EPISTEMOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

Problema 1:

Cuándo llega la nueva sociedad:

Si nos paramos en el siglo uno, en un circo romano colmado, veremos un caso de división máxima a la hora de la gente entretenerse: la muerte y la sangre como requisitos aparentemente imprescindibles para ser  feliz. Tal división ocurre ahí en varios planos: a) entre los contendores, b) entre los espectadores -los que se entretienen tienen siempre adversarios en los asientos y sufren sus victorias, apuestan y lamentan las propias pérdidas-, y c) entre espectadores y gladiadores, pues los espectadores tienen siempre contrarios en la arena y sufren sus triunfos. Si nos trasladamos al panorama de hoy y observamos, no el futbol -donde aún hay vestigios de la división en los aspectos a, b y c mencionados y, en resumen, alguien pierde para que otro gane aunque es “ocasional” que los contendientes se maltraten-, sino que nos fijamos en un juego como el “Tenis de playa”, o en el “fuchibol” donde todos, los jugadores y el público, van a lo mismo –a que la pelota no caiga-, es decir, donde ninguno quiere que otro pierda para él sentirse bien, sino que los involucrados apuestan a que haya goce ininterrumpido, notamos que ya cesó la división milenaria. Se puede hablar aquí de una integración estructural  y se podría afirmar que este tipo de juegos corresponde a una  nueva sociedad, o a “la nueva sociedad”, una categoría diferente esencialmente contraria tanto a la sociedad del siglo primero como a la de nuestros días y que, es tan diferente que colma los sueños humanos de una manera cabal, sin dejar dudas, satisfactoria y completamente, al menos por ahora. De este hecho, se pueden deducir varias afirmaciones.

El futuro nace  en el presente. Si Ud. logra vislumbrar, presentir, intuir, adivinar un futuro, queda en condiciones de ayudarlo a construir desde ahora, aunque a su alrededor casi nadie entienda lo que Ud esté haciendo y aunque su ambiente cultural permanezca mayoritariamente inalterado. Por supuesto, que tal proyecto logre construirse socialmente, depende de que los demás también lo vean, lo escojan y logren sistematizar su construcción, pero lo que nos importa aquí es que lo futuro nace en el presente, comienza a tomar sentido, en una elaboración dialéctica, con personas que entran en contradicción con su presente y agencian la transformación de su vida cotidiana. Quien quiera construir una nueva sociedad debe, entonces, tener una visión profunda, aunque sea sólo intuitiva, de lo que va a ocurrir, debe tener la inspiración anticipatoria de lo que quiere que ocurra; pero es mejor si tiene además un conocimiento más puntual del cambio; sobre todo, necesita establecer, el punto de quiebre y la clave transformante -si es posible establecerla-, el meollo, la esencia, el detalle que debe ser conocido y manipulado para que haya cambio.

Si se trata de un cambio social, el punto de quiebre ayudará a establecer un límite entre la sociedad vieja y la nueva, con lo cual se podrá deslindar qué pertenece a una y qué a la otra. Si no se tiene ese parámetro, y volviendo al ejemplo de los juegos y diversiones masivas, podríamos decir que el momento actual del desarrollo de los entretenimientos, con el fútbol como evento rey, es ya un cambio suficiente porque los jugadores no se matan en la arena, y concluir que, en cuanto al fútbol, ya vivimos en una nueva sociedad. Pero ya sabemos que es posible fijar un punto de quiebre más preciso, menos aparente, basado en una clave estructural definible y manejable instrumentalmente. En nuestro ejemplo, establecimos  la división como clave, y la aparición de los juegos integrados como hito, como el momento de la ruptura o del salto a la nueva sociedad. División, por ahora significará el deseo de que otro pierda, la contradicción entre dos polos, la necesidad de causar daño o dejar en segundo lugar al otro. Después  ahondaremos en la raíz psicológica de este deseo y veremos que establecer esta clave del cambio permite desplegar rituales operativos, alcanzar precisión, construir los instrumentos, las herramientas de trabajo, diseñar las técnicas y los dispositivos y pulir una tecnología del cambio a una nueva sociedad. Por ahora, notemos también que si alguien quiere cambiar la vieja sociedad, necesita obligatoriamente comunicarse con otros líderes y ponerse de acuerdo con ellos respecto a cuál será el punto de quiebre y la clave de la transformación. Y para ello es obligatorio elaborar un lenguaje común que homologue lo que quieren decir cuando hablan de nueva sociedad, de cambio estructural, de lo viejo y lo nuevo, del cuándo y el cómo del cambio. 

Veamos hasta qué punto podemos seguir estableciendo la división como punto de quiebre, y hasta cuál resulta beneficioso este proceder (puntualicemos, antes de seguir, que lo que hemos estado llamando división no es otra cosa que un aspecto de la praxis antagónica, una de las formas de la contradicción, ambas, categorías fundantes de la matriz epistemológica dialéctica. En el capítulo siguiente verificaremos la pertinencia de estas afirmaciones). Comencemos en el campo económico, donde una serie de grupúsculos o individuos, cada uno interesado en sacar una tajada para sobrevivir, dejan a la mayoría de última, pagando las consecuencias de aquel actuar desconcertado. El bachaco se lleva para su casa o para su red lo que está destinado a los otros vecinos y los condena a la escasez inducida y a los precios inflados, de la misma forma en que un comerciante acaparador se lleva para su almacén lo que fue importado para todos, o el productor desvía convenientemente su producto (aunque era esperado por toda la población) para sacarle el mayor provecho como mercancía, según sus planes de dominio de la sociedad, dejando a la gente a merced del desabastecimiento y los altos precios. Esta evidente división entre actores del proceso, corresponde, en el ámbito individual o intrapsíquico, al miedo, al deseo aislado de defensa, al intento por sobrevivir partiendo cada cual de la consideración de que el otro es un enemigo, un obstáculo, un competidor o una víctima fácil y, en este nivel, cada cual es capaz de hundir a su semejante en defensa propia.

Pero en la medida en que la sociedad comprende que por ahí no hay salvación para nadie, al menos por mucho tiempo, comienza a formarse la conciencia de lo que está ocurriendo, irrumpen los pioneros que logran ver el interés aislado como problema y escogen la unión, aparecen los Bolívar, los Francisco de Asís que entregan todo lo que tienen y lo ponen al servicio de la redención multitudinaria.

Desde una mirada hipotética, guiada por nuestra intuición de que  la división de que estamos hablando tiene fin, en el campo económico este final feliz llega cuando los que importan, producen, almacenan, distribuyen y consumen los bienes son uno: un criterio unificado, un sistema inteligente que no deja a nadie afuera ni atrás, o que tiende a ello con todas sus fuerzas, con todo su  empeño y creatividad, de la misma forma en que, en el Tenis de playa que hemos descrito, o en el fuchibol los contendores se esmeran en que la pelota no caiga. La nueva economía será aquella en que todos los humanos se han hecho líderes de transformar el caos en armonía. Para iniciar ese desarrollo, los pioneros dejan atrás la defensa aislada y el legítimo interés personal, y ponen en escena su interés global no depredativo, la intención de que nadie pierda, de que no se fabriquen pobres. Esto redefine el concepto de líder. Después habrá que categorizar cada concepto y agregarle determinaciones, pero por ahora, en este vuelo de pájaro, podemos vislumbrar de lejos cómo son los líderes del área económica en la nueva sociedad. Los próceres en este campo (llámelos rectores económicos, gerentes, administradores, empresarios, emprendedores o como quiera, el nombre no es lo importante sino lo que hacen) no están pensando en salvarse ellos ni en proteger primero su clan familiar o su partido político, o su clase (eso sería poner a los otros de último, dividir), sino que ponen el énfasis en que cese el problema por las riquezas sobre el planeta. Estos nuevos protagonistas trabajan, no para un sueldo o un estatus, ni para un patrón, sino para la mayor suma de felicidad social. Podríamos llamarlos empresarios bolivarianos, pero para no cometer una injusticia con San Martín, Artigas, Sucre, Miranda, Urdaneta y todos los otros próceres del desprendimiento, llamémoslos empresarios libertadores.

Llevemos nuestra imaginación hipotética a un grado más de exactitud: En su  quehacer diario, estos nuevos próceres no muestran las contradicciones observables en el trabajo cotidiano común actual: no están divididos íntimamente y trabajando a disgusto sino que hacen lo que les gusta; pero tampoco generan división interpersonal o social, no contratan subalternos ni trabajan para jefes odiosos sino que se elevan todos al rango de dueños sociales responsables; no depredan poblaciones cautivas ni acorralan al ambiente. A partir de estas cualidades se pueden deducir cuáles son las nuevas fábricas, las empresas comunitarias, las nuevas vinculaciones de estas empresas con las comunidades vecinales (no estará la empresa por un lado y la comunidad por la otra, no entregarán excedentes como limosnas, lo cual remedia pero no sana ni extermina la pobreza). Además, según lo que hemos comenzado a intuir de cómo se pasa de una sociedad vieja a una nueva, quien cumpla hoy con estos requisitos y estas tareas, en su práctica diaria, es ya un miembro de la nueva sociedad, o del embrión de la misma, y la está fundando, es un precursor, un adelantado, un pionero fundador. Sirva para recalcar que no va a aparecer primero la nueva sociedad y luego sus miembros, sino al revés: primero los visionarios, los activistas precursores, los embriones.

Vámonos a las escuelas y universidades, ¿qué podría hacer un docente para ayudar? ¿Es posible que la práctica educativa forme hoy para la nueva sociedad en el sentido que le estamos dando: sociedad sin división, sin enemigos, con gente que se une para resolver los problemas desde una matriz integradora, o que trabaja en una solución unitaria? ¿Qué pasaría si un docente trabaja en su colegio para que los muchachos aprendan cómo cesa la dominación entre alumnos? Supongamos que entrena  solución técnica de conflictos, aplicando técnicas que ya existen (las llamadas autoayudas, aunque desprecian o desconocen su dimensión sociológica, debido al déficit o a la negación de la dialéctica, imperante  en el ambiente en que han prosperado esas técnicas, pueden, deben ser reconocidas como un aporte a la revolución psicológica y a la revolución total, y redimensionadas como herramientas, e incorporadas al instrumental imprescindible para el asalto pacífico al paraíso construible). Supongamos que sus alumnos practican resolver tanto conflictos íntimos -el sufrimiento personal, la angustia, el aburrimiento, la duda, la preocupación, la intranquilidad, el presentimiento, la espera-, como los conflictos entre dos personas y entre dos grupos, las dominaciones, los sometimientos mutuos. ¿Qué pasa si, para evitar que unos se entrenen en trabajar como subalternos de otros (cosa que hace la escuela actual, incluida la revolucionaria), nuestro maestro pionero funda en el colegio o en la universidad una empresa de pruebas, donde todos son dueños y se rotan en los roles de director, administrador, aportador de ideas, contralor y garante del éxito? ¿Qué pasa si en un colegio dejan de aplicar notas generales, según las cuales unos pocos se entrenan para someter poblaciones y los demás para soportar azotes de comunidades? ¿Qué tal si entre todos hacen las normas en vez de cumplirlas ciegamente o violarlas subrepticiamente, y si descubren todas las formas de dominación (incluido el adoctrinamiento de unos para la derecha y de otros para la izquierda, con lo cual la escuela tradicional prepara a los países para la guerra civil eterna), que tal si exterminan la guerra, aprovechando las ansias libertarias de los muchachos y su exceso de iniciativa, creatividad y energía, antes dilapidada en la vida rebelde y la anarquía? Sencillamente, los docentes de ese colegio y sus alumnos podrían, tras tal entrenamiento, integrar instituciones pertenecientes  a la nueva sociedad, enclaves del paraíso, y llamar desde ahí a los demás. Por supuesto, para que un grupo de docentes funde un colegio diferente, tendrían antes que ponerse de acuerdo y convencer al Ministerio respectivo (u obviarlo), y a los padres. Por supuesto, lo mejor sería que el colegio estuviera situado al interior de un barrio donde todos los vecinos estuvieran de acuerdo con escapar de la dominación mutua y del sufrimiento y refundarse como núcleo de la nueva sociedad.

El horizonte de la nueva sociedad se va acercando a medida que la imaginación de lo que no tiene división da sus frutos (luego lo acercaremos más, cuando deduzcamos los resortes íntimos de la escisión primordial y las fórmulas y técnicas precisas para darle fin, las herramientas del trabajo integrador y la tecnología de la mutación). Ahora visitemos las vecindades. En los barrios, la división hoy se manifiesta en que hay ofensores y oprimidos: mandan los malandros, los bodegueros -que a su vez son tiranizados por los importadores y distribuidores, además de por los malandros-, los bachacos, que secuestran la comida y cobran por ella grandes rescates, los que envían convincentes mensajes publicitarios o propagandísticos por tv, los caudillos y caciques, los que  sacan sus perros para que se orinen y defequen en la vía de todos, los ruidosos  musicales, los muchachos mayores cuando someten a los más pequeños. Y cuando llega un comando paraco y somete a los delincuentes del lugar y los pone al servicio de un plan de usurpación del poder en todo el país, sólo potencia un mecanismo de opresión que ya estaba articulado, actúa sobre un pueblo que no estaba organizado para ejercer poder y sí acostumbrado a someterse a otros. La vergüenza paramilitar se establece porque ya en esa comunidad existía una estructura de la dominación, sólo cambian los verdugos y la intensidad de la opresión. ¿Y qué ocurre cuando llega el ejército y desplaza a los paracos, pero deja intacta la mentalidad de la gente de someterse mutuamente o a la férula del más fuerte, sea un reclutador empresarial en busca de mano de obra mercenaria o un mafioso del lugar? ¿Y qué pasa si se nombran consejos comunales pero estos no saben reconocer ni disolver la división, por ejemplo, si ni siquiera saben que ellos mismos excluyen cuando funcionan aunque una mayoría no va a las asambleas, y cuando llaman “apáticos” o algo peor (traidores), a esos excluidos estructurales, en vez de dedicarse a comprender el proceso en que aprendieron a no participar en la escuela, en la familia, en el barrio, en la universidad? Mientras los líderes no están dedicados a volverse especialistas de entender y dar fin a esos procesos de exclusión, colaboran con el problema aunque culpen a los ciudadanos. ¿Se puede llamar “liberación del pueblo” a una irrupción momentánea del ejército y los otros poderes del estado, mientras –aunque alejen a los paramilitares y a otros azotes- no se ahonde en la raíz de la dominación, que impide que florezca la sociedad participativa? La dominación es lo contrario a la participación. ¿Es posible lograr algo que sí sea liberación? No se puede hablar de liberación mientras la gente no adquiere un aprendizaje de cómo unificarse y ser imbatible frente a cualquiera que quiera medrar a costa de la dispersión comunitaria.

Con los pies sobre nuestro paradigma tentativo, todavía solo intuitivo, según el cual lo que debe cesar es la división, soñemos ahora con la comunidad sin víctimas, temores ni depredaciones. El cambio tiene que arrancar desde adentro del ser humano. ¿Sería posible una nueva vecindad sin un sensible desarrollo del ser humano, sin un radical cambio individual de mentalidad en lo psicológico, ético, estético, político, en lo económico, en todas las dimensiones del ser? Cada vecino tendría que adquirir dominio de sus temores, de sus hábitos de escisión, de su vida dividida, de su aislamiento sistémico, tendría que superar las costumbres mentales que alimentan la separatidad,  la defensa ciega, la imagen de que el vecino es un enemigo porque no hizo lo que yo propuse o no me saludó (y resulta que no lo hizo porque amaneció con tortícolis); tendrían que cesar la imagen de que otro es un obstáculo o un culpable, y el deseo de venganza. El cambio tendría que penetrar en la esencia del chisme, develar qué hace que un rumor se propague automáticamente sin verificación. Y después de entender los procesos de escisión en su raíz mental -propagada desde el ambiente, por supuesto, transmitida de generación en generación por milenios-, tendrían que ponerse de acuerdo todos los vecinos respecto a un llegadero, trazar una meta para el barrio y hacer transacciones, acuerdos para mudarse, no de lugar sino de psiquis, producir una mutación psicológica y desarrollar las técnicas de encuentro que ya tiene a punto la tradición de las autoayudas (aunque hasta ahora sólo las hayan aprovechado los ejecutivos de las principales corporaciones). Todo esto habla de un cambio mental aparejado al cambio social. Y habla del desarrollo de sofisticadas habilidades de comunicación: capacidad para calmarse en vez de explotar, y de comprender en vez de reaccionar automáticamente. Supongamos que la gente despliega esas habilidades y descubre que toda una serie de respuestas comunes: culpar, calificar (decirle a alguien flojo, y no ver qué hay detrás de esa flojera), criticar  impotente, esperar, posponer, calificar, murmurar, chismear son formas de separarse y las sustituyen por equivalentes que unen. Supongamos que los vecinos de un barrio aprenden a dialogar en vez de pelear y dejan la costumbre de enemistarse por décadas, y soñemos que rescatan a los malandros (porque descubren de qué manera eran formados por la gente que vive con miedo en las comunidades). Y agreguemos que desarman todos los mecanismos de exclusión, y los de dominación, y que forman sus propias empresas (comenzando por atender ellos mismos, sin la burocracia estatal, el puesto de distribuir los alimentos en el barrio), y que, en vez de ir a trabajar para un rico -para prosperar y mudarse del barrio-, trabajan para el barrio, para que el barrio sea rico (aunque no a base de expoliar a alguien). Ese cambio, que involucra el panorama mental de los vecinos junto al panorama ambiental o vecinal, trasladaría a nuestros vecinos a una comunidad modelo hospedada en el seno, o en el embrión, de algo que podemos llamar una nueva sociedad.  Luce quizá un poco lejano, pero así es la utopía: sólo en la medida en que los pioneros la aman y se preparan para el salto, éste se da y ella se cumple. Además, no podemos subestimar a nuestros niños, a los menores del barrio, a los adolescentes: a ellos no les parecerá errado un liderazgo que abra el juego hacia la alegría y la plenitud de vivir.

Hasta ahora hemos visto, sin mucho rigor, que es altamente productivo trabajar con la noción de división. Pronto estableceremos formalmente el punto de quiebre en la dominación y el sufrimiento humano, deduciremos formas inequívocas para detectar y deshacer la división en el interior individual y entre las personas y grupos, y fijaremos, según esos parámetros, un límite entre lo viejo y lo nuevo, con lo cual quedará elaborado un modelo de nueva sociedad. Pero, por ahora, es necesario establecer algo: quien quiera  una nueva sociedad y aspire a construirla, debe establecer su modelo, comunicarlo, mostrar la línea teórica que explicita su forma de ver el problema y sus parámetros: y debería fijar su punto de quiebre y su clave de ruptura, o algo que sirva para orientar con precisión los pasos de los expedicionarios. Es imprescindible determinar qué es lo diferente, dar una visión específica de la nueva sociedad en cuestión y establecer la manera de construirla.  Para que haya comunicación se necesita, además, que los interlocutores hayan establecido el lenguaje, y que las palabras (nueva sociedad, vieja sociedad, cambio, salto), signifiquen lo mismo para los que reflexionan y se preparan.

Mientras no se hayan cumplido esos protocolos formales, corremos el riesgo de decir eternamente, “eso no es la nueva sociedad”, a cuenta de que nadie describió el concepto con precisión o nadie la vislumbra igual al otro. Y tal forma de altercar sería vagar entre fantasmas, condenarse al vacío. Tampoco es válido no establecer las coordenadas del  salto cualitativo y repetir eternamente que “la vieja sociedad no termina de morir y la nueva no termina de nacer”. Lo conducente es accionar integradamente, fijar metas y trabajar para lograrlas, convenir en un modelo de la nueva sociedad y avanzar hacia ella con proyectos evaluables y perfectibles. Podemos estar seguros de que cuando se logre algo (o cuando crezca el conocimiento de lo real) aparecerá un nuevo horizonte. Pero fijar la meta ahora sirve no sólo para avanzar con un norte, elaborar parámetros de calidad y medir resultados, sino para movernos en operaciones y expediciones constructivas que formen cuadros y afinen métodos. Mientras más sistemática sea la construcción, mientras más metódica, mayor garantía habrá de éxito. Es de sabios no creerse los espejismos del camino, es de sabios negarse a ser crédulos de más. Es inteligente no dejarse engañar por ilusiones de la nueva sociedad. Pero, como estrategas, no nos vale posponer eternamente la construcción.

Conclusión:

Para soñar juntos, dialogar, comunicarnos y preparar la acción, los transformadores sociales tenemos que establecer el llegadero y el punto de quiebre, la forma en que ocurre la ruptura entre lo viejo y lo nuevo; y es imprescindible que lo definamos en base a parámetros manejables, según una clave detectable, conocible y manipulable durante las tareas de la  transformación. Parece que se abre un fértil campo para la producción de conocimiento sobre la transformación, cuando establecemos la división (la contradicción en dos formas específicas, en la psiquis individual durante hechos como la angustia o la espera, y en los grupos humanos en hechos como la dominación) como punto de quiebre. Entre las tareas pertinentes, hay una serie de operaciones ineludibles, en el interior de la persona, inscritas en lo que podemos llamar el desarrollo íntimo del ser humano, y que es necesario codificar, conocer y aprender a manejar para cumplir el cometido de fundar una nueva sociedad, una diferente a la que tenemos y plenamente habitable.

 

 

 

 

Problema 2      

Las categorías marxistas tradicionales no bastan.

Pasemos a ver qué conocimientos tenemos, aportados por la epistemología dialéctica y hasta qué punto es insuficiente ese  instrumental y lo que es necesario producir si queremos arribar a nuestro destino.

El marxismo es una teoría dialéctica, una epistemología dialéctica y un humanismo militante (Lanz, 1980). Un cuerpo de saberes equipado para moverse en una praxis antagónica.

Desde que Marx aplicó la dialéctica rescatada y popularizada por Hegel para explicar el movimiento de la sociedad y tramar, con la liberación de la clase obrera, la transformación del mundo, han transcurrido casi dos siglos durante los cuales las construcciones de los revolucionarios han tenido que dar marcha atrás, resultaron débiles frente al embate de la historia y fueron derrumbadas por la praxis reproductora. Pero un claro saber ha madurado durante esta práctica. De todo el universo de totalizaciones generado, vamos a extraer unos cuantos aprendizajes, para ilustrar la decisiva insuficiencia, teórica y metódica, del marxismo cultivado hasta hoy, en cuanto a suministrar insumos para dar el salto dialéctico a la nueva sociedad.

1. Ya aprendimos que la democracia y el socialismo van unidos (artículo de Le Monde Diplomatique, año V, no 55, abril del 2007, edición colombiana, citado por Freddy J Melo en su folleto “El marxismo y la revolución bolivariana). Pero si lo que se quiere es que el pueblo gobierne (meta imprecisa, sin una clave de efectuación), hay que sacarlo de su estado de dominado, tiene que aprender a gobernar sin depredar. Y esto es algo que la humanidad no ha aprendido en milenios, es decir: algo supuestamente difícil. La experiencia más reciente nos ha enseñado que no basta con entregar vivienda nueva, equipada con servicios y comodidades electrodomésticas en urbanizaciones recién construidas para generar la nueva sociedad, ni con dictar a los beneficiarios de esas residencias unos cuantos talleres sobre los nuevos valores y el cambio social. Ni basta nombrar en esos urbanismos consejos comunales y agrupar estos y llamar a la nueva institución comuna. Sabemos que reiterada, religiosamente la gente reproduce en esos constructos el viejo patrón de vida: bodegas de la red anárquica, verdugos delincuenciales que incluso desalojan a los vecinos de sus nuevas propiedades para instalarse ellos  y dimanar parapolíticas, azotes menores, ruidosos musicales, perros realengos, niños maltratados por los otros muchachos, peleas a tiros entre bandas. Aprender a gobernar sin depredar, convivir sin fabricar opresores, transformarse en el que gobierna, cuando la costumbre ha sido soportar que se imponga el más “vivo”, implica un cambio radical en la estructura mental del ser humano. En ese campo, lo psíquico y su relación con la democratización social, hace falta entonces un trabajo teórico específico: hace falta conocer sobre la base psíquica de la dominación y sobre la reproducción de la misma, y luego veremos que quien debe producir ese conocimiento es cada uno delos que componen la población que pretende instaurar tal democracia. Como la epistemología dialéctica no tiene en su haber un conocimiento sobre este pormenor (un estudio de las contradicciones en el interior humano), es necesario “inventarlo” para no errar: producirlo. Asumirnos como creadores de conocimiento y no sólo como consumidores.

2-  Pero esta dificultad para la transformación profunda no es un problema nuevo. En el caso ruso, no hubo salto dialéctico, aunque una de las principales consignas –si no la principal- era “todo el poder para los soviets”, porque el marxismo, aunque describe el empoderamiento como una necesidad prioritaria, no entra en detalles y hace casi cien años, el empoderamiento de los soviets  pasó a ser considerado superfluo o secundario al lado de la sobrevivencia material de la nación y su respuesta militar. Quizá Lenín hubiese puesto medidas para impedir, a fuerza de democracia nueva, invención y creatividad social, el advenimiento de la sociedad policial, pero tras su muerte, el proyecto redentor fue olvidado, quizá dado por imposible. Esta tesis es sostenible porque, ni siquiera cuando amainó un poco la presión imperial externa, después de la segunda guerra mundial, se dio fuerza a la necesidad de crear enclaves de la nueva sociedad. Creemos que esta postergación ocurrió también porque no se conocía tan a fondo al hombre como hoy, era muy incipiente el desarrollo de la psicología, no se sabía que muchas variables del sufrimiento autoinfligido (base de la dominación interhumana, como veremos después detalladamente) eran desmantelables -la revolución de las autoayudas data del último tercio del siglo XX. Pero también es demostrable que la mentalidad tradicional del hombre pospone, posterga y eso fue lo que se hizo, se dejó lo más importante, la construcción directa de la nueva sociedad,  para después, es decir, para nunca. Un apoyo especial a estas hipótesis viene de observar lo que está aconteciendo en el caso chino donde, pese al éxito en el desarrollo del capitalismo, no hay por ningún lado zonas especiales de desarrollo socialista que sirvan de guía en la transformación ulterior de la sociedad, se habla de que la actual es una fase de preparación para dar el salto, pero, hasta donde sabemos, se dejan los detalles para después. Una nueva hipótesis es que no se tiene la precisión instrumental necesaria: el conocimiento del punto de inflexión para el salto y una clave manipulable del cambio, ni se sabe que el salto dialéctico hay que comenzarlo ahora, aunque sea formando a los pioneros, a los líderes precursores, lo cual significaría desde ya enriquecer la práctica teórica y cargar la práctica política y la económica de nuevos horizontes, de un modelo en construcción de la nueva sociedad. Es preciso notar, que los mensajes esperanzadores que pudieran derivarse de esos enclaves experimentales del paraíso, aclararían muchísimas dudas sobre el futuro de la humanidad, y serían un producto cultural plenamente aprovechable, mediáticamente, para persuadir amorosamente a la humanidad respecto al destino más plausible. Nuestra tesis de que los camaradas normales desconocen –o menosprecian la necesidad de conocer- los pormenores del salto, se refuerza cuando observamos la revolución venezolana, donde la Constitución habla expresamente de participación protagónica, pero tal proyecto se queda en el papel, por falta de producción específica del conocimiento pertinente, entrenamientos, pruebas, evaluación sistemática de lo realizado, zonas piloto donde se implante con éxito el poder popular de la gente en sus comunidades y desde donde se difundan adecuadamente, tanto los éxitos y las tácticas, como las estrategias producidas en ese camino. Tal producto y su difusión garantizarían ampliamente la formación de los activistas de las zonas más atrasadas en establecer de una buena vez la nueva sociedad. Lejos de esto, se observa una forma superficial o ligera de actuar. Ejemplo: la euforia por el número de consejos comunales y comunas, cuando no ha habido la más somera evaluación sistemática de hasta qué punto tales nuevas instituciones corresponden a la praxis reproductora y no a la liberadora. En este caso, el acoso imperial -aunque no es tan sangriento como lo fueron el de los rusos blancos y el de Hitler, o el de los contras en Nicaragua, está obligando a los camaradas venezolanos a echar mano de lo que encuentran en la superficie, olvidando considerar la profundidad de los problemas y la producción de conocimiento y prácticas cónsonos con la solución eficiente del problema de construir la nueva sociedad.

 

3-  La praxis social, durante los últimos cien años nos ha hecho saber que  los principales medios de producción no sólo deben ser socializados sino que, además, hay que protegerlos de cualquier capa burocrática que pretenda usufructuarlos en nombre del pueblo y hasta en nombre del socialismo (conclusión extraída de la experiencia soviética y su derrumbe, por no entrar en una apreciación apresurada de los gestores de divisas en Venezuela, que le han extraído al país sumas asombrosas, exorbitantes, sin que el pueblo siquiera se entere, o por no poner a los que se aprovechan de la desorganización popular para adueñarse y negociar con el gas doméstico, los apartamentos, los fertilizantes, el cemento, las cabillas, bienes nominalmente del pueblo). De la centenaria expoliación burocrática en nombre de la revolución, se deduce que es imprescindible formar cuadros para la economía diferente, pero vemos como los gobiernos socialistas contratan personal formado en el aparato económico burgués y cómo con esta práctica queda inoculado, al interior de la construcción supuestamente socialista, el viejo modo de producción.

 

4-  Veamos qué tan persistente puede ser la praxis reproductora. Situémonos en el caso venezolano. No hay en todo el país un barrio de pruebas donde se ensaye la nueva vida, donde todos los vecinos estén empoderados y adscritos a una nueva economía, donde los residentes administren su venta de alimentos e impidan que estos vayan a tener a la red bachaca, buhonera o contrabandista.  Con una serie de barrios de prueba, los vecinos estarían aprendiendo a tener negocios comunales, a ser dueños y administradores, a ejercer el poder y a aportar soluciones estructurales al problema del abastecimiento en momentos de un feroz acoso económico; y habría la posibilidad estratégica de que algún día quedara construida una red de distribución basada en la organización popular. Pero en vez de esto, el gobierno revolucionario sigue entregándole los productos a los supermercados, que es como ¡entregárselos a los bachacos y a los saboteadores! Asimismo, el gobierno insiste año tras año en la práctica de vender los alimentos en desesperados operativos a cielo abierto, con lo cual se empoderan el noble ejército y las agencias cooperativas que preparan y coordinan la venta masiva, pero no los barrios, y donde la gente queda reducida a la nimia organización de hacer cola, dirigida, asistida, alejada del ejercicio del poder y sin esperanzas de que cese algún día el problema. Sin embargo, hay una alegría infantil porque fue ampliado el sistema educativo y se han fundado centenares de colegios adicionales, pero la totalidad de los colegios opera sin parámetros de calidad en la gestión de difusión del poder y siguen graduando opresores y oprimidos, azotes de poblaciones y víctimas, amos y esclavos, o enemigos situados cada uno en su bando, listos para matarse en una conflagración armada y cumplir el plan imperial. Nadie ha creado un sistema de liceos felices donde se aprenda la nueva práctica económica integrada, donde se enseñe solución de conflictos, fin del adoctrinamiento y empresarialidad no depredativa, sino que se ha puesto empeño en lo superficial, cambiar los nombres de los colegios y dotarlos de alimentación, libros, computadoras, sin cambiar la praxis reproductora de los maestros. Ante el  azote paramilitar sistemático en los mismísimos  urbanismos construidos y equipados por la revolución, la respuesta sigue siendo burocrática, y se llama “liberación del pueblo” a una protección policial espasmódica y momentánea que no garantiza que cambie la mentalidad de los protegidos ni da fin a su situación de huérfanos, de desvalidos en el seno de la sociedad, y que por tanto no puede elevar a las poblaciones asistidas al papel de protagonistas auténticos de la asombrosa transformación que requiere el traslado a una nueva vida sobre el planeta. Este problema de la acción superficial o burocrática repite antiguos episodios: los bolcheviques no tenían suficientes cuadros y tuvieron que gobernar con los funcionarios formados por el zarismo, quienes, después de setenta años, impusieron su lógica de la dominación; los chinos contrataron al cerebraje mejor calificado del planeta y ahora tienen el mayor número de supermillonarios y la mayor tasa de desigualdad del mundo;  Venezuela no tiene cuadros que sepan fundar la nueva sociedad y se ve obligada a funcionar con los directores formados por la burguesía, que le entregan a ésta una ganancia mayor que la que devengaban antes de la revolución (anuarios del BCV, 2014).

 

4.-  Esta persistencia de la acción reproductora, nos obliga a tejer la siguiente hipótesis: Quizá los camaradas tienen la misma mentalidad de los capitalistas (salvo la intención de cambiar el mundo y sabemos que la intención no basta), quizá todos los seres humanos tienen la misma dotación mental que genera la división, algo que no se ve a simple vista, pero que brota y se hace evidente con las realizaciones humanas, quizá poseemos un germen, un código genético mental, algo que subyace pese a la ideología diferente, que no se modifica con ella y que pudiéramos llamar código genérico social, un estructurante único que dimana y articula la sociedad dividida, y por eso no logramos implantar otra cosa que dominación, pese a sacrificios tan descomunales como Stalingrado. Si esa clave estructural existe (después demostraremos que así es), el trabajo principal de los revolucionarios es especializarnos en conocerla, para poder desmantelarla. Por lo pronto, podemos afirmar que el marxismo habla del salto, pero no establece una clave  para diferenciar el antes y el después del salto, no expresa cuál es el momento de ruptura entre las praxis reproductora y transformadora, nombra el salto dialéctico como una necesidad, el final sintético de un proceso contradictorio, un llegadero, pero no define los pormenores de su efectuación, y entonces el concepto resulta débil en cuanto a su operacionalización durante las prácticas política y económica. El hecho crucial y evidente es que los camaradas no sabían, ni saben aún, que en medio del acoso imperialista y de la guerra, hay que crear apasionada y pulcramente enclaves de la nueva sociedad y, por tanto, han estado sucumbiendo a la dinámica de la vieja estructura, gastando la energía en la respuesta antimperial con énfasis en la sobrevivencia, pero a costa de posponer un factor dramáticamente importante, la edificación directa, inmediata de la nueva sociedad. A estas alturas, se hace harto evidente que, para comenzar, hace falta una jerarquización teórica especial del papel y el momento del salto dialéctico. Hay que redefinir el salto dialéctico como una urgencia permanente, como una actividad fundamental o esencial, como categoría prioritaria ejecutable a pesar de los embates de la vida sistémica en el marco de la vieja sociedad y sus acosos, como respuesta idónea a esos embates y como entrenamiento que garantice el aprendizaje de la población en cuanto a ejercer el poder a toda hora cada día. Y es imprescindible expresar, en el discurso teórico, que todo lo demás (ganar elecciones, marchar, recordar al gigante que despertó al pueblo, repartir comida en los mercados a cielo abierto), si bien hace falta coyunturalmente, es convertible en nada, es parte del derrumbe si el pueblo, por ignorancia de cómo ejercer su papel protagónico, continúa delegando sus funciones de sujeto de la revolución.

 

Conclusiones:

La reproducción de la sociedad vieja es tan persistente que es capaz de destruir las construcciones más fantásticas del intento transformador. Se hace ineludible penetrar más a fondo en las carencias del sistema teórico dialéctico, para precisar dónde ocurre el salto, dónde y cómo crear la ruptura.

 

La teoría dialéctica y su método deben ser ampliados en una extensión que abarque los fenómenos de la dominación a una escala íntima, individual, que permita hallar sus bases genéticas, su clave psicológica, las fuentes de la división estructural (la génesis de la praxis antagónica) para manejar su reversión.

 

Ya sabemos que debe establecerse  una meta, definida en términos operacionales que permitan manejar con exactitud, o sistemáticamente, las prácticas transformadoras. El marxismo pone la meta, pero carece de la definición operacional y a eso se debe su debilidad frente al decadente pero aún imbatible poder burgués.

 

Mientras se persiste en medidas policiales y en proteccionismo a favor del pueblo, éste pierde la oportunidad de entrenar el inmenso caudal de prácticas que deben ser asimiladas y ejercidas para finalmente convencer a los rezagados y unificar al país. La revolución en su primera etapa –todo lo realizado hasta hoy era necesario para aprender haciendo, errar, evaluar y avanzar corrigiendo-, protege al pueblo y lo vuelve débil y minusválido, cuando debe montar sobre sus hombros la tarea grandísima de la transformación, cada cual responsable de su cambio personal, de su lucha con los fantasmas del pasado, y de su integración comunal, como fase inicial para la unificación nacional, paso ineludible de una reconstrucción radical que logre liberar al país y al planeta. 

 

Las categorías marxistas existentes no bastan  para concluir el trabajo de construir una nueva sociedad: hay que ampliar el conocimiento de la dialéctica e inventar un arsenal más sofisticado de nuevas herramientas, que dé cuenta de la nueva problemática del ascenso de las poblaciones al poder.

 

Así como cuando en Matemáticas sólo se disponía de números enteros, y no se podía resolver problemas con fracciones, fue inventado un nuevo conjunto de saberes, el conjunto Q, de los racionales, y cuando éste resultó insuficientes porque aparecieron nuevos problemas insolubles, se creó el conjunto I, para manejar números irracionales (Pi, e), y así sucesivamente, en cada caso se ha inventado un nuevo campo de saberes sin destruir el anterior, asimismo ante las dificultades para lograr el nacimiento de la nueva sociedad, la epistemología dialéctica debe crecer, inventarse un nuevo rango de saberes, o descubrirlos. Para cubrir ese campo hoy desierto en el conocimiento, proponemos a consideración  la “Teoría General de Confrontaciones Comunes (Tgc)”, y su modelo de la nueva sociedad. 

 

Problema 3:    

                                      Estatuto epistemológico de la tgc:

La tgc es un estudio de las contradicciones en el interior del ser humano, en sus relaciones con el conflicto social. Su discurso devela el despliegue de la praxis antagónica en el campo del pensamiento individual, en cuanto choque consigo mismo y en cuanto choque del individuo con los eventos de su entorno. Tal saber, nos permite establecer una genealogía del sufrimiento personal y de las confrontaciones entre personas -las dominaciones mutuas, incluida la lucha de clases-, dilucida un meollo modificable y los puntos de inflexión entre la vieja praxis (la que produce dominaciones y sufrimiento) y la nueva praxis (la que erradica la división entre seres humanos e instaura el amor). La teoría esclarece claves y precisiones instrumentales que finalmente permiten conformar un método (la tecnología de la mutación) específico para concluir las tareas prácticas de la transformación social participativa.

Según la Tgc, la división interior es la base que organiza los conflictos interpersonales e intergrupales, pero tal estructurador es desmantelable y puede ser abolido por la inteligencia de cada portador humano, con lo cual el individuo supera su condición dividida y pasa a estar integrado, religado, unido –íntimamente y con su entorno-, capaz de actuar serena y amorosamente. Sólo a partir de tal autoliberación del sujeto (individual e histórico) se hace posible estructurar otro tipo de sociedad, la sociedad armoniosa, holística, ecológica, generadora de paz sobre el planeta. La vieja sociedad tiene fin en la medida en que el viejo articulador genérico, el conflicto interior (ci) es desmantelado sistemáticamente por cada revolucionario y éste comienza a actuar religado, integrado, amorosa, participativamente. Si un líder de hoy no considera, por ejemplo, la posibilidad de que en el futuro los juegos pierdan su carácter dividido, no es (según la tgc) líder de una nueva sociedad, no sabe hasta qué punto estos juegos entrenan para la separatidad y la guerra, no se capacita para diagramar los nuevos juegos; quizá es líder de otras cosas pero no de transformar el mundo en algo diferente a la dominación y sufrimiento que signan hoy la vida humana.

Categorización de la noción de conflicto interior:

La noción de conflicto tiene linaje en la matriz dialéctica marxista, la cual asume que la praxis (el movimiento de lo real, que incluye al hombre) es el despliegue de un antagonismo permanente. Se avanza por negaciones, esto es, por conflictos, por contradicciones que se resuelven en síntesis sucesivas. La noción de conflicto interior, en la tgc, se ampara en conceptos y categorías extraídos de la matriz epistemológica dialéctica, tales como contradicción y praxis antagónica,  y se enriquece con  otros nuevos como identificación, prisión en el pensar, estados de división interna, comprensión liberadora, autoliberación y lucha interior.

Identificación es el acto de confundir el pensamiento con lo que él representa: por ejemplo, cuando un niño cree que los vampiros que tiene en su mente lo van a morder y llora; o cuando un adulto cree que el carro que tiene entre sus recuerdos debe ser comprado por él como condición imprescindible para alcanzar la felicidad, y sufre porque su sueño no se está cumpliendo. Los momentos en que el sujeto agente cree el pensamiento, en que sufre por el ataque o disfruta la posesión imaginada, ese vivir dentro del pensamiento es una identificación. Un ejemplo más plástico de identificación se da en las pesadillas, durante las cuales el individuo transcurre creyendo lo imaginado, sufriendo por lo que le ocurre, confundiendo olímpicamente el hecho virtual por un hecho físico: transcurre siendo pensamiento. Otros ejemplos: la esposa piensa que la imagen que tiene en su cabeza respecto a su compañero es su compañero mismo, y no detecta que esa imagen le impide ver a su consorte real; o cuando un vecino hace la misma sustitución del mapa por el territorio con su vecina y en vez de verla a ella, se instala en un recuerdo de algo malo que la vecina supuestamente hizo (supongamos que, la última vez, la vecina no le respondió el saludo sino que siguió para allá con la cara muy tiesa). En todos esos casos hay una identificación del sujeto con su pensamiento y una división interna.

Un ejemplo curioso de identificación ocurre cuando nos mimetizamos ante una película y le gritamos al bueno “¡apártate que te van a joder!”, o “¡mátalo, mátalo!”, como si en realidad la imagen del film estuviera en peligro, o como si en realidad fuera un ser vivo bajo acoso. Identificarse es vivir la imagen como cierta, vivir en ella como en una realidad.

En el caso del niño habitado por vampiros, la división (y el choque íntimo) ocurre entre lo que el individuo quiere y lo que logra o tiene: el niño es a la vez el perseguidor y el perseguido, dos instancias contradictorias, quiere escapar y no puede (porque él mismo inventa y recrea a su perseguidor). Y la autoliberación llega cuando el niño madura y es capaz de disolver su imagen mental apenas ésta llega. Autoliberarse es eliminar la imagen instantáneamente y por entendimiento del proceso: despertar. Dar fin al pensamiento disuelve la división, el desgarramiento interior y el sufrimiento.

En todos los casos citados es aplicable tal clave de solución.  Si el vecino disuelve su pensar, podrá quedar en calma y enterarse de que la vecina no lo está despreciando sino que tiene dos días sufriendo de tortícolis. Cada vez que la esposa difumine la imagen que tiene de su consorte, quedará frente a su compañero real y podrá ver los conflictos que él  padece y ayudarlo a salir a una vida más fresca y plena para ambos. Se puede generalizar que la solución del conflicto hace la vida menos mecánica, más humana y armoniosa.

Comprensión liberadora es la operación instantánea que posibilita el despertar. Estar identificado, ser el pensamiento, vivir en un sueño despierto, creer el pensamiento, puede ser llamado también “prisión en el pensar”. Durante las pesadillas, estamos prisioneros en el pensar.  Comprender tal proceso de aprisionamiento significa detectar qué es mundo virtual y qué es mundo físico, darse cuenta de las dos instancias y del choque. A este evento lo llamaremos comprensión liberadora y para dar una visión práctica de cómo ocurre, cabe citar el momento en que despertamos de una pesadilla. Cuando despertamos comprendemos instantáneamente lo que ocurría, cesa la identificación, devolvemos al pensamiento su carácter virtual, sucedáneo, cesa la dominación por parte de la imagen, se establece otro modo de estar en la vida.

Autoliberación es el resultado de la comprensión liberadora. En el ejemplo de los vecinos, y en el de los esposos, se ve claramente que la prisión en el pensar es un factor que aleja o separa a las personas, o que separa al conflictuado de su entorno: también en este aspecto (aparte del aspecto interior del conflicto) se puede hablar de vida dividida, separada: lo que está adentro se reproduce afuera. Cuando cesa el estado de división, termina la dominación que ejercía la imagen, su omnipotencia y se establece la conciencia. Entonces, simétricamente, la solución del conflicto interior establece un cambio personal profundo que facilita una relación nueva, en que el sujeto puede ayudar a que cesen los conflictos interiores de las personas que están a su alrededor, a) porque está en calma o feliz y puede ver procesos, en vez de reaccionar ciego atrapado en ellos, b) porque su emersión lo hace poseedor de una incipiente técnica de solución de conflictos y, c) porque, como no está gastando la energía en choque íntimo y sufrimiento, puede aplicarla en algo más provechoso. 

Durante toda una gran serie de operaciones cotidianas, preocupación, duda, presentimiento, angustia, espera, aburrimiento y similares ocurre el mismo proceso de identificación con una imagen y prisión en el pensamiento: son conflictos interiores y tienen solución instantánea. De manera que aprender a despertar  instantáneamente y deshacer los estados de división interior, significa aprender a eliminar toda una extensa fauna mental cotidiana –generalizable como sueño despierto- con la cual nos autoagredimos y atacamos a otros a cada hora del día.

Asimismo, el conflicto interior es lo que subyace durante toda una gran serie de operaciones cotidianas que solemos desplegar contra otros así no estén presentes, tales como la crítica impotente o malintencionada, la comparación, culpar, criticar condenar, comparar, calificar, juzgar, que encierran embriones de conflictos más complejos. Y también subyace en hábitos separadores muy populares como el chisme y el rumor, que por lo regular significan, preludian y preparan (o estructuran) conflictos entre personas, pero que son susceptibles de comprensión y eliminación instantánea.

Lugo veremos que el conflicto interior es, por último, el componente y estructurante universal de los conflictos entre personas. Y que su disolución técnica da la pauta para la desarticulación de todos los conflictos interpersonales complejos. Pero antes, prestemos atención a un concepto altamente relevante para la tgc y, en general, para toda la epistemología dialéctica.

Categorización del concepto de lucha:

La autoliberación es un proceso radicalmente diferente a la lucha con las imágenes. La lucha en cambio es un proceso intermedio (entre el estado de conflicto interior y la autoliberación) en que el sujeto tiene cierta información de que puede ser libre y se dedica a un forcejeo con la imagen. Es el caso del niño que sabe ya que los vampiros temidos por él están en su cabeza, pero no logra eliminar la imagen, no tiene una cabal comprensión que lo libere instantáneamente, no se desidentifica totalmente de sus fantasmas,  del acoso y del peligro imaginarios. Aún cree que debe prender la luz y asegurarse de que no hay un atacante bajo la cama. Este proceso es la lucha interior. Es un debatirse en el conflicto, que no alcanza el estado de autoliberación. La categorización de este proceso es sumamente importante porque, cuando llevemos el fenómeno al plano social, se determinará que la lucha generacional, laboral, social, no es la  liberación. En el campo laboral, por ejemplo, liberarte es fundar una empresa reunido con tus iguales, entregar el producto directamente a los consumidores finales y operar (todo el equipo laboral) con una misma lógica que a la vez esté concebida para liberar al pueblo; mientras que en la lucha sindical, sabes que mereces ser libre, aceptas un dueño y peleas con él, pero no sabes aún cómo quedar libre. Finalmente, esta misma categoría que estamos  estableciendo, tendrá una dramática incidencia en la epistemología dialéctica, pues la exclusión de la lucha como estrategia, y darle la mayor importancia a la liberación en cada acto, genera una ruptura entre el marxismo tradicional y la teoría general de confrontaciones: la lucha de clases, una de las categorías fundantes del marxismo, queda fuera de lugar en una epistemología de la liberación, porque la lucha significa a) forcejeo o pelea con un contrario y acción con imagen de enemigo, fortalecimiento constante del opuesto que quieres derribar y alargamiento infinito del conflicto e imposibilidad de llegar a la nueva sociedad. Mientras que autoliberación sería fundar barrios, colegios y empresas felices, construir enclaves del paraíso. Trascender la pelea: ¡Triunfar! La ruptura es crucial en variados aspectos. Si en vez de luchar con otro operas desde la unión psíquica y afectuosa con ese antiguo enemigo, trasciendes la lucha ideológica, quedas fuera de la definición dialéctica de ideología (efectuación de clase, según Lanz, 186). Por ejemplo, liberarte es construir un país de la armonía, pese a todos los obstáculos, no perder el norte y edificar lo nuevo para asombro de todos y para convencerlos de que el otro mundo existe; mientras que lucha es dedicarle la mayor parte de tu energía a la defensa y la sobrevivencia (exactamente lo que ha ocurrido durante casi doscientos años), usando las armas de la praxis reproductora y posponer lo más importante, el salto. Toda esta problemática quedará ampliamente clarificada cuando profundicemos en el estudio del conflicto social y su solución técnica.

Categorización de la noción de conflicto social (cs).

Cuando se analizan los conflictos entre dos personas, se determina que invariablemente los focos en confrontación están albergando y sufriendo conflictos interiores y que la solución de estos influye directamente en la solución del conflicto conjunto. Lo anterior permite una definición técnica de conflicto interpersonal o grupal: es la interacción de dos sujetos que se alimentan cada cual su conflicto interior con la acción dividida y sufriente del otro. Y permite, asimismo, elaborar una fórmula resolvente: los conflictos interpersonales se resuelven cuando uno de los dos focos soluciona su conflicto interior y actúa ayudando a que cese el conflicto en el otro foco, lo cual se garantiza porque a) no gasta su energía en choque y la puede usar entendiendo la situación, b) como salió de su ci, tiene conocimiento de cómo se resuelven y puede aportar este bagaje técnico y c) como no usa el viejo repertorio de la defensa ciega (intentar convencer y que no lo convenzan, repetir su razón sin notar que el otro no escucha porque está aferrado a la suya, no escuchar al otro, querer someter al otro, soñar que el otro desaparece, intentar el exterminio del otro o lograrlo),  queda libre para emplear un nuevo repertorio correspondiente a la integración.

Los conflictos entre dos personas, se comportan, en su articulación y en su desmantelamiento, como los conflictos entre grupos, con la diferencia de que, en vez de un sujeto individual, ahora se trata de un sujeto plural. Por consiguiente, la definición de conflicto interpersonal es la misma para los casos en que los sujetos no son dos personas sino dos grupos, incluso cuando estos grupos son clases sociales. De esta manera, queda fundada la categoría conflicto social y su fórmula resolvente.

Hay un momento trascendente en la solución de los cs: aquel en que el sujeto pionero (llamémoslo el avanzador) resuelve su conflicto interior. Imaginemos a un padre que está molesto porque su hijo le acaba de entregar una citación, enviada por la maestra del menor, debido a que éste tiene días sin hacer las tareas.  Al instante descarga su molestia regañando, no deja hablar al niño, éste llora y se refugia en las piernas de la madre. El padre ahora califica al niño de llorón, se enfurece más y genera una trifulca con la madre porque ésta consiente en exceso a su hijo. Ése es un conflicto interpersonal. Veamos la solución: el padre ve su malestar, recuerda que hay un paradigma alternativo y decide mudarse, elimina sus imágenes donde el niño “debió hacer las tareas” y “no debería ser tan “flojo” o tan llorón” (choques con la realidad, frustración). Entonces queda en calma. Su realidad no ha cambiado, pero él sí. Entonces es capaz de acercarse al niño con otros gestos, otro tono de voz y otra intención: podrá preguntarle con una caricia sincera “qué pasó campeón”, y supongamos que el niño le informa lo que antes no pudo explicar gracias al arranque de ira paterno “Es que yo me sé todo lo que la maestra  está dando, pero ella está repasando con los más atrasados y ya me sé eso: por eso no hago las tareas. Me tienen fastidiado”.

Unión psicológica, una categoría para la construcción de lo nuevo. Vamos a detenernos en el momento en que el padre ya resolvió su conflicto interior,  quedó en calma y se acerca al niño con la intención de aprender: en ese momento ya se ha roto la praxis antagónica, el avanzador deja de ser un sufriente y un atacante, una víctima y un dolor, y se transforma en un ser atento a lo que ocurre, alguien compasivo, dispuesto a desentrañar el mundo de acosos en que vive su hijo,  alguien interesado en saber qué es lo que ocurre, alguien que ve el proceso para aprender y actuar técnica, amorosamente, más allá de la acción mecánica: eso significa que el avanzador está unido al otro, integrado a su ambiente, que está libre y conforma con el otro una unidad amorosa, que escuchará y ayudará a solventar los problemas del otro. La transformación crucial, iniciada con la solución del conflicto interior en un foco, inaugura una praxis integradora y de liberación social. A partir de ella, no se puede hablar de división entre los dos sujetos. La  acción nueva genera y concentra en sí la energía requerida para la construcción de la nueva sociedad. La acción integrada conlleva una diferencia estructural con la acción dividida, por eso es capaz de desmantelar la vieja sociedad

El equipaje de las nuevas creaturas. Los que se transforman dejan atrás las viejas armas del temor y la separación (obligar, manipular, engañar, asesinar) y utilizan un nuevo repertorio especializado: conforman con los demás una unidad fraterna, viven en comunión con su ambiente, apoyan al otro en su más genuina aspiración, quieren que ambos sobrevivan en una síntesis que conserva lo mejor de ambos y elimina lo nocivo donde esté, explican calmadamente, actúan amando al otro, quieren genuinamente que el otro sea feliz, trabajan para esa felicidad de ambos, cambian cualquier procedimiento que no funcione por otro más versátil:, persuaden, convencen, despliegan dispositivos de cambio, realizan portentos atrayentes, enamoran con la belleza de los hechos.

Operadores divididos: A esta altura podemos revisar operaciones como  criticar molesto o impotente, quejarse, lamentarse, juzgar, condenar, calificar, posponer o postergar, culpar, esperar. Todas estas operaciones corresponden a la vieja mentalidad, son las formas típicas que asume el cs. Conllevan la acción dividida y la reproducen. Conocerlos, permite detectar cuando se está operando en la vieja sociedad y confeccionar los sustitutos idóneos de la gesta libertadora.

Categorización de la noción de estructura psicológica social:

Todos los conceptos y categorías de la Tgc parten del ci, éste es el estructurante universal de todo lo que despliega la praxis  antagónica del hombre. Y por consiguiente, la autoliberación es el foco de la desestructuración. En la Tgc están suficientemente codificadas, además de las categorías de ci y cs, otras como  “trampas de tiempo”, “profecías de autocumplimiento”, “mecanismos de dominación”, “niveles de acción” hasta llegar a la “Estructura psicológica social” (Eps),

La estructura psicológica social es el constructo de las relaciones humanas, erigido sobre la base de la contradicción íntima. Es una articulación, una forma de relación que contiene, como esencia, el conflicto interior, y cualquier derivación que se construya con esa base de sustentación. Es una red de relaciones que adopta la modalidad de la dominación y produce sufrimiento multitudinario. La estructura psicológica social contiene un estado de desarrollo de las tensiones contradictorias íntimas e interhumanas en un momento dado de la historia.

La denominación Eps fue inicialmente tomada del lenguaje de J. Krisnamurti y, ya al interior de la Tgc, se caracteriza por ser la fuente que dimana o permite la reproducción de la división individual y social. En los desarrollos épicos y dramáticos del paradigma ha sido denominada Estructura de la Muerte. Es una forma de articulación humana que ha permanecido intacta por milenios, desde la aparición de la división psíquica. Han variado las imágenes, la intensidad de la dominación de esas imágenes, la modalidad del sufrimiento, la forma de escogencia o de manipulación de las imágenes por parte de los factores de opresión interhumana, pero nunca ha desaparecido el molde organizador, el esquema que teje los conflictos con un sempiterno resultado de dominaciones y sufrimiento.

Los proyectos factibles son medios para producir construcciones factuales comunitarias que concreten y ejemplifiquen la nueva sociedad –la democratización plena o el empoderamiento popular-, y para probar el conocimiento teórico específico, pulir las herramientas conocidas y elaborar nuevos instrumentos de trabajo transformativo.  Constituyen dispositivos para que la población aprenda construyendo, pero no son modelos para repetir: es la comunidad la que debe deducir sus herramientas, quien, en el diálogo permanente, debe elaborar los instrumentos de reconstrucción humana que necesita. Por ejemplo, un proyecto genérico barrio piloto no puede ser aplicado mecánicamente. Es la gente del sitio donde se va a fundar el barrio, quien va a decidir si se trae gente de afuera, si se trabaja con todos los líderes locales, si se desincorporan unos y se los entrena en otra parte para luego –cuando hayan desaparecido o amainado las posibilidades de fuerte desencuentro-  insertarlos en su propio barrio. La Tgc puede servir de  guía general, pero es la población quien tiene que producir su conocimiento inventando.

Los niveles de acción.

Para caracterizar el progreso de la acción del sujeto humano, la Tgc discrimina cuatro fases, desde la inconciencia a la lucidez, y según se produzca o no conflicto.

La acción libre inconsciente, es la característica del niño que se divierte sin conocimiento de que causa daños en el ambiente. Es autoescogida y disfrutada (y en este sentido es plena, feliz y libre de división interna), pero por su inconsciencia es inmadura, irresponsable, no surge de información específica respecto a lo que ocurre, no protege el ambiente ni es ecológica.

La acción sumisa obedece a un enemigo (material o virtual), es fruto de la represión y la consiguiente inhibición del sujeto castigado. No evalúa la situación, es mecánica, puede cumplir por temor un acto que no hace falta u omitir otro que sí es necesario. Es acción dividida, no disfrutada.

La acción rebelde le lleva la contraria a un enemigo (material o virtual), es acción por tanto, dividida. Sobreviene cuando el sujeto sumiso nota que no puede ser castigado hasta el infinito o descubre que el represor disminuyó su capacidad castigante, pero carece de información sobre el proceso en marcha. Genera daños en el ambiente es irresponsable, no cuida el ambiente.

La acción libre consciente llega cuando el sujeto humano elimina la imagen de enemigo y evalúa la situación, es altamente informada, consciente, amiga, inteligente, autoescogida, integrada, madura, libre y feliz.

Hay cambio estructural cuando el individuo pasa de la libertad infantil, inconsciente pero disfrutada, sin idea de enemigo y por tanto no dividida, a la acción escindida o dicotómica, sea ésta sumisa o rebelde. Nuevamente hay cambio estructural cuando se madura desde la acción dividida a la acción consciente, integrada, autónoma, autoeligiente, holística y feliz. Este último paso se puede llamar también mutación psicológica, salto dialéctico, cambio epistemológico o paradigmático, cambio estructural,  ascenso ético-espiritual o traslado estético, consolidación de la personalización o de la individuación: mutación psicológica.

Vamos a constituir la Tecnología de la Mutación (tm):

La tm es la forma operacional de la Teoría General de Confrontaciones Comunes. Conjuga las técnicas de solución conflictual, el conocimiento y las herramientas elaboradas por la teoría –el saber sobre trampas, operadores, mecanismos de dominación, niveles de acción, etc- y elabora nuevos medios y proyectos, encaminados a la liberación de poblaciones. Son dispositivos de Tecnología de la mutación, un film o una telenovela de procesos, un concurso de videojuegos de no matar, un festival de canciones de no llorar, la fundación de un barrio piloto o de un liceo feliz  encaminado a servir como vitrinas y desarrollos mostrables, para difundir las herramientas o garantizar que la gente se enamore de la utopía.

Redefinición de la categoría salto dialéctico.

Ya sabemos lo que es el cambio dialéctico, estructural  o de mentalidad  en una persona, y es su salida de cada conflicto y su consiguiente acción unida a su  entorno. En el plano social, se hablará de cambio estructural, cambio epistémico o salto dialéctico en un área (o en una práctica específica), cuando una construcción o un desarrollo de esa área demuestre que rompe el viejo paradigma de la  dominación y el sufrimiento, y establece los nuevos parámetros de acción integrada, holística, amigable, feliz y respetuosa del ambiente.  Por ejemplo, vender alimentos a cielo abierto es una práctica que apunta a resolver el problema coyuntural, pero la respuesta estructural sería fundar primero una comunidad piloto  (en la página seis se dibujó escuetamente el perfil de un barrio experimental, en la última parte de este libro se aborda el tema con toda propiedad) y, como parte de su liberación profunda, establecer ahí un puesto de distribución de alimentos administrado por la gente ya empoderada y enseñarle esa realización a todo el país para establecer que si podemos vivir unidos, que es mejor esa solución, y así ayudar que se replique y mejore el experimento en todo el país y en el mundo.

No hay salto dialéctico en el paso de la acción sumisa a la acción rebelde. Rebelarse no es ser libre, es enterarse de que se puede llegar a serlo y  trabarse en una lucha que alimenta al opresor, que lo mantiene vivo y emitiendo respuestas. El salto, el cambio epistémico, el salto dialéctico y la libertad ocurre, no cuando el oprimido se molesta con el opresor o cuando pelea con él: el salto se produce cuando el oprimido deja de serlo, cuando conoce el proceso que fabrica a su opuesto dialéctico y deja de accionar el mecanismo social que reproducía la situación de ambos: es decir el salto acontece cuando el oprimido adquiere una conciencia del proceso que fabrica a su opresor,  y se dedica directamente a desmantelar la estructura que sostiene a ambos en el nivel de la depredación. Hay salto cuando hay construcción de lo nuevo y asombro capaz de vencer el escamoteo, la ocultación, la indiferencia y el sueño.

El punto de inflexión en un individuo es aquel en que éste conoce la raíz de su problema y disfruta la solución: ya sabe ver su interior, deshace con regularidad sus ci y llega a la alegría cada vez con mayor frecuencia, se deja ayudar a resolverlos, cada día se hace más capaz ver los ci en los otros y queda en condiciones de ayudarlos en la extirpación permanente de los focos de conflicto.

El punto de inflexión en una construcción social, pongamos por ejemplo una gran empresa del estado, la inflexión ocurre cuando sus miembros, ya enterados de la mecánica reproductora del caos, tienen un plan de emersión y todos se ayudan a detectar y disolver cada uno de los hábitos de la vieja sociedad (ver y callar, dejar pasar, no meterse en problemas, molestarse por las observaciones así sean acertadas y bien intencionadas), desmantelar las operaciones divididas, los artilugios y nudos de relaciones de la vieja estructura apenas se presentan. Cuando apenas aflorar, cada corruptela, desmán, vejación, prejuicio, temor, escondrijo o triquiñuela es develada afectuosamente por un acuerdo de todos en favor de la mutación social y el traslado a la nueva sociedad. El punto de inflexión en una institución es aquel en que la mayoría de los movimientos ya pertenecen al nuevo paradigma, y cada momento los genes de la vieja sociedad son develados y extirpados con mayor soltura y júbilo de todos.

Para que pueda haber cambio de sociedad, tiene que volverse una labor cotidiana la práctica teórico-política de ver, capturar y deshacer conflictos. De la misma manera en que producir o almacenar mercancías, por parte de unos, y colocarles precios correspondientes con la acumulación programada, difundir en la tv, en vallas y revistas incontables estimuladores del consumo, facilitar las compras emitiendo créditos, procurar leyes que favorezcan estas operaciones; y, comprar ansiosos, por parte de los otros, y difundir en la propia ropa durante el uso diario los emblemas y símbolos de las corporaciones transnacionales sin averiguar si ponen dinero para las conspiraciones destinadas a impedir que el pueblo se libere, correr rumores y chismes con gran goce en el vecindario o la oficina, creer todo lo que llega vía la tv, esperar, juzgar y criticar destructivamente a nuestros semejantes son operaciones cotidianas perfectamente coordinadas y  válidas para reproducir la vieja sociedad, asimismo detectar y disolver conflictos internos y  mecanismos de dominación, trampas de tiempo, profecías de autocumplimiento, detectar operadores y atrapar toda la vieja fauna  de la mente vieja hasta vivir contentos, difundir esa alegría  resultante, ser afectuosos y comprender cuando otro no entiende, y no molestarse sino conseguir otra forma más eficiente de explicar, reunir a los avanzadores, construir instituciones vecinales libertarias invulnerables a los azotes, fundar los barrios felices, los colegios experimentales sin dominación, los prescolares que no creen separación psicológica, la red de distribución de bienes sacralizada por el pueblo, inventar los deportes de no competir sino compartir y disfrutar juntos, los juegos de mesa que no  entrenen  la sed de lucro ni la separación; en fin, insurgir permanentemente para disolver en cada acto la dominación y el sufrimiento e instaurar la unión, son los actos significativos que, si pasan a ser una mayoría de gustosas operaciones de cada instante, por parte de los interesados, permitirán raudamente arribar a una nueva sociedad.

Instrumentos de evaluación: Para evaluar convenientemente las realizaciones de los ciudadanos libertadores, el cambio profundo y la acción integradora, la Teoría de confrontaciones elaboró una batería de cuestionarios aplicables a barrios emergente, colegios, empresas de producción socialista, universidades, colectivos y demás entes inmersos en procesos donde se pretenda que toda la población adquiera una nueva mentalidad, se libere de un viejo paradigma, supere la condición dividida y ascienda a una ciudadanía libre, correspondiente a la sociedad sin dominación y sin sufrimiento: el paraíso construible en la tierra, la sociedad sin clases o la democracia perfecta.

Con la categoría salto dialéctico ya resemantizada, se subsana la deficiencia que hemos venido notando en las construcciones de los luchadores socialistas tradicionales, que no terminaban de parir la nueva sociedad porque no sabían con qué actos precisos erradicar la vieja. La redefinición de la categoría “salto dialéctico”, aporta los puntos de inflexión entre lo viejo y lo nuevo, y permite apuntar con precisión las herramientas de edificación de la nueva sociedad.

Lugar de la Tgc dentro de la epistemología dialéctica.

La visión dialéctica del mundo ha sido una construcción histórica: fue un embrión  en Heráclito, se enriqueció en lo que Morris Berman llama paradigma dialéctico medieval, con interesantes protocolos inscritos en la tradición hermética y alquímica (lo que está arriba es lo que está abajo, unidad de los opuestos, correspondencias ocultas a la simple vista,  violación del principio de no contradicción de Aristóteles, integración del sujeto y el objeto, teoría de las semejanzas, búsqueda del perfeccionamiento humano mediante el acceso a la divinidad, participación con la naturaleza y respeto a la misma) que nutrieron el horizonte humano durante la Edad Media. Hasta el siglo XVI, este paradigma hermético alquímico  ayudó a apuntalar  a la iglesia cristiana: La alquimia “reclamaba para sí haberle dado contenido interno a la cristiandad…”  (Berman, Cap IV) y haber ayudado a fundar el estatuto epistemológico de las ciencias: “Sólo después que la magia le hubo provisto a la tecnología de un programa metodológico, es que ésta última estuvo en posición de rechazar a la primera”, (ibidem) hasta que pretendió disputar la principalía a la iglesia cristiana como método de salvación, y fue arrinconada mediante un juicio político –más  que una refutación científica-, apunta Berman en el mismo capítulo. La dialéctica renació dos siglos más tarde con Hegel, como causa que explica el movimiento de la idea absoluta hasta su realización, y, con Marx, se reafirmó como motor de la historia y clave para un plan de liberación  del hombre.  La Tgc, como llave para la transformación participativa, es el último desarrollo de la dialéctica, el estudio de la contradicción, simultáneamente en el marco individual y en el ámbito social. El perfeccionamiento de la tgc dará origen al paradigma mágico, que consolidará la epistemología dialéctica como campo eximio del saber universal. 

La historia de la dialéctica, ampara entonces los siguientes desarrollos:

·         Heráclito

·         Dialéctica medieval

·         Dialéctica de  Hegel

·         Dialéctica marxista

·         Dialéctica de las contradicciones íntimas y sociales: Tgc

·         Paradigma mágico.

la Tgc es un discurso post cartesiano, conocimiento sensual. Se funda en una participación del sujeto agente en el misterio del universo. Es un saber del cuerpo que participa y aprende superando el paradigma cartesiano o dividido, que negaba que el observador pudiera ser al mismo tiempo el objeto de  estudio. La Tgc no  cabe en el positivismo lógico, en el estructuralismo ni en el funcionalismo, porque es ciencia corporal, construida desde un investigador participante, que, en un momento de la praxis analiza, se observa para aprender, y en el siguiente se reintegra, disfruta la unificación posible que le permite el conocimiento adquirido.

Una misma problemática hace surgir al marxismo y a la Tgc. La tgc no cambia la problemática del marxismo, sigue la tarea de transformar el mundo del hombre. Pero agrega un nuevo campo a la dialéctica marxista: el estudio de la contradicción en el interior humano y la proyección de los resultados de ese estudio en el tratamiento de los conflictos entre personas y grupos. Con esto proporciona una extraordinaria revolución teórica, a la vez que una poderosa herramienta para penetrar el conocimiento de la vida de las comunidades familiares, vecinales, escolares, y propiciar su cambio profundo, estructural. La Tgc facilita apurar el paso e ir de la revolución intuitiva a la etapa tecnológica, sistemática o tecnopoética de la transformación humana y la construcción del paraíso.

Con esto, la Tgc aporta  un conocimiento que hacía falta, un saber crucial: aún en medio de todo el acoso contrarevolucionario, es imprescindible poner el énfasis principal en el cambio de mentalidad y en la fabricación de enclaves del paraíso; es urgente e imprescindible mudar gente y crear instituciones que vivan más allá del mundo del temor. Si los bolcheviques hubieran sabido eso, jamás se hubiera derrumbado el experimento soviético.

Algunos principios desprendidos de la teoría:

La lucha no es liberación, es una etapa intermedia. Liberación es la acción diferenciada, en individuos y en construcciones fácticas ya enclaves del paraíso.

El partido no es el sujeto del cambio fundamental, sino cada  ciudadano que muta y sus comunidades. Quien debe asumir el cambio es cada ciudadano y cada comunidad.

Sólo quien ama funda una nueva sociedad. El revolucionario profundo va directo contra la división estructural. Integra. Ama.

El cambio estructural, el salto dialéctico o la mutación son en cada presente o no ocurren jamás. El paraíso es ahora o nunca.

El imperio somos todos los que operamos con la estructura dividida. Sólo se sale del imperio quien muta. Lo que vale no es matar, es mutar.

No hay camino para la paz: la paz es el camino, como dijo Gandhi. Si no estás en paz, no la construyes en la sociedad. Los medios son el fin. Fines y medios conforman una misma unidad de significación.

El opuesto de la sociedad burguesa es la sociedad socialista, pero ambas pertenecen al paradigma dividido, al mundo de la guerra y están en contradicción con la paz.

El  opuesto del capitalismo-socialismo es la sociedad paradisíaca, esperada y añorada por toda la humanidad desde el inicio de las sociedades divididas.

El fin último de la revolución no es el socialismo sino el paraíso.  La Nueva Sociedad no es el socialismo porque éste se apoya en una clase contra otra, con lo cual mantiene el conflicto antagónico. Y la Nueva sociedad da fin a las clases y al conflicto antagónico.

La Epistemología de la Liberación se puede denominar también Epistemología Libertadora, y estatuye Líderes-Poetas-Sabios-Magos, Ciudadanos Libres o Activistas Mutantes, que también pueden ser llamados, con toda propiedad  Héroes Libertadores.

Sólo estos Ciudadanos Libres, los Héroes Libertadores detentan el Poder Moral.

 

Problema cuarto:

 

Sobre el estado de participación original y el nacimiento del ego

Hagamos primero un acercamiento a los aspectos anecdóticos del ego: El ego de una persona es lo que, en ella, se niega a reconocer un error para no mostrar un flanco débil (ese temor a otro, esa división), y al negarse deja un problema sin resolver con el otro (un vecino, el país, un niño, la pareja o el consorte) y las relaciones maltrechas; el ego es el que quiere ver algo o a alguien pero se lo prohíbe para que no lo observen mirando (esa escisión íntima); el que, mientras camina, se imagina observado y va incómodo; o, se sabe realmente observado y camina más nervioso e incomodado todavía; el ego es lo que imagina enemigos y quiere vengarse aunque los imaginados sean inocentes; es la instancia que, en una persona, teme lo virtual sin notar que lo temido es una fabricación ilusoria propia; es el dinamismo que guarda huellas de los daños recibidos y vive preparándose para vengarse y, ante los golpes de la vida dice, “Cuando esté arriba me desquitaré”; es el que miente para quedar a salvo o para desequilibrar a otro, el que sospecha un daño, el que culpa sin averiguar.

El ego es el que se las arregla con escasa información, o con la parte que favorece a un bando y es capaz de hacerse la víctima y de montar una trampa ante millones de personas, tratando de engañar, sabiendo que no lo logrará con todos, pero conformándose con lo poco que obtendrá. Esa instancia humanoide que se esconde y usa artimañas puede ser realmente maligna y un azote para la humanidad. Toda esa armazón de tácticas para sobrevivir en medio de la ofensa permanente, es capaz de invadir países basándose en argumentos falsos, aunque posea la industria y el ejército más poderosos del mundo. El ego no se desarrolla hacia el conocimiento de situaciones y su solución comprensiva, eso lo destruiría; permanece en la defensa ciega contra contrarios: actúa como si lo más importante de su dotación craneana fuera el cerebro reptiliano, se defiende manoteando a ciegas. El ego es realmente una construcción que ha llegado a ser mortífera, maligna, diabólica. Morris Berman, en “El Reencantamiento del Mundo” (1955, cap 6), reúne una gran documentación de investigadores de diversas disciplinas hasta levantar un historial del ego y, entre otras descripciones, aporta la de que: “parece ser una estructura que evolucionó para obtener amor por medio del dominio en un mundo sin amor” (Pg 168).

El ego, según la investigación de Berman, es una construcción similar al lenguaje, con elementos innatos, que se potencian sólo en condiciones favorables. La aparición de ambos data de la misma fecha, el comienzo de las sociedades agrícolas. El ego ha evolucionado hacia una cristalización cada vez más rígida y problemática, quizá una expresión de patología, pero lo importante es que es una creación del temor. Para Jung, el ego es una máscara elaborada con datos de cómo nos ven (o cómo queremos que nos vean) los demás y destinada, en el mejor de los casos, a desaparecer en el Sí mismo, que es la instancia que se da cuenta y motoriza o dirige el proceso de maduración que él llama individuación. Para mí, aportando en esa misma dirección, es una elaboración torpe y ciega que seguirá disparada de su cuenta mientras no aparezca una conciencia humana que lo ponga en su lugar. El ego, en su forma actual, es el depositario del miedo humano después del periplo recorrido por todas las fases de la estructuración mental dividida, y la acumulación de todas las incomprensiones acaecidas desde que tuvimos sensaciones, emociones y uso del símbolo. Pertenece a una incipiente conceptualización, a un pensamiento rudimentario que aún nos gobierna. De hecho, los frutos de la ciencia, aunque cosechados mediante el pensamiento lógico abstracto, han estado siempre administrados por esta instancia defensiva, y usados desde la división, para la expoliación de la humanidad, para la guerra, el dominio y el sufrimiento.

Berman aporta evidencia documental para afirmar  que el ego actual es una fabricación reciente. A partir del temor inicial y de las primeras elaboraciones del pensamiento, el sistema del ego se fue potenciando hasta que, a finales de la edad media se consolidó con la revolución industrial y cuajó en la forma que hoy ostenta. Se sabe que hace alrededor de 10.000 años, la sociedad humana estaba conformada por grupos tribales de recolectores y cazadores y que es posible realizar todas las tareas propias de las tribus hortícolas y de las ciudades imperio agrícolas, sin necesidad de un ego fuertemente artillado, tal y como lo conocemos hoy: es lo que hacen las jaurías de lobos o de otras especies que cazan en manada. Quizá se pueda aportar, en apoyo a esa tesis, la etapa sensomotriz y las adquisiciones infantiles hasta los dos años, que no necesitan el lenguaje ni la conciencia de un yo separado para manifestarse. Y pudiera ayudarnos mencionar el comportamiento de los antílopes y ciervos, que viven en manada y descansan unos en otros, la placidez de los gorilas y las palabras de I Burk, “en el principio no teníamos `yo` sino `nosotros`, que incluía a los animales”. Para la época de Sócrates, la gente conocía vía la imaginación mimética. Las multitudes se aprendían los versos de memoria, en trance, identificándose con los actores de la obra representada. Los ataques de Platón contra la mimesis, y del Judaísmo contra el animismo, significan un hito en el trayecto de la separación del sujeto respecto al objeto, meta que sólo se completó en el siglo XVI con la revolución científica. Lo relevante de todo el trayecto, es que con la revolución científica se dispara una división suprema: la élite científica declara, supone y prescribe que el humano está separado de lo que estudia, de lo que ve, de lo que vive. Y esa forma de conocer tiene un esquema idéntico a los esquemas de Laing en “El yo dividido”, correspondientes a la esquizofrenia -esto nos plantea la pregunta de si realmente vivimos en un estado de locura colectiva, o a un desajuste no muy lejano al que denunciaba Rousseau, y la de cómo llegamos a ella. Desde la época presocrática y hasta 1600, la humanidad vivió con un ego sin alienación masiva. “Al hombre medieval le fue asignada una posición con un fin determinado en el universo, que no requería de un acto de su voluntad”, deduce Berman, lo cual explica para él que no apareciera un ego fuertemente armado –yo recordaría que la mediación eclesiástica sí causaba una alienación significativa, el humano medieval vive sometido férreamente a una creencia que le es impuesta por el medio social: vive defendiéndose, es un ego oprimido y dividido-. Para Bergman, el surgimiento de la forma actual de ego está relacionado con una serie de cambios ocurridos en las costumbres familiares desde finales de la Edad Media. El artillamiento de un ego  rígido, competitivo y sufriente, necesitado de escapes fútiles y autodestructivos, comenzó con la aparición de los estados naciones industriales y sigue en pie en nuestro sistema planetario informático. A  fines de la edad media, con el paso de la familia extendida a la nuclear, se produjo un abrupto cambio hacia el control, aumentó el castigo, se incrementó el alejamiento emocional paterno durante la crianza: la humanidad comenzó a criar a los niños despegados de la madre, cesaron la lactancia de hasta los cuatro años y los juegos de estimulación genital hasta la pubertad (costumbres todas que se pueden aún observar en culturas “primitivas” que coexisten con nuestra civilización maquinizada y donde el ego es más suave). A partir del siglo XIII, el poder de la esposa declinó constantemente, en favor de una creciente masculinización en el ámbito de la educación infantil, disminuyó el número de parteras, apareció el hospital y el traslado de los recién nacidos bajo el cuidado de enfermeras en locales  similares a fábricas -el antecedente de nuestras clínicas de hoy-, donde quien acaricia al niño no es su madre sino una insensible cuna. A principios del siglo XX se recomendaba en Norteamérica la distancia emocional de los padres, reducir el cariño a un mínimo, aplicar fuertes dosis de disciplina, alejar a los pequeños de la sensibilidad de las personas, a fin de moldear sus capacidades y facilitar “su conquista del mundo” (Pg  166). Es posible que todo este cambio haya alimentado la raíz de la endémica angustia existencial (uno de los índices de la personalidad esquizoide) que padece nuestra sociedad. El ego, tal y como se manifiesta hoy, no es una formación universal. Hay en nuestros días civilizaciones que poseen estructuras más tenues de ego. La formación esquizoide, clara expresión de una patología que notamos en los países desarrollados y en quienes los copian, es un producto del capitalismo, afirma Berman en el capítulo 6.

Transcribo mi resumen de un artículo que encontré en Wikipedia: el ego es una instancia psíquica actuante, como un poder o una persona dentro de la mente, que está pendiente de nosotros, analiza las situaciones, se ocupa del examen de la realidad, utiliza los recursos de la memoria y lanza respuestas posibles para la toma de decisiones en cuanto a defensa y para que obtengamos el mayor placer posible, dentro de los marcos que la realidad permite, todo dentro de un ambiente de cierta inconsciencia. 

Desde la tgc, aplicando el modelo de los niveles de acción, surge la explicación siguiente:  al ceder, a finales de la Edad Media y luego con el derrumbe del poder absoluto de los reyes,  los factores que obligaban la conducta de las personas -el temor al universo, la dictadura eclesiástica, el estado totalmente autoritario-, el hombre quedó libre de desarrollar su personalidad pero, debido a que su conocimiento de lo que estaba ocurriendo era escasísimo, no ascendimos a la conciencia plena ni a la armonía, sino al establecimiento de una nueva modalidad de dominaciones mutuas.  Un niño que primero es sometido y luego dejado a sus anchas, no evoluciona hacia la libertad plena y consciente, sino hacia la rebeldía ciega en el marco de la acción dividida, la dominación y el sufrimiento. Las mayorías, en las sociedades modernas, albergan un yo subordinado a otro que logró afirmarse y vencer. Yo dividido quiere decir yo sometido, manipulado, alienado. La dominación es afianzada por la escuela, que no nos enseña a trascender la Estructura Dividida sino a adaptarnos dentro de ella, porque los maestros fueron adoctrinados dentro de una normalidad en que la dominación mutua es considerada eterna, no educan para superarla, la refuerzan.

El ego es el núcleo de autoreconocimiento del ser humano, un factor de identidad y un logro de la evolución, pero las vicisitudes de la supervivencia hasta hoy han obligado a que cristalice en la inmadurez y no evolucione hacia  la conciencia.  Esta circunstancia determina que la mayoría no avance hacia una alta autoestima, alegría, libertad y armonía, sino que permanezca  a merced de otros egos más firmes, dominado, manipulado, alienado  y fuertemente atornillado, incluso por la educación que recibe la población, pues ésta no está diseñada para superar la inmadurez y ascender en la escala humana, sino para estratificarse, cristalizar o paralizarse en la defensa individual ciega. En consecuencia, el cerebro reptiliano queda al mando y, debido a ello, si observamos a las principales potencias,  podemos constatar hasta qué punto estamos a un paso de la destrucción total.

La gente vive mimetizada en esta estructura, repitiéndola. La mujer necesita la mirada masculina y, si no la obtiene se resiente, si la obtiene y es aprobatoria, goza en su interior de forma dependiente, precaria o artificial. Actuamos con lo heredado, hacemos una copia de lo que había, usamos la doctrina, los rituales de la superstición: si caminas bajo una escalera tendrás mala suerte. Discutimos ciego, adoctrinamos al otro o nos dejamos zombificar. El ego es una imagen virtual de uno, que maneja los recuerdos, gustos, fobias, tendencias, moviéndose por “sed de honores, de dominio y de bienes”, por ansias de seguridad y de belleza, que no se consiguen en el mundo dividido.

 

Cada quien cree que es alguien independiente, pero todo el que vive preso en el ego es algo manipulable para otros egos, una cosa, un objeto programable, una máquina predecible, un automatismo a través del tiempo. El ego es una suma de operaciones fallidas: una fabrica dolor evitable: es el que recuerda y se atormenta, el que quisiera cambiar el pasado y no se da cuenta de que no puede, pero prefiere sufrir, pues tampoco nota que pudiera dejar de pensar. El ego se ofende en vez de entender que el otro sacó a relucir en voz alta sus propios contenidos mentales deficitarios. El ego es el cúmulo de los errores  mentales.  ¿Cuál fue el primer paso hacia esta construcción enfermiza?

 

Para dilucidar el problema, desde la Tgc, haremos  una aproximación a lo que era la vida antes de la aparición de esta forma de pensamiento  autodefensivo, que pretende estar escondido, que funciona artillado para la defensa, el ego, que sigue funcionando aún cuando no hace falta, si tomamos en cuenta que existen tecnologías para la producción de suficientes alimentos y bienes espirituales que alcanzan para todos. Nos interesa ver qué había incluso antes de la crítica de los filósofos griegos y los profetas judíos a la mimesis y al animismo. Debemos trasladarnos incluso a la situación que había antes del animismo y el totemismo. En el animismo, los objetos son dotados de alma y son adorados o temidos como dioses; en el totemismo, la población se considera descendiente de un ser animado o inanimado. Desde la Tgc podemos decir que estos fenómenos son ya  actos de división, mediaciones donde el pensamiento separa a la gente del objeto y durante las cuales se transcurre dormido, de modo que atisbaremos el fenómeno correspondiente al momento en que aún no había aparecido la división. Para preparar nuestro arribo a la era sin división, hagámonos una pregunta: ¿qué hizo aparecer el ego, qué hizo aparecer la idea de uno mismo asociada a la noción enfermiza de defensa?

Podemos suponer cómo ocurrió el primer momento de la era del miedo, en la que aún estamos. La persona o una instancia de la futura persona imagina un daño, recuerda un acoso y avanza  hasta el presentimiento de que se repetirá, todo lo cual significa división, fabricación de tiempo psicológico: me separo internamente entre el momento real actual y un tiempo supuesto, pensado en que ocurrirá el daño imaginado, pero ese daño imaginado, o mejor dicho, la imaginación del daño que supuestamente vendrá, es ya una sensación, una elaboración sensible, una tensión capaz de moverme. Esa escisión  entre dos polos, entre lo que hay y lo que vendrá: esa es la división y el malestar. Vemos cómo el miedo está en la génesis de la división o ésta en la génesis del temor.  Son una misma cosa. Temer quedar en evidencia ante el grupo si reconozco que me equivoqué, o acusar al enemigo político de ser culpable (para esconder que el culpable soy yo), son formas más elaboradas del fenómeno, pero básicamente lo mismo, miedo: división.

Después vino, para la humanidad la estructuración del temor, los atisbos de explicación de fenómenos como las estaciones, los rayos, las lluvias, sentimientos de culpa por estar dando muerte con gran éxito a los animales (Burk), culto a imágenes, ideas sobre la muerte o el origen de los semejantes, recuerdos tergiversados de  experiencias ancestrales con seres maravillosos, el nacimiento de los mitos, del totemismo y el animismo. El pensamiento animista más rudimentario bien se pudo alimentar del sentimiento de vacío ante la muerte. Al morir alguien nos quedamos habitados por los pensamientos y recuerdos que nos dejó y que ahora no tienen asidero en lo físico: una solución fácil –ante la carencia de una ciencia de eliminar el pensar residual- es decir que la persona aún está por ahí y nos acosa o ayuda, según haya sido nuestra relación con el ausente (esto vale independientemente de que haya vida después de la vida y entidades invisibles por ahí). Temerle o venerarlo, ponerle comida o amarrar el cadáver en el fondo de la cueva son todas formas de vivir con nuestros pensamientos, de pronto convertidos en fantasmas. (Y significa vivir dividido, nacer a la división, creer en los contenidos de la mente, animar el pensamiento y quedar dividido en dos, el que está presente o real y el que se supone que también está). Eso puede explicar cómo se pasa de vivir sin ideas del más allá a vivir poblado de ánimas, en los primeros momentos del manejo de nuestras percepciones y de la formación de conceptos sobre la vida y la existencia. El pensamiento mágico, que luego la estabilidad agrícola y la división del trabajo convertirán en instituciones con oficiantes, la base de las religiones, tiene su origen en una separación en el seno de la psiquis humana, es hijo del temor y una forma de la división estructural. Con ellos se inicia la estructura psicológica dividida, madre del yo actual.  Pero nos interesa el extenso momento antes de que esa primera solidificación del pensar mecánico apareciera.

Detengámonos en ese instante, ¿cuántos milenios duró esta era anterior al miedo enfermizo y elaborado en explicaciones, mitos y fábulas, antes de la formación del lenguaje y del pensamiento como instancia del temor y como articulación del mismo? ¿Cuánto duró la era antes de la aparición del animismo y el temor estructurado en ritos?

Podemos imaginar entonces francamente un tiempo en que el miedo no era una estructura, sino apenas momentos esporádicos -a la hora del acoso de un depredador natural, de un movimiento telúrico o un incendio volcánico-, y que, de resto, los seres vivientes más evolucionados podían permanecer en calma, muchas veces apoyados en el nosotros, sin yo y sin temor, como permanece el niño que no ha sufrido abstinencias o precariedades y que, sumido en su sabio inconsciente, en su cuerpo, descansa cuidado por sus padres y en el seno del universo. Ese estado de gracia lo podemos llamar integración primitiva, libertad primera, libertad original. Pudiera haber un parecido entre lo que ocurre en ese estado de libertad original y lo que sucede en la meditación: la meditación –quizá debería decir “cierto tipo de meditación”- se caracteriza por la desaparición del pensar, es un estado en el cual, la atenuación de la actividad pensante, permite que  aparezca una especie de unión con el universo, una inmersión en el universo -por desaparición del pensar temeroso-, en medio de  una calma especial. Quizá esa tranquilidad (la confianza del niño bien protegido por su ambiente, la calma de la meditación) es, de alguna forma, como el estado en que vivía la gente antes del nacimiento del ego, antes de la irrupción de esa instancia que primero teme, luego imagina fantasías explicativas y finalmente se desarrolla como defensor personal frente al ambiente humano inhóspito, fabrica y dispara armas de destrucción masiva capaces de acabar con su planeta, y las desarrolla por placer de sentirse seguro.

Según Piaget y otros pensadores, el niño nace sin yo, en un estado que Romain Rolland llamó “sentimiento oceánico” (citado por Berman, Pg 156), considera que su madre es él, no comienza a tener la noción de una separación de él respecto a su ambiente sino hasta varios meses después, cuando, al tocar el brazo de la madre, se percata de que se siente diferente a cuando toca su propio brazo. “Desde el período fetal en adelante, el cuerpo infantil, o el inconsciente, está sujeto al constante mensaje de la unión sujeto/objeto, de la falta de tensiones (y por tanto de distinciones) entre el sí mismo y lo demás” (Ibidem).  El yo aparece tras una serie  de desarrollos en parte innatos, y en parte vicisitudes de la vida de relación. Por ejemplo (el ejemplo es mío), cuando adquiere el habla, se le presentan problemas porque dice todo lo que ve y es reprendido, de ahí nace la convicción de que debe guardarse porciones importantes de lo vivenciado, esconder una parte, esconderse para evitar un golpe, y se vuelve mentiroso y esquivo, luego se hará hipócrita, al final quizá artero. Toda la armadura del yo se comienza a erigir como un sistema de ocultaciones, prevenciones y cuidados destinados a preservar la integridad personal. Finalmente en los señores saurios (es el apodo dado a los magnates de la guerra, en el guion fílmico “La República Contraataca”, uno de los proyectos factibles de esta investigación) se da el  fenómeno insólito y abisal: tienen todo el dinero y los recursos tecnológicos del mundo, pero los manejan con el cerebro reptil, quieren más para protegerse mejor. Y en el punto  medio de estos extremos podemos ver  todas las situaciones risibles que alimentan los chistes, las comedias, los dramas, toda la capacidad para el rollo que tratan los psiquiatras, y está la locura, que, según Laing, proviene, no de un individuo con anomalías estructurales, sino de un ambiente desquiciante.

Ahora, llevando al plano filogenético este conocimiento sobre el niño pequeño y su ontogénesis, se hace fácil imaginar cómo era la vida de la humanidad antes de poseer un yo dividido y alienado. Sencillamente, durante millares de siglos vivimos unidos al universo, y parte de esa comunión es lo que se expresa en los cuidados que los ciudadanos bolivianos luchan por rescatar cuando hablan de Pachamama y de volver a la armonía con el planeta. Si lo conocido para los niños es válido para la especie, la psiquis del ser humano primitivo transcurrió, durante quizá millones de años, identificada con el paisaje. Para él, el placer de la realidad era igual al conocimiento de la realidad.  Como un niño pequeño, aún experimentaba todo en su propia piel. El hecho y el valor eran una misma cosa. El sujeto y el objeto no se habían separado aún.

Por milenios se desarrolló el pensamiento tácito, el aprendizaje vía el cuerpo. El conocimiento era sensual, como es el de los niños durante los dos primeros años de vida, antes de la aparición del “yo soy yo”, “yo existo”.

Fue un larguísimo momento aquel anterior al miedo sistemático, un estadio en que no temíamos al más allá ni a los espíritus, no teníamos conceptualizaciones sobre el origen, ni premuras sobre el futuro y sí muchísimo tiempo libre, reposábamos en el nosotros, que incluía a los animales –como dice Burk- y teníamos la visión del presente, un ojo que veía más que el ojo actual, que estaba más en lo físico circundante que en lo interior embrollante y distrayente –como lo demuestran los artistas de las cavernas y Giotto, Andrea del Castagno y otros pintores que comenzaron pintando piedras en el campo sin ninguna cultura académica, y con esas pruebas de un arte asombroso sin escuela persuadieron a los que luego los indujeron a cultivar su saber en talleres y academias. La mirada del hombre atormentado ve principalmente sus fantasmas, no a los otros, no la desgracia humana, por eso no la consuela ni subsana. La división se manifiesta también como una barrera de pensamientos que impide ver lo que tenemos alrededor. Maya, un velo que oculta lo circundante, es el nombre que le dan algunas ramas del hinduismo a esa barrera. Para transformar el mundo es preciso despertar, destruir el velo, el ego.

Para facilitar su eliminación sistemática, podemos valernos de que la tgc permite ubicarlo técnica y operacionalmente. El ego es otro nombre de la división. El ego es lo que hay que deshacer para fundar una nueva sociedad. Todo lo que lleva división es ego y es Estructura. La Estructura psicológica Social es la estructura de la división y la estructura del ego. O como lo llamamos en una de las efusiones líricas de esta investigación, la Estructura de la Muerte, contra la cual estmos en pleno combate los Héroes Mutantes.

Los que no saben meditar, es decir, detener, sobrevolar, trascender  el pensamiento, pueden por ahora sólo imaginar esa vivencia sin imágenes precisas, ni negadas ni identificadas. Obtendrán de estos acercamientos solamente una idea intelectual del vacío. Pero pueden practicar intentando ver sus contenidos mentales como vivencias y vestigios que van rumbo a volverse nadas. Osho da una excelente descripción de la meditación: es como un lago donde ya fue lanzada la última piedra y cada vez aparecen menos ondas, hasta que se hace la calma. Los que aún no meditan tendrán que conformarse por ahora con sólo una noción de la ausencia de pensamiento. Pero, categóricamente, lo que vale es el acercamiento sensual, corporal, de eso trata la tecnopoesía mutante, la Epistemología de la Liberación. Es posible conocer sobre el fin del ego eliminándolo en cada momento que se manifieste, vivir su desaparición sensualmente, disfrutarlo con el cuerpo y la existencia y no meramente con el intelecto, durante el trecho entre un pensamiento y otro. Lo serio es acudir a esa evidencia vivencial. La belleza existencial está en saber por comprobación personal directa, que el vacío y la liberación existen, que el despertar cósmico es posible: descubrirlo, investigarlo haciendo ciencia corporal, es fundar el saber, el conocimiento de uno mismo.

Antes del ego éramos conciencia potencial, capacidad para crear todo lo que hemos creado a la fecha. Ahora, al deshacer el ego quedamos siendo conciencia ampliada, porque ahora disponemos de un vasto universo de comprensiones aportadas por el camino recorrido. La crisis del ego tiene que ver con la falta de sentido. Pero ahora, en medio del derrumbe de las formas compulsivas de ordenar la sociedad, la vida pone ante la criatura humana, junto a las alternativas aterradoras, las más espléndidas posibilidades. Entre ellas, cualquier construcción divinizante que nos eleve hasta el infinito.

 

 

 

 Problema 5:

¿Qué hizo el capitalismo para surgir? ¿Cómo vamos a surgir los Libertadores?

Revisando los tratados clásicos sobre el nacimiento de la sociedad industrial, saqué la siguiente síntesis: Crearon el valor del dinero, hasta los papas canonizaron el nuevo paradigma vendiendo indulgencias: como el máximo valor en la Edad Media era la salvación, y ahora ésta se podía comprar, automáticamente el máximo valor pasó a ser el dinero, razona Berman.  Vencieron  el paradigma de la magia y la alquimia, en un proceso en que éstas no fueron refutadas científicamente sino rechazadas en una componenda política. Pero esa unión fructífera de investigadores y científicos, académicos, experimentadores e inventores, ingenieros,  artesanos, comerciantes inversores y la iglesia -que comenzó a negar la magia aunque antes la usufructuaba-, logró vencer a sus competidores. Hundieron la conciencia dialéctica del paradigma alquímico y hermético, y lograron sobrevivir juntos. Negaron la conciencia participativa, el aprendizaje vía la imaginación y el cuerpo, en vez de vía el intelecto, aunque hasta hoy la ciencia siempre la ha albergado; apoyaron una nueva forma de conocer, que consiste en separarse de la experiencia, estableciendo definitivamente el paradigma que, en cierta forma, había propuesto Platón. Estimularon la revolución científica. Apoyaron y aprovecharon el nuevo método que combinaba la experimentación y las Matemáticas para forzar la naturaleza a emitir respuestas y aprovechar sus regularidades y exactitudes. Usaron tan prodigiosa herramienta para crear máquinas fabulosas y  producir en serie. Se enriquecieron un gran número de individuos y convirtieron el éxito material en parámetro de validación del nuevo sistema. Desarrollaron el comercio en gran escala y el crédito, inventaron los bancos. Invirtieron  en la compra de talleres artesanales y fundaron fábricas, compraron o expropiaron las tierras para apoyar con insumos agrícolas el desarrollo industrial. Utilizaron lo acumulado para explorar nuevos territorios, anexárselos y explotarlos. Fomentaron la cristalización del ego en la forma que hoy tiene, que instiga a los poderosos a dedicarse a la guerra de conquista y expoliación, en pleno siglo XXI., aun cuando ya podemos producir en abundancia para todos y fundar un paraíso entre nosotros.

La burguesía mostró a las mayorías poblacionales la profilaxis exterior, superficial, la  vida más decente y digna, más limpia y libre de microbios. Al acumular dinero y posesiones, los burgueses mostraron un camino que, aunque sólo desde el ego parecía ser transitable por todos, prometió engañosamente permear la riqueza hacia todos. Los capitalistas exitosos vencieron contra la miseria, la escasez, las pestes y las mortandades por factores endémicos, aunque sin querer desarrollaron al máximo las sempiternas guerras de conquista y nuevos flagelos, el cáncer, el sida, el ébola, la contaminación en gran escala, el efecto invernadero, la amenaza de extinción atómica, y aún experimentan probando sobre las poblaciones indefensas nuevos flagelos de su propia cosecha. Lograron que la gente se sumiera en el sueño del desarrollo capitalista y aún se cree que el progreso por esa vía, donde  todos nos tratamos como enemigos,  es un lugar realizable, por haberlo visto y disfrutado en las películas y en el resto de los medios de adoctrinamiento y dominación. Y millones de personas son capaces de arriesgar la vida para emigrar a las metrópolis imperiales, aunque el sistema se esté derrumbando a pedazos: la fuerza de atracción del mito (unido a la presión del engaño publicitario y a la incapacidad de la estructura para decir abiertamente su verdad) gobierna pese a los hechos.  Los sistemas de realidad están fuertemente construidos en base al pasado y va a ser difícil desarticularlos. Por supuesto, no constituyen un obstáculo insalvable, significan sólo un reto para los Hacedores del Cielo.

Hace 500 años, la burguesía, con gran empuje y mediante la realización de fabulosas proezas, logró cambiar las expectativas, los deseos y las costumbres de la gente, aunque un siglo antes ese viraje parecía una tarea irrealizable. Ahora nos toca a los revolucionarios paradisíacos transformar la mentalidad -la de cada uno de nosotros en primer término-, para enamorar al resto de la población mundial hacia un mundo en que se comparta en paz y la vida sea feliz, no sólo para el 30% irrigado por el goteo de la abundancia, sino para todos. En esa odisea de transformar radicalmente el acontecer, en más de un aspecto nos puede servir el ejemplo de la burguesía: de ella podemos aprender hasta qué punto hay que esmerarse para tener éxito en la tarea.

Consideremos ahora lo fantástico que deberá ser el ímpetu de las fuerzas revolucionarias –después de no burocráticas, no sectarias, no oportunistas, no enemigas de alguien-, el portentoso despliegue que necesitará describir el Método de Uno para erradicar la dominación al tiempo que extermine el sufrimiento, y todo lo que tiene que construir el ser humano noble para cumplir la nueva etapa evolutiva de la sociedad. Es deducible que habrá una serie de desarrollos colosales, extraordinarios inventos (bombillos  eternos, máquinas  voladoras, a la vez acuáticas y todo terreno, impulsadas  por energía magnética no contaminante - como anticipara Ibrahim López García-, todos los inventos que las corporaciones han refrenado para mantener su tasa de  beneficios), uniones inverosímiles, principalmente muestras vivas de que la vida puede ser diferente y traslados puntuales de las primeras áreas del mundo desde su eje dividido al paradigma de la armonía.

En un panorama mínimo de las bellezas que deberán aparecer a medida que triunfa la liberación humana caben los siguientes prodigios:

 

El surgimiento de los increíbles héroes mutantes, promotores totales, líderes de llevar simultáneamente lo económico y lo social a su rango estético, más allá de las brutales pulsiones para sobrevivir azarosamente y de la simple búsqueda de comodidad. Héroes-poetas-sabios, los llamó Luis Britto García en su cuento “Inca go home”. La lírica de la Liberación les agrega el rango de magos, porque convierten la vida cotidiana en belleza existencial, y los denomina HPSM. También los hemos llamado Promotores Paradisíacos, Libertadores Contemporáneos, Empresarios Bolivarianos, Emprendedores Totales. Estos pioneros, con su ejemplo y sus proezas son los adelantados en la puesta en marcha de la emancipación definitiva o de todos.

En vez de procurar para sí dinero y riquezas, los Héroes Mutantes aprenden cómo detener la fabricación masiva de pobres y se dedican sistemáticamente a enriquecer a todos en belleza espiritual y en calidad de vida, con lo cual aprovechan la capacidad tecnológica infinita ya existente, para producir bienes y generalizar el reparto, el gran compartir adonde todos los humanos fueron convidados, de manera que los pobres heredan la tierra.

Infinidad de apóstoles que desarrollan en la gente el amor a la naturaleza en sus territorios, dando fin a la conciencia separada, usando formas novedosas, entre otras, la vivencia feliz. Se los ve actuar riendo, se burlan hasta de sus descalabros coyunturales, ponen de moda aprender de sí mismos. Dejan atrás toda amargura y son admirados por esa actitud risueña y la total confianza en los poderes del universo.

La aparición de las fabulosas Escuelas de Talentos. El lugar donde se forman los HPSM no es una serie de  aulas ni de asambleas sino los barrios que estos Libertadores extraen de la Estructura de la Muerte: el quehacer cotidiano en los territorios liberados es la escuela. La condición para que haya Empresarios Totales, es que estos, durante su formación, liberen barrios, y dentro de ellos, colegios y factorías.

El esplendor de los barrios liberados: el asombroso cambio de mentalidad de las poblaciones pioneras, convertidas en las verdaderas protagonistas de la liberación, su nivel superior de organización, la impermeabilidad de estas comunidades piloto ante las ofensas y las artimañas de los agentes divididos, su saber que no tienen enemigos aunque un gran porcentaje de la población odie todavía, su hazaña de no disparar ni un solo tiro para lograr su emersión, sus colegios y prescolares sin dominación, su salida del caos con hechos verificables,  evaluables y repetibles hasta el infinito. Todo ese prodigio encendiendo el ánimo de los turistas del Edén es la principal vitrina, la puerta de acceso de la Nueva Sociedad.

La  difusión y popularización de la TM y del Código de Uno. En algún momento del proceso, la población en pleno ya estará empoderada con los saberes esenciales: cuanto hacemos es división subsanable, todo dolor tiene cura, la vida puede ser feliz en cada ahora, el paraíso es habitable hoy y el que no se muda de inmediato se lo pierde, pero ya no tiene sentido que culpe a otro. Poco a poco en los barrios, se deberá perfeccionar el modelo, zonas liberadas que se expanden hasta que queda fundado el Primer País de la Armonía Planetaria, donde cesan los partidos y se consolida la unión. Por primera vez, los bandos de una nación no terminarán matándose, y la relación de ese enclave diferente con los demás lugares le enseñará a las potencias reptilianas cómo dejar de vivir matando, supuestamente en defensa propia, cómo dejar de invadir y de llenarse de refugiados, cómo suspender el asesinato masivo en nombre de la libertad, en vez de ejercerla plenamente. Otros hitos de esta escalada de la armonía son:

Las redes de abastecimiento de rango humano que surjan de la integración inteligente de los barrios libres. Su asombrosa cualidad de no ser penetrables por el interés mercenario al servicio del dinero ni por el temor cómplice y fabricante de vasallos de la fuerza bruta, sino que rindan tributo a la libertad plena de la gente y al Reino de la Amistad.

El trabajo feliz y riente, la producción social de base ética suprema, los conglomerados de empresas de la gente que den fin a la obsolescencia programada, al desempleo, a la pobreza en cada vez más regiones den pie al surgimiento de los primeros conglomerados de países libres del caos, focos de luz para el mundo, caracterizados por las avanzadas habilidades de comunicación de sus habitantes, sus referéndums relámpago y, en general, el altísimo psiquismo, que les permita ganar las guerras no convencionales sin usar el viejo arsenal, proezas que fascinen al mundo y generen múltiples liberaciones por todo el planeta.

Deberán popularizarse los eventos  nacionales e internacionales de deportes de base no dividida, las Nuevas Olimpíadas y las diversiones felices, juegos de mesa, de campo, de pista, de cancha obra de los Forjadores del Paraíso, que ayuden a integrar a la gente y unan a los pueblos.

Así como, apenas concebido el método científico y con su aplicación en las técnicas más diversas, se abrió el camino de la producción en serie, porque la dinámica social se alimentó fluidamente con la aparición de millares de promotores deseosos de aplicar el truquito de usar las máquinas, incluida la criatura humana, para fabricar bienes en serie, guiados por el gustico de ganar dinero y escapar de la precariedad individual,  asimismo en adelante, ya descifrada la Ciencia de Uno y su instrumental, se prevé que la propia dinámica social actual alimente la aparición de millares de promotores que querrán hacer prodigios aplicando el Método de Uno para crear enclaves del paraíso y disfrutar el  gustico de ver a la gente libre, feliz, y ser prócer del nacimiento del Mundo Nuevo. Por supuesto, también servirán de estímulo la consciencia de la necesidad del viraje, la inminencia del desastre si continuamos hacia el fondo del caos, y la belleza inédita de las realizaciones posibles, el asombro del descubrimiento, la energía de la  divinización pero, sobre todo, la alegría irradiante nacida de la propia libertad alcanzada respecto al pensamiento.

Frente al sueño que se agota dentro del paradigma dividido, que ya arrojó su cara nefasta, que demostró su engañosa promesa, su incapacidad técnica ante la magia, su nulidad en cuanto a dar respuestas tanto en el campo científico como en el ético, su saldo negativo respecto a la fabricación de pobres y guerras. Frente al colapso evidente y amenazante del mundo dividido, los Ciudadanos Libertadores tenemos el más vasto panorama de opciones para desarrollar nuestra gesta de liberación, después de abrir el acceso a las nuevas prácticas, al silencio, a la comprensión amplia, a la vida sin escisión. Aprender a detectar la separación –la vieja mentalidad- y a deshacerla a cada paso, no depende de que lo haga una persona especial, un líder carismático. Es un trabajo para cada ciudadano que desee la nueva sociedad. La labor de los líderes es aprender de sí mismos y quedar en condiciones de asesorar a los demás y de seguir aprendiendo en la interrelación, no encerrados en un convento ni en aulas, sino en los barrios, colegios y centros productivos, embelleciendo la relación humana, desarticulando las viejas rutinas, las obsoletas mecánicas, haciendo reír al mundo, generando la poética real, la poesía de la acción cotidiana.

Así como la revolución burguesa hubiese sido imposible sin el método científico, asimismo la transformación paradisíaca no podría efectuarse sin el Método de Uno, sin esa Tecnopoesía de la mutación, y sin una eclosión de Libertadores que manejen con destreza los dispositivos y estrategias de la integración. Sin método, no hay transformación. Otros portentos que ayudarían a reconducir la energía sobre  el planeta:

Que en China y Rusia comience una praxis transformadora que disuelva la guerra en una síntesis estructuralmente diferente, en una práctica pacífica y pacificadora, concretada en zonas de desarrollo especial, enclaves del paraíso en pleno mundo en guerra.

Ese  portento de la transformación de China y Rusia, de Turquía e Irán en vanguardia fundadora del Paraíso entre nosotros, depende de que en Venezuela (o en cualquier otro país latinoamericano en vías de liberación profunda) se verifiquen los postulados de la epistemología dialéctica y se prueben sus hipótesis mediante la  ejecución de los proyectos factibles pertinentes. Es decir, que se liberen sus barrios uno por uno, que aparezcan miríadas de líderes con la mentalidad estetizadora y que se resuelvan problemas como el de la economía de rango humano y el de la unificación nacional armoniosa.

 

 

Problema 6

Sobre darle fin al ego

 

Después de diez mil años de evolución, la catástrofe, aunque podemos recusarla, está servida. El ego, la instancia que nos ha garantizado la supervivencia, produce naciones en alto grado animálicas que sólo entienden la relación humana como dominación y atacan ciegamente hasta a pueblos eminentemente pacíficos que no han invadido a nadie en doscientos años y que se encuentran a la sazón (pese a sus vestigios de las civilizaciones anteriores), inaugurando la democracia participativa y otros avances significativos hacia el poder de todos, iniciando los referéndums revocatorios a nivel mundial, ampliando los beneficios sociales obligatorios, las pensiones universales, la garantía de vivienda, la equidad, la justa distribución de las riquezas y adelantándose como constructores del paraíso en la tierra. Los señores saurios, prisioneros del instinto de defensa, permanecen atacando a todo el que no se les someta, sin recordar que nacieron queriendo fervientemente ser Repúblicas, sin advertir el proceso que los llevó a convertirse en imperio.

El trabajo de los Líderes Libertadores es, primeramente, eliminar la parte que ocupan del imperio: salirse, dejar de ser dominados por sus propias imágenes o por opresores extranjeros, y erradicar cuanta forma de separación se presente en su quehacer cotidiano (complicidades automáticas, conquistas amorosas, supremacismos, crítica impotente, participación en redes de escarnio o depredación, sometimiento de alumnos, actos de seguir o de adoctrinar, maltrato de niños o de ancianos). Y, simultáneamente a esa liberación individual y nacional –y con la energía generada por ella-, ayudar a que las demás poblaciones entiendan el proceso de la dominación y el sufrimiento, para que a su vez, en lugar de someterse dócilmente o intentar salvarse aisladamente dominando a los países más débiles, aprendan a autiliberarse, se unan, eliminen las depredaciones y generen una armonía planetaria.

En cada uno de estos pasos, se estará cumpliendo una eliminación de ego. Porque cada liberación es un acto de consciencia, y la inteligencia, la consciencia, es la instancia opuesta al ego. La categorización de la tgc concuerda perfectamente con la clasificación de Berman, sacada, entre otros, de Freud y Reich, y con la de Jung. La instancia que aprende y evoluciona según la terminología de Jung, es el Sí mismo. Mientras el yo almacena lo fallido y lo erróneo, el Sí mismo es inteligencia, es capacidad integradora y liberadora. El ego es el pasado, el Sí mismo es la liberación en el presente: la capacidad para comprender y actuar con frescura, sin el temor compulsivo, para reconocer errores y avanzar. Estos conceptos concuerdan con lo que en la tgc estamos llamando conciencia plena, vida holística y que  indistintamente  llamaremos también espíritu, madurez, inteligencia y alma. La  TM es todo el instrumental para desarrollar esta Conciencia Superior. La transformación personal es la clave de la liberación social. El Método de Uno es el método para volvernos uno, íntima y socialmente,  individual y planetariamente. El Código de Uno –la mayor síntesis del método- es el código de la integración humana.

Frente a la acción esquizoide, autodefensiva y ciega, el ser humano tiene a disposición su capacidad de comprender e integrar. El ego sólo ve la mitad del otro (lo malo ajeno) y no reconoce un error propio (no ve la viga en su ojo), se contradice y no lo nota; la inteligencia puede ver completo todo el proceso –lo bueno y lo malo de mí, junto a los bueno y lo malo del otro-; el ego dice que él no fue aunque está grabado, filmado lo que hizo, gana con los aciertos y pierde con los fracasos, pero el alma aprende con todo. El ego es como la rata en el laberinto de Skinner, se mueve sin una visión del proceso en que está involucrado y sin una técnica precisa, busca salidas, pero no pone una inteligencia ni un empeño suficientes y se mete en nuevas veredas de la misma trampa; el ser humano no es una rata en un laboratorio conductista, puede separarse del cajón, ver todo el artilugio y entender lo que le están haciendo. Aunque no la use, tiene acceso a una conciencia ampliable y a una energía aplicable, capaz de ver la estratagema y salir. Develar el simple misterio del ego y darle fin trae la libertad, es forjar el alma, es construir el espíritu o acceder hasta él.

 

El ego es manipulable por los políticos, los publicistas, los emisores de sentido para la vida, es engañable con promesas que no se cumplen pero vuelven a surtir efecto en otras versiones, estructuradas por el mismo plan de dominación pero desde otras bocas: el ego es domesticable. Pero el alma es un poder capaz de darse cuenta y volar fuera del molde de la ilusión, el desengaño o las domesticaciones. El ego se compara, pierde o gana y se bambolea, espera, se aburre, juzga, condena, acomete todas las operaciones de baja energía, la visión superficial y la acción poco profunda. Ocurre igual a cuando el bulbo raquídeo se hizo obsoleto para las operaciones de análisis, hoy el ego es inservible para la acción de construir una Verdadera República. Pero todo el que note esa insuficiencia, sabrá que, para esta acción de nivel superior en complejidad, que es construir una nueva sociedad, es imprescindible abandonar el ego y utilizar la inteligencia.

 

El ego existe en función inversa a la conciencia. El cerebro nuevo tiene la cualidad del silencio y la comprensión liberadora, pero entra en funcionamiento sólo en la medida en que no está el ego acaparando todo el espacio y la energía en su quehacer escindiente y mortificante. El ego es la zona errónea del espíritu. Una armazón operativa ciega que siente placer cuando se considera por encima de otro, y dolor cuando se cree inferior, aunque ambas opciones son mentira desechable en función de la paz y la alegría. Toma la creencia por verdad y es capaz de matar por ella. El alma entiende los mecanismos de dolor y vuela libre.

 

Dar fin al ego (no a su parte innata ni al arsenal de datos fácticos acumulados, sino a la forma grotesca en que imagina peligros y se defiende empecinadamente de sus sombras) es aprender a reír, entre otros aspectos, aprender a reírnos de nosotros mismos. La estrategia para eliminarlo es cazarlo en falta y burlarlo, no hacerle caso, dejar de obedecer su tiranía. Cuando se debata “¿Qué hago, acompaño a esta mujer casada y triste o abandono mi idea sexual y sufro por no estarla haciendo feliz?”, saber que no es obligatorio cumplir ninguna de esas dos formas de sufrimiento, que existe el mundo feliz y tiene las respuestas abiertas. Cuando diga a esperar golpeando el piso con un pie, o caminando de aquí para allá, porque cree que así el tiempo pasará más rápido, verlo y cuajarnos de la risa por dentro. Igual cuando vemos gente que se compara y gana  o pierde. O cuando nos veamos envidiando y cuando diga a preocuparse porque los camaradas son lentos o los líderes de la oposición se esmeran en la perversidad: entender que la preocupación no lo va a remediar, sino la alegría y la cantidad de gente que sea atraída ella mediante. Cualquiera puede ver esa entidad mediocre trabajando horas extra en uno, esa forma de gastarse en desvaríos, ideaciones estériles y recuerdos inservibles, mientras  uno se afeita o mientras se pone el pantalón o la blusa. Verlo es la mejor forma de saber que está pasando de largo y qué papel juega y qué sencillo es dejarlo ir, trascenderlo y vivir sin obedecerle nunca más.

¿Adónde llegamos cuando sabemos que el yo es eliminable y comenzamos a darle fin? ¿Se puede vivir sin esa construcción milenaria y obcecada en hacer lo que no hace falta? El trabajo de eliminar la Estructura de la Muerte y alcanzar la paz y la armonía puede asentarse en una base muy poderosa: los millares de años que transcurrimos en el bosque y luego en la pradera; esa recóndita vivencia de la libertad primera pudiera ser el ancla biológica suficiente para regresar a una forma de estar en el planeta sin el pensamiento temeroso, sin la estructura dividida, atormentada, sufriente y por lo tanto maligna. Tenemos un amplísimo espacio para descansar del tormento de tener mente y tiempo psicológico y espera y desesperanza, duda, crítica feroz, rencorosa, deseo y frustración, fastidio, angustia, nausea y disgusto por lo que hace otro, ira, preocupación. Tenemos nuestra heredad recuperable, el silencio, el vacío y la creatividad auténtica, el universo de los prodigios.

Ahora podemos volver a ese lugar fuera del sueño, ser inocencia, frescura, asombro. Ausencia de miedo. Andar sin el peso de los siglos. Descansar de la pesadilla que nos acosó durante milenios.  Enseñorearnos de la tierra para bien de todos, no a título personal. Ahora el otro puede ser una extensión de ti mismo que te cuida, que vela sin esfuerzo por ti, mejor a como el antílope vigila mientras la manada pasta. Volver a los colores del paisaje y al canto de los pájaros, al rumor de las aguas y a sonido del silencio. Podemos estar en nuestro hogar inicial, compartirlo sin recelos, disfrutarlo sin limitaciones. En adelante será muy fácil sortear los últimos escollos.         . 

Tras pulsar la opción  de desautorizar el pensamiento, dejamos libre la enorme potencia de la mente, para que se exprese comprendiendo los procesos, lo que hay, lo que ocurre, lo que somos y hacemos. Disponemos de un lugar amplio y fresco para salir del sufrimiento y librarnos de las drogas que son usadas intentando un consuelo. Y un jardín para librarnos del consumo inducido, que solemos emplear para intentar compadecernos o escapar del yo. Existe un paraíso al cual la gente puede acceder en un instante para disfrutar como en una vacación. Está a nuestra disposición una heredad  espléndida para, si uno quiere, crear, hacer poesía escrita, o arte, pero sobre todo desde un vivir en el juego, en el relax, en el amor a la vida y en la reconciliación con los semejantes. Y, lo más trascendente, tenemos un lugar donde pertenecer, desde el cual fundar la paz, donde salir de la insania. Un sitio adonde ir en vez de a la locura o a la agresión y a la guerra, que es lo mismo. Contamos con una base de lanzamiento para trasladarnos a otra vida.

Si esa posibilidad biológica existe y es ahí adonde llegan los que meditan o caen en éxtasis, entonces cuanto ha hecho la humanidad durante los últimos ocho mil años es una aventura pasajera. Interesante, extraordinaria, apasionada y peligrosa, de la cual podemos sacar los frutos, las máquinas y los otros aprendizajes, pero de la que podemos deslastrar todo lo desechable. Más allá de ese territorio del pensar atormentado, podemos y necesitamos cultivar nuestros momentos expandibles en el lugar de los portentos, podemos y necesitamos visitar, cada vez más frecuentemente, esa área recuperable, el parque de diversiones jurásicas sin dinos antiguos. Por ahí andan los guerreros reptilianos, los señores saurios, pero ya sabemos cómo lidiar con ellos: todo es una cuestión de amor, en esta contienda sagrada. Amor herido, el de ellos. Amor triunfante, el de cuantos nos logremos mudar.

Lo más sorprendente es que este proceso de darle fin al ego ya comenzó. Los muchachos en las esquinas, la gente en los bares tiene, entre sus diversiones favoritas, la de burlarse del que teme de más, reírse del ego de los amigos y los extraños, cazarle los gazapos, destruirlo amenamente***. Es lo que hacen la comedia, la sátira, muchos chistes y otros géneros. Lo que haremos desde la tecnología mutante será sistematizar y acelerar ese proceso de aniquilación de la armadura. Este es el siglo de darle fin al ego, esa fabulosa creación transitoria. El ego es el cúmulo de todas las operaciones fallidas innecesarias, tramadas desde el temor para escondernos o defendernos, para quedar a salvo de peligros que a veces no existen sino en nuestra mente, abarca todas las trampas de tiempo, las operaciones divididas, todos los conflictos entre personas, los ritos, las creencias, las supersticiones, los conjuros, los mecanismos de dominación, todas las alucinaciones  con peligros  imaginarios que terminan siendo creados por la respuesta alucinada.  El ego es lo que impide a tanta gente cantar en público, el que te dice que no puedes escribir o pintar, o el que te hace escribir o pintar por motivos  espurios o estériles -para ser alguien o ganar dinero. El yo puede arruinar la plenitud de una persona, opacarla, disminuirla o hacerle creer que crece cuando en realidad engrandece una instancia incomprensiva. El ego puede tapar la luz de una persona, quitarle la plenitud y ahogarla por completo hasta socavarle la vida.

El ego es una instancia de guerra, que reproduce esquemas y situaciones de apremio hasta cuando juega, pues por lo regular quiere que el otro pierda. Es el resultado de la división constante heredada socialmente durante la crianza, la base de operaciones montada a partir de todos los agravios recibidos y de las incomprensiones vividas. Es el arsenal de respuestas para competir en un mundo adverso. Es la división en acto, en funcionamiento. Jamás aprende a cesar: su tendencia es a enconcharse cada vez más, a hundirse más y más echándose encima capas concéntricas de pensamiento, es una caverna que se cava a sí misma cada vez más hondo configurándose como una  prisión casi perfecta. Es una máscara para competir, no colabora sino por un interés, calculando, sacando cuentas, ganando y perdiendo. 

La instancia dialécticamente contraria, la que aporta desinteresadamente, sin cálculo, llega cuando el ego tiene fin. Cuando comprendemos su catástrofe, su inviabilidad. La nueva potencia actúa  como un niño, ayuda por placer, para ver qué pasa, es curiosa e inocente, creativa, no da gracias, no pide favores, solicita atención desinteresada, es como son los infantes cuando aún no han aprendido a  esconderse ni a odiar, cuando no han aprendido a ser como los adultos.

Esta cualidad de inocencia y frescura, esta capacidad de decir la verdad sin ofender, de no esconderse y confiar en el otro, característica de los niños hasta cierto momento de su socialización, es la esencia de la nueva estructura psíquica humana, la conciencia, y es imprescindible para la difusión del poder en el seno del pueblo: la única forma de que la mayoría ejerza el poder, es que cada nuevo líder lo sea de compartir, de no temer ni avasallar, de liberar, de ayudar al crecimiento de la multitud hasta que cada cual sea un líder de no dominar ni relegar o excluir a sus conciudadanos, ni siquiera con los mecanismos de dominación subliminales y ocultos, tales como apartar a las mayorías en las barriadas, o en las universidades  -actuando con la mejor voluntad pero sin Ciencia de Uno-, y encima echarles la culpa y calificarlas de apáticas.

El trabajo de los libertadores es facilitarle a la población mundial el ascenso al espíritu, acometer la conquista del alma. Promover masivamente el conocimiento de cada quien respecto sí mismo, entregar las herramientas para la deconstrucción y dirigir el arribo de la humanidad al hogar eterno. Construir los dispositivos de reencantamiento del mundo, los barrios felices, los colegios sin dominación, los juegos integradores. Enamorar con las bellezas realizadas, con las proezas cumplidas. Salir de la parálisis ética, del estancamiento o la involución estética. Completar el trabajo que quedó inconcluso tras la aparición del ego, su maduración y su transformación en su opuesto dialéctico, el arribo a la plenitud, a la conciencia, a la vida verdadera.

Dar fin al ego significa pasar cada vez menos tiempo en los rollos mentales y cada vez más lapsos vivenciando, directamente, el espectáculo de la vida. Dedicar más energía a ver las prisiones sucesivas mientras se deshacen y a quedar libres de toda elucubración automática estéril. Descansar de la mente distraída, usar toda la energía para entender y para disfrutar las presencias reales, el milagro de la existencia, el prodigio del presente eterno. Significa mantenerse saliendo de las trampas y de la respiración entrecortada y regresando al más hondo aliento y a la reconciliación con la vida. Esta epopeya significa dar un salto descomunal a un nuevo acontecer, a una vida lúdica que se forja a espaldas del pasado, mientras avanzamos enamorados  de la realidad diferente que vamos encontrando.

 

Problema 7:

La ideología y las nuevas prácticas.

 

Según la definición de ideología como “una efectuación simbólica de clase”, la tgc no es una ideología, porque trasciende el accionar de las clases. Los mutantes actúan desde el fin del conflicto, sin enemigos en ningún bando. Al proscribir sistemáticamente la lucha contra un enemigo, la tgc trasciende el accionar llamado ideológico. A  muchos les resultará difícil de aceptar pero es técnicamente coherente. La tgc despliega su instrumental en la novísima plataforma de la integración humana que ella misma funda, no se parcializa por una clase, no surge para destruir a una parte contra la otra o para accionar desde una parte, sino desde la comunión, desde el todo. Por tanto, no es caracterizable dentro de la lucha de clases ni como ideología. Es, sí, una moción desde la conciencia plena (en este momento histórico), y un paso para lograr el fin de la guerra fundando la praxis transformadora no antagónica. De ese intento surgen las siguientes puntualizaciones:

La revolución es psicológica a la vez que social, o no es revolución. Llevar a su cenit la revolución psicológica, es la única forma, o la vía rauda para que la población se torne no manipulable, inmune a las jugadas mediáticas administradas durante las guerras de última generación.

El protagonista principal de la gesta libertadora es el pueblo noble (no el obrero ni el partido), el pueblo en la medida en que  eleva su conciencia, cambia su mentalidad o muta, porque sólo en la medida de ese ennoblecimiento se hace capaz de transformar todo lo que toca en belleza existencial.

El nivel más alto de ciudadanía no es el voto, la máxima expresión de la democracia es la regulación cívica permanente, el reclamo amistoso en cualquier espacio, la participación constante entre iguales a toda hora: el poder compartido o poder popular. Una igualdad que se verifica cuando hay reorientación amorosa y desarticulación, en vivo, de cuanta dominación aparezca, en cada instante en que se hace presente. El nivel más alto de ciudadanía es la contraloría social permanente en todos los niveles, familiar, vecinal, escolar y en el ambiente laboral, en los sitios públicos y en todo el conglomerado nacional. El nivel más alto de ciudadanía era el voto durante del viejo paradigma. La Nueva Sociedad vuelve ese precepto una falacia.

El más importante instrumento para promover  la conciencia humana no es hacer música; ni hacer deporte es la mejor forma de crear o manifestar hermandad; ni el partido es la principal herramienta para organizar el poder popular (un partido puede pasar 15 ó 70 años en el gobierno y seguir dejando para después lo fundamental: lograr que el pueblo se quede ejerciendo el poder)

Las palomas son un símbolo harto erróneo de la paz. Esos animales salvajes se pelean entre ellos por la comida aunque la haya en  abundancia. Tal símbolo encierra una ilusión, se corresponde con el deseo de paz, a lo que se reducía  la paz en el paradigma dividido. La vivencia de la paz requiere otros símbolos.  

Sobre la nueva forma de hacer oposición: El progreso mutante, el ascenso de la conciencia activa el surgimiento de una ala protestataria y laboriosa dentro de la revolución, una que une, que es sabia y no forma un partido, que critica desde la amistad, pero, más que eso, construye lo que el gobierno revolucionario no puede hacer. Esto  incluye al contingente de los que se habían ido desengañados, negaban su voto y su esfuerzo y criticaban impotentes poniendo en peligro el trabajo de los revolucionarios. Pero asimismo, el avance de la conciencia en el seno del pueblo activa, genera un ala protestataria y laboriosa dentro de la antigua contrarevolución, un activismo alejado del fascismo y dotado del nuevo instrumental. Tal desarrollo es lo que corresponde a una praxis transformadora no antagónica y a la nueva sociedad. Un opuesto dialéctico que opera con teoría de confrontaciones y no genera divisiones, pero demuestra con hechos contundentes la diferencia radical entre los líderes de uno y otro paradigma. Por un lado, los operadores tradicionales que,  sean de izquierda o derecha, no saben liberar ni son especialistas en poder popular; y por el otro los líderes emergentes, los mutantes, que con sus sorprendentes acciones, garanticen la unificación de la población en torno a la revolución profunda, la democratización absoluta y la construcción de la nueva sociedad. Ante tal irrupción, los más sensatos ciudadanos excluidos, los silenciosos tradicionales no podrán evitar ser atraídos también, y vendrán a sumarse a esa oposición noble, amorosa, constructiva y conservadora de la especie, y ayudarán radicalmente a que desaparezca de la política el estilo dividido: el sectarismo excluyente en el gobierno, y la labor delincuencial y neofascista, asesina y dispuesta a todo para tomar el poder por parte de la contrarevolucuión tradicional.

El núcleo de la revolución son los barrios. Lo que debe desarrollarse, madurar, prosperar, elevar su conciencia y embellecerse diariamente en su tenor revolucionario hasta quedar libre del caos es cada ciudadano y su barrio. No el partido ni los cuadros dispersos, ni las fábricas ni núcleos aislados (los núcleos de desarrollo endógeno) que la gente pueble de día y abandone de noche sino las comunidades residenciales, donde la gente vive y tiene vecinos, empresas de todos y la más compleja red de relaciones,  enriquecibles o madurables a través de la solución de los problemas comunes. Todo el análisis para la fundación de una praxis no antagónica, está sustentado en esta tesis de la Tgc según la cual el núcleo transformante de la sociedad debe ser cada barrio. Y éste se sostiene en un postulado técnico: cada foco consciente sale primero y ayuda a la emersión general.

El pueblo tiene que construir su nuevo aparato económico. Solicitar que los oligarcas se rindan, se porten bien, colaboren y pongan lo que saben al servicio de la revolución popular, no debe distraer la energía de la tarea fundamental de armar el aparto emergente, alternativo, idóneo según los requerimientos de la democratización a fondo de la sociedad.

La transformación económica estructural ocurre cuando aparecen los emprendedores totales, los Gerentes Libertadores, y estos sólo pueden ser  formados a través de un arduo y preciso entrenamiento en los barrios que logran culminar su liberación, colegios y empresas incluidas. Sólo gente no dividida puede generar una economía que no enriquezca a unos cuantos magnates ni fabrique pobres y guerras. Cualquier hito del aparato económico, un sistema importador y productor noble, bancos del pueblo, una red de distribución sana sólo puede afianzarse como enclave de la Nueva Sociedad, si el pueblo está generando cambio mental y organización diferenciada, barrios liberados, líderes del más alto rango humano, puntos de expendio atendidos, no por funcionarios sino por los vecinos ascendidos a líderes que hacen contraloría permanente. Si no se desarrolla al pueblo como líder vencedor no hay revolución ni democracia que  arriben al Nuevo Mundo Posible.

El gobierno no puede construir una mega industria que sustituya al oligopolio Polar y a las trasnacionales, pero las comunidades sí pueden. La situación actual en que las transnacionales y el oligopolio Polar -que fabrican o comercializan desde la harina precocida hasta la salsa de tomate y la mayonesa, el jabón, los jugos  envasados, los refrescos chatarra, margarinas y aceites, los jabones y el champú-,  y cuando quieren esconden, disminuyen, desvían la producción o sabotean la distribución sembrando el caos a su favor, puede servirnos para visualizar los paradigmas en juego. Desde el paradigma de la integración, tal situación se revierte trasladando al pueblo la fabricación de la mayoría de esos rubros. La gente (una vez dotada de una nueva mentalidad más allá del sectarismo) puede moler el maíz y diversos tubérculos en sus casas o en pequeñas empresas comunitarias de bajísimo costo de instalación. En comunidades avanzadas, la población ya está fabricando champú, jabón de tocador y de aseo para su consumo, y desodorantes, salsa de tomate –las familias italianas lo han hecho por siglos-, la gente puede hacer mayonesa. El gobierno sólo tendría que apoyar con el transporte (el personal, sobre todo los conductores, deben salir de los barrios más seriamente organizados, para  impedir que secuestren el producto, como desde tiempo atrás secuestran el gas doméstico) y con el equipo tecnológico de control o monitoreo, a la hora de conformar la nueva red de distribución, y proveer a tiempo y sin sobreprecios el maíz, apio, ocumo, yuca, plátano, tomates y huevos, la sosa cáustica, el bicarbonato de sodio. En la coyuntura actual, una iniciativa que provea frutas frescas y alimente una red que fabrique jugos naturales sanos y frescos, terminaría sacando del mercado los refrescos chatarra ya casi incomprables dado su precio. Que la burguesía haya elevado los precios y escondido la producción para rendir al pueblo, nos da la oportunidad de producirlos al precio más sincero y ganar organización y productividad alternativa. Que la gente sume sus aportes comunitarios y produzca lo que falte, tal y como ya se fabrican bloques, puertas y ventanas, resolvería con la mayor rapidez el problema y mejoraría la calidad de los alimentos. El resultado neto sería a) en el más corto plazo, más de la mitad de las población dejaría de padecer desabastecimiento o encarecimiento y estos problemas quedarían circunscritas a la clase media no organizada, b), el pueblo sabría que las soluciones están en sus manos, crecería como protagonista noble, c), se eliminaría la falacia consumista de que la comida viene de los supermercados, d), estaríamos realmente sacando a los oligarcas del mercado, e), el país recibirá la percepción de que la vida sí cambia y que entramos a una etapa en que el pueblo está a punto de ganar la guerra económica, porque realmente sabe aprovechar cada dificultad para avanzar en el objetivo estructural de cambiar la sociedad hacia un paraíso donde no hay dominaciones. 

¿Qué pasaría si los vecinos construyen este nuevo aparato económico desde el temor y el acoso, excluyendo a los “traidores” y culpando a los que “no colaboran”? Que no se arribaría a una NS sino se reforzaría el sometimiento de muchos, de la misma forma que el progreso capitalista fabricó a los pobres y los culpó de flojos etc. Los promotores se conformarían como una nueva clase. Para que  haya NS, los protagonistas, el nuevo liderazgo, antes de partir, debe tener clara la estrategia del fin de las dominaciones y estar dotados de las herramientas  para evitar cada división, decantar, desarrollar  como instrumento los deseos de paz de la mayoría y desentrañar el Código de Uno, salirse de  los adoctrinamientos, irmás allá de los partidos y las pugnas por el poder, ser expertos en unir, trabajar entre todos para el fin de los conflictos. Entonces estarán construyendo una praxis no antagónica.

Se confirma que la forma idónea de arribar es mediante expediciones sabiamente diseñadas (los barrios piloto, o experimentales), donde  el cambio mental sea lo primero.

¿Qué harán los que no conocen el paradigma del fin de los  conflictos? Necesariamente, no impulsarán el traslado definitivo, no llamarán a moler, o llamarán pero no crearán una seria red de transporte, no facilitarán los insumos, el maíz, la sosa cáustica, las frutas y verduras frescas de forma directa y al precio no especulativo, no se esmerarán en liberar los barrios para que sean ellos, y no los funcionarios, la base de la nueva red de distribución, preferirán importar panelas de jabón desde China a un precio exorbitante, y no producirlas en las comunidades aprovechando nuestras ventajas comparativas –mar con agua salada y electricidad-, se esmerará más en el control policial, la fiscalización y las expropiaciones, en vez de en la educación de la población;  pondrá el énfasis en los acuerdos con los productores leales al país, que ofrecen soluciones en el mediano plazo y, mientras tanto, condenará peligrosamente a la población a las distorsiones en la producción y la distribución (ralentización de la producción, escamoteo, acaparamiento y engorde de los productos,  precios groseramente especulativos, escasez inducida, colas) y al desaliento. Pero la permanencia en el viejo paradigma, estará diciendo a cada instante hasta qué punto se cree en la gente, hasta cuál se sabe impulsar el aporte del pueblo productor, el protagonismo de las comunidades, el empoderamiento y las soluciones desde abajo, y con cuál diligencia se avanza hacia el estado comunal o se lo detiene.

Otro punto crucial donde se puede verificar el choque de paradigmas es la comercialización directa de bienes. Desde la TM y la naciente estructura de la armonía, cada barrio, antes de ser provisto directamente, debe estar plenamente involucrado en una política de estado para acabar definitivamente y en el más breve plazo, con las distorsiones mencionadas (ralentización, escamoteo, acaparamiento y engorde de los productos,  precios arteramente inflados, escasez inducida, colas), mediante una maduración del propio barrio y su transformación en un ente organizado invulnerable a los depredadores, sean bachacos, paramilitares, comerciantes realengos o anárquicos, funcionarios corruptos, contrabandistas o productores fascistas. La TM recomienda además trabajar con la estrategia de fundar barrios piloto: los primeros enclaves del paraíso, construidos por los más audaces avanzadores revolucionarios, pilotos capaces de dictar la pauta para que los otros barrios tengan un método qué pulir, mejorar, producir desde sus especificidades. Y recomienda la aplicación sistemática de instrumentos de evaluación, considerándola una parte esencial del arsenal diseñado para garantizar el empoderamiento popular y la democratización absoluta de todo el país. Eso recomienda la tgc. Por el contrario, un gobierno que no conozca el paradigma de la integración, utilizará las ventas a cielo abierto y supermercados no adscritos a comunidades ni supervisados por ellas, que, junto a la distribución directa de bienes a barrios no organizados previamente para una contraloría exhaustiva y el fin del bachaqueo, facilitarán el trabajo de los saboteadores del consumo popular y tenderán a mantener a la población tiranizada, dispuesta a cansarse de la revolución y darle el voto a sus verdugos.

Sobre la Asamblea Nacional: Repetir el modelo heredado de la IV  República es mantenernos en el pasado. El modelo de la nueva sociedad se arma con gentes y barrios libres de dominaciones. Liberar es un prerrequisito. Entonces es una necesidad prioritaria establecer el tiempo venidero en que, a la  hora de las elecciones parlamentarias, sólo se considerarán candidatos y sólo se enviarán a los cuerpos legislativos, líderes que hayan liberado comunidades, héroes que hayan demostrado con hechos que saben hacer ese trabajo prioritario. Cuando se fije y se cumpla esa ruptura, estaremos actuando en la nueva estructura, trabajando en la armonía, en la praxis no antagónica, construyendo la nueva sociedad. 

La cultura latinoamericana. Latinoamérica, después  de varios siglos de resistencia aborigen y africana, tiene cien años apareciendo y mostrando el espíritu de los nuevos tiempos: la rumba, la conga, el cha cha cha, la samba. Todos, con su mensaje inequívoco de no dañar sino poner a la gente a gozar, dictan la pauta. Ése es el signo de Nuestra América: el fútbol de toque o “jogo bonito”, con sus tácticas para ganar sin masacrar al oponente, basadas en el desarrollo de habilidades extraordinarias al manejar el balón; la Pedagogía del Oprimido, con su mirada desde abajo, que  completa y corrige la visión autoritaria y desde arriba, dan la impronta de nuestro espíritu emergente. En esa línea de trabajo se inscribe la tecnopoesía de la liberación: fin de la división, la pugna y la tristeza, alegría para todos, glorificación del arte de vivir. Que un primer país de esta América latinocaribe, aportara su liberación definitiva y emergiera libre de las dolorosas cadenas de las sociedades detenidas en el odio, mente a mente, barrio a barrio, canción a canción sería el mejor regalo entregado al mundo, en estos tiempos en que se necesitan luces para aclarar el camino.

Sobre la producción comunicacional: El imperio tiene siglos produciendo contenidos para subyugar mentes y ya las tiene bien sujetas. Pero lo que pintan filmes como Avatar, Star War y The Matrix son parodias donde el poder del imperio bélico es vencido por los insurgentes. ¡La asonada libertadora está en marcha desde hace tiempo hasta en el mismo corazón de las metrópolis imperiales! Podemos aprovechar esa jornada vencedora y, con la mejor calidad, con los dispositivos fílmicos mutantes  de última generación, producir el nuevo cine, la tv, caricaturas, afiches, pero también las nuevas canciones sin llanto ni enemigos, correspondientes a la vida libre, a la celebración por los logros de la gesta liberadora, y los juegos de computadora que reviertan la subyugación secular. Un concurso de telenovelas, de filmes y de juegos del amor verdadero, serviría para direccionar a los creadores y obtener insumos para el imprescindible y decisivo combate cultural. Una importante cantidad de La energía social se ha estado dispersando en el deporte, el rap, la poesía y la asonada sexodiversa  sin otro resultado que la ilusión de libertad, la declamación de versos, la obtención de medallas y todo un festival de fuegos artificiales, intrascendentes porque no transforman la estructura de la sociedad. Será ciclópea y memorable la proeza de liberar y reconducir esa energía hacia el liderazgo eficiente y la construcción seria de dispositivos que signifiquen transformación profunda, telenovelas de procesos, comics, caricaturas y divertimentos que operen desde  el nuevo paradigma y lo establezcan con exactitud evaluable.

Esta “ala protestataria y laboriosa dentro de la revolución”, junto a un “ala protestataria y laboriosa dentro de la oposición”  deberán tener su canal de tv, con programas capaces de enamorar tanto a los de la izquierda como a los de la derecha y a los silenciosos, y de unir al país.

La estrategia no antagónica consiste en “No criticar impotente la tv de la revolución burocrática sino hacer la nueva tv”.

¿Qué programas tendría ese canal? La respuesta deben darla los interesados en que la vida se traslade de eje. Un ejercicio practicable es deducir unos cuantos antes de leer la siguiente lista de posibles candidatos: 1) programa de problemas resueltos por las comunidades según la estética superior, 2) programa con sesgo humorístico (¡podría ser de talante malhumorado o agresivo?) con un acopio de falsos positivos muy bien documentados,  3) Programa de promoción de nuevos y viejos cultores musicales para  que asciendan a la Trova Feliz 4)

La forma no antagónica sino amistosa de hacer oposición, es el broche de oro de la construcción de la Nueva Sociedad.

El paradigma viejo recomienda controles, vetos, multas a las cableras. En el emergente, se impone  mejorar de tal forma la calidad de los contenidos en una red noble de tv, para que la gente que quiere paz escoja.  

¿Para qué es el capítulo? Para  abrirle la puerta grande a la praxis estética, aportando a la vez datos, orientación sobresaliente, pautas generales. Distinción de lo que es praxis antagónica de praxis estética. Demostrar que lo que es insurgente crea una revolución dentro de la revolución, una insurrección cultural. No criticar impotente lo que hace mal el gobierno sino construir lo nuevo alegremente, los barrios piloto. ¿Por qué sabotear al gobierno sería praxis antagónica? 

Lo que no es  separado: canciones de amor dolor, de odio, de conflicto no. Deportes de competir, no. Economía  de fabricar pobres, no. Política de partidos, no. El capítulo es para pintar a grandes zancadas, el nuevo panorama de la acción no escindida, no ideológica  sino amorosa. Todo sobre el fin del conflicto. Lo que impide la praxis antago

La AN:¿quién no quiere que los barrios se liberen, que la gente sea feliz y resuelva sus problemas más allá de  la separación en partidos y en paz? ¿Claro que los hay, pero no son mayoría! Claro que se opondrán, seguirán llevando sicarios para quemar cosas y sabotear. Pero si aparecen suficientes líderes nobles unidos al deseo de la mayoría y su germen prende, el entusiasmo por salir ayudará a que los pocos malhechores queden aislados. Como no se los verá como enemigos, cada vez más  gente los dejará solos y los aislará. El resultado será que en cada comunidad crecerá el pp, la red sana y los colegios felices, no el infierno.

Hay que poner adelante lo de la oposición noble, luego  lod e la an.

 

 

 

Problema 8                       

                                       Para iniciar una Crítica de este nuevo paradigma.

La tgc está en pleno desarrollo, queda  aún mucho parámetro por establecer. Entre lo que falta, está:

La Tgc aún no ha hecho un escaneo del término humanismo. El marxismo es un humanismo que coloca al hombre como sujeto, en vez de dios, la naturaleza, un príncipe o el dinero (Kohan, 75) pero en la Tgc este papel se eleva, de un sujeto colectivo, diluido como seguidor en el partido, el ciudadano pasa a ser un productor de consciencia de su realidad y dotado de capacidad (información teórica y práctica tecnológica) para transformarla disolviendo la dominación y el sufrimiento en cada instante. Esto habla de que la categoría entró en crisis y merece una contundente resemantización.

El paradigma actual ya no es el científico. Aunque las academias no hayan dejado de ensalzar ésta forma limitada de conocer., existen en la actualidad demasiadas búsquedas y hallazgos de las más diversas alternativas. Pero falta, desde la Tgc, un estudio completo del asunto.

Así como apareció la Tgc, que aborda el conocimiento de la contradicción al interior del ser humano, es de esperar que aparezcan otros estudios que evidencien y amplíen la dialéctica en otros aspectos de la vida, que desde aquí no han sido abordados.

Finalmente, la Tgc no explica lo mágico. No hace nada por avanzar en ese campo, no inicia estudios ni arroja hipótesis.  Sólo acepta su existencia y apoya a los que están trabajando en ese desarrollo dentro del proyecto de dar fin a las dominaciones. En realidad, esta limitación abre el campo para un nuevo contrario que asuma, explique y utilice sabiamente el aspecto mágico del conocimiento. Eso no querrá decir que lo hecho sin la magia vendrá a ser erróneo, sino que habrá llegado la hora en que nuevos saberes coloreen y enriquezcan lo ya logrado, dotando lo conocido de más amplios horizontes y aprovechando ocultas potencialidades.

En la medida en que se consolide  y madure, la Teoría General de Confrontaciones Comunes sentará las bases para un emprendimiento en el terreno de lo que hoy llamamos sobrenatural. Pero el paradigma que viene no romperá drásticamente con el anterior, será su continuación, su fortalecimiento. La nueva epistemología, bien sentada sobre la base de que la vida es dialéctica, podrá aceptar la magia y dedicarse sistemáticamente a desarrollarla.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Bergman, Morris. “El Reencantamiento del mundo”, Editorial Cuatro vientos, Santiago de Chile, 1987

Kohan, Néstor y Rep, Miguel. “Gramsci para principiantes”, Ediciones de la Alcaldía de Caracas, 2008.

Lanz, Rigoberto. “El marxismo no es una ciencia”, Ediciones de la UCV, Caracas, 1980

Melo, Fredy J. “El marxismo y la revolución bolivariana”, Fondo Editorial Inces, Caracas, 2015

Escobar, Máximo. “Teoría general de confrontaciones comunes”, www.utopiahora.jimdo.com, 2006.

 

 

 

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