Octavo programa                                             El mundo de la Emoción

El capítulo decisivo del despertar respecto al pasado y la guerra es dejar de ser manipulables por las emociones. El ser humano vive preso en su sentir, sentimientos y emociones. Las imágenes mentales y las emociones se apoderan de nosotros sin pedirnos permiso, actúan con total independencia, el hombre normal de la estructura dividida no tiene poder sobre ellas. Le llega una cara bonita y dice “Este ser es perfecto” y queda dispuesto a hacer lo que el personaje diga, sin ver lo que está detrás del rostro, sin ver, por ejemplo, que el personaje hermoso es un asesino a sueldo. O una asesina a sueldo. Llega una imagen de triunfador montado en un carrote y diciendo con el gesto “Esto es ser gente”, y nos movemos a tener carro como única fórmula para ser felices, aunque no quepa un carro más en la ciudad. Nos metemos en una fanaticada deportiva sin saber por qué y queremos que gane, como si sólo hubiera triunfos en ese tipo de eventos. Nos llega un malestar y lo cobijamos como si fuera obligatorio, cuando ese malestar tiene un origen y podemos detectarlo y ser libres en el acto, inmediatamente. Y cuando estamos presos de una emoción no la soltamos, no la evaluamos racionalmente, quedamos dominados por la misma a veces hasta la muerte. Nunca habrá poder popular o democracia profunda o libertad si antes no logramos desarrollar nuestro poder personal. Saber desactivar las imágenes como se deshacen las pesadillas es la clave para dejar de vivir prisioneros en las emociones y dejar de caer en las operaciones psicológicas del ejército imperial, fabricante de dominaciones y miserias en la mayor parte del planeta.

Volvernos especialistas en no ser manipulados nos llevará a facilitar que un día los hoy dormidos en sus sueños genocidas, nuestros hermanos, entiendan también ese campo de batalla y se salgan.

 

Vivir fuera del dominio ejercido por las emociones comienza por saber que se puede hacer, el segundo paso es saber dejar sin efecto las imágenes, vivir despertando.  Pongamos por caso que un revolucionario se propone dejar la prepotencia y ponerse en la situación del otro. Para el pueblo opositor no es fácil ver a los revolucionarios y quedarse en calma: actuar desde ella, ver y comprender, y escoger una acción inteligente, en el paradigma de la integración. Para el pueblo opositor eso es imposible, por ahora. Ellos están dominados por la emoción. Observan a doscientos motorizados y ven demonios, peligro, una amenaza: temen, se arrechan, odian, se entristecen y desalientan, caen en la melancolía, se enfurecen, se meten en los ensueños que les mandan por las redes antisociales, allí ganan y se frustran, traman venganzas.  El motorizado pudiera quedarse en la prepotencia, en la euforia del triunfo, en el sentimiento de superioridad, en la seguridad de tener al enemigo a raya, pero nuestro revolucionario es un prócer de la Nueva Sociedad y, en vez de solazarse en la prepotencia, decide ir más allá de esa emoción y propiciar que los opositores entiendan.  Para facilitárselo, anima que su contingente motorizado apadrine y funde un barrio feliz. Y luego se esmera en producir una película del futuro hermoso que podemos construir juntos. Esa salida de ser compasivos, -en vez de prepotentes y despreciativos agresores-, ese ponernos en el lugar del otro y ayudarlo a comprender, ese dar para comprender, es una respuesta de un nivel superior de conciencia, es más energética, tiene más posibilidades de lograr el objetivo de nuestro motorizado. Al abandonar el supremacismo, la prepotencia, le dio paso a la compasión, y encontró al otro y lo ayudó a entender que lo que queremos no es pelear sino avanzar hasta un paraíso donde cabemos todos.

Ellos están presos en sus emociones. No los sacaremos si no salimos nosotros antes. Si no sabemos que es posible salir y cómo se hace.  Para cada gesto que divide, una alternativa que une. Lo de la emoción es crucial. Los gringos tienen más de un siglo aprendiendo a manipular a la gente. Las últimas elecciones el Usa y Brasil demuestran ese poder. Nos pusieron a pelear entre nosotros, nos insultaron feísimo, y no caímos en la guerra civil, nos agredieron desde el país vecino, dejaron un rastro claro de que estaban intentando asesinarnos, no ofendieron y no caímos en la guerra con el país vecino. Pero mientras no seamos especialistas en manejar las emociones, estaremos acumulando ganas de responder con sus armas y en su terreno. No basta aguantar, hay que avanzar, contra atacar, con las armas de la inteligencia.

En resumen, dejar de estar dormidos significa mirar sin miedo, dejar de ver enemigos. ¡Y realizar las tareas correspondientes a la gente despierta para sorprenderlos y enamorarlos con tanta belleza y unir al país y ganar todos! La gesta emancipatoria consiste, exactamente, en dejar de lado las operaciones que separan: calificar, juzgar, condenar, culpar, dejar de adoctrinar, de seguir, de repetir. Dejar el fanatismo atemorizante y, en vez del socialismo o del capitalismo imperial, dedicamos directamente a construir el paraíso para todos: comenzar construyéndolo en los primeros barrios de una nueva sociedad, fundar los liceos y los preescolares sin dominación, y, por ende, sin adoctrinamiento, hacer las películas, las telenovelas de atraer a la gente hacia una construcción ecuménica y feliz que rompa con el pasado del hombre. Las tareas burocráticas y de la coyuntura son unas, las tareas de la unión y el amor son otras. Los de la conciencia intermedia que se dediquen a lo superfluo, a su intento de enrolar a todos en un sectarismo. Los de la conciencia superior tenemos nuestro propio trabajo: liberar. Nuestro trabajo es construir, en un lugar de pruebas, el futuro feliz y mostrarlo, difundir esa evidencia de que es posible un futuro venturoso, pasar a ser ángeles mensajeros de esa bendición que alcanza para todos. No debemos temer llegar tan lejos. Nuestros hermanos necesitan urgentemente esas evidencias, lo merecen y lo agradecerán. Es la hora de las más grandes proezas, si realmente amamos nuestro país y queremos atraer la etapa irreversible de la revolución, o la Verdadera República, la verdadera democracia y la libertad más auténtica. El nombre es lo de menos, lo que importa es la consumación de nuestro destino. Es la hora de los realizadores apostólicos, la hora de alistarse para consolidar la unión y hacer irreversible la construcción de una sociedad diferente, más allá del socialismo y del capitalismo. Es la hora de la armonía, de la paz y del arribo a un destino luminoso para el ser humano sobre este planeta.

¡Ven a la hermosa tarea de cumplir nuestro proyecto nacional! ¡Ven a ascender en lo ético y en lo funcional y vamos a ser capaces de unirnos y organizarnos para construir nuestros sueños!: ¡Vente a la otra vida, vamos a construir jugando nuestro verdadero hogar!

En un principio, los más sectarios no van a venir a nada que los saque de su apasionado quehacer guerrero. Pero cuando vean que los pioneros del Nuevo Mundo estamos avanzando por un lugar hermoso, que sabemos adónde ir y que tenemos las herramientas para llegar, nos respetarán, quizá hasta nos admiren. Florecerán sus emociones cálidas, su afecto, su confianza. Y entonces cesará su necesidad de enloquecer y ese día no muy lejano descubrirán que estaban dormidos y se vendrán a acompañarnos en la magna tarea de sacar al mundo de su ruta hacia la destrucción.

 

En el mundo de la emoción, la imagen llega y ordena, el cuerpo obedece y desencadena una serie de eventos programados, a espaldas de la felicidad plena. Son los dominios de la Estructura de la Muerte. En el mundo alternativo, llega la imagen y la inteligencia entiende a lo que llega y el cuerpo no responde dormido.

 

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