nosotros.

- Me asombran. Todos se comportan como si lo inevitable no hubiera pasado, o como si Efrén estuviera aún por ahí

- No podemos decir que no está.

 

COMEDOR DEL CENTRO DE FORMACIÓN.  Celia y Juliana comen  compartiendo la mesa con un instructor y un alumno, rodeados de otras mesas con comensales.

- Efrén estuvo en Mochima dos semanas, durmiendo en las playas sin armas, y jamás lo robaron. Yo también viví allá un tiempo, pero antes que él.

 

PANORÁMICA DE LA BAHÍA DE MOCHIMA al amanecer. Secuencia con tomas del pueblo, de las islas y playas. Un turista enamorado, recién salido de la cama, levanta pequeñas basuras de la arena y las pone en una bolsa de manera voluntaria.

“Mochima es especial, no hay ranchos porque los vecinos cuidan. Desde hace cincuenta años, la gente va como a un santuario y se portan a la altura, no queman madera, no pelean. Eso le dio a Efrén la inspiración para animarnos a nosotros aquí”. 

 

GRUPOS DE DESEMPLEADOS, un sometimiento a un comerciante por un malandro encapillado, de los desplazados sociales que llegan al santuario desde las grandes urbes.

“Pero allá también vio el desempleo y la desigualdad: sólo se están enriqueciendo los negociantes más hábiles, según su plan de acumulación individual. Y vaticinó que esa brecha romperá el saco y aparecerá la delincuencia en ese lugar donde hasta ahora no ha habido jamás asesinatos”.

 

MARGARITA Y SU ESPLENDOR incierto. Un asalto a un banco, una persecución en autos con tiros como en las películas.

“Ya ocurrió en Margarita, que antes era virginal y hospitalaria, pero ahora está bonita por fuera y con uno de los más altos índices de delincuencia del país”

 

TANAGUARENA. Comedor. Día.

- Dispuso que, así como los pueblos ingenuos sucumbieron imitando a los perversos, los pueblos tristes pueden desaparecer y volverse pueblos alegres -dice Juliana.

- ¿Cómo una mujer tan actual, tan bien dotada y seria -eras artesana y comerciante, me dijeron-: cómo te involucraste en algo que no existía y que parecía tan irreal? ¿Por qué tú accediste a trabajar con él cuando le decían “El loco Efrén” y a tantos les pareció tan natural no involucrarse?

Juliana cree leer cierta obstinación en Celia. Como un marcado e íntimo deseo de indagar cómo aconteció el prodigio.

- Quizá yo tenía a mi ángel más cerca. Él flotaba en el sueño día y noche, pero no se ahogaba. Y lo que maquinaba era fácil de hacer: yo lo vi venir.

- Y hacia el futuro, ¿qué ves?

- Este sistema de selección de los líderes no me gusta. Pero el cambio requiere una adecuación diferente. Ya recomendé destinar a algunos de nosotros para que se especialicen en el método que está elaborando el Sistema Nacional de Barrio Felices.

- Y qué dices de que la gente se está involucrando, las protestas, las manifestaciones.

- Ese es nuestro futuro. Creo que algo muy bueno va a salir de toda esa agitación. Quizá es el fruto de lo que nosotros empezamos.

 

URBANIZACIÓN EN CONSTRUCCIÓN. Mare. Tarde. Celia conduce el auto por una calle a medio pavimentar y halla al Portu, quien es el gerente de la Sección de Construcciones Comunitarias del Consorcio. Él saluda agitando una mano, ella se baja.

 

OFICINA DE INGENIERÍA Y ADMINISTRACIÓN. El único espacio con vidrios y aire acondicionado en toda la construcción, ellos dos en sillas tomando algo.

- Esos primeros meses fueron de preparación intensiva. Nos movíamos de población en población aprendiendo lo esencial al aire libre. Después de la etapa de las peleas entre nosotros y las burlas o los desplantes a la gente, llegó la etapa de la risa permanente y la armonía con todos. Nos divertíamos muchísimo. Asdrúbal ayudaba con la guitarra al principio para atraer público –le cuenta Pedro Luis Silva.

Comienza a sonar un reggae.

PLAYA. DÍA. Asdrúbal toca en la guitarra, “La Gran fiesta en la Tierra”, los otros hacen el coro, la gente se congrega y luego que acaba la canción alguno habla para los reunidos.

 

OFICINA DE INGENIERÍA Y ADMINISTRACIÓN. El mar no lejos. Pedro y Celia.

- Pero teníamos muchas otras formas de convocar a la población. Jéferson y Reimer tenían éxito en eso: solían recordar en público su época de peleadores a cuchillo en las cárceles y en sus barrios, y la gente se estremecía de asombro al verlos embestirse -cuenta Pedro.

 

PLAZA ARBOLADA. La gente se va deteniendo atónita para ver lo que parece una pelea a cuchillo, pero  enseguida se distienden y alegran al ver que aquellos dos están actuando desarmados y que las embestidas, esquives y demás peripecias de la pelea son fingidos y que lance a lance están tejiendo una danza. A veces caen al suelo y entonces simulan que luchan, de pronto se detienen en pleno combate y se cuajan de la risa.

- ¡Era una capoeira, pero no con patadas, sino con puñaladas falsas y lucha ficticia! Ellos lo inventaron y la gente, que los veía así como se ven las películas de terror, con encanto y con temor.  También  contábamos cuentos.

 

PLAZA ARBOLADA: La gente congregada escuchando un cuento narrado por  Calixto, y al final una dama llorando, por haber comprendido algún detalle crucial del éxodo al paraíso.

 

OFICINA DE INGENIERÍA Y ADMINISTRACIÓN. Tarde. El mar no lejos. Pedro cuenta y bebe.

- Ya para esa época el grupo era en realidad un circo ambulante y feliz. Con los meses la gente nos fue cogiendo cariño, se alegraban de vernos y nos alojaban donde llegáramos a todo lo largo de la franja costera.

 

Capítulo 6

TERRAZA DE LA ENLATADORA: NOCHE. Están reunidos Jéferson, Melquíades, Calixto, el Portu, otros promotores y Monchito, que habla con Celia.  Monchito es el más definidamente aborigen americano. Su rostro y su cabellera son como los de Guaicaipuro cuando joven. Luce apasionado, energético.

- Asdrúbal era estudiante y no era delincuente, pero se nos unió en Carayaca. Johny Díaz era artista plástico, es el que hizo esas fotos de Juliana en Los Caobos y tiene otras más famosas todavía. Con ellos se completó el primer grupo. 

Un día Réimer llevó a Monchito para que conociera al grupo en el albergue de Tanaguarena. Cenaron conversando en una mesa oval.

- Cuando llegué a la banda viajera, ya tenían ese hospedaje principal y allí estaba funcionando el primer puesto de alimentación, pero usualmente hacían comidas frugales en el sitio donde estuvieran y dormían al aire libre -cuenta Monchito.

 

ALGUIEN RECUERDA cómo armaban las carpas para pasar la noche. Monchito está entre los que pernoctan. Ese día algunos prefieren dormir en la playa con techo de estrellas. Baile solitario de Calixto contento frente al mar con un reggae que dice, “Esto es perfecto”.

- El tiempo en que no estábamos hablando con la gente, invitándolos a salir de los encierros y las prisiones, lo pasábamos haciendo ejercicios de meditación activa, sobre todo eliminación instantánea de imágenes y malestares o deshaciendo mecanismos de dominación mutua. Toda la vía era una escuela y los días un templo y un perenne aprendizaje de cómo unirnos, cada quien íntimamente, entre nosotros y con la gente –refiere Monchito.

Sus recuerdos le muestran siluetas de desplazamientos, meditaciones, una última cena bajo cubierto en Tanaguarena y otra en la playa, sobre la arena, prédicas, juegos.

 

TERRAZA DE LA ENLATADORA. MAIQUETÍA. NOCHE. El Portu le muestra a Celia una foto y la explica.

- Ese edificio que está a la derecha es la empresa de luz solar, en Catia la mar. Y el de al lado es la Comercializadora de carne, aunque sus instalaciones de producción quedan en La Sabana. Ya surtimos al estado y exportamos los excedentes hacia Caracas.

- Después que nos reconciliamos, yo solía decirle a las personas cuando estaban reunidas: “Ustedes se sacaron la lotería con nosotros” -recuerda Monchito.

- Para mí, la mejor etapa fue esa correría inicial de nosotros doce formándonos y empezando a predicar en las playas y las plazas, cantando, cirqueando, atrayendo a la gente para hacer los proyectos –confiesa Calixto.

- A veces, donde nos tenían confianza, agarrábamos el día para reparar gratis los botes de agua de los lavamanos, los tanques y los flotantes, el que podía daba, el que no, no le pedíamos nada. A veces Reimer y Jéferson discutían en vivo un rato, en voz alta, para llamar la atención –refiere Monchito-. Los dos eran estrellas en eso.

 

EN SU MENTE, Monchito recrea una escena de la gente presenciando una discusión muda, con gestos, desplantes, y al final la risa, el grupo congregado, la charla para incitar a la gente a bregar para unir la comunidad.

- Para no amedrentar a la gente, en vez de guevón o mamaguevo habíamos pasado a decir tonto, bobito. Otras veces se caían a gritos alternativos con palabras inventadas, raspicuí,  picuirás, pichiruchi, chipichurri y la gente se divertía al descubrir que lo que estaban era jodiendo y llamando. Cuando la disputa se volvía una chanza y los espectadores estaban muertos de la risa, ya sabíamos cuáles tenían tiempo libre y uno de nosotros les hablaba.

- ¡Los choros y los drogos se están rescatando a tasas elevadísimas, nunca antes hubo un ritmo tan acelerado de recuperación de landros! La gente negativa de Caracas prefiere lamentarse de que ahora se les monten a vender chucherías en las camionetas. ¡En vez de aplaudir que están huyendo del desastre! Escogen ver el delito y la inseguridad: gastan su tiempo en lamentos. Pero la gente de bien, la gente de Paz, la gente con un Corazón Adentro, decide hacer algo más productivo: ¡Se alegra con los rescatados y se vienen a sacar del dolor a los que faltan! Hay que empezar por uno mismo,  es la única forma de aumentar el record actual de salvamentos y ampliar los territorios recuperados. 

- ¡Pero tú eras un choro! –le grita uno del público. Monchito no se inmuta.

- Cierto. De eso estamos hablando, de cambiar. Pero tú eras un servidor del caos, veías principalmente lo malo, ¡y todavía sigues donde mismo! ¡Me ves y te quedas en el pasado, en vez de alegrarte porque ahora soy tu presente, tu futuro y un camino, una verdad y una belleza! ¿Cómo te quedó el ojo?

El tipo hace un gesto de entre aceptación y desaire. Los otros espectadores ríen e invitan a continuar al joven aprendiz de promotor del cielo. Están en la plaza principal de Punta de mulatos. Es de tarde

 

TERRAZA DE LA ENLATADORA. NOCHE

- Monchito venía de dos generaciones de la calle. Cuando Réimer lo trajo ya había sido rescatado por los artistas urbanos y se ufanaba de haber pasado a ser saltimbanqui, fueguero y malabarista, todo un artista vial -cuenta Jéferson:-. Pero cuando supo lo que hacíamos y que andábamos buscando promotores, no tuvo reparos en dar ese último salto y se vino con nosotros. Su prédica preferida era contar su historia personal y hablar de la Tierra.

 

PLAZA DE PUNTA DE MULATOS. TARDE. Monchito termina su prédica.

- ….. Ella nos trata como a hijos y, aunque a  veces nos patea, casi siempre nos da de comer. Así que tenemos que aprender a tratarla como a una madre, y no como a un enemigo del cual hay que vengarse en defensa propia. Ella no nos debe nada, nosotros se lo debemos todo.

- Ese era su estilo –cuenta Réimer en la enlatadora-. Ahora predica más con el ejemplo y dirige la Sección  Multimedia del consorcio, comenzamos con videítos, como los que cargaste en tu laptop, pero ahí ya estamos haciendo películas.  Antes estuvo un tiempo en el sistema general de reciclaje, que procesa vidrio, papel, plásticos y desechos orgánicos.

- Esa empresa le está dando el ejemplo a Caracas y ya llamaron a Jéferson para asesorar a los alcaldes de allá –aclara Monchito. Melquíades se acerca a Celia.

- Pasa por Naiguatá mañana para que veas esa parte del consorcio.

 

CARRETERA. DÍA. Celia va rumbo a Naiguatá. Aparece un impresionante edificio, sede del Centro Financiero. Atardecer. 

OFICINA INTERIOR. Melquíades y Celia mirando el mar desde arriba a través de los vidrios.

- Antes de poner todo a rodar en concreto, mientras paseábamos por playas y plazas entrenándonos, aprendimos a respetar las cosas de la gente, sobre todo sus ideas -refiere Melquíades.

EN SU MENTE  hay recuerdos  con imágenes de paisajes de la tropa paseando o conversando, y gente haciendo sus cosas.

 

- A no juzgar, bueno, malo, correcto incorrecto, a no calificar, bruto, sagaz, bonito, feo, a no criticar ponzoñoso: a no hacer en serio nada sugerido por la mente vieja y que doliera o nos separara de la gente.

AL PASO DE LA TROPA, un borracho baja con dificultad un escalón, una mujer luce colores llamativos de una moda inusual.

- ¿Qué significa molestarse y querer corregir, decir que está bien o está mal o querer desaparecer o controlar lo que uno está viendo? Significa, sencillamente, que no estás entendiendo, ni tu molestia, ni lo que hace el otro. Y lo cierto es que lo de adentro puede cesar, y lo de afuera está ahí porque así es la realidad: la gente hace las cosas como le gusta o como le disgusta –dice Melquíades.

SU MENTE RECREA ESCENAS de niños disparándose con los dedos, y diciendo “¡Te maté1”, “¡Te maté”. O hundiéndose pitillos por la espalda soñando que son dagas!

- Pero si no chocas –es decir, si eliminas el conflicto interno-, queda abierto el acceso a un mundo más amplio, donde comprendes porqué la gente hace lo que hace, y donde lo que importa es eso, la gente y su proceso. Entonces el libro de la vida queda abierto, y leerlo es una sencilla diversión. Y cuando entiendes cómo funciona algo puedes cámbialo, si es posible, pero contento: feliz de la vida”.

ACONTECE la acción cotidiana entre enemigos políticos, amenazas, saboteos y sus consecuencias: ejércitos en choque, un hongo atómico.

- Después, vivir es otra cosa: ya no es chocar, frustrarte y agredir para controlar, sino  entender, ser conciencia y actuar feliz, amorosamente, ser profundamente humano.  Ese es el secreto de los cambios en  paz.

OFICINA INTERIOR. Celia y Melquíades miran desde arriba.

- Así descubrimos cómo disolver nuestras controversias en su etapa de discusión preliminar, antes de que se convirtieran en peleas, y logramos ser felices aún sin haber comido; teníamos reservas de dinero, pero hacíamos ayunos didácticos, no para sufrir o pagar culpas, sino para ver llegar la mente dando órdenes que ahora sabíamos desconocer, o ignorar, y para estar felices y dar alegría aunque uno no se hubiera alimentado en quince o veinticuatro horas. Nunca nos pasamos de la raya. Cuanto más rápido lo aprendías mejor.

- ¿Por qué tuvieron éxito, por qué la gente los apoyó? ¿Por qué no se volvieron un grupo corrupto, por qué no lo echaron todo a perder, como pasa siempre?

- Fue muy decisivo que no los explotamos con los bonos, pero también fue que formamos una enorme cantidad de empresarios sociales en poco tiempo y el trabajo libre rindió.

- Pero, de todo eso, ¿qué fue lo que más influyó?

- Todo junto: influyeron las prédicas, pero también el circo viajero, las canciones, la risa, los convencimos con la alegría y la joda. Pero también estuvieron las Brigadas Voluntarias. La abnegación. Fue todo eso: cuando vieron lo que éramos, comenzaron a creer en sí mismos y en el futuro diferente. Por eso nos dieron acceso a sus casas, a sus víveres, a sus fondos y ese fue el principio del empoderamiento: la unión y el liderazgo honesto, ese fue el principio.

- ¿Cómo es eso de las Brigadas Voluntarias?

Lo llaman por teléfono y dejan la oficina los dos.

 

CARRETERA. AUTO DE CELIA.  Melquíades habla y maneja mientras Celia escribe.

- Todo ayudó pero, personalmente, creo que la Brigada de Plomeros Voluntarios fue un hecho importantísimo. Comenzó con un capital mínimo, haciendo las reparaciones gratis, donde hacían falta. La gente ponía los materiales si tenían, si no, los brigadistas se los regalábamos y lográbamos impedir que se escaparan por los drenajes miles de millones de litros de agua potable en cada población.

EN SU RECUERDO, Melquíades está viendo enjambres de muchachos y chicas reparando rientemente lavamanos y tanques de poceta.

- Su sentido del honor, garantizó que nunca se perdieran objetos durante sus estadías en las casas de familia, eso nos ganó la mitad de la fama. Por ello nos declararon héroes nacionales, atrajimos la atención sobre los otros proyectos y recibimos financiamiento para operar desde nuestra lógica de fundar empresas de la gente. Eso fue decisivo. Logramos que la gente nos apreciara. Después fue que vinieron las otras brigadas, las de reorientar callejeros, las de sembrar flores a un lado de la carretera, y huertas en los baldíos del estado.

 

SALA DE FIESTAS DE LA COMPAÑÍA DE ENERGÍA SOLAR. Tarde. Ella hurga en la laptop mientras los gerentes están reunidos de emergencia. La voz de Efrén acompaña el video.

“Requisito Dos: Tres cuartas partes de lo que se consume en alcohol y piedra debe ser redireccionado hacia el ahorro popular. Por supuesto, eso depende de que los promotores tengamos éxito en aprender a no sufrir  y en enseñarlo. Sin una psiquis nueva, que no sufra ni necesite consumos epilépticos, no hay paraíso”.

 

SALA DE FIESTAS DE LA COMPAÑÍA DE ENERGÍA SOLAR. Tarde. Celia recibe una llamada y es Betania.

Celia: Sí, estoy bien.

Betania: ¿Y cómo está mi galán, ese papacito de Juan Rey?

Celia: Lo vi, pero me dicen que tiene esposa.

Betania: ¡No me digas! ¿Ni siquiera novia o ave de paso, sino esposa? ¡Qué decepción!

 

SALA DE FIESTAS DE LA COMPAÑÍA DE ENERGÍA SOLAR, Celia está concentrada en la laptop

“Requisito tres: Necesitamos quien eduque a los niños para que sean los Nuevos Príncipes, los aportadores de iniciativa, los creadores de riqueza y no los subalternos de los ricos.”

De pronto se abre una puerta y entran los promotores que acaban de terminar la reunión. Algunos se marchan aprisa. Otros la rodean, se sientan con ella en calma.

- Celia quiere saber por qué tuvimos éxito. Yo le dije que porque convertimos a todos en empresarios. Esa fue la diferencia. Y le hablé de la Brigada de Plomeros Voluntarios –refiere Melquíades.

- La gente nos apoyó al ver que estábamos rescatándonos –afirma Réimer. Y Monchito:

- Y   Melquíades  los convenció dándole más ganancias a los que más confiaron.

- Pero después, al construir los primeros edificios de la gente, todos se sintieron orgullosos de estar progresando y los que no habían participado terminaron de convencerse y canalizaron en nuestro banco el dinero –concluyó Melquíades.

 

UNA FAMILIA CON NIÑOS va  paseando frente a una construcción en proceso, el niño se detiene a señalar y pregunta.

Hijo: Papá, ¿es cierto que eso lo estamos haciendo nosotros?

Padre: Sí, hijo. Eso lo estamos construyendo nosotros. Y los gerentes trabajan para nosotros.

Enseguida, el video completa la evolución de la construcción y es el edificio del Centro financiero en Naiguatá.

 

SALA DE FIESTAS DE LA COMPAÑÍA de energía solar. Noche.

- Y también fue que lo acumulado no se dilapidó en farras ni en robos o corruptelas, ni fue a los bolsillos de los gerentes ni a dueños particulares: toda la ganancia pasó al caudal único de la gente. Todo eso ayudó –agrega Johny.

 

ESCENA DE UNO de los gerentes yéndose en cola con otro y un tercero montándose en un microbús.

- Sabíamos exactamente para dónde íbamos y cómo llegar: la meta era el paraíso,  y el método era no sufrir y no dominar. Fue sencillo -dijo Juliana.

 

SALA DE FIESTAS. Llega Asdrúbal y lo saludan e incorporan.

- ¿Por qué no los defraudaste el día de la primera entrega de ganancias? Era bastante dinero –le pregunta Celia a Melquíades.

- Lo pensé, pero, si me iba, renunciaba a ser uno del paraíso. Ya había delinquido bastante y, en esta nueva oportunidad, no quería ser un miserable Judas, no hay alto rango ni dignidad en eso de aguarle la fiesta a tanta gente. Pero, sobre todo, ya había aprendido bastante sobre el cielo en la tierra. Me sedujo más ser un gerente del pueblo, un promotor del paraíso y pertenecer a la aristocracia promotora. Ya la gente se alegraba cuando nos veía llegar. Esas miradas significaban todo.

- ¿Y tú Asdrúbal, para ti qué fue lo decisivo para lograr el triunfo?

- Sabíamos qué entrenar: disolución de imágenes y de mecanismos de dominación, ¡sin cuartel, en todo momento! Sabíamos qué medir, alegría natural y creatividad. Y cada cerebro despierto tuvo una tarea importante qué ejecutar: ser gerente de algo para todos: y todos sabían que esa era la guerra de independencia que se está librando en todo el país estos días.

 

SALA DE FIESTAS. Compañía de energía solar. Catia la mar. Noche. Ambiente distendido. Solaz. Celia graba y toma notas adicionales.

 - Las Brigadas Especiales establecieron la calidad del trabajo –dice Réimer-. Lo importante para ellos no era un sueldo, o una ganancia monetaria, sino aprender la acción plena y la vivencia en el seno de la familia total: hacer el bien sin mirar a quien y que aumentara sin descanso el nivel de vida de todos.

- No eran para conservar un empleo o engañar a alguien. Tenían un sentido trascendente. Por ahí empezamos a alcanzar el estatus heroico –completa Asdrúbal.

 

COCINA DE UNA CASA. Dos muchachos destapan un drenaje, uno sentado en el piso en loto y el otro pasándole una llave.

- Vine porque eres mi pana y los demás me dijeron que era divertido. Pero, sinceramente, lo estoy dudando –declara el aprendiz de pie.

- ¡Perfecto: esa es tu tarea principal aquí: empieza por ahí a descubrir tu mente! La duda está hecha de pensamientos dolorosos, pero si comprendes su proceso, la puedes eliminar. Mientras dudes lo que haces, jamás serás feliz ni aquí ni en ningún lado –le responde  Asdrúbal, sentado.

 

Más tarde, en la etapa final de la reparación. Están bromeando y riendo, celebrando que todo salió bien.

- ¡Oye, es increíble! ¡Llevo un buen rato contento haciendo esto, sin pensar en dinero.  Mi problema era ése: estaba pensando que necesitaba dinero –declara el aprendiz.

- Cada vez que estés haciendo una cosa y deseando hacer otra, estarás dividido y sufriendo.  Pero cada vez que sufras tendrás una oportunidad para aprender a ver la división y a deshacerla –le explica Asdrúbal.

- ¿No está muy complicado?

- Okey, vamos a  simplificarlo. Con el trabajo se presentan cuatro tipos de división y sufrimiento: uno, si no te gusta lo que haces, no puedes darle con todo y eres un esclavo; dos, si lo haces para un jefe o porque otro lo decidió, eres un sometido, pero si lo decides tú mismo y eres tu jefe, eso es la libertad; tres, si aprecias a los que lo van a recibir, estás en el marco del amor y la alegría, si no, estás jodido; y, cuatro, si mientras trabajas estas dañando el ambiente, lo pagaremos caro. Si violas alguno de esos cuatro límites, lo pagas con la esclavitud o el sufrimiento.

- Pero uno tiene que ganar dinero para sobrevivir.

- Si haces algo sin que te guste, por dinero, eres infeliz, estás pendiente de que llegue la hora de salida o de la paga. Esa es la mala vida. En el otro mundo te dedicas a ser sincero y feliz, entonces el dinero llega por esa vía. Cada vez que vengas será para aprender a mudarte de mundo. Claro, también podrías aprenderlo en la esquina, sin venir para acá, pero eso lo decides tú. Lo importante es que te dediques a aprender de ti. Estés donde estés.

 

SALA DE FIESTAS. Compañía de energía solar. Catia la mar. Crepúsculo.

- Desde entonces quedó descartado el desempleo como problema o como excusa. Quien no quiere hacer nada, ok, no lo hace, esa es su elección y se le respeta. Pero a nadie se le ocurre aquí decir que es porque “no hay trabajo” –dijo Juliana.

- Trabajo por hacer y necesidades insatisfechas siempre hay, sólo hay que formar las empresas y emprenderlas: pero ya no estamos como antes, que nos poníamos a esperar a un empresario. ¨¡No, los jefes tienen que salir de entre nosotros, del pueblo! ¡Ése es el empoderamiento! -dice Pedro.

- Las brigadas formaron a mucha gente que luego ingresó en las franquicias -dice Johny.

Llega Jéferson y lo saludan, él se pone al día atendiendo.

- El que no tiene empleo es porque no está usando la información. Y nuestro trabajo es ayudar a que sepa que ya todo cambió –agrega Juliana.

- Tengo entendido que Efrén organizó personalmente las primeras franquicias –dijo Celia.

- Él se ocupó personalmente de muchas iniciativas, pero formó rápidamente gente idónea capaz de regentarlas -aclaró Johny.

- Pero contaba con gente ya entrenada que, muchas veces, salía de las Brigadas Voluntarias –completa Asdrúbal

- Primero dejaba establecido o garantizado el régimen de propiedad social y el funcionamiento en red con las otras empresas,  la baja en los costos de producción y las  demás ventajas competitivas, y entonces delegaba la dirección en los cuadros emergentes -explicó Johny.

- Por supuesto, todos ayudábamos desde las empresas que dirigíamos. Empezó por las Fruterías Turísticas, que al principio no preparaban jugos ni tizanas del mismo día, como ahora. Luego nuestra red de transporte marítimo abarató los costos más de la mitad. Todos las respaldamos comprando -dijo Réimer.

De pronto, Celia recuerda su última conversa presencial con Betania, antes de que se fuera, tras enterarse del posible accidente de Efrén.

HABITACIÓN DEL HOTEL. Noche.

- ¡No comprendo por qué no dijiste que tú conoces a Efrén! ¿Cómo pudiste mantener la serenidad y no ponerte a llorar otra vez?

- Asumí la lógica del grupo. Ellos están muy tranquilos. Es como si nada malo estuviera pasando. Yo, sinceramente, prefiero esperar que sea así.

- Pero, ¿por qué no les dices que fuiste su novia, o lo que fueron? Eso te facilitaría más las cosas, entrarías más en familia.

- ¡No quiero aprovecharme de nada, no quiero cálculos con esta vaina! Bastante preocupada estoy ya con eso de que él me decía lo mismo que les dijo a ellos, y yo no le creí, no entendí, no vi el futuro y ellos sí –está apunto de ponerse a llorar-. No sé si avergonzarme o no sé qué voy a hacer.

- Te da pena decirle que lo conocías. ¿Y cuándo se lo dirás?

- Si está muerto, no hará falta. Si está vivo, lo celebraremos. El tiempo que lo diga.

 

SALA DE FIESTAS. Compañía de energía solar. Catia la mar. Noche.

- Luego, Efrén se inventó los negocios del Mondongo Light, que terminó exportando su receta y poniendo sucursales en todo el litoral y en Caracas. Asimismo organizó las Casas de Servicios Playeros, que proporcionan regaderas con agua potable, sanitarios y vestidores. Antes de fundar cada empresa, nos íbamos a las comunidades y ayudábamos a que se organizaran para que pudieran encargarse, y hoy todas esas casas están administradas por la gente -recordó Réimer.

- Guarapita`s es otra franquicia,  comenzó con un brebaje llamado “Sexo en la Playa”, que surgió para contrarrestar los altos costos y la ley seca, cuando los dueños de todo escondieron hasta la caña, pero luego se nos asociaron para garantizarse la distribución, las frutas y la ética del consorcio, y se expandieron sin trabas. Cada botella vendida aporta un impuesto especial que va al capital social –recordó Asdrúbal.

- Después, acordamos con la población ponerle un pequeño recargo a la cerveza y cada trago acumula el capital de la gente –dijo Melquíades.

- En la Red de Refugios Playeros se da fin a toda clase de dominación, ahí no ocurren robos menores, y dan el mismo trato a los temporadistas que se quieren quedar en ellas, y a los sin casa, pero se aprovecha para atraer a estos a la rehabilitación efectiva: la consecuencia de esa red es que acabó definitivamente con la indigencia en todo el estado -informa Juliana.

 

LA NOCHE ya cayó. La tertulia continúa.

- Después creamos la franquicia de Empanadas Asadas, sin grasas saturadas, que culminaron la popularización de esa alternativa a las fritangas -dijo Johny.

- Todas estas franquicias trabajan con socios, no con subalternos explotables que a su vez explotan a otros, ni para acumular a costillas de los clientes: su interés es generar empresarios brindadores de buen servicio a la comunidad, elevar la calidad de esos servicios, bajar costos, brindar buena vida durante la jornada como empresario o socio. Pero al mismo tiempo educan para ser dueños y dan ejemplo de lo que se puede lograr.

Celia no para de anotar detalles ni de grabar en su aparatico celular.

- Cuando se supo que el plan era enriquecernos todos y vieron que ya había comenzado con buen pie, la gente estuvo más tranquila. Creo que ahí apareció esa alegría que tú ves nueva en la sonrisa de la gente y en el modo de caminar –interpreta Réimer.

 

EN UN BARRIO con  árboles, las muchachas pasan, una de senos redondos, otra con shortcito. Los muchachos les dicen algo y ellas sonríen sin pararse.

- Cuando vieron a los principales delincuentes colaborando sin robar y ayudando a acumular para la causa del pueblo, creyeron en ella –dice Monchito.

- El caso más simple es el de la energía solar. Nadie quería meter la mano ahí porque ique era cara, pero al tener suficientes ventas, bajamos el costo y ya nadie podrá competir con nosotros. Vamos a exportar a todo el mundo nuestros paneles -pronostica Johny.

- Al comienzo, deslastramos la tecnología básica y pulimos las técnicas de instalación: cuando se trataba de espacios comunitarios residenciales, pudimos abaratar los costos de producción por debajo de los ocho mil Bs F por metro cuadrado –dice Jerónimo.

Celia lo detalla. El encargado de regentar la fábrica de paneles solares desde su fundación es mestizo, piel morena, pelo crespo, ojos aceitunados, increíblemente seguro de sí. 

- Pero aún una familia normal no podía invertir su dinero para independizarse de la electricidad contaminante y falible. Sin embargo, los sistemas de inversión, préstamo y ahorro del consorcio y el crecimiento del mercado actualmente permiten que los vecinos paguen una cuota mínima mensual, más barata que las usuales de electricidad termo o hidroeléctrica -dice Réimer.

- Ya, no sólo abarrotamos de energía limpia a toda la franja litoral, sino que estamos expandiéndonos hacia todo el país con los mejores augurios. Pronto estaremos listos para exportar los paneles y no tendremos competidores serios –expresa Jerónimo.

- Estamos aprovechando que somos mayoría para llegar adonde todos tenemos y ya pasó lo peor y el peligro -dijo Asdrúbal, refiriéndose a los pobres.

 

EN NAIGUATÁ, se ve gente amontonada. El grupo llega. El mar es paisaje y testigo.

- En Naiguatá nos estaban esperando y Efrén les habló en la playa.

“¡Todo queda en manos de la familia y la escuela! ¡De ustedes depende formar, en cada casa y en cada aula, gerentes que les sirvan a todos, al pueblo! ¡Así como actualmente ustedes  mismos enseñan a sus hijos y a sus alumnos para que sean enemigos que no se pueden hablar la verdad en paz, y para que sean sirvientes de los ricos; así como educan a sus hijos y alum nos para que sean subalternos y mercenarios en cualquier ejército de un señor de la guerra que pelea para acaparar riquezas y ponerse a salvo, asimismo ustedes, padres y maestros, ayudarán a que los habitantes del planeta sean educados como líderes empresariales de enriquecer a sus comunidades!”

EN EL PUEBLO ARRIBA, la gente congregada, los once alrededor de Efrén.

“¡Necesitamos ser todos empresarios sociales, empezando por los más dispuestos! ¡Y vamos a estar felices si nos toca morir sin más camisa que la que llevamos puesta, que pudiera ser prestada! ¡Y, si nos toca ésa, vamos a dejar este mundo contentos de haber ayudado a que la gente  disfrute una armonía terrenal! ¡Para triunfar tenemos que ampliar la capacidad del cerebro y eso a muchos les parece una fantasía! ¡Sí, es una utopía! ¡Pero es una utopía que ya está en marcha porque tiene los pies sobre la tierra! No podemos negar lo que somos: ¿En realidad de qué estamos hechos sino de leyendas y mitos, de prodigios y sueños que ya se han cumplido?”

HOTEL DE MACUTO. Habitación de Celia. Madrugada. Celia se está viendo en el espejo y de pronto recuerda.

 

MANIFESTACIÓN CALLEJERA. Celia deambula respondiéndose preguntas y constatando la determinación popular.

- “Son los trabajadores entrenados para ser dueños y sus hijos. Los hijos de los promotores. Y los viejos que vieron cumplidos sus mejores sueños. Son las dos, las tres generaciones reunidas en una aspiración común. La nueva historia que se levanta. La nueva cultura abriéndose en flor”.

 

RECUERDO FUGAZ. Apartamento de Celia. Caracas. Día. Ella está sentada frente al tocador, armada con su arsenal cosmético.

- Lo que necesitas no es media hora en el espejo y salir con dudas. Para ser hermosa y andar tranquila basta  con que dejes de pensar guevonadas –le dice él.

- ¡Coño, Efrén! ¿No puedes ser un poquito más sutil? –le riposta Celia.

- Bueno. Ponle, basta  con que dejes de pensar tonterías.

Celia pone cara de consternación y de “¿qué hago con este equivocado?”.

 

HABITACIÓN DE CELIA. HOTEL DE MACUTO. Madrugada.  Mientras abre las sábanas, la computadora prendida te deja ver un texto.

“Requisito cuatro: Todos tienen que desarrollar vuelo de ángeles, no actuar contra nadie, sino defender a los suyos todos, al género humano completo: Cuidar a la gente. Sólo como empresario a favor de la acumulación en el tesoro de las poblaciones, estarás realizado”

 

Ella apaga primero el computador, enseguida la luz  y se acuesta.

 

EMPRESA DE PUBLICIDAD. MAÑANA LUMINOSA Y COLORIDA. Johny Díazle muestra a Celia la colección de fotos de monumentos urbanos, intervenidas por la imaginación, que conformaron su más reciente exposición. Ella aprecia maravillada una situada en el centro de la urbanización El Silencio pero, en vez de la Plaza O`Leary, está una grandiosa piscina con andenes y espacios recreativos a varios niveles, poblada de gente bañándose o descansando, adultos, niños, muchachas y jóvenes, algunos deambulando por los pasillos del Bloque Uno, disfrutando con el Ávila al fondo. Otra, donde aparecen las estatuas de Los Caobos, ya la conocía Celia, es la de Juliana serena bajo el sol y el agua, aparentemente impenetrable como la piedra. En otra está un arreglo floral que existe en una plaza del litoral y combina exquisitamente frutos y flores verdaderos.

- Me sorprende que la gente haya respetado los sembradíos al aire libre –confiesa Celia.

- Primero, porque eran de “esos malandros arrepentíos”, pero luego por aprecio a las bellas obras de promoción del paraíso: demasiadas personas se volvieron poetas de lo urbano -responde Johny.

- Sinceramente, me asombra el resultado –confiesa la reportera.

- Desde el principio quisimos emular lo bueno de Mochima y que quien viniera, lo hiciera, además de por visitar el mar, para disfrutar un sitio especial, una especie de santuario, donde no ocurren delitos y aparecen mil delicias insospechables.

POR EL BOULEVAR hay un trajín de viajeros en ropa ligera, caminantes, un continuo deambular de personajes mágicos.

- Cuando el proyecto cundió, vinieron a apoyarnos las bandas musicales de reaggeros y reaggetoneros, skaters, y rokeros pacifistas que pululaban por todo el país –recita Johny.

A las horas más insospechadas, puedes ver algunos montados en las tarimas con espectáculos en dos, tres sitios simultáneamente.

 - Apenas los doce señalamos el camino, atrajimos hacia el litoral a centenares de utopistas y se creó la mística de volver esta franja marina un Edén. Nuestra idea inicial fue ofrecer el turismo total, la aventura extrema y lo hemos logrado, pero yo, personalmente, pienso que tenemos que avanzar a ser los primeros en ofrecer un territorio libre de caos, aunque falta mucho por hacer. 

Johny  le confiesa que, pese al decaimiento actual, aún muchos graduandos universitarios escogen el lugar como tema de investigaciones, y que otros, siendo estudiantes, quieren cumplir en la franja costera toda suerte de pasantías. 

- Vamos a probar por cinco años, si no obtenemos el resultado esperado, no se habrá perdido nada y ganaremos una experiencia riquísima sobre la mejor calidad de vida. ¡Pero podemos apostar seguros a que venceremos -predica Melquíades a los de un barrio en Las Tunitas!

 

UN GRUPO DE ALUMNOS DE POSTGRADO está montando, en una escuela, aquí en el litoral, una empresa que será de los alumnos, dirigida por ellos rotativamente. Un alumno marca la diferencia

- En un cafetín de antes, se adiestraban para ser clientes solamente, aquí aprenderán a ser empresarios responsables a favor de todos y a hacer contraloría social.

 

HABITACIÓN HOTEL. CELIA, frente al televisor, recuerda sus desencuentros con Efrén.

- Esos muchachos consumen droga –dice ella.

- No me digas que consumen: dime cuál es el problema con la droga, que entiendes lo que pasa y que estás libre de ese peo –le responde él.

- ¿Yo?, ¡tú estás loco!, ¿qué tengo yo que ver con eso? –lo refuta Celia.

- Todo: tu rechazo inmediato es temor, ganas de estar lejos de ese peo, es echar a correr porque tienes miedo. Casi todo el mundo consume drogas, comer de más, leerte todo el periódico o varios periódicos al día, todo eso es drogarse.

- No los justifiques.

- ¿Reconocer una verdad es justificarla?

- A mí no me gustan –enfatiza Celia-. No sé por qué tengo que contentarme al verlos y tratarlos como panitas.

- No es que hagas nada que no sientas –la refuta Efrén-: Sino que veas lo que hay: si ante algo que te parece amenazante das la espalda, quedas a merced de su designio. El problema es que la gente es infeliz: ver cinco telenovelas diarias es obtener alivio con algo que no depende de ti y que le permite a otro manejarte, y cuando reaccionas contra esos muchachos supuestamente drogadictos, no te ves que estás en el mismo problema y que no ayudas a hacerlos felices, porque no estás aprendiendo a vivir sin drogas.

- Ah, ¿ves adonde te lleva tu afán de defenderlos? ¿Ahora resulta que la drogadicta soy yo, coñoetumadre?

- Está visto que no podemos hablar ese tema sin pelear, me salgo de la conversación.

Y se pone a ver  en la televisión un programa malísimo, sólo para decir, se acabó.    

 

OFICINA DE ASDRÚBAL. TARDE.

- Pero no te engañes. Nuestro triunfo empresarial tiene un ingrediente tecnológico y mucho de gerencia de la  economía popular, pero en su trasfondo está el trabajo en los barrios y eso no lo has tocado casi –le dice Asdrúbal.

- Explícate –inquiere Celia.

- Antes de que las fábricas y empresas florecieran, había que hacer un trabajo esencial en los barrios: para que no se mataran los muchachos, para que los líderes locales dejaran de pelearse, para rehabilitar a los drogos….

 

NAIGUATÁ. Las 4 esquinas del Pueblo Arriba. Tarde.

- No tienen por qué matarse por esa tontería. Ya yo hablé con él -dice Melquíades.

- Bueno. Si él la va a dejar así, yo la dejó. ¡Pero que conste que yo no reculé! –responde el muchacho.

- Exacto. Ni él tampoco. Es un acuerdo sensato entre dos personas inteligentes –establece Melquíades.

 

CATIA LA MAR. PLAZA. Tarde

- Sé que ya tú contrataste a un sicario, pero tu contrario también había contratado uno, y ya hablamos y echó para atrás la culebra: dense un chance –le dice Jéferson al vecino, un adulto.

- Eso tendrás que arreglarlo con el pistolero. No le va a gustar que le tumbes el negocio.

- Tranquilo que yo hablo con él –le dice Jéferson.

 

CATIA LA MAR. Callejuela de un barrio. Noche.

- ¿Y mi chamba? ¡Eran cincuenta mil sin hacer casi nada! –se incomoda el pistolero.

- Yo te tengo otra y vas a ganar más: ¿Cuánto te iban a durar esos cincuenta palos?

El pistolero pone cara de que no mucho.

-  Lo que ganes con nosotros te va a durar toda la vida –le confiesa Jéferson- ¿A cuántos conoces que antes eran dañados y ahora son directores de empresa del consorcio? –se pone a contratarlo para ser gerente descalzo.

 

- Rehabilitamos a los drogos más sobresalientes, rescatamos a los principales choros y los pusimos de gerentes en empresas. Al ver a los principales como empresarios serios, los aspirantes a delincuentes lo pensaron mejor, se canalizó la muchachada y bajó el consumo de drogas –le explica Asdrúbal a Celia en su oficina.

Celia imagina escenas de conversas de los promotores con malandros, gestos característicos, sacudidas.

- El trabajo abundante y feliz en camionetas, en Brigadas Voluntarias o en las franquicias rescató a muchos jíbaros y generó otro ambiente –le confiesa el Promotor.

En la escena imaginaria de Celia, los mismos de las conversas y sacudidas, ahora están ocupados noblemente, haciendo algo que les gusta.

- Cuando se supo que la meta era ser ricos y felices todos, hubo la certeza de un futuro benigno, bajó la presión, se instaló la calma, vino la confianza y alcanzamos ese entusiasmo por la vida, ese algo especial que dices que has notado en la gente –interpretó Asdrúbal.

Mientras preparan café, siguen la pesquisa.

- Cuando la gente supo reclamar en paz, para un amigo, y escuchar lo que le reclamaban sin molestarse, ya a nadie le dio miedo hacer contraloría -agrega Asdrúbal.

- Claro, una viene con la otra –concuerda Celia.

 

OFICINA PÚBLICA. UNA COLA desemboca en un escritorio donde un funcionario va revisando los documentos que le presentan. Un tipo hace como que va a preguntar algo y se queda casi de primero. Un ciudadano se sale de la cola y habla con el funcionario.

- Éste caballero está coleado, cuando llegue, no lo atiendas.

- ¿Me vas a echar paja? –exclama el coleado desconcertado.

- ¡Claro que sí! ¡Ninguno aquí tiene un pacto de ratear contigo! Esta cola es nuestra responsabilidad con los demás, nuestro trabajo, nuestra paciencia, es confianza en un orden. No te podemos ayudar a que destruyas todo eso, contra nosotros mismos!

La gente le grita que se vaya de ahí, pero como el coleado no se sale, rehacen la cola a un lado, formando un meandro que deja afuera al aprovechador.

 

EXTERIOR. AVENIDA. Se ve una manifestación.

- ¿Por qué es la protesta? –pregunta un locutor.

- Queremos que los maestros de esta escuela enseñen a los niños a no pelear en la escuela, y a entenderse hablando –responde una madre. 

- Y a no someterse unos a otros, sino a respetarse entre amigos como iguales –dice otra.

- Esas técnicas están siendo aplicadas con éxito en los otros colegios, pero los maestros de aquí se quieren hacer los locos porque son cómodos.

- No son todos. Muchos maestros aquí están de acuerdo en el cambio, pero necesitaban nuestro apoyo y se lo estamos dando.

 libertad-igualdad-felicidad: en la escuela”, se puede leer en uno de los carteles.

 

EXTERIOR. AVENIDA. Otra manifestación de vecinos ante una empresa.

- ¿Por qué es la manifestación? –pregunta Celia.

- Porque las empresas quieren quedarse con los intereses del dinero del impuesto a la cerveza –responde un vecino.

- Ese dinero es de las comunidades. Ellos bastante que ganan con la venta. Quien inventó ese impuesto voluntario fuimos nosotros –responde una vecina.

- Intentaron quedarse con los intereses porque creyeron que no estábamos pendientes, pero ahora se lo estamos recordando -asegura una líder vecinal.

 

INTERIOR. AUDITORIO CON VECINOS.

- El problema con el chisme es que alimenta la división, nos deja cada vez más desamparados. El chisme nace del temor y fomenta la enemistad –dice una vecina.

- Pero el análisis de casos es ya la vida feliz, lleva una intención de unir, es un aliento hacia otra cosa. Una buena alternativa –responde una segunda comadre.

- El chisme lo haces escondido porque temes. El análisis de casos lo puedes hacer frente al involucrado, porque está decidido a hablar con la verdad y a no molestarse –asegura una tercera.

- ¡Muy bien! ¿Quién quiere poner más elementos de comparación entre uno y otro? –celebra el instructor en este foro sobre el chisme.

 

APARTAMENTO DE MELQUÍADES, en una urbanización plácida de empleados y obreros, todos socios. Noche. El anfitrión, Johny y Calixto. Celia escucha y toma nota, al tiempo que graba.

- Cuando al año el Mercal de Caraballeda pasó a manos de la gente de la comunidad, y los vecinos se mantuvieron administrándola sin pérdidas, las poblaciones menos organizadas de los otros pueblos se animaron a asumir ese compromiso de crecimiento –informa Melquíades.

 INTERIOR. CAJA DE UN MERCAL. Un muchacho la atiende y otro se le acerca

- Pásame esto sin anotarlo, de amistad, después nos arreglamos –apremia un cliente al joven cajero.

- Si quieres te regalo mi sueldo, si lo necesitas, o te doy algo de mi bolsillo, pero esto es de la gente, me comprometí a respetarlos. Mi palabra es sagrada.

- ¿A mí sí me vas a dejar varado, panita?

- Antes, había que destruir la cultura que había porque era chimba. Pero ahora esta es otra cultura que estamos haciendo entre todos. Lo de la gente unida se respeta. Yo estoy en esa unión. Vente tú también.

- Cuando en Macuto los visitantes empezaron a quedarse por la noche con sus hamacas, o en sus carpas durante toda la Semana Santa, poblaciones como Naiguatá, se animaron a profundizar su programa de auto rescate –relata Melquíades.

 

PLAYA. CARPA. NOCHE. Canciones con guitarra y de pronto aparecen de la oscuridad dos muchachas en batola de dormir con flautas y se incorporan. Cantan y joden sabroso. Luego se van tal y como vinieron, como una aparición.

PLAYA. CARPAS. Al salir el sol, todos contentos. No pasó nada malo.

- ¿Las contrató la Red Hotelera o vinieron espontáneas? –prewgunta un temporadista.

- Eran ángeles. Para mí eran ángeles –dice el otro enamorado.

Y de pronto aparecen las muchachas en vivo

- Mira tus ángeles.

 

APTO MELQUÍADES. Interior. Día.

- Cuando Catia la mar se irguió como el  lugar que más desviantes aportó como profetas, los pueblos que menos habían contribuido se apresuraron a batir esa marca -dice Calixto.

 

CARABALLEDA. TARDE.  Un grupo reunido en una esquina. Los arenga un joven líder desconocido convencido, hermoso, apasionado:

- ¡Un cambio profundo está ocurriendo y no podemos quedarnos atrás! ¡De nosotros depende  dar lo mejor que tenemos en el pecho para que estas regiones afortunadas entren de lleno a la calidad de vida que todos merecemos!: ¡El paraíso!

- Cuando Naiguatá se volvió la población con más fiestas y celebraciones en todo el país, los otros pueblos supieron por dónde tenían que avanzar.

 

NAIGUATÁ. Escenas coloridas con el balneario rescatado y un boulevard aledaño por donde pasea la gente rodeada de flores.

 

APTO MELQUÍADES. Interior. Día.

- Cuando quedó rescatada Caraballeda del todo y la erigimos como ejemplo de zona turística del paraíso -dice Johny-. Y montamos ahí el primer supermercado administrado por vecinos y otras exquisiteces, los otros poblados se tomaron en serio lo que les faltaba para quedar totalmente liberados y pasar a la liga mayor.

 

CARABALLEDA. DÍA. Los temporadistas haciendo turismo de aventura extrema, el supermercado de la gente lleno, los carros estacionados afuera. La montaña cercana como testigo de excepción. A lo lejos, el mar.

 

APTO MELQUÍADES. Sala interior. Noche.

 - La liberación de los barrios fue esencial, era la base de todo el trabajo. Si la gente de las comunidades no hubiera estado preparada para emprender, administrar, supervisar y hacerle contraloría social a lo que hicieran las empresas, éstas hubiesen degenerado en empresas de los gerentes -afirma Calixto.

 

CENTRO DE INVESIGACIONES.  Noche. Réimer, Asdrúbal, Johny y Celia.

- Las ganas de ayudar se empezaron a ver en la posición corporal, en el semblante, la gente comprometida comenzó a andar más erguida, porque sin miedo y feliz, respiras a tus anchas, y porque sabían que así enviaban más energía y demostraban, frente a los decaídos, que la solución estaba cerca, justo al lado, que el cambio tenía sentido y que todo dependía de nosotros.

 

EL CAJERO DEL Súper Mercado de Caraballeda anda sobrado, pero sin engreimiento, como un príncipe japonés.

 

CENTRO DE INVESIGACIONES.  Noche

- Muchos de los involucrados no sabían exactamente que estábamos tomando por asalto el paraíso, pero tenían el orgullo de estar emprendiendo algo que nadie había acometido nunca, la transformación radical de la vida misma. Estábamos en el meollo del asunto más importante sobre el planeta, en la pomada, en la crema de la sociedad global –dijo Asdrúbal.

- A todos nos entusiasmaba que estábamos formando un emporio que sería diferente a todos los anteriores, una sociedad donde se podría dormir con las puertas abiertas. Vivíamos mudados al sueño que construíamos –dice Réimer.

 

UNA PLAZA con público. Prédica de Réimer.

- ¿Hasta ahora, cuántas obras humanas han sido una labor del miedo? El viejo sistema fabrica pobres porque sus dirigentes actúan atados al temor, son asustadizos y sus ideas de enemigos y peligro los llevan a creer que si no atesoran más y más en sus arcas, padecerán infinitas penurias! ¡No es que sean malos; es que padecen una terrible pesadilla! ¡No son culpables de nada, todos hemos actuado así alguna vez: esa fue una etapa obligatoria para la humanidad! ¡Pero esa etapa terrible ya puede quedar atrás! ¡Nosotros, que hemos estado toda la vida en una sola peladera, sabemos que no moriremos por no tener grandes caudales personales! ¡Nosotros pondremos de moda andar sin recelo y seremos los empresarios modelo para toda la nueva humanidad! ¡Esa es la labor de los varones y las hembras de este nuevo siglo! ¡Sólo siendo los más valientes y los más productivos venceremos!

BARRIO CONSOLIDADO, en cuyo límite unos invasores erigieron cinco estacas y tres cartones. Los vecinos organizados se agruparon y vinieron a reclamar. En el horizonte, el mar.

- Nuestro  barrio llega hasta aquí, y no queremos crecimiento anárquico en este límite. Eso era antes –expone un primer vecino.

- Esta montaña es sagrada –expresa la segunda, refiriéndose a las pequeñas cumbres que rodean la urbanización.

- Nuestra comunidad tiene el deber de resguardar que la montaña no sea invadida nunca más –dice la tercera.

- ¡Ustedes no mandan aquí: este país es libre –reclama una invasora.

- ¡Claro que mandamos! –le suelta una cuarta vecina-. Somos el poder aquí. Las comunidades somos soberanas y tenemos derecho a decidir el número de nuestros miembros. ¡Aquí ya no hace falta más nadie!

- Una comunidad tiene derecho a impedir su crecimiento anárquico. Se llama autorregulación –la apoya otra.

- Tenemos un censo. Si eres de este estado, te tocará una vivienda en un sitio donde puedas ser feliz sin dañar nada: eso ya deberías saberlo. Pero si no eres de aquí, sólo puedes venir a aprender, y no en un rancho, y luego te irás a construir el paraíso en tu estado –agrega un vecino.

- Pero aquí en este límite no va a haber ni un sólo rancho más –concluye otra vecina.

 

HOTEL DE MACUTO. Habitación de Celia. Ella jorunga una grabación que hizo de las respuestas de Juliana. Tiene además unos videos de los promotores, hechos por Monchito y Johny. Escribe, ralla, tacha, revisa, se arregla el pelo, hace un estiramiento, semidesnuda en la cama, mientras suena la voz grabada de Juliana

“Definimos en dos palabras el lugar adonde íbamos, “el paraíso”. Establecimos una estrategia general y un método específico: nadie debía dominar a nadie, todos, hasta los niños, seríamos Regentes del Cielo desde el principio y por todo el trayecto”.

Se imagina a Juliana haciendo sus cosas. De compras con su mamá,  con un sobrinito que la adora en un parque, jugando como una niña.

“Hubo valores bien sembrados: la alegría sin drogas era el único indicador y la ventaja fundamental, la única supremacía, pero era para compartirla; la explicación, la persuasión mediante el ejemplo. La amistad era el fin, pero a la vez era el medio”.

En un video aparece Juliana con un galán en la playa. En un restaurant, en el cine.

“El reciclaje nos disciplinó y nos puso a ganar dinero”

“La toma de las escuelas para el proyecto de libertad-igualdad-felicidad y las empresas escolares para aprender sobre la explotación cero, dignificaron a los menores y humanizaron los colegios”

De pronto la voz cambia a masculina y al principio no se sabe de quién es.

- Por todas partes los promotores edénicos sembramos el mito de la pronta redención, que en realidad no era un mito sino un vasto experimento controlado –dice la voz del Portu.

Aparece el Portu en su casa, cocinando solo, lavando su ropa en una lavadora, viendo tv solo.

“El trabajo abundante y la supervisión serena de los habitantes mantuvo a los bandidos convencidos de retirarse, y desestimuló a los aspirantes a la mala vida, y eso concentró la energía joven hacia la reconstrucción desde la armonía”.

El Portu  manejando rumbo a su trabajo, en un carro sin lujos. A un lado, el mar.

“Un día, cesó el influjo nefasto de la capital y ganó el orgullo de ser pioneros en este rincón, y dar, desde aquí, ejemplo a todo el país”.

Cambia la voz y al principio Celia no sabe quién habla, hasta que ve a Calixto llegando a su casa con bolsas de mercado.

"Difundimos el truquito de desarmar cada malestar, y la gente le agarró el gustico a divertirse produciendo y a pasarla en grande entre amigos todo el tiempo”.

Calixto en su casa con su catira totalmente europea. Él cocina, ella pone discos, prueba y dice con el gesto que no está muy buena, pero se ríe. Él la abraza y se besan, se van al piso para estar más cómodos.

“Desarrollamos las ventajas de cada localidad, y luego las comunidades se esmeraron en emparejar los puntos en que tenían dificultades. Se ayudaron enviándose líderes, recursos, ideas”

Monchito en escena haciendo sus cosas en su casa, con su mujer y sus dos hijos, niño y niña.

“Hubo habilidad para formar relevos y delegar la dirección de esos barrios en manos de sus líderes locales”.

Monchito trabajando en la Sección de Multimedia. Filmando, dirigiendo. Entrevistando gente. Ahora la voz cambia, es femenina y la que aparece es Celia pensando.

“Me gusta esto que dijo Monchito. Para mí, este carajo es como un General, un Mariscal de Campo en una gesta de independencia, igual que lo son todos los Promotores. ¿Por qué no digo como ellos, del Paraíso? ¿Cómo consiguió Efrén sacar lo mejor de estos seres? Esto es realmente es lo que yo llamaría una revolución”.

 

HOTEL DE MACUTO. HABITACIÓN DE CELIA.

“A veces alucino y lo veo y digo, Ahí viene...”

Secuencia de imágenes de un encuentro nocturno y un abrazo en la playa.

“…Ahí está, lo reconozco en la noche, esa sonrisa abierta significa que me perdona, que me esperaba, que viene por mí, que nunca dejó de amarme y de buscarme, que todo lo ha hecho por mí y me preparó esta celada a fin de que en vez de dudar lo adore para siempre. Fin de la alucinación”.

 

CONJUNTO RESIDENCIAL MARE ABAJO. Apartamento de Juan Rey. Reunión de varios promotores. Tarde.

Celia encuentra la puerta abierta y entra. El Portu, Calixto y Monchito terminan de oír un chiste de Johny Díaz y sueltan sonoras carcajadas. Réimer canta con el disco una de Maelo y  Juliana está bailando con Juan Rey. Celia capta que ella ejerce un poder con el baile, un apoderamiento de algo que había en el espacio y que ahora ella tiene, mueve algo que estaba ahí y no se dejaba ver antes, es como un brindis, una entrega al ritmo y al grupo, una forma mágica de pertenecer, ser y darse al mismo tiempo. La reportera abarca a todos con una lenta panorámica mientras escucha su propia voz íntima.

“Ya llevo una semana en la búsqueda y cada día me sorprende más la actitud de los promotores. Se comportan casi como si no estuviera pasando nada. Melquíades me invitó para este domingo en esta dirección, pero no me dijo que era una fiesta. No lo veo.

- ¿Quién puede, por favor, decirme qué está pasando? ¿Por qué no están preocupados? ¿Por qué en vez de lamentarse cantan y ríen como si estuvieran en una fiesta?

Le responde el silencio.

- Si. Es una buena respuesta: Efrén los enseñó a no preocuparse, a ser felices aún en la desgracia, me imagino –se responde ella misma en voz audible.

Mueve la cabeza como aceptando y termina de entrar. Juan le presenta a su esposa. Una negra enorme, más extraordinaria que Betania. Usa rizos cosméticos, sonrisa sin ambages, voz grave y cálida a la vez, que recuerda la de Juliana.  Su encanto lo envuelve todo. Celia piensa en una diosa africana.

El juego se reanuda, pero de pronto Calixto explota.

- ¿Y si se cayó de esa vaina, qué? ¿El mundo se va a acabar? No. Todo seguirá como con él aquí, igual que ahora. Él anda con nosotros aunque no esté. Dejó lo mejor de sí en estos lugares y en estas realizaciones.

- Pero no, al pana no puede haberle pasado nada. Está haciendo un ejercicio de producir autonomía, espero –dice el Portu.

- O tendremos que hacer el ejercicio mayor y definitivo. Un oficio de difuntos -dice Jéferson.

-  ¿Cómo pueden burlarse de la muerte de un ser querido? – casi grita Celia exasperada.

- ¿Y cómo puedes tú matarlo de la noche a la mañana sin saber si está vivo? -suelta Juliana serenísima pero también intensa.

Celia  se da por vencida y habla como dejándolo de ese tamaño.

- Se aferran a la esperanza sin quererlo reconocer, o sin saberlo.

- No tenemos  un cadáver, ni una evidencia de que se montó en esa avioneta. Hay que esperar a que le hagan la autopsia a los restos -dice Juliana.

- “¿Intenta consolarme?” –se pregunta Celia-.  Y, ¿qué es esto, Jerónimo se está secando una lágrima?

- Aunque sea verdad, no tenemos que adelantarnos a los acontecimientos –dice Pedro Luis.

- Cuando pasen quince días sin contactarlo, nos pondremos en alerta amarilla, al mes pasaremos a la verde –anuncia Calixto.

- Y después a la roja -confirma Jéferson.

 “Asumo que no pueden dejar de burlarse de todo. ¿Será verdad que el paraíso es feliz y que puedes celebrar hasta la muerte de un compinche?”

- Si se cayó en esa vaina tendremos que celebrar un sepelio en ausencia, pero no vamos a ir llorando desde ahora hasta allá –confesó Juliana.

Se le sale al fin una lágrima. Monchito se quedó mirando para allá, viendo el mar, como solitario, un buen rato.

- Bueno, bueno, esto no es un velorio de verdad, verdad, pero podemos seguir contando chistes -animó Réimer.

Lo hacen y al rato llega Melquíades con unos papeles y Celia nota como cierto sigilo. Es obvio que bajan las voces y que se retiran a un cuarto y que no la invitan.

Celia en off: “¿Tratan de esquivarme o soy yo la que estoy alucinando por paranoica?

 

HABITACIÓN DEL HOTEL. Celia habla con Betania por teléfono.

- Era un asunto de abogados y de un cambio de nombre o de algo en el estatuto jurídico de las empresas. Pero, cuando vi ese papeleo secreto y que tenía que ver con las empresas, me apareció de nuevo la duda y temí un secuestro y un despojo –le dice Celia a su amiga-. He decidido buscar un ayudante para que me asista en las pesquisas.

- ¡No estarás pensando en mí! ¡Soy muy nerviosa! ¡Hay demasiado dinero involucrado en esa vaina! ¡Quién sabe qué está pasando! –se agita Betania.

- No, tú de ayudante no. Buscaré a un especialista, a un detective. Pero tú me puedes apoyar de otra manera. Diariamente llamo a mi mamá y a mis tías y a mi hermana y ahora te lo pido a ti. Quiero que recen porque esté vivo y aparezca, para que yo averigüe la verdad. Yo no puedo hacerlo, porque soy medio atea. Sería muy oportunista creer del todo ahora que lo necesito. Pero, ¡háganlo ustedes por mí! ¡Recen, por favor!

Betania: ¿Por qué rezamos, porque se descubra el misterio que tienen o porque aparezca Efrén?

Celia: ¡Coño, Betania, estás lenta. ¿Por qué va a ser?  ¡Por las dos vainas, mi niña!

APARTAMENTO DE CELIA. NOCHE. Recuerdo.

- Y pasé la mañana buscando los resultados médicos y me tuve que calar esas colas que se están formando, y desde que llegué estoy limpiando  el piso, hasta lavé las escaleras, pero se me botó el agua otra vez y tuve que..... –enumera Celia su calvario de ese día.

- Celia, cariño, ¿en qué quedamos? La queja no vale. Escoge hacer sólo lo que puedas hacer contenta. Digiere los malos momentos y cuéntamelos cuando ya te estés riendo, como un chiste.

- ¡Hay que ver! ¡Tú sí que eres desconsiderado!

- Pero, ¿cómo vas a estarte quejando para atraerme, para que me conduela y te quiera más o para lo que sea? ¡Coño, estoy cocinando para ti, y te arrechas porque te sugiero que agarres una onda fina o te calles! Tengo derecho a un buen ambiente y a una alta calidad de vida, ¿o no?

- Mira, Efrén, ¡anda a lavarte ese culo! ¿Cómo me vas a mandar a callar en mi propia casa, y ni siquiera nos hemos acostado en toda esta semana?

Efrén no se molesta sino que se ríe

- Está bien. Disculpa. Tenías que empezar por ahí. Ahora escoge: podemos acostarnos ahorita, ¿o prefieres volver a empezar las quejas, ¿por dónde era que ibas?

 

CARRETERA. Celia manejando. Su voz en off, serena, reflexiva.

“Nunca vivió en mi casa. Sólo venía y compartíamos con frecuencia. Pero cuando aparecían esos peos ya no me provocaba abrazarlo y menos dormir aferrada a su pecho, y esa falta de imaginación de parte mía significaba que el nuestro era un amor a medias. Sin embargo los dos queríamos hacerlo crecer. Lo habíamos programado y me gustaba la idea”.

“A veces el amor no nace, se hace”, escucha ella la voz de Efrén en su memoria.

“Ese era nuestro experimento. Pero después de la conversación sobre colaborar, se vino para acá, no me llamó por un tiempo y yo no respondí a sus llamadas aunque tenía dos celulares”

 

MAIQUETÍA. Interior de un negocio comunal. Día. Uno de los supervisores  del consorcio se da cuenta de que alguien metió a una persona porque es amigo y no porque aprobó los cursos de gerencia popular.

- Él es pana y necesita el puesto. ¡Hoy por ti, mañana por mí!

- Los que pasaron el curso están adelante y son la garantía. Él puede esperar –lo refuta el supervisor-. Que se apure en el entrenamiento. La familia somos todos, la comunidad: amigos somos todos.

-  Pero es que él es pana y al otro ni lo conocemos.

- No es con el amiguismo como vamos a protegernos, terminaríamos como las mafias. Se ve que no entiendes lo que estamos haciendo. Menos mal que la gente estuvo pendiente con la contraloría.

 

LAS TUNITAS. Calle de un barrio. Tarde.

- Alguien se hizo pasar por mí. Dijo que era de apellido Sanabria y se quedó con los materiales de construir el centro de distribución de gas –dice una vecina resignada.

- Ella tiene razón –apoya otra vecina.

- ¿Y por qué no han hecho nada?

- No sabíamos cómo actuar. Por eso los llamamos.

- Debieron darles primero las herramientas, y no el material de construcción. Un problema como éste tienen que resolverlo los vecinos. Nosotros no somos la policía en este territorio.

- De todas maneras, algo es algo, al menos nos buscaron. Eso no se va a quedar así. ¿Dónde vive?

La van buscar. La encuentran  y estaba apenas comenzando a usar los materiales. La hacen devolver todo. Entonces los vecinos quieren penalizarla.

- ¡Un momento! Si ella es culpable, los demás también. Los supuestos buenos tenemos una parte que cambiar.

- Cualquier cosa mala que haya ocurrido, aquí todos somos culpables –acepta uno de los vecinos.

- Así que a comprender y a unirnos. Pendientes para que no pase más nada.

 

CARACAS. APARTAMENTO DE CELIA. NOCHE. Celia y Efrén están conversando en la sala oyendo discos. Ella se refiere a una sobrina, que no hace nada en casa de su hermana.

- Si vive ahí, tiene que colaborar.

- A mí no me gusta así, yo no colaboro de esa forma. Dime qué necesitas o recuérdame qué hace falta y, si estamos de buenas, puedes estar seguro de que haré lo imposible. O, así no me digas, si yo me doy cuenta lo hago, sólo porque hace falta. Pero lo importante es que esté contento: esa es mi única prioridad. Así que no me digas que tengo que aportar para pagar lo que recibo de ti, o qué debo colaborar aunque sea. Ese es el otro mundo. Ahí no entro. Ahí no se puede vivir.

- Si no lo sabías, ahí es donde yo vivo: en ese mundo donde la gente paga por lo que recibe.

- Bueno, con los demás vive ahí si te gusta. Pero no te sorprenda cuando descubras que yo sólo hago lo que me da la gana. Entiendo mi entorno y me involucro del alma, hago lo que hace falta según lo que veo, o cuando me lo ayudan a ver, así no haya nada pa` eso. Pero lo hago de corazón: no para pagar nada.

- No, no Efrén. ¡La vida no es así de light!

- Claro que lo es. En un trabajo por contrato es diferente: llegas a un acuerdo, tu pones tanto y los demás tanto, todo contadito. Pero una casa no es una empresa comercial, ni nosotros somos socios empresariales. No por mi parte. Y menos si me lo dices arrecha. Ya tú sabes que cuando nos tenemos que decir algo, nos corresponde calmarnos y decírnoslo contentos.

- ¿Por qué tengo que calmarme si ya me tienes molesta con todo esto que no comprendo?

- Porque nos debemos la alegría. Ahorita, deberías entender tu malestar y recobrarla,  en atención a la calidad de vida, a la belleza y al respeto que nos merecemos como seres humanos.

- ¡Qué bonito lo pones tú!

- No es que yo lo pongo, es bonito: cuando dejas el mundo del intercambio comercial, llegas al de las acciones espontáneas, sin menoscabo, sin presión ni pagos secretos, ni temores ocultos… Las casas son el lugar para practicar eso.

MACUTO. HABITACIÓN DEL HOTEL. Celia despierta de sus recuerdos y se queda seria, como reflexionando.

 

EL CARIBE. Interior de un restaurant. Celia y el Portu desayunando.

- Yo era capaz de asegurar que todos los muchachos que hacen malabares consumen droga y que hay que apartárseles; que  los choros son los malos y los demás los buenos; que la tristeza hace falta para equilibrar la alegría y que si no existiera tristeza todo sería demasiado aburrido. Además, pensaba que las cosas jamás podrían cambiar de prisa, que quizá ni en siglos ni en milenios iba a cambiar la mentalidad de la gente –cuenta Celia.

- Y ahora que has visto algunas cosas, qué piensas: ¿crees que la gente de Caracas podría cambiar de mentalidad en cinco años?

- Bueno, yo he cambiado, un poco. Pero no creo que la gente de Caracas pueda hacerlo en tan poco tiempo.

- Tú  sí, pero la gente de Caracas no. ¿Por qué ellos no: qué tienes tú que no tengan ellos?

Celia se le queda mirando sin palabras ni respuesta.

 

CALLE DEL CENTRO. CARACAS. DÍA. Recuerdo.

-: La gente que se jode trabajando tiene sus vainas. Los pobres no progresan porque son unos flojos –dice Celia.

- ¿Cómo vas a decir que los pobres son flojos? Si el negocio no es tuyo, es lógico que no te motive tanto como a tu jefe. ¡Y si sólo te da para subsistir, menos! ¿Y cuánto ayuda a ese despego por el trabajo la escuela, que los enseña a competir y a que la mayoría tiene que perder? ¿Y no cuenta la forma como en los salones de clase los joden y los atosigan para que se vayan? Sólo se quedan los más sometidos, los más fuertes y determinados. Pero los más valientes y rebeldes se van. Tú también te fuiste, desertaste. Ahora es que estás regresando.  Pero estás regresando para tener poder tú, no para entregarlo o compartirlo –le dice Efrén.

- ¡Cóño! ¿Ahora la mala de la película voy a ser yo?

- Bueno, tú escoges: si te conformas con decir “los pobres son flojos”, entonces no te dedicas a averiguar qué mecanismo los crea, y, sin ese conocimiento, no adquieres poder para deshacer la acumulación desigual ni tienes energía para ayudar a que los pobres se vuelvan ricos: echarles la culpa es la forma perfecta para dejar todo intacto, tal y como está.

 

MARE. Mañana. Celia con el Portu.

- ¿Por qué tan pocas mujeres entre los gerentes: una de doce?

- Sólo has oído los cuentos de los primeros  que nos agrupamos. Pero a partir de ahí cada día hubo mayor proporción de mujeres. Por supuesto, solamente han llegado a gerentes empresariales las que aprendieron a pasar imágenes y a librarse de la estructura.

- Me lo imagino: no les escatimaron el entrenamiento, no las colocaron arriba por su cara bonita….

- Este es el siglo del ascenso femenino. Ya casi todos dijimos: La mujer para arriba. Ellas  muestran más empuje y ya usan sus artes para emerger, pero no nos interesa ese ascenso si permanece la dominación. ¿Para qué vale un mundo donde manden las mujeres si es contra los hombres, o contra los pobres, o si aprovechan su poder para someter más a los niños? Si por nosotros es, las mujeres gobernarán o compartirán el gobierno, pero no en el infierno,–dijo Pedro.

- ¿Y cómo aplican eso a la hora de elegir pareja?

- El salto a la armonía implica descontinuar la estructura. Quien quiere asaltar el paraíso, tiene que hacerlo a solas: hay que deshacer muchas trampas y fantasmas, lo importante prohibido, el amor imposible y doloroso....

-  El amor a medias, el amor con odio, la mentira.

- Pero una vez que eliges felicidad y armonía en vez de tormentos, estás en condiciones de unirte a quien te ame. Entonces el amor es luminoso y la familia no reproduce la miseria del caos sino que construye la armonía.

- ¿Por qué vives solo, sin pareja?

Suena un teléfono y es el de Celia.

- Dímelo...¿Betania! ... ¿Te vienes? ... ¿Ya llegaste

 

CARRETERA. CELIA VA sola,  rumbo a Macuto.

 

APARTAMENTO DE CELIA. Recuerdo.  

En la mesa los restos del almuerzo. Los dos hermanos de Celia están en el balcón, ella los invitó a compartir la tarde, igual que a Efrén, quien se encuentra a su lado, aún sentado.

- Te toca a ti lavar los platos –dice Celia.

- ¿Cómo que los lave yo? ¿Por qué no les dices a tus dos hermanos?

Ella hace un gesto de que no lo diga en voz alta, para que ellos no oigan.

- Ah, porque te van a decir que no, porque consideran que eso es trabajo de damas. Dinos a los tres: llámalos y haznos la petición a los tres y aprovechamos para conversar ese tema.

- ¡No! ¿Cómo se te ocurre? ¡Para ellos sería una ofensa!

- ¡Ah! No quieres enfrentarlos, pero a mí sí me vas a clavar la fregada, porque sabes que no me importa hacerlo: te sirve que yo sea libre, pero no te interesa liberarlos a ellos.

Efrén  separa unos cuantos platos y cubiertos.

- ¿Vas a lavar solamente lo que ensuciaste?

- Tú los formas a ellos tal y como son, eres una de las que entrenas soldados para el imperio que domina a las mujeres: lavaré todos nuestros platos cuando comamos solos tú y yo.

- Menos mal que practicas el día de fiesta permanente y el perdón general.

- La fiesta continúa, pero no quiero participar de tu costumbre de someterte a los varones. ¿Por qué no aprovechas que ahí vienen y les pides que frieguen ellos, aunque sea para  ver qué pasa, y después nos reímos?

- ¡Que no, te dije! ¡Cállate!

 

CARRETERA, Celia manejando sola, rumbo a Macuto, recordando su conversación con el Portu en Mare.

- Es difícil. Las que se me acercan, no quieren cambiar su mentalidad. Vienen para que las premies por su belleza exterior o por su entrega. Sobrevaloran la entrega sexual, uno las acostumbró a que esa entrega vale demasiado. Las mujeres fueron por tanto tiempo un objeto de deseo, que ya se habituaron a ser una trampa de seducción: te seducen y eso es un acto de poder, no incluye el cambio íntimo del seductor. Y si tú las buscas es peor…

- Me consta que muchas mujeres somos unas coñosdemadre a cuenta de que antes estábamos sometidas.

- Si tú las buscas, entonces quieren que las ames tal y como son: ésa es tu prueba de amor. Yo entonces las amo, pero de lejos. Porque para vivir en una misma casa hay que tener un arte de la compenetración psíquica y espiritual y eso implica cambio de parte y parte. La unión es algo más dinámico que acostarse.

- Pero, sueñas con tener alguien cerca de esa manera

- ¿Quién no?

 

CAFETÍN DE MACUTO.  Tarde. Celia conversa con Betania.

- La mente me da vueltas: ¿y si fue un ajuste de cuentas a manos de algún sicariato? –dice Celia-

- ¿Pagado por quién? –pregunta Betania.

- Bueno, sobran los motivos. Quizá molestó a alguien en las esferas religiosas. Porque él no cree sino en un más allá que es el universo y que nos ampara amablemente, pero no le prende velas ni le reza ni le pone nombres. Yo tenía todas las hipótesis, pero desde que descubrí que los promotores están guisando algo, he vuelto a comenzar, tratando de conseguir una respuesta: ¿con quién se encompincharon, a quién se vendieron?

- Estás paranoica. Pero tienes razón en que hay mucho dinero involucrado en todo esto. Y, además, ellos tienen muchas cuentas pendientes, molestaron a muy poca gente, ¡precisamente a la gente con más poder! –elucubra Betania.

- ¿Quién los está chantajeando? ¿Son represalias por los guisos que se destaparon? ¿Y si Efrén pretendía irse para otro territorio, y los caciques  de allá temieron perder sus mercados también y lo mandaron a desaparecer?

El mismo lugar, media hora más tarde.

- ¿Y qué dijo la prensa sobre el posible saboteo mecánico? Yo escuché unos rumores de que había recibido amenazas de los importadores de pollo, que se estaban quedando sin ganancias por la producción nacional –dice Betania.

- Nada de eso ha sido investigado a fondo y nadie me saca de la cabeza que los promotores tienen que ver en esa apatía. ¿Y si lo tienen secuestrado para apoderarse de las empresas, desmembrarlas y quedarse cada una con la suya?

-: Déjame a Juan Rey quieto. Yo creo más que fueron los políticos. ¿No te enteraste? Efrén insistió demasiado en que no deben lanzarse de candidatos a la Asamblea quienes no hayan creado una empresa noble o liberado algún barrio, tal y como ellos conciben eso de la liberación. ¿Tú leíste la última entrevista que le hicieron? ¡A quién se le ocurre decir eso en un año electoral?

 

UNA OFICINA DEL CONSORCIO. El periodista y Efrén, ambos sentados a una mesa bajita con bebidas.

- Si tienes un partido, debes responder: ¿Para qué sirve, qué tipo de empresas ha fundado, qué barrio sin dominados, cuántos liceos ha liberado? –asegura Efrén.

- Esa palabra “liberado” es muy ambigua, puede decir muchas cosas –dice el entrevistador.

- Aquí, “liberado” quiere decir que en esos sitios ya no exista el sufrimiento ni la dominación. Quien tiene sólo boca, palabras y promesas, pero no esos hechos diferentes, es que no sabe construir otra sociedad sino que está tratando de montarse a joder o a mover una ilusión.

 

CAFETÍN DE MACUTO. Tarde  Ellas están entrando al carro y se van en él. Conversan. El paisaje a veces se desliza al fondo.

- O sea que tenemos también la posibilidad de que hayan sido los políticos de la oposición, o los del gobierno. Ambos bandos se han estado dividiendo últimamente, por un lado los que desean dedicarse a entregar poder, y, por el otro, los que quieren conservar los privilegios de antaño -dice Celia.

- ¿Y cómo vamos a hacer con los papeles secretos?

- Tengo que revisar esos documentos, no sé cómo. Ya contraté un detective. Él sabrá qué hacer. Aunque no puedo aferrarme a nada….. ¿Y si fue víctima de los traficantes, heridos en el bolsillo por cada persona que aquí ya no necesita la felicidad dependiente?

 

TERRAZA DE LA SARDINERA. Maiquetía. Tarde. Celia y Betania  están sentadas en un acogedor cafetín de techo azul ondulante, hecho de plástico reforzado, puesto artísticamente sobre soportes  cilíndricos de aluminio sin pintar, y con horizontes en el mar y la montaña.  Entran en el local Juan Rey y su esposa. Se sientan  en una de las mesas que dan al mar.

-  ¿Y por qué anda con esa mujer tan fea? –exclama Betania apagando a duras penas la voz.

- No es esa mujer, es su esposa, y no es fea, ¡es fenomenal!, tú no la conoces. La ves fea por la envidia –le dice Celia.

- ¿Tú crees? Ay, dios mío. ¿Por qué yo, que no soy tan exagerada y me cuido, no levanto nada?

Celia y Betania ven llegar a Monchito, a Jéferson y al Portu, quienes, tras saludarlas, se sientan en la mesa de al lado. Betannia le echa el ojo a Pedro  mientras Celia se va un segundo a su mundo del pasado.

 

CARACAS. INTERIOR DE UN MICROBÚS. Celia y Efrén.

- Pues créelo, no me tomo en serio lo de decirte las vainas. Sé que podría pasar toda la vida diciéndote detallitos sin que eso te llevara a aprender cómo disolver por ti misma las imágenes y  librarte del dolor –le dice Efrén.

- Eso no te lo creo. ¿Para qué me dices todas esas cosas entonces? ¡Tú piensas que en realidad es importante que uno cambie y haga las vainas como tú las haces! –le dice Celia.

- ¡Yo no quiero que seas como yo, no se trata de que alguien copie y siga a otro: eso no cambiaría el mundo! Lo que me interesa es que subamos los niveles de comprensión y que, a partir de un momento, te divierta descifrar la vida por ti misma. Ese es el problema, el problema no, el asunto: hasta ahora no vives descifrando sino copiando, no a mí, sino al sistema, estilo zombi.

- ¿O sea que, contigo, yo siempre voy a resultar siendo la mala?

- Si no decides exterminar el dolor y las dominaciones donde sea que se te presenten, eso me dice que repites el sistema. Pero no voy a decir que seas la mala por eso, aunque te hagas daño. Diciendo que eres la mala no arreglaría nada. Pero tampoco  voy a frustrarme porque quizá no cambies nunca. Me corresponde permanecer comprendiendo. Mi trabajo es no molestarme contigo por eso, ni por nada, ni con nadie. Mi trabajo es ser feliz.

 

TERRAZA DE LA SARDINERA. TARDE. Celia y Betania en una mesa, en la contigua Monchito,  Jéferson y el Portu

- En verdad está sabroso eso allá arriba, pero me vine. A mí lo que sí me tienta de Caracas es el Metro. Tengo la secreta fantasía de irme y ayudarlos antes del colapso. Hacerle frente a ese lío gigantesco de seis a nueve de la mañana y de cinco a ocho de la noche. Darle una alternativa a ese retorno a la selva. La gente se vuelve fiera rapidito ahí –dice Monchito.

- Yo iría a poner de moda una norma muy sencilla que existe, pero que ahorita nadie está aplicando -dice Jéferson.

ESTACIÓN DEL METRO en Sabana Grande. Una escalera mecánica donde nadie avanza caminando. Jéferson, con uniforme, imita la voz de un operario:

“Nadie que quiera ir lento debe ponerse a la izquierda, porque entorpece el flujo. Puedes achantarte, pero entonces, por favor, quédate en tu derecha y permite a los de tu izquierda ir con toda la rapidez que deseen”.

TERRAZA DE LA SARDINERA Reunión al atardecer.

-  Cada vez que entro a una cabina de esas y veo que los usuarios no le reclaman a los que ponen el radio del celular para todos -¡esos radios tienen la peor calidad de sonido si los pones para todos, eso es ruido!-, cuando veo eso me digo, ¡coño, me vine yo y Caracas se volvió monte y culebra! -dice Monchito.

- Nadie reclama, ésa es la costumbre sagrada de las ciudades tomadas. ¿Y los que se ponen en la puerta y no se mueven de ahí así vayan a quedarse diez estaciones más allá? –dice Pedro Luis.

Betania se acerca a Pedro.

- ¿Y los que no te dejan salir, desesperados por entrar ellos? ¿Y los que se quedan taponados en la entrada?

- ¡Hay que asesorar al Metro para que muevan a esos trastornados de ahí! Pero el colmo es que los desquiciados se molestan si uno se mueve buscando la salida antes de llegar a una estación, para ir ganando tiempo, estar  cerca de la puerta y salir más rápido.

PUERTA DE UNA CABINA atestada de gente. Jéferson trata de moverse hacia la puerta y lo ven feo.

- Un permisito, porfa, para irme acercando a la puerta –solicita Reimer.

TERRAZA DE LA SARDINERA

- Y son capaces de decirte: “Todavía no ha llegado”. Y cuando la puerta abre, el estorbo todavía no se mueve sino que se queda ahí como un trompo llevando topetazos de los que entran y salen.

- Hace falta que el Metro abra los ojos –sugiere Calixto.

ANDÉN DEL METRO. Calixto avanza con un altavoz imitando a un operario.

- “¡Abandonen la puerta! Señores, por favor, no permanezcan en la puerta a menos que estén a punto de salir. Ese espacio debe mantenerse despejado para la entrada y salida de pasajeros!”.

TERRAZA DE LA SARDINERA. Reunión.

- ¡Monte y culebra!  -exclama Monchito.

Celia está distraída sumando las veces que, desde que sugirieron que Efrén quizá está “dejando el pelero”, se les ha oído hablar de que a ellos también les provoca irse a buscar una nueva aventura y de lo que harían en esos otros lugares.

- ¡Tengo uno preparado para cuando vayamos allá! –dice Calixto. Llego con un radiesote apagado y, al entrar a la cabina: 

CABINA DEL METRO. El negro Calixto vestido de estrafalario rokero entra con el radio apagado, pero ahora lo prende, le sube el volumen y nadie le dice nada con palabras, pero, los que no están a su alcance visual hacen gestos y ademanes reprobatorios.

A los tres minutos, cuando todos ya han echado sapos y culebras por dentro “Este negro de mierda” etc, apaga el radio e interpela a la audiencia.

- ¿Por qué no me reclamaron? Sólo tienen que aprender cómo hacerlo con éxito: «Hablar con total confianza en el otro, sin intención de agredir, dulcemente, para un amigo. Hay que calmarse primero, respirar muy hondo sirve».

Calixto prende otra vez el aparato y les grita.

- ¡Practiquen, pues, reclámenme ahora! ¡Vamos a hacer una prueba! –los anima gritando, para poder vencer el ruido de su radio.

Varios se ríen, una señora lo ve como un doble abuso y carga sus gestos de ira reforzada, los otros la corrigen

- Él tiene razón –dice un pasajero.

 

TERRAZA DE LA SARDINERA. Noche. Ellos arreglan las sillas de su mesa, toman distancia y se disponen a trabajar, dejando por fuera a Celia y a Betania.

- Okey, vamos al grano –dice Jéferson.

Celia y Betania se miran cómplices y entienden que no quieren ser interrumpidos. Se enfrascan en su propia conversación.

TERRAZA DE LA SARDINERÍA. Maiquetía. Noche. En una mesa está Betania sola, leyendo en la laptop, mientras en la mesa de al lado, los promotores hablan de negocios.

“Yo amo es conquistar, vencer la lejanía, deshacer la separación” –lee Betania apuntes que escribió Efrén.  Pero no tuvo acceso a los archivos que estaban encriptados debajo de estos, asequibles en el nivel superficial.

PLAZA DE LAS PALOMAS. Tarde. Efrén pasea con lentes oscuros. Sigues oyendo su voz.

“...Instalarme en la cuna de las posibilidades. Sólo tomé dos rones temprano, bueno, fueron cuatro, pero cortos y ando muy contento, como un real turista que soy. Ahora las veo”.

A un lado, las dos chinas hermosas y jóvenes, ríen y sacan fotos a los animales y al paisaje. Llevan ropajes ligeros, modernos y porte de viajeras.

“Quedo extasiado. No saben cuánto adoro a las chinas. En mi vida anterior, si eso existe,  seguramente fui chino”.

- ¿You come from China?” –le pregunta Efrén a la china más cercana a él.

- No, no –responde la china interpelada, acercándose a la otra.

Ambas ríen. Él insiste para averiguar qué significan las risas

- ¿Are you venezuelan?

-  No, no –dicen las chinas al unísono.

Pero esta vez se retiran más lejos aún de él, quien lo deja de ese tamaño para no ser un acosador.

 

PASEO DE LA PLAYA. Tarde. Efrén ve a una muchacha negra, que viene de frente hacia él sin reconocerlo y recuerda que la conoció esa mañana y que es linda y pícara.

INTERIOR DE UN MICROBÚS EN MARCHA. Mañana. Hay dos muchachas sentadas en asientos contiguos. Una es la que Efrén acaba de ver en la plaza y lleva un mínimo pantaloncito corto y una diminuta prenda sobre los senos, que le deja descubierta toda la espalda. La otra es más bonita, estilizada con maquillaje, mirada serena de reina egipcia y lleva más ropa. Pero la del reencuentro en el paseo es más riente y lo aborda apenas él llegar al transporte.

- ¿Cómo se te ocurre andar con ese suéter con este calor?

- No es un suéter, es franela y es fresquita. Yo no tengo calor –responde Efrén.

Ella hace gestos de incredulidad, de angustia, de repudio al calor. El autobusete está medianamente lleno.

- ¿Cómo no sientes calor si está insoportable? ¿Qué andas fumando?

- Concéntrate en la brisa, y el calor desaparecerá –le recomienda Efrén.

Pero ella no le para. No ha dejado de echarse aire con desparpajo, coqueta, como llamando la atención sobre sí. Efrén está enfocado en ella y olvidado de la amiga. La chica habla como para que la vean.

 - ¿Tú crees que este calorón es porque va a temblar?

- Sea lo que sea, está bien ahí, Asustándonos no lo vamos a devolver –responde Efrén.

Está atrapado sexualmente por la alegría de la chica, por su piel; su juventud y su locura le parecen una delicia y un regalo, le llama la atención su parlachinería, su risa constante, su echarse aire con ganas de que la noten. Se enamora de su confianza con la vida.

PLAZA DE LAS PALOMAS. Efrén caminando hacia la morena de las greñas.

“Esta mañana me arrepentí apenas despedirme de ellas y bajarme del micro. Pero ahora ahí viene, ella sola. Adivino que anda cambimbeando, o quizá prostiputeando, pero me rindo a su desenfado y a su cercanía innata”.

- Esta mañana me dolió irme. Pero ¿ves que linda es la vida? Ahora no te voy a soltar –le confiesa Efrén acercándosele de frente.

Le toma con suavidad los dos hombros desnudos y la atrae un poco para un beso de cortesía sensual.

- ¡Hola cielo! ¿Viniste a consolarme? Mi novio me embarcó, pero viene mañana. Y me voy a ir con él para Margarita por un buen tiempo. Allá voy a estar más protegida.

Efrén la abraza con una sola mano por sobre los hombros al tiempo que cambia su rumbo por el de ella y ahora caminan los dos. Ya él sabe que ella se irá al día siguiente sin contemplaciones, según sus planes preconcebidos, con quien le garantiza una estancia cómoda en este planeta, incierto para quien no sabe deshacerse del calor de febrero. Ninguno de los dos cree que ella vuelva.

 

- El buen tiempo es éste de nosotros mientras estemos juntos. Ya tú vas a ver cómo somos novios aunque sea por hoy y que nos vamos a acostar esta misma tarde para celebrar el amor sin fronteras. 

 

197 TERRAZA DE LA SARDINERA. Betania sentada con la laptop abierta. Llega Celia que estaba en el sanitario y su amiga le extiende la computadora.

Betania: ¿Tú leíste esto?

Ella observa y asiente.

Celia: Sí. Y lo que sigue también.

Betania echa un vistazo al aparato y comienza a leer: “Yo amo es seducir, vencer el miedo, acortar la distancia”.

“Encontrarme con lo distinto. Si no te tuviera, aún estaría buscándote. Pero te tengo y ya estás en el universo de todas mis posibilidades abiertas”.

HABITACIÓN DE UN LUGAR INDEFINIDO. Efrén y la bella morena en escenas  artísticas de acercamiento sexual. En el fondo se escucha una canción: “Tú, el Paraíso Terrenal, el fuego de las alturas, la más perfecta celebración. Profundidad del océano de la existencia, amistosa coincidencia, el vuelo labial certero, el aterrizaje inaudito, la promesa efímera o fugaz, el recuerdo para toda la vida. La seguridad de la alegría eterna. La más mágica compenetración. Sonrisa infinita, adoración sin cadenas”.

 

TERRAZA DE LA SARDINERA. Ya todos están en una misma mesa. Llegan dos muchachos y se sientan. El alto anda con un morralito, estaba haciendo pasantías con Jéferson y ahora irá a una empresa como asistente del gerente. El otro, usa casi imperceptible barba y es más gordito. Son alumnos aventajados de la Escuela de Cuadros.

En una laptop, observan dispositivos de la primera generación de videos, que codifican fílmicamente situaciones comunes: pelea porque alguien eructó en público y otro se lo agarró para él, caso del que se contagió la mala cara de un transeúnte, percance de otro que se dio mala vida en el micro porque en los puestos de atrás tres parejas de mujeres hablan hasta por los codos.

-  Los veo algo lentos, pero cuando los reformule te los traigo para que evalúen los cambios –habla sobre lo visto el aprendiz delgado.

- Sí. El lenguaje es ya obsoleto. Te vamos a traer también unos que hicimos recientemente –advierte el otro.

Un par de sillas más allá.

- ¿Quién iba a pensarlo? Somos los promotores del paraíso y nuestra tarea principal es elevar a nuestros semejantes a la regencia activa: ayudamos a que todos los demás humanos asuman su función estética primordial: regir, ordenar y embellecer la divina heredad –se admira el Portu.

- ¡Esta vida es realmente un privilegio: Tener un cielo qué administrar y descubrir qué hace falta aquí para que todo progrese, así nadie más sepa o entienda. Éste es nuestro premio por haber asumido la indigencia -asevera Jéferson.

- ¿Por qué dices la indigencia, y no la delincuencia? –suelta Celia de sopetón.

- Porque, antes de escalar hacia la empresarialidad de rango humano, los que delinquíamos dejamos esas artes y asumimos la indigencia: el compromiso de no agresión, la amistad con todos los seres humanos, costara lo que costara. Éste es nuestro premio por haber aceptado aquella verdad.

- Antes de venirnos para acá, hicimos esa obligatoria pasantía entregados a la vida vulnerable en los brazos del universo, la infancia cósmica –lo adorna Johny-.

- Deambular por los sitios sin depredar, en manos de la gente que ya creía en nosotros y nos protegía por instinto. Por intuición del cielo. Sin esa entrega a lo sagrado, a lo divino,  no hubiésemos podido crecer hasta aquí –dijo Jéferson.

- Hubiésemos llegado a cualquier otro lugar, pero no aquí –dijo Juliana.  

- Cuando los seres humanos desconocemos, dudamos u olvidamos cómo hacer el trabajo sagrado, quedamos atrapados en pequeñeces que dejan a mucha gente como subalterna subyugada. Entonces el paraíso toma la apariencia de un establo con amos y animales –comenta el Portu.

- Ese descuido de olvidar lo primordial es la causa de todos los dolores de cabeza. Sólo cuando ayudas a que todos gobiernen eres feliz –dice uno de los aprendices, sumándose a los brindis.

- Pero los regentes, paso a paso vamos aprendiendo y al final estaremos todos gobernando sabiamente el Edén y desaparecerá totalmente la infelicidad –dice el otro.

- Te faltó, de la faz de la Tierra –lo completa El Portu.

- Di mejor, Yo le hubiera puesto: “y desaparecerá totalmente la infelicidad de la faz de la Tierra” –lo corrigió alguno, pero Celia no lo notó, por estar viendo sus propios pensamientos.

- “De golpe me doy cuenta de la enorme brecha que estos seres han creado en mi mundo: Yo sola jamás hubiera imaginado, ni siquiera sospechado, menos creído que el paraíso se podía construir” –dice Celia para sí.

 

HOTEL DE MACUTO. Mañana soleada y brillante. Celia despide a Betania, la ve alejarse y recuerda.

CONVERSACIÓN TELEFÓNICA con la montaña de por medio,  Efrén frente al mar, ella en su casa de Caracas.

- No pienses mal, Celia.

 - ¡No estoy pensando mal!, estoy repitiendo lo que me dijiste.

 - Sólo quería que supieras que cuando hay feelling, el juego en la piel es fácil y decisivo, pero lo nuestro es más que eso. Nosotros no necesitamos el sexo, vamos a algo muy hermoso más allá de la piel. Lo nuestro es más sagrado y duradero. Tú vas a ver.

Ella corta y se queda pensando.

 

MACUTO. CERCANÍAS DEL HOTEL. Día. Celia viene caminando cuando de pronto llega un carro y se bajan apresuradamente y dando voces algunos promotores. Gritan que lo localizaron. El llanto de Juliana obliga a Celia a pensar lo peor, pero intenta atar otros indicios que no cuadran en una escena fúnebre, los semblantes de los que llegan están radiantes.

- Nos llegó un mensaje -dice Monchito.

- No avisamos antes para confirmarlo primero y no alarmarnos en vano –dijo Jéferson.

- Las lágrimas de Juliana son de alegría -aclara Réimer.

- Efrén no subió a la avioneta, pero estaba inocente de todo y por eso pasó tantos días sin dar señales.

- Estaba internado en la Misión Camilo Manrique, unas siembras experimentales en una aldea ecológica más allá de La Sabana, ya en el otro estado -confiesa Monchito.

- Quizá dio por terminada su correría por aquí -supone Jéferson-. Es decir, a lo mejor no viene más.

 

LA GUAYRA. CASA GUIPUZCOANA. Mañana. Johny Díaz acompaña a Celia. Ella tenía que hacer tiempo hasta la hora de salida del ferry para La Sabana, y aprovechó para acercarse a contemplar la última exposición de Johny en la hermosa mansión vasca. La muestra consiste en una secuencia  de trabajos visuales que imitan los cuadros del pintor Rodríguez, pero son fotografías a todo color y pintan el antes y el ahora de Macuto.

- ¿Y por qué once? –pregunta Celia.

- Tú has entrevistado a once, que fuimos los primeros, pero somos muchísimos más. Las empresas son más de cien. Y ya la mayoría son dirigidas por mujeres. Por ejemplo, Enriqueta Muller, que era una potente predicadora cristiana, se vino con nosotros cuando vio que las comunidades asesoradas por nosotros se hacían ricas y que ninguna de las orientadas por la iglesia se había enriquecido. Se enriquecía la iglesia, pero no la comunidad. Ella dirige la compañía de ferrys, que tiene capital de la gente de todo el país y les entrega dividendos. Y están Maria Teresa y Danilo, que eran cuenta cuentos y se nos unieron en el Playón. Ellos dirigen la comercializadora de granos y cereales, que abaratan los precios y, aun así, entregan beneficios. Y como ellos, muchísimos más, Anacaona, Paula C.  Todos los salidos y las salidas regentan empresas. Pero, si te gusta el número doce, es tuyo, busca desde donde producir riqueza social y date.

- Me da tanta pena haber pensado mal de ustedes. ¿Quién iba a sospechar que lo del papeleo secreto era que le estaban cambiando el nombre a la corporación, para llamarla oficialmente EfrénCorp? –se lamenta Celia.

- Quisimos que fuera una sorpresa, porque había la posibilidad de que Efrén se opusiera. Pero, ya dijo que no: cero culto personal, dijo. Así que el cambio no va. ¡Pero, era sólo un cambio de nombre, algo que podemos hacer los gerentes solos, y que para nada afecta el régimen de propiedad social! –aclara Johny.

- Si. Me lo dijo el asesor jurídico que contraté. El régimen de propiedad está blindado y es inviolable, el conglomerado es de todos, como Pdvsa, pero local del estado, y cambiar eso requeriría una asamblea de toda la población -reconoce Celia.

- Te quedan  aún por contactar la mayoría de los gerentes. Pero ya sabes a qué nos dedicamos. Lo que realmente nos ocupa, nuestra verdadera tarea es formar gerentes de lo público. Ayudar a que cada ciudadano sea un gerente social: un gerente de lo humano. Un Promotor del Paraíso –dice Johny.

 

ESTADO MIRANDA. Plantación adentro. Celia y Efrén conversan en un campamento campesino de la montaña, rodeados de equipos de labranza. A lo lejos unos viveros cubiertos, árboles frutales cargados, una quebrada que va a dar, allá abajo, a un río.

- Antes de venirme estuve haciendo un blog con resúmenes de película. El más elaborado era “San Bernardino Resucitado”, pero también me gustaba “El Señor de los Ruidos”. Nunca pensé que los promotores ayudarían primero a hacer esos prodigios y que luego filmarían los hechos, ya acontecidos: sabía que la realidad me superaría, pero no tan rápido –le dice Efrén.

- Y la gente está logrando lo que se propuso con las protestas. Ya sentaron al Gobernador y están discutiendo lo de la Zona Especial de Desarrollo Paradisíaco. ¿Tú imaginaste que eso se podría alcanzar?

- Sinceramente sí. Soñaba con replicar Mochima, una especie de santuario donde toda la vida transcurre diferente. Claro, ¡no sabía que la gente maduraría tan rápido como para exigir el salto definitivo! Es increíble.

- No sabes cómo me apena haber dudado de los promotores.  Fue como dudar de tu trabajo.

- Tranquila. No sabías lo blindadas que están esas empresas. Su fortaleza verdadera comenzó cuando hubo gente capaz de hacerles seguimiento y contraloría. Eso nunca va a dejar de ser de todos.

- Si no es por el accidente, no nos vemos.

- Tantos años sin oírte. Desde aquella pelea por teléfono, donde insistías en que la gente no cambia. ¿Qué piensas ahora?

- Tenía un problema de baja energía y escasa información. Ahora ya sé que las personas y las cosas sí cambian, pero lo sé después que lo ví. Dependí de la realidad y de los hechos que hicieron otros, y me pregunto ¿Por qué ustedes sí fueron capaces de creer en el cambio sin verlo?

- ¡Yo también lo vi! Sabía que había ocurrido en otros lugares, de manera dispersa o parcial, pero también vi antes de creer. Lo que hice fue armar el rompecabezas adaptado a los pueblos del mar.

-: Pero también hubo creatividad, proactividad y arrojo de parte de todos los promotores que escogiste. Me hiere no haberte ayudado.

En ese momento, Celia vio a la mujer que la observaba en silencio desde el portal de la cabaña, enigmática, semisalvaje, mestiza con rasgos de india y de negra, el pelo oscurísimo, la mirada retadora, salida desde muy adentro, desde el misterio más insospechable, pero casi sin temor. Celia sólo acertó a imaginar otro mundo.

- Yo tenía una ventaja: aprendí desde niño que el cambio es eterno y que la sociedad es para cambiarla. Mientras que la mayoría aprende que la vida es fija e inmutable, y que la gente debe respetar lo que está hecho y no cambiar nada para no meterse en problemas.

- Conmigo lo lograron –lo refrenda Celia-. La escuela me enseñó a dejar a los líderes hacer lo que les diera la gana, y a los empresarios, y a los religiosos: me enseñaron a obedecer.

- Te quise enviar todo para que tuvieras elementos y pudieras prepararte. ¿Qué harás ahora?

                 

TANAGUARENA. AUDITORIO de la División de Servicios para la Mutación. Reunión festiva, para celebrar el éxito de taquilla del último film de la Corporación del Mar. Todos están saliendo e instalándose en sillas y mesas, alrededor de la piscina. Celia piensa: “No estamos todos los promotores, pero le entrego  la tarea al que tengo más cerca”, y habla con Pedro:

- Si tú dices que los demás no cambian, no los ayudas y, si por ti es, nada se transformará. Si no cambias tú, no crees que los demás lo puedan hacer y entonces ni siquiera moverás una paja para lograrlo, y no habrá un nuevo país.

Hay gente del mundo del cine y el teatro. Empresarios extranjeros, inversores nacionales. Elementos de los cuerpos de la Onu. En una pared, fluye un video sonoro con la historia y los alcances del grupo económico. 

- “Si eres nulo para el cambio,  por ti pueden pasar siglos sin que varíe una costumbre o una moda. Si dices que la gente cambia poco a poco, entonces mueves media paja y logras cambios superficiales, pequeños, parciales, incompletos”.

Hay mujeres hermosísimas con trajes espectaculares y personas sencillísimas que deslumbran por su luz propia. Algunos usan alpargatas de lujoso cuero, hay invitados vestidos de blanco y atrevidamente descalzos.

- “Igual a si o si dices que sí, pero lo afirmas por conveniencia, para defender tu sueldo o algo parecido”.

- ¿Dónde está Efrén? -pregunta una periodista.

- Ahora está en Mochima. Quiere desviar la inversión que aquí sobra, para  vencer allá el desempleo y el enriquecimiento desigual –le dijo Jéferson.

- Si crees que habrá cambios, pero que serán lentos y difíciles, la transformación que auspicias será lenta y dificultosa. Pero si averiguas qué es lo que cambia en una persona, y lo pruebas en ti, y te vuelves especialista del tema, descubres el proceso de cómo cambian las personas y, a partir de ahí, lo que hagas tú va a ayudar mucho a que cambien las cosas cada vez más aceleradamente –le murmura Celia al Portu cerca del oído para seducirlo.

El video en la pared despliega detalles sobre la novedosa estética de embellecer la vida, más allá de toda idea de defensa personal o de comodidad particular que olvida la globalidad circundante. El móvil no es el enriquecimiento de los empresarios, ni la explotación de los que necesitan comida, vivienda u otros bienes, ni la ostentación de lujos para marcar supremacía social.

- Es decir, todo es un problema de calidad de la información y de la energía, como dice el otro. Si conoces el problema y su proceso, entonces serás capaz de elaborar programas destinados a que toda la población se vuelva proactiva revolucionaria-democrática: y que todos manejen la conciencia para producir cambios que hagan falta en la humanidad –dice Celia su cartilla, elaborada por ella misma.

El Portu se queda pensándolo y la interroga.

- ¿Recuerdas aquél día? Tenías aquí como una semana, y te hicimos una pregunta.

- Aquella vez me quedé callada. Pero ya sé qué tengo yo que no tienen los demás: información y energía, y corrijo mi respuesta: Si las adquirí, es que se pueden transmitir, y eso es lo que haré. ¿Puedo sumarme a los promotores?

- Para mí, serás la número doce –le dice Pedro Luis.

 

Video en la pared: “Enseguida el gobierno les prestó total atención y los escogió de modelo para dinamizar desde allí un sinnúmero de proyectos. Por su parte, organismos internacionales como la UNESCO, la Fao y el Pnud, tras un serie de visitas, activaron un copioso financiamiento. El flujo de toda esa cuantiosa inversión  ha producido lo que se ha dado en llamar el Milagro del Mar....”

 

- No lo hago porque me lo hayan pedido, ni movida por la culpa. El me perdonó, aunque sabemos que no es perdonar sino comprender. Y no había culpa sino en mi mente. En fin: voy a desarrollar dispositivos para formar aceleradamente líderes: transmitiré energía e información o, mejor dicho, las pondré por ahí a la disposición, y que la vida decida qué hacer con ellas –proyecta Celia.

- ¿Qué es concretamente?

- Es un proyecto para acelerar la formación de líderes capaces de entregarle poder a la gente.

- ¿Acelerar más todavía?

- Sólo hay que imaginarlo y probarlo uno primero. Si uno lo hace, los demás lo pueden hacer. 

Pedro se queda frío, pero enseguida reacciona:

- Muy bien. ¡Estás creciendo pequeña!

Y le abarca el hombro izquierdo con una mano, desde su asiento, pero ella siente que le abarca los dos hombros, la espalda, el pecho.

“Actualmente, las empresas del consorcio suman más de un centenar y dejan pequeñas a las  doce empresas iniciales, a las cuales se han incorporado una flota pesquera, una comercializadora de títulos valores, otra de harina de maíz, de arroz, de alimentos para animales, de granos, un diario, una red de emisoras comunitarias, la central inmobiliaria, una  compañía de almacenaje aduanal, seguros, una red de bloqueras, una cementera, una red de instalaciones agropecuarias, una promotora agrícola, gestión de seguridad marítima, una empresa de Ferrys .....”

 

Betania anda con una amiga de Caracas

 

- ¡Ay mana, estos hombres sí que están buenos! ¿Tú crees que entre tantos empresarios pueda conseguir al hombre de mi vida? –especula la amiga.

- No te ilusiones. Los del consorcio son gerentes, pero sus sueldos son igual a los sueldos mínimos que paga cada empresa. Lo hacen como un ejercicio de humanidad –le dice Betania.

- ¿O sea que ninguno en este gentío tiene plata?

- Los de aquí, no, amiga. Viven  en las urbanizaciones que viste, donde viven todos. Tienen carros de hace diez o veinte años. No se mudan para urbanizaciones exclusivas ni para búnkeres súper protegidos. ¡Claro, aquí ya todo es habitable, van rumbo a la delincuencia cero!

- ¡Coño, Betania! ¿Cómo se te ocurre traerme para esta vaina? ¡Tú me dijiste que todos eran gerentes!

- Te dije, vamos para una fiesta de los “los gerentes descalzos? Si tú oíste nada más gerentes y borraste lo demás, ese es tu peo.

- El fenómeno más sorprendente es que los ricos de La Guaira, que no invertían en el litoral central, terminaron convencidos por los promotores del paraíso de invertir en esta franja marina, el lugar más privilegiado del continente –le comenta Jéferson a un inversor extranjero.

-  Ahora quieren invertir con nosotros –informa Réimer-. Y ellos, que solían vivir en Caracas,  Margarita o Miami, ahora se mudaron para acá, porque es más sano y están cerca de sus negocios.

El Portu se paró por unos instantes, rumbo a  los sanitarios, y Celia tiene tiempo para un último recuerdo, algo que leyó entre los menajes que Efrén le enviaba y que ella recibió diferidos, años después, ya perdido todo contacto visual o telefónico.

“Hay que reconocer que cuando estuvimos enganchados hubo algo que calzaba completo, se cerró un circuito principal, comencé a descubrir detalles antes ocultos para mí, muchas cosas que no andaban empezaron a funcionar bien. Pero lo del feelling corporal y la locura de la piel no maduraba, se acumulaba el desencuentro.

“Te seguía buscando porque no quería despedirme del sueño, pero la realidad se impuso  totalmente”.

“Y entonces aquel pana dijo “Hay hombres desesperados”, y me vi retratado, intentando algo que no iba, que no tenía la química esencial, que no cumplía la ley del menor esfuerzo: la flor sale porque sí, el sol sale porque sí, lo nuestro no avanzó porque no”.

Celia ve a Pedro Luís avanzar hacia ella y se dice que su venida es como el sol saliendo, porque sí.

 

Epílogo

 TEATRO TERESA CARREÑO. Sala José Félix Ribas.

El público está esperando que se arreglen los músicos de Watunna II. Celia y el Portu están en las filas centrales de asientos y Monchito, con Jéferson y Calixto, junto a sus damas, escogieron sentarse dos filas más adelante.

- Watunna II, es música hecha por gente formada en la academia, pero que ahora está usando su saber para reinventar los sonidos y el misterio de la selva –les informó Celia temprano.

- Me dijeron que en Watunna I dos chamanes solistas, en un claro de la orquesta, hicieron con sus vientres y gargantas música para curar -comenta Pedro.

- Si, yo la vi y por eso le dije a Monchito que viniera a ver ésta –se emociona Celia.

- Y él convenció a los otros para que lo acompañáran -dice el Portu.

- Pero en ésta II, los chamanes  entrarán en el momento culminante para emitir cantos y frases de celebración, de gracias a la naturaleza y armonía con la vida y el universo –resalta la nueva promotora.

 

COMIENZA La jornada musical y crea como un bosque eternal impregnado de voces inauditas,  sugerencias y caminos para deambular despierto. A los cinco minutos, parece que Monchito no pudo resistirlo, se sale llorando a moco suelto. Sus amigos lo van a buscar hasta  el pasillo.

- En esos minuticos vi pasar quinientos años, millones de muertes y despojos, para que la cultura llegara al principio, a saber que lo aborigen significa un universo cultural respetable, trascendente, y que el afecto por la naturaleza es una música celestial compuesta con todos los sonidos,  el agua y el aire, la noche, los animales, el misterio eterno..... –dice Monchito aún con lágrimas en los ojos.

- Está bien. Es muy hermoso, pero vamos a entrar, para que no te pierdas la mejor parte –lo invita Celia.

- Tómate la pastilla y vente –le dice Pedro.

Aún en el pasillo, pero ya recuperado, yendo hacia la puerta, Monchito se explica.

 - Gracias por irme a buscar –confiesa-. Lloraba de alegría.  Porque el concierto es en realidad una reverencia y una disculpa, la plegaria de júbilo porque ya se cerró el ciclo, la unificación después de la disputa (respira hondo), la vida al aire libre, el fin del acoso mutuo, la vacación permanente.

- El cese del estado de sitio –lo ayuda Jéferson.

- La paz después de la guerra –apoya Calixto.

- La armonía después del caos –completa Celia, contenta con sus nuevos amigos.

Casi se ponen a llorar, esta vez todos, pero entran y se sientan y, tras un rato de calma aparente, el Monchito se exalta de nuevo, pero ahora no se sale ni llora. Se levanta del asiento y se va y da pasos por el primer pasillo, justo al lado y debajo de los músicos que, nunca se sabrá, hasta qué punto lo incorporaron como variación en las partituras. Pero ahora, en el clímax de la obra, apenas se agregan los dos chamanes aborígenes a cantar su música sagrada, las palabras y las inflexiones extrañas e increíbles de los dos sanadores semidesnudos surten un efecto fulminante en el divino promotor. Ya se subió al escenario y se puso a  danzar, menos mal que lo dejan hacer. Baila mezclando todos los ritmos urbanos y ancestrales que le pasan por la mente y dando su versión libre de lo que está aconteciendo en el escenario. Danza con sus fantasmas remanentes, con sus sueños.  Hasta que se cansa, parece, y se tiende en el entarimado boca arriba, con los brazos abiertos, quizá a percibir, a disfrutar toda la esplendorosa y exuberante selva civilizada en el centro del universo, con los ojos cerrados. Y al final, a la hora justa del silencio, los abre y se sienta en el piso como aturdido. Ahora levanta las manos y parece que se está agarrando toda la energía de los aplausos para él, pero no importa, porque aun así alcanzan plenamente para los demás, para todos los regentes.

                                                                                             

                                                                                                                                                                                                                                                                     Fin  del libro V

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