EPISTEMOLOGÍA
DE LA LIBERACIÓN
Problema
1:
Cuándo
llega la nueva sociedad:
Si nos
paramos en el siglo uno, en un circo romano colmado, veremos un caso de
división máxima a la hora de la gente entretenerse: la muerte y la sangre como
requisitos aparentemente imprescindibles para ser feliz. Tal división ocurre ahí en varios
planos: a) entre los contendores, b) entre los espectadores -los que se
entretienen tienen siempre adversarios en los asientos y sufren sus victorias,
apuestan y lamentan las propias pérdidas-, y c) entre espectadores y
gladiadores, pues los espectadores tienen siempre contrarios en la arena y
sufren sus triunfos. Si nos trasladamos al panorama de hoy y observamos, no el
futbol -donde aún hay vestigios de la división en los aspectos a, b y c
mencionados y, en resumen, alguien pierde para que otro gane aunque es
“ocasional” que los contendientes se maltraten-, sino que nos fijamos en un
juego como el “Tenis de playa”, o en el “fuchibol” donde todos, los jugadores y
el público, van a lo mismo –a que la pelota no caiga-, es decir, donde ninguno
quiere que otro pierda para él sentirse bien, sino que los involucrados
apuestan a que haya goce ininterrumpido, notamos que ya cesó la división
milenaria. Se puede hablar aquí de una integración estructural y se podría afirmar que este tipo de juegos
corresponde a una nueva sociedad, o a
“la nueva sociedad”, una categoría diferente esencialmente contraria tanto a la
sociedad del siglo primero como a la de nuestros días y que, es tan diferente
que colma los sueños humanos de una manera cabal, sin dejar dudas,
satisfactoria y completamente, al menos por ahora. De este hecho, se pueden
deducir varias afirmaciones.
El
futuro nace en el presente. Si Ud. logra
vislumbrar, presentir, intuir, adivinar un futuro, queda en condiciones de
ayudarlo a construir desde ahora, aunque a su alrededor casi nadie entienda lo
que Ud esté haciendo y aunque su ambiente cultural permanezca mayoritariamente
inalterado. Por supuesto, que tal proyecto logre construirse socialmente,
depende de que los demás también lo vean, lo escojan y logren sistematizar su
construcción, pero lo que nos importa aquí es que lo futuro nace en el
presente, comienza a tomar sentido, en una elaboración dialéctica, con personas
que entran en contradicción con su presente y agencian la transformación de su
vida cotidiana. Quien quiera construir una nueva sociedad debe, entonces, tener
una visión profunda, aunque sea sólo
intuitiva, de lo que va a ocurrir, debe tener la inspiración anticipatoria de
lo que quiere que ocurra; pero es mejor si tiene además un conocimiento más
puntual del cambio; sobre todo, necesita establecer, el punto de quiebre y la clave transformante -si es posible
establecerla-, el meollo, la esencia, el
detalle que debe ser conocido y manipulado para que haya cambio.
Si se
trata de un cambio social, el punto de
quiebre ayudará a establecer un límite entre la sociedad vieja y la nueva,
con lo cual se podrá deslindar qué pertenece a una y qué a la otra. Si no se
tiene ese parámetro, y volviendo al ejemplo de los juegos y diversiones
masivas, podríamos decir que el momento actual del desarrollo de los
entretenimientos, con el fútbol como evento rey, es ya un cambio suficiente
porque los jugadores no se matan en la arena, y concluir que, en cuanto al
fútbol, ya vivimos en una nueva sociedad. Pero ya sabemos que es posible fijar
un punto de quiebre más preciso, menos aparente, basado en una clave
estructural definible y manejable instrumentalmente. En nuestro ejemplo,
establecimos la división como clave, y
la aparición de los juegos integrados como hito, como el momento de la ruptura
o del salto a la nueva sociedad. División, por ahora significará el deseo de
que otro pierda, la contradicción entre dos polos, la necesidad de causar
daño o dejar en segundo lugar al otro. Después
ahondaremos en la raíz psicológica de este deseo y veremos que
establecer esta clave del cambio
permite desplegar rituales operativos, alcanzar precisión, construir los
instrumentos, las herramientas de trabajo, diseñar las técnicas y los
dispositivos y pulir una tecnología del cambio a una nueva sociedad. Por ahora,
notemos también que si alguien quiere cambiar la vieja sociedad, necesita
obligatoriamente comunicarse con otros líderes y ponerse de acuerdo con ellos
respecto a cuál será el punto de quiebre y la clave de la transformación. Y
para ello es obligatorio elaborar un lenguaje común que homologue lo que quieren
decir cuando hablan de nueva sociedad, de cambio estructural, de lo viejo y lo
nuevo, del cuándo y el cómo del cambio.
Veamos
hasta qué punto podemos seguir estableciendo la división como punto de quiebre, y hasta cuál resulta beneficioso
este proceder (puntualicemos, antes de seguir, que lo que hemos estado llamando
división no es otra cosa que un aspecto de la praxis antagónica, una de las
formas de la contradicción, ambas, categorías fundantes de la matriz
epistemológica dialéctica. En el capítulo siguiente verificaremos la
pertinencia de estas afirmaciones). Comencemos en el campo económico, donde una
serie de grupúsculos o individuos, cada uno interesado en sacar una tajada para
sobrevivir, dejan a la mayoría de última, pagando las consecuencias de aquel
actuar desconcertado. El bachaco se lleva para su casa o para su red lo que
está destinado a los otros vecinos y los condena a la escasez inducida y a los
precios inflados, de la misma forma en que un comerciante acaparador se lleva
para su almacén lo que fue importado para todos, o el productor desvía
convenientemente su producto (aunque era esperado por toda la población) para
sacarle el mayor provecho como mercancía, según sus planes de dominio de la
sociedad, dejando a la gente a merced del desabastecimiento y los altos
precios. Esta evidente división entre actores del proceso, corresponde, en el
ámbito individual o intrapsíquico, al miedo, al deseo aislado de defensa, al
intento por sobrevivir partiendo cada cual de la consideración de que el otro
es un enemigo, un obstáculo, un competidor o una víctima fácil y, en este
nivel, cada cual es capaz de hundir a su semejante en defensa propia.
Pero
en la medida en que la sociedad comprende que por ahí no hay salvación para
nadie, al menos por mucho tiempo, comienza a formarse la conciencia de lo que
está ocurriendo, irrumpen los pioneros que logran ver el interés aislado como
problema y escogen la unión, aparecen los Bolívar, los Francisco de Asís que
entregan todo lo que tienen y lo ponen al servicio de la redención
multitudinaria.
Desde
una mirada hipotética, guiada por nuestra intuición de que la división de que estamos hablando tiene
fin, en el campo económico este final feliz llega cuando los que importan,
producen, almacenan, distribuyen y consumen los bienes son uno: un criterio
unificado, un sistema inteligente que no deja a nadie afuera ni atrás, o que
tiende a ello con todas sus fuerzas, con todo su empeño y creatividad, de la misma forma en
que, en el Tenis de playa que hemos descrito, o en el fuchibol los contendores
se esmeran en que la pelota no caiga. La nueva economía será aquella en que
todos los humanos se han hecho líderes de transformar el caos en armonía. Para
iniciar ese desarrollo, los pioneros dejan atrás la defensa aislada y el
legítimo interés personal, y ponen en escena su interés global no depredativo,
la intención de que nadie pierda, de que no se fabriquen pobres. Esto redefine
el concepto de líder. Después habrá que categorizar cada concepto y agregarle
determinaciones, pero por ahora, en este vuelo de pájaro, podemos vislumbrar de
lejos cómo son los líderes del área económica en la nueva sociedad. Los
próceres en este campo (llámelos rectores económicos, gerentes,
administradores, empresarios, emprendedores o como quiera, el nombre no es lo
importante sino lo que hacen) no están pensando en salvarse ellos ni en
proteger primero su clan familiar o su partido político, o su clase (eso sería
poner a los otros de último, dividir), sino que ponen el énfasis en que cese el
problema por las riquezas sobre el planeta. Estos nuevos protagonistas
trabajan, no para un sueldo o un estatus, ni para un patrón, sino para la mayor
suma de felicidad social. Podríamos llamarlos empresarios bolivarianos, pero
para no cometer una injusticia con San Martín, Artigas, Sucre, Miranda,
Urdaneta y todos los otros próceres del desprendimiento, llamémoslos
empresarios libertadores.
Llevemos
nuestra imaginación hipotética a un grado más de exactitud: En su quehacer diario, estos nuevos próceres no
muestran las contradicciones observables en el trabajo cotidiano común actual:
no están divididos íntimamente y trabajando a disgusto sino que hacen lo que
les gusta; pero tampoco generan división interpersonal o social, no contratan
subalternos ni trabajan para jefes odiosos sino que se elevan todos al rango de
dueños sociales responsables; no depredan poblaciones cautivas ni acorralan al
ambiente. A partir de estas cualidades se pueden deducir cuáles son las nuevas
fábricas, las empresas comunitarias, las nuevas vinculaciones de estas empresas
con las comunidades vecinales (no estará la empresa por un lado y la comunidad
por la otra, no entregarán excedentes como limosnas, lo cual remedia pero no
sana ni extermina la pobreza). Además, según lo que hemos comenzado a intuir de
cómo se pasa de una sociedad vieja a una nueva, quien cumpla hoy con estos
requisitos y estas tareas, en su práctica diaria, es ya un miembro de la nueva
sociedad, o del embrión de la misma, y la está fundando, es un precursor, un
adelantado, un pionero fundador. Sirva para recalcar que no va a aparecer
primero la nueva sociedad y luego sus miembros, sino al revés: primero los
visionarios, los activistas precursores, los embriones.
Vámonos
a las escuelas y universidades, ¿qué podría hacer un docente para ayudar? ¿Es
posible que la práctica educativa forme hoy para la nueva sociedad en el
sentido que le estamos dando: sociedad sin división, sin enemigos, con gente
que se une para resolver los problemas desde una matriz integradora, o que
trabaja en una solución unitaria? ¿Qué pasaría si un docente trabaja en su
colegio para que los muchachos aprendan cómo cesa la dominación entre alumnos?
Supongamos que entrena solución técnica
de conflictos, aplicando técnicas que ya existen (las llamadas autoayudas,
aunque desprecian o desconocen su dimensión sociológica, debido al déficit o a
la negación de la dialéctica, imperante
en el ambiente en que han prosperado esas técnicas, pueden, deben ser
reconocidas como un aporte a la revolución psicológica y a la revolución total,
y redimensionadas como herramientas, e incorporadas al instrumental
imprescindible para el asalto pacífico al paraíso construible). Supongamos que
sus alumnos practican resolver tanto conflictos íntimos -el sufrimiento
personal, la angustia, el aburrimiento, la duda, la preocupación, la
intranquilidad, el presentimiento, la espera-, como los conflictos entre dos
personas y entre dos grupos, las dominaciones, los sometimientos mutuos. ¿Qué
pasa si, para evitar que unos se entrenen en trabajar como subalternos de otros
(cosa que hace la escuela actual, incluida la revolucionaria), nuestro maestro
pionero funda en el colegio o en la universidad una empresa de pruebas, donde
todos son dueños y se rotan en los roles de director, administrador, aportador
de ideas, contralor y garante del éxito? ¿Qué pasa si en un colegio dejan de
aplicar notas generales, según las cuales unos pocos se entrenan para someter
poblaciones y los demás para soportar azotes de comunidades? ¿Qué tal si entre
todos hacen las normas en vez de cumplirlas ciegamente o violarlas
subrepticiamente, y si descubren todas las formas de dominación (incluido el
adoctrinamiento de unos para la derecha y de otros para la izquierda, con lo
cual la escuela tradicional prepara a los países para la guerra civil eterna),
que tal si exterminan la guerra, aprovechando las ansias libertarias de los
muchachos y su exceso de iniciativa, creatividad y energía, antes dilapidada en
la vida rebelde y la anarquía? Sencillamente, los docentes de ese colegio y sus
alumnos podrían, tras tal entrenamiento, integrar instituciones
pertenecientes a la nueva sociedad,
enclaves del paraíso, y llamar desde ahí a los demás. Por supuesto, para que un
grupo de docentes funde un colegio diferente, tendrían antes que ponerse de
acuerdo y convencer al Ministerio respectivo (u obviarlo), y a los padres. Por
supuesto, lo mejor sería que el colegio estuviera situado al interior de un
barrio donde todos los vecinos estuvieran de acuerdo con escapar de la
dominación mutua y del sufrimiento y refundarse como núcleo de la nueva
sociedad.
El
horizonte de la nueva sociedad se va acercando a medida que la imaginación de
lo que no tiene división da sus frutos (luego lo acercaremos más, cuando
deduzcamos los resortes íntimos de la escisión primordial y las fórmulas y
técnicas precisas para darle fin, las herramientas del trabajo integrador y la
tecnología de la mutación). Ahora visitemos las vecindades. En los barrios, la
división hoy se manifiesta en que hay ofensores y oprimidos: mandan los
malandros, los bodegueros -que a su vez son tiranizados por los importadores y
distribuidores, además de por los malandros-, los bachacos, que secuestran la comida
y cobran por ella grandes rescates, los que envían convincentes mensajes
publicitarios o propagandísticos por tv, los caudillos y caciques, los que sacan sus perros para que se orinen y
defequen en la vía de todos, los ruidosos
musicales, los muchachos mayores cuando someten a los más pequeños. Y
cuando llega un comando paraco y somete a los delincuentes del lugar y los pone
al servicio de un plan de usurpación del poder en todo el país, sólo potencia
un mecanismo de opresión que ya estaba articulado, actúa sobre un pueblo que no
estaba organizado para ejercer poder y sí acostumbrado a someterse a otros. La
vergüenza paramilitar se establece porque ya en esa comunidad existía una
estructura de la dominación, sólo cambian los verdugos y la intensidad de la
opresión. ¿Y qué ocurre cuando llega el ejército y desplaza a los paracos, pero
deja intacta la mentalidad de la gente de someterse mutuamente o a la férula
del más fuerte, sea un reclutador empresarial en busca de mano de obra
mercenaria o un mafioso del lugar? ¿Y qué pasa si se nombran consejos comunales
pero estos no saben reconocer ni disolver la división, por ejemplo, si ni
siquiera saben que ellos mismos excluyen cuando funcionan aunque una mayoría no
va a las asambleas, y cuando llaman “apáticos” o algo peor (traidores), a esos
excluidos estructurales, en vez de dedicarse a comprender el proceso en que aprendieron
a no participar en la escuela, en la familia, en el barrio, en la universidad?
Mientras los líderes no están dedicados a volverse especialistas de entender y
dar fin a esos procesos de exclusión, colaboran con el problema aunque culpen a
los ciudadanos. ¿Se puede llamar “liberación del pueblo” a una irrupción
momentánea del ejército y los otros poderes del estado, mientras –aunque alejen
a los paramilitares y a otros azotes- no se ahonde en la raíz de la dominación,
que impide que florezca la sociedad participativa? La dominación es lo
contrario a la participación. ¿Es posible lograr algo que sí sea liberación? No
se puede hablar de liberación mientras la gente no adquiere un aprendizaje de
cómo unificarse y ser imbatible frente a cualquiera que quiera medrar a costa
de la dispersión comunitaria.
Con
los pies sobre nuestro paradigma tentativo, todavía solo intuitivo, según el
cual lo que debe cesar es la división, soñemos ahora con la comunidad sin
víctimas, temores ni depredaciones. El cambio tiene que arrancar desde adentro
del ser humano. ¿Sería posible una nueva vecindad sin un sensible desarrollo
del ser humano, sin un radical cambio individual de mentalidad en lo
psicológico, ético, estético, político, en lo económico, en todas las
dimensiones del ser? Cada vecino tendría que adquirir dominio de sus temores,
de sus hábitos de escisión, de su vida dividida, de su aislamiento sistémico,
tendría que superar las costumbres mentales que alimentan la separatidad, la defensa ciega, la imagen de que el vecino
es un enemigo porque no hizo lo que yo propuse o no me saludó (y resulta que no
lo hizo porque amaneció con tortícolis); tendrían que cesar la imagen de que
otro es un obstáculo o un culpable, y el deseo de venganza. El cambio tendría
que penetrar en la esencia del chisme, develar qué hace que un rumor se
propague automáticamente sin verificación. Y después de entender los procesos
de escisión en su raíz mental -propagada desde el ambiente, por supuesto,
transmitida de generación en generación por milenios-, tendrían que ponerse de
acuerdo todos los vecinos respecto a un llegadero, trazar una meta para el
barrio y hacer transacciones, acuerdos para mudarse, no de lugar sino de
psiquis, producir una mutación psicológica y desarrollar las técnicas de encuentro
que ya tiene a punto la tradición de las autoayudas (aunque hasta ahora sólo
las hayan aprovechado los ejecutivos de las principales corporaciones). Todo
esto habla de un cambio mental aparejado al cambio social. Y habla del
desarrollo de sofisticadas habilidades de comunicación: capacidad para calmarse
en vez de explotar, y de comprender en vez de reaccionar automáticamente.
Supongamos que la gente despliega esas habilidades y descubre que toda una
serie de respuestas comunes: culpar, calificar (decirle a alguien flojo, y no
ver qué hay detrás de esa flojera), criticar
impotente, esperar, posponer, calificar, murmurar, chismear son formas
de separarse y las sustituyen por equivalentes que unen. Supongamos que los
vecinos de un barrio aprenden a dialogar en vez de pelear y dejan la costumbre
de enemistarse por décadas, y soñemos que rescatan a los malandros (porque
descubren de qué manera eran formados por la gente que vive con miedo en las
comunidades). Y agreguemos que desarman todos los mecanismos de exclusión, y
los de dominación, y que forman sus propias empresas (comenzando por atender
ellos mismos, sin la burocracia estatal, el puesto de distribuir los alimentos
en el barrio), y que, en vez de ir a trabajar para un rico -para prosperar y
mudarse del barrio-, trabajan para el barrio, para que el barrio sea rico
(aunque no a base de expoliar a alguien). Ese cambio, que involucra el panorama
mental de los vecinos junto al panorama ambiental o vecinal, trasladaría a
nuestros vecinos a una comunidad modelo hospedada en el seno, o en el embrión,
de algo que podemos llamar una nueva sociedad.
Luce quizá un poco lejano, pero así es la utopía: sólo en la medida en
que los pioneros la aman y se preparan para el salto, éste se da y ella se
cumple. Además, no podemos subestimar a nuestros niños, a los menores del
barrio, a los adolescentes: a ellos no les parecerá errado un liderazgo que
abra el juego hacia la alegría y la plenitud de vivir.
Hasta
ahora hemos visto, sin mucho rigor, que es altamente productivo trabajar con la
noción de división. Pronto estableceremos formalmente el punto de quiebre en la
dominación y el sufrimiento humano, deduciremos formas inequívocas para
detectar y deshacer la división en el interior individual y entre las personas
y grupos, y fijaremos, según esos parámetros, un límite entre lo viejo y lo
nuevo, con lo cual quedará elaborado un
modelo de nueva sociedad. Pero, por ahora, es necesario establecer algo:
quien quiera una nueva sociedad y aspire
a construirla, debe establecer su modelo, comunicarlo, mostrar la línea teórica
que explicita su forma de ver el problema y sus parámetros: y debería fijar su
punto de quiebre y su clave de ruptura, o algo que sirva para orientar con
precisión los pasos de los expedicionarios. Es imprescindible determinar qué es
lo diferente, dar una visión específica de la nueva sociedad en cuestión y
establecer la manera de construirla.
Para que haya comunicación se necesita, además, que los interlocutores
hayan establecido el lenguaje, y que las palabras (nueva sociedad, vieja
sociedad, cambio, salto), signifiquen lo mismo para los que reflexionan y se
preparan.
Mientras
no se hayan cumplido esos protocolos formales, corremos el riesgo de decir
eternamente, “eso no es la nueva sociedad”, a cuenta de que nadie describió el
concepto con precisión o nadie la vislumbra igual al otro. Y tal forma de
altercar sería vagar entre fantasmas, condenarse al vacío. Tampoco es válido no
establecer las coordenadas del salto cualitativo
y repetir eternamente que “la vieja sociedad no termina de morir y la nueva no
termina de nacer”. Lo conducente es accionar integradamente, fijar metas y
trabajar para lograrlas, convenir en un modelo de la nueva sociedad y avanzar
hacia ella con proyectos evaluables y perfectibles. Podemos estar seguros de
que cuando se logre algo (o cuando crezca el conocimiento de lo real) aparecerá
un nuevo horizonte. Pero fijar la meta ahora sirve no sólo para avanzar con un
norte, elaborar parámetros de calidad y medir resultados, sino para movernos en
operaciones y expediciones constructivas que formen cuadros y afinen métodos.
Mientras más sistemática sea la construcción, mientras más metódica, mayor
garantía habrá de éxito. Es de sabios no creerse los espejismos del camino, es
de sabios negarse a ser crédulos de más. Es inteligente no dejarse engañar por
ilusiones de la nueva sociedad. Pero, como estrategas, no nos vale posponer
eternamente la construcción.
Conclusión:
Para
soñar juntos, dialogar, comunicarnos y preparar la acción, los transformadores sociales
tenemos que establecer el llegadero y el punto de quiebre, la forma en que
ocurre la ruptura entre lo viejo y lo nuevo; y es imprescindible que lo
definamos en base a parámetros manejables, según una clave detectable,
conocible y manipulable durante las tareas de la transformación. Parece que se abre un fértil
campo para la producción de conocimiento sobre la transformación, cuando
establecemos la división (la contradicción en dos formas específicas, en la
psiquis individual durante hechos como la angustia o la espera, y en los grupos
humanos en hechos como la dominación) como punto de quiebre. Entre las tareas
pertinentes, hay una serie de operaciones ineludibles, en el interior de la
persona, inscritas en lo que podemos llamar el desarrollo íntimo del ser
humano, y que es necesario codificar, conocer y aprender a manejar para cumplir
el cometido de fundar una nueva sociedad, una diferente a la que tenemos y
plenamente habitable.
Problema
2
Las
categorías marxistas tradicionales no bastan.
Pasemos
a ver qué conocimientos tenemos, aportados por la epistemología dialéctica y
hasta qué punto es insuficiente ese
instrumental y lo que es necesario producir si queremos arribar a
nuestro destino.
El
marxismo es una teoría dialéctica, una epistemología dialéctica y un humanismo
militante (Lanz, 1980). Un cuerpo de saberes equipado para moverse en una
praxis antagónica.
Desde
que Marx aplicó la dialéctica rescatada y popularizada por Hegel para explicar
el movimiento de la sociedad y tramar, con la liberación de la clase obrera, la
transformación del mundo, han transcurrido casi dos siglos durante los cuales
las construcciones de los revolucionarios han tenido que dar marcha atrás,
resultaron débiles frente al embate de la historia y fueron derrumbadas por la
praxis reproductora. Pero un claro saber ha madurado durante esta práctica. De
todo el universo de totalizaciones generado, vamos a extraer unos cuantos aprendizajes,
para ilustrar la decisiva insuficiencia, teórica y metódica, del marxismo
cultivado hasta hoy, en cuanto a suministrar insumos para dar el salto
dialéctico a la nueva sociedad.
1. Ya
aprendimos que la democracia y el
socialismo van unidos (artículo de Le Monde Diplomatique, año V, no 55,
abril del 2007, edición colombiana, citado por Freddy J Melo en su folleto “El
marxismo y la revolución bolivariana). Pero si lo que se quiere es que el
pueblo gobierne (meta imprecisa, sin una clave de efectuación), hay que sacarlo
de su estado de dominado, tiene que aprender a gobernar sin depredar. Y esto es
algo que la humanidad no ha aprendido en milenios, es decir: algo supuestamente
difícil. La experiencia más reciente nos ha enseñado que no basta con entregar
vivienda nueva, equipada con servicios y comodidades electrodomésticas en
urbanizaciones recién construidas para generar la nueva sociedad, ni con dictar
a los beneficiarios de esas residencias unos cuantos talleres sobre los nuevos
valores y el cambio social. Ni basta nombrar en esos urbanismos consejos
comunales y agrupar estos y llamar a la nueva institución comuna. Sabemos que
reiterada, religiosamente la gente reproduce en esos constructos el viejo
patrón de vida: bodegas de la red anárquica, verdugos delincuenciales que
incluso desalojan a los vecinos de sus nuevas propiedades para instalarse
ellos y dimanar parapolíticas, azotes
menores, ruidosos musicales, perros realengos, niños maltratados por los otros
muchachos, peleas a tiros entre bandas. Aprender a gobernar sin depredar,
convivir sin fabricar opresores, transformarse en el que gobierna, cuando la
costumbre ha sido soportar que se imponga el más “vivo”, implica un cambio
radical en la estructura mental del ser humano. En ese campo, lo psíquico y su
relación con la democratización social, hace falta entonces un trabajo teórico
específico: hace falta conocer sobre la base psíquica de la dominación y sobre
la reproducción de la misma, y luego veremos que quien debe producir ese
conocimiento es cada uno delos que componen la población que pretende instaurar
tal democracia. Como la epistemología dialéctica no tiene en su haber un
conocimiento sobre este pormenor (un estudio de las contradicciones en el
interior humano), es necesario “inventarlo” para no errar: producirlo.
Asumirnos como creadores de conocimiento y no sólo como consumidores.
2- Pero esta dificultad para la transformación
profunda no es un problema nuevo. En el caso ruso, no hubo salto dialéctico,
aunque una de las principales consignas –si no la principal- era “todo el poder
para los soviets”, porque el marxismo, aunque describe el empoderamiento como
una necesidad prioritaria, no entra en detalles y hace casi cien años, el
empoderamiento de los soviets pasó a ser
considerado superfluo o secundario al lado de la sobrevivencia material de la
nación y su respuesta militar. Quizá Lenín hubiese puesto medidas para impedir,
a fuerza de democracia nueva, invención y creatividad social, el advenimiento
de la sociedad policial, pero tras su muerte, el proyecto redentor fue
olvidado, quizá dado por imposible. Esta tesis es sostenible porque, ni
siquiera cuando amainó un poco la presión imperial externa, después de la
segunda guerra mundial, se dio fuerza a la necesidad de crear enclaves de la nueva
sociedad. Creemos que esta postergación ocurrió también porque no se conocía
tan a fondo al hombre como hoy, era muy incipiente el desarrollo de la
psicología, no se sabía que muchas variables del sufrimiento autoinfligido
(base de la dominación interhumana, como veremos después detalladamente) eran
desmantelables -la revolución de las autoayudas data del último tercio del
siglo XX. Pero también es demostrable que la mentalidad tradicional del hombre
pospone, posterga y eso fue lo que se hizo, se dejó lo más importante, la
construcción directa de la nueva sociedad,
para después, es decir, para nunca. Un apoyo especial a estas hipótesis
viene de observar lo que está aconteciendo en el caso chino donde, pese al éxito
en el desarrollo del capitalismo, no hay por ningún lado zonas especiales de
desarrollo socialista que sirvan de guía en la transformación ulterior de la
sociedad, se habla de que la actual es una fase de preparación para dar el
salto, pero, hasta donde sabemos, se dejan los detalles para después. Una nueva
hipótesis es que no se tiene la precisión instrumental necesaria: el
conocimiento del punto de inflexión para el salto y una clave manipulable del
cambio, ni se sabe que el salto dialéctico hay que comenzarlo ahora, aunque sea
formando a los pioneros, a los líderes precursores, lo cual significaría desde
ya enriquecer la práctica teórica y cargar la práctica política y la económica
de nuevos horizontes, de un modelo en construcción de la nueva sociedad. Es
preciso notar, que los mensajes esperanzadores que pudieran derivarse de esos
enclaves experimentales del paraíso, aclararían muchísimas dudas sobre el
futuro de la humanidad, y serían un producto cultural plenamente aprovechable,
mediáticamente, para persuadir amorosamente a la humanidad respecto al destino
más plausible. Nuestra tesis de que los camaradas normales desconocen –o
menosprecian la necesidad de conocer- los pormenores del salto, se refuerza
cuando observamos la revolución venezolana, donde la Constitución habla
expresamente de participación
protagónica, pero tal proyecto se queda en el papel, por falta de
producción específica del conocimiento pertinente, entrenamientos, pruebas,
evaluación sistemática de lo realizado, zonas piloto donde se implante con
éxito el poder popular de la gente en sus comunidades y desde donde se difundan
adecuadamente, tanto los éxitos y las tácticas, como las estrategias producidas
en ese camino. Tal producto y su difusión garantizarían ampliamente la
formación de los activistas de las zonas más atrasadas en establecer de una
buena vez la nueva sociedad. Lejos de esto, se observa una forma superficial o
ligera de actuar. Ejemplo: la euforia por el número de consejos comunales y
comunas, cuando no ha habido la más somera evaluación sistemática de hasta qué
punto tales nuevas instituciones corresponden a la praxis reproductora y no a
la liberadora. En este caso, el acoso imperial -aunque no es tan sangriento
como lo fueron el de los rusos blancos y el de Hitler, o el de los contras en
Nicaragua, está obligando a los camaradas venezolanos a echar mano de lo que
encuentran en la superficie, olvidando considerar la profundidad de los
problemas y la producción de conocimiento y prácticas cónsonos con la solución
eficiente del problema de construir la nueva sociedad.
3- La praxis social, durante los últimos cien
años nos ha hecho saber que los
principales medios de producción no sólo deben ser socializados sino que,
además, hay que protegerlos de cualquier capa burocrática que pretenda
usufructuarlos en nombre del pueblo y hasta en nombre del socialismo
(conclusión extraída de la experiencia soviética y su derrumbe, por no entrar
en una apreciación apresurada de los gestores de divisas en Venezuela, que le
han extraído al país sumas asombrosas, exorbitantes, sin que el pueblo siquiera
se entere, o por no poner a los que se aprovechan de la desorganización popular
para adueñarse y negociar con el gas doméstico, los apartamentos, los
fertilizantes, el cemento, las cabillas, bienes nominalmente del pueblo). De la
centenaria expoliación burocrática en nombre de la revolución, se deduce que es
imprescindible formar cuadros para la economía diferente, pero vemos como los
gobiernos socialistas contratan personal formado en el aparato económico
burgués y cómo con esta práctica queda inoculado, al interior de la
construcción supuestamente socialista, el viejo modo de producción.
4- Veamos qué tan persistente puede ser la
praxis reproductora. Situémonos en el caso venezolano. No hay en todo el país
un barrio de pruebas donde se ensaye la nueva vida, donde todos los vecinos
estén empoderados y adscritos a una nueva economía, donde los residentes
administren su venta de alimentos e impidan que estos vayan a tener a la red
bachaca, buhonera o contrabandista. Con
una serie de barrios de prueba, los vecinos estarían aprendiendo a tener
negocios comunales, a ser dueños y administradores, a ejercer el poder y a
aportar soluciones estructurales al problema del abastecimiento en momentos de
un feroz acoso económico; y habría la posibilidad estratégica de que algún día
quedara construida una red de distribución basada en la organización popular.
Pero en vez de esto, el gobierno revolucionario sigue entregándole los
productos a los supermercados, que es como ¡entregárselos a los bachacos y a
los saboteadores! Asimismo, el gobierno insiste año tras año en la práctica de
vender los alimentos en desesperados operativos a cielo abierto, con lo cual se
empoderan el noble ejército y las agencias cooperativas que preparan y
coordinan la venta masiva, pero no los barrios, y donde la gente queda reducida
a la nimia organización de hacer cola, dirigida, asistida, alejada del
ejercicio del poder y sin esperanzas de que cese algún día el problema. Sin
embargo, hay una alegría infantil porque fue ampliado el sistema educativo y se
han fundado centenares de colegios adicionales, pero la totalidad de los
colegios opera sin parámetros de calidad en la gestión de difusión del poder y
siguen graduando opresores y oprimidos, azotes de poblaciones y víctimas, amos
y esclavos, o enemigos situados cada uno en su bando, listos para matarse en
una conflagración armada y cumplir el plan imperial. Nadie ha creado un sistema
de liceos felices donde se aprenda la nueva práctica económica integrada, donde
se enseñe solución de conflictos, fin del adoctrinamiento y empresarialidad no
depredativa, sino que se ha puesto empeño en lo superficial, cambiar los
nombres de los colegios y dotarlos de alimentación, libros, computadoras, sin
cambiar la praxis reproductora de los maestros. Ante el azote paramilitar sistemático en los
mismísimos urbanismos construidos y
equipados por la revolución, la respuesta sigue siendo burocrática, y se llama
“liberación del pueblo” a una protección policial espasmódica y momentánea que
no garantiza que cambie la mentalidad de los protegidos ni da fin a su
situación de huérfanos, de desvalidos en el seno de la sociedad, y que por
tanto no puede elevar a las poblaciones asistidas al papel de protagonistas
auténticos de la asombrosa transformación que requiere el traslado a una nueva
vida sobre el planeta. Este problema de la acción superficial o burocrática
repite antiguos episodios: los bolcheviques no tenían suficientes cuadros y
tuvieron que gobernar con los funcionarios formados por el zarismo, quienes,
después de setenta años, impusieron su lógica de la dominación; los chinos
contrataron al cerebraje mejor calificado del planeta y ahora tienen el mayor
número de supermillonarios y la mayor tasa de desigualdad del mundo; Venezuela no tiene cuadros que sepan fundar
la nueva sociedad y se ve obligada a funcionar con los directores formados por
la burguesía, que le entregan a ésta una ganancia mayor que la que devengaban
antes de la revolución (anuarios del BCV, 2014).
4.- Esta persistencia de la acción reproductora,
nos obliga a tejer la siguiente hipótesis: Quizá los camaradas tienen la misma
mentalidad de los capitalistas (salvo la intención de cambiar el mundo y
sabemos que la intención no basta), quizá todos los seres humanos tienen la
misma dotación mental que genera la división, algo que no se ve a simple vista,
pero que brota y se hace evidente con las realizaciones humanas, quizá poseemos
un germen, un código genético mental, algo que subyace pese a la ideología
diferente, que no se modifica con ella y que pudiéramos llamar código genérico social, un
estructurante único que dimana y articula la sociedad dividida, y por eso no
logramos implantar otra cosa que dominación, pese a sacrificios tan
descomunales como Stalingrado. Si esa clave estructural existe (después
demostraremos que así es), el trabajo principal de los revolucionarios es
especializarnos en conocerla, para poder desmantelarla. Por lo pronto, podemos
afirmar que el marxismo habla del salto, pero no establece una clave para diferenciar el antes y el después del
salto, no expresa cuál es el momento de ruptura entre las praxis reproductora y
transformadora, nombra el salto dialéctico como una necesidad, el final
sintético de un proceso contradictorio, un llegadero, pero no define los
pormenores de su efectuación, y entonces el concepto resulta débil en cuanto a
su operacionalización durante las prácticas política y económica. El hecho
crucial y evidente es que los camaradas no sabían, ni saben aún, que en medio
del acoso imperialista y de la guerra, hay
que crear apasionada y pulcramente enclaves de la nueva sociedad y, por
tanto, han estado sucumbiendo a la dinámica de la vieja estructura, gastando la
energía en la respuesta antimperial con énfasis en la sobrevivencia, pero a
costa de posponer un factor dramáticamente importante, la edificación directa,
inmediata de la nueva sociedad. A estas alturas, se hace harto evidente que,
para comenzar, hace falta una
jerarquización teórica especial del papel y el momento del salto dialéctico.
Hay que redefinir el salto dialéctico como una urgencia permanente, como una
actividad fundamental o esencial, como categoría prioritaria ejecutable a pesar
de los embates de la vida sistémica en el marco de la vieja sociedad y sus
acosos, como respuesta idónea a esos embates y como entrenamiento que garantice
el aprendizaje de la población en cuanto a ejercer el poder a toda hora cada
día. Y es imprescindible expresar, en el discurso teórico, que todo lo demás
(ganar elecciones, marchar, recordar al gigante que despertó al pueblo,
repartir comida en los mercados a cielo abierto), si bien hace falta
coyunturalmente, es convertible en nada, es parte del derrumbe si el pueblo,
por ignorancia de cómo ejercer su papel protagónico, continúa delegando sus
funciones de sujeto de la revolución.
Conclusiones:
La
reproducción de la sociedad vieja es tan persistente que es capaz de destruir
las construcciones más fantásticas del intento transformador. Se hace
ineludible penetrar más a fondo en las carencias del sistema teórico
dialéctico, para precisar dónde ocurre el salto, dónde y cómo crear la ruptura.
La
teoría dialéctica y su método deben ser ampliados en una extensión que abarque
los fenómenos de la dominación a una escala íntima, individual, que permita
hallar sus bases genéticas, su clave psicológica, las fuentes de la división
estructural (la génesis de la praxis antagónica) para manejar su reversión.
Ya
sabemos que debe establecerse una meta,
definida en términos operacionales que permitan manejar con exactitud, o
sistemáticamente, las prácticas transformadoras. El marxismo pone la meta, pero
carece de la definición operacional y a eso se debe su debilidad frente al
decadente pero aún imbatible poder burgués.
Mientras
se persiste en medidas policiales y en proteccionismo a favor del pueblo, éste
pierde la oportunidad de entrenar el inmenso caudal de prácticas que deben ser
asimiladas y ejercidas para finalmente convencer a los rezagados y unificar al
país. La revolución en su primera etapa –todo lo realizado hasta hoy era
necesario para aprender haciendo, errar, evaluar y avanzar corrigiendo-,
protege al pueblo y lo vuelve débil y minusválido, cuando debe montar sobre sus
hombros la tarea grandísima de la transformación, cada cual responsable de su
cambio personal, de su lucha con los fantasmas del pasado, y de su integración
comunal, como fase inicial para la unificación nacional, paso ineludible de una
reconstrucción radical que logre liberar al país y al planeta.
Las
categorías marxistas existentes no bastan
para concluir el trabajo de construir una nueva sociedad: hay que
ampliar el conocimiento de la dialéctica e inventar un arsenal más sofisticado
de nuevas herramientas, que dé cuenta de la nueva problemática del ascenso de
las poblaciones al poder.
Así
como cuando en Matemáticas sólo se disponía de números enteros, y no se podía
resolver problemas con fracciones, fue inventado un nuevo conjunto de saberes,
el conjunto Q, de los racionales, y cuando éste resultó insuficientes porque
aparecieron nuevos problemas insolubles, se creó el conjunto I, para manejar
números irracionales (Pi, e), y así sucesivamente, en cada caso se ha inventado
un nuevo campo de saberes sin destruir el anterior, asimismo ante las
dificultades para lograr el nacimiento de la nueva sociedad, la epistemología
dialéctica debe crecer, inventarse un nuevo rango de saberes, o descubrirlos.
Para cubrir ese campo hoy desierto en el conocimiento, proponemos a
consideración la “Teoría General de
Confrontaciones Comunes (Tgc)”, y su modelo de la nueva sociedad.
Problema
3:
Estatuto
epistemológico de la tgc:
La tgc
es un estudio de las contradicciones en el interior del ser humano, en sus
relaciones con el conflicto social. Su discurso devela el despliegue de la
praxis antagónica en el campo del pensamiento individual, en cuanto choque
consigo mismo y en cuanto choque del individuo con los eventos de su entorno.
Tal saber, nos permite establecer una genealogía del sufrimiento personal y de
las confrontaciones entre personas -las dominaciones mutuas, incluida la lucha
de clases-, dilucida un meollo modificable y los puntos de inflexión entre la
vieja praxis (la que produce dominaciones y sufrimiento) y la nueva praxis (la
que erradica la división entre seres humanos e instaura el amor). La teoría
esclarece claves y precisiones instrumentales que finalmente permiten conformar
un método (la tecnología de la mutación) específico para concluir las tareas
prácticas de la transformación social participativa.
Según
la Tgc, la división interior es la base que organiza los conflictos
interpersonales e intergrupales, pero tal estructurador es desmantelable y
puede ser abolido por la inteligencia de cada portador humano, con lo cual el
individuo supera su condición dividida y pasa a estar integrado, religado,
unido –íntimamente y con su entorno-, capaz de actuar serena y amorosamente.
Sólo a partir de tal autoliberación del sujeto (individual e histórico) se hace
posible estructurar otro tipo de sociedad, la sociedad armoniosa, holística,
ecológica, generadora de paz sobre el planeta. La vieja sociedad tiene fin en
la medida en que el viejo articulador genérico, el conflicto interior (ci) es
desmantelado sistemáticamente por cada revolucionario y éste comienza a actuar
religado, integrado, amorosa, participativamente. Si un líder de hoy no
considera, por ejemplo, la posibilidad de que en el futuro los juegos pierdan
su carácter dividido, no es (según la tgc) líder de una nueva sociedad, no sabe
hasta qué punto estos juegos entrenan para la separatidad y la guerra, no se
capacita para diagramar los nuevos juegos; quizá es líder de otras cosas pero
no de transformar el mundo en algo diferente a la dominación y sufrimiento que
signan hoy la vida humana.
Categorización
de la noción de conflicto interior:
La noción
de conflicto tiene linaje en la matriz dialéctica marxista, la cual asume que
la praxis (el movimiento de lo real, que incluye al hombre) es el despliegue de
un antagonismo permanente. Se avanza por negaciones, esto es, por conflictos,
por contradicciones que se resuelven en síntesis sucesivas. La noción de
conflicto interior, en la tgc, se ampara en conceptos y categorías extraídos de
la matriz epistemológica dialéctica, tales como contradicción y praxis
antagónica, y se enriquece con otros nuevos como identificación, prisión
en el pensar, estados de
división interna, comprensión liberadora, autoliberación y lucha interior.
Identificación es el
acto de confundir el pensamiento con lo que él representa: por ejemplo, cuando
un niño cree que los vampiros que tiene en su mente lo van a morder y llora; o
cuando un adulto cree que el carro que tiene entre sus recuerdos debe ser
comprado por él como condición imprescindible para alcanzar la felicidad, y
sufre porque su sueño no se está cumpliendo. Los momentos en que el sujeto
agente cree el pensamiento, en que sufre por el ataque o disfruta la posesión
imaginada, ese vivir dentro del pensamiento es una identificación. Un ejemplo
más plástico de identificación se da en las pesadillas, durante las cuales el individuo
transcurre creyendo lo imaginado, sufriendo por lo que le ocurre, confundiendo
olímpicamente el hecho virtual por un hecho físico: transcurre siendo
pensamiento. Otros ejemplos: la esposa piensa que la imagen que tiene en su
cabeza respecto a su compañero es su compañero mismo, y no detecta que esa
imagen le impide ver a su consorte real; o cuando un vecino hace la misma
sustitución del mapa por el territorio con su vecina y en vez de verla a ella,
se instala en un recuerdo de algo malo que la vecina supuestamente hizo
(supongamos que, la última vez, la vecina no le respondió el saludo sino que
siguió para allá con la cara muy tiesa). En todos esos casos hay una
identificación del sujeto con su pensamiento y una división interna.
Un
ejemplo curioso de identificación ocurre cuando nos mimetizamos ante una
película y le gritamos al bueno “¡apártate que te van a joder!”, o “¡mátalo,
mátalo!”, como si en realidad la imagen del film estuviera en peligro, o como
si en realidad fuera un ser vivo bajo acoso. Identificarse es vivir la imagen
como cierta, vivir en ella como en una realidad.
En el
caso del niño habitado por vampiros, la división (y el choque íntimo) ocurre
entre lo que el individuo quiere y lo que logra o tiene: el niño es a la vez el
perseguidor y el perseguido, dos instancias contradictorias, quiere escapar y
no puede (porque él mismo inventa y recrea a su perseguidor). Y la
autoliberación llega cuando el niño madura y es capaz de disolver su imagen
mental apenas ésta llega. Autoliberarse es eliminar la imagen instantáneamente
y por entendimiento del proceso: despertar. Dar fin al pensamiento disuelve la
división, el desgarramiento interior y el sufrimiento.
En
todos los casos citados es aplicable tal clave de solución. Si el vecino disuelve su pensar, podrá quedar
en calma y enterarse de que la vecina no lo está despreciando sino que tiene
dos días sufriendo de tortícolis. Cada vez que la esposa difumine la imagen que
tiene de su consorte, quedará frente a su compañero real y podrá ver los
conflictos que él padece y ayudarlo a
salir a una vida más fresca y plena para ambos. Se puede generalizar que la
solución del conflicto hace la vida menos mecánica, más humana y armoniosa.
Comprensión liberadora es la
operación instantánea que posibilita el despertar. Estar identificado, ser el
pensamiento, vivir en un sueño despierto, creer el pensamiento, puede ser
llamado también “prisión en el pensar”. Durante las pesadillas, estamos
prisioneros en el pensar. Comprender tal
proceso de aprisionamiento significa detectar qué es mundo virtual y qué es
mundo físico, darse cuenta de las dos instancias y del choque. A este evento lo
llamaremos comprensión liberadora y para dar una visión práctica de cómo
ocurre, cabe citar el momento en que despertamos de una pesadilla. Cuando
despertamos comprendemos instantáneamente lo que ocurría, cesa la
identificación, devolvemos al pensamiento su carácter virtual, sucedáneo, cesa
la dominación por parte de la imagen, se establece otro modo de estar en la
vida.
Autoliberación es el
resultado de la comprensión liberadora. En el ejemplo de los vecinos, y en el
de los esposos, se ve claramente que la prisión en el pensar es un factor que
aleja o separa a las personas, o que separa al conflictuado de su entorno:
también en este aspecto (aparte del aspecto interior del conflicto) se puede
hablar de vida dividida, separada: lo que está adentro se reproduce afuera.
Cuando cesa el estado de división, termina la dominación que ejercía la imagen,
su omnipotencia y se establece la conciencia. Entonces, simétricamente, la
solución del conflicto interior establece un cambio personal profundo que
facilita una relación nueva, en que el sujeto puede ayudar a que cesen los
conflictos interiores de las personas que están a su alrededor, a) porque está
en calma o feliz y puede ver procesos, en vez de reaccionar ciego atrapado en
ellos, b) porque su emersión lo hace poseedor de una incipiente técnica de
solución de conflictos y, c) porque, como no está gastando la energía en choque
íntimo y sufrimiento, puede aplicarla en algo más provechoso.
Durante
toda una gran serie de operaciones cotidianas, preocupación, duda,
presentimiento, angustia, espera, aburrimiento y similares ocurre el mismo
proceso de identificación con una imagen y prisión en el pensamiento: son
conflictos interiores y tienen solución instantánea. De manera que aprender a
despertar instantáneamente y deshacer
los estados de división interior, significa aprender a eliminar toda una
extensa fauna mental cotidiana –generalizable como sueño despierto- con la cual
nos autoagredimos y atacamos a otros a cada hora del día.
Asimismo,
el conflicto interior es lo que subyace durante toda una gran serie de
operaciones cotidianas que solemos desplegar contra otros así no estén
presentes, tales como la crítica impotente o malintencionada, la comparación,
culpar, criticar condenar, comparar, calificar, juzgar, que encierran embriones
de conflictos más complejos. Y también subyace en hábitos separadores muy
populares como el chisme y el rumor, que por lo regular significan, preludian y
preparan (o estructuran) conflictos entre personas, pero que son susceptibles
de comprensión y eliminación instantánea.
Lugo
veremos que el conflicto interior es, por último, el componente y estructurante
universal de los conflictos entre personas. Y que su disolución técnica da la
pauta para la desarticulación de todos los conflictos interpersonales
complejos. Pero antes, prestemos atención a un concepto altamente relevante
para la tgc y, en general, para toda la epistemología dialéctica.
Categorización
del concepto de lucha:
La
autoliberación es un proceso radicalmente diferente a la lucha con las
imágenes. La lucha en cambio es un proceso intermedio (entre el estado de
conflicto interior y la autoliberación) en que el sujeto tiene cierta
información de que puede ser libre y se dedica a un forcejeo con la imagen. Es
el caso del niño que sabe ya que los vampiros temidos por él están en su
cabeza, pero no logra eliminar la imagen, no tiene una cabal comprensión que lo
libere instantáneamente, no se desidentifica totalmente de sus fantasmas, del acoso y del peligro imaginarios. Aún cree
que debe prender la luz y asegurarse de que no hay un atacante bajo la cama.
Este proceso es la lucha interior. Es un debatirse en el conflicto, que no
alcanza el estado de autoliberación. La categorización de este proceso es
sumamente importante porque, cuando llevemos el fenómeno al plano social, se
determinará que la lucha generacional, laboral, social, no es la liberación. En el campo laboral, por ejemplo,
liberarte es fundar una empresa reunido con tus iguales, entregar el producto
directamente a los consumidores finales y operar (todo el equipo laboral) con
una misma lógica que a la vez esté concebida para liberar al pueblo; mientras
que en la lucha sindical, sabes que mereces ser libre, aceptas un dueño y
peleas con él, pero no sabes aún cómo quedar libre. Finalmente, esta misma
categoría que estamos estableciendo,
tendrá una dramática incidencia en la epistemología dialéctica, pues la
exclusión de la lucha como estrategia, y darle la mayor importancia a la
liberación en cada acto, genera una ruptura entre el marxismo tradicional y la
teoría general de confrontaciones: la lucha de clases, una de las categorías
fundantes del marxismo, queda fuera de lugar en una epistemología de la
liberación, porque la lucha significa a) forcejeo o pelea con un contrario y
acción con imagen de enemigo, fortalecimiento constante del opuesto que quieres
derribar y alargamiento infinito del conflicto e imposibilidad de llegar a la
nueva sociedad. Mientras que autoliberación sería fundar barrios, colegios y
empresas felices, construir enclaves del paraíso. Trascender la pelea:
¡Triunfar! La ruptura es crucial en variados aspectos. Si en vez de luchar con
otro operas desde la unión psíquica y afectuosa con ese antiguo enemigo,
trasciendes la lucha ideológica, quedas fuera de la definición dialéctica de
ideología (efectuación de clase, según Lanz, 186). Por ejemplo, liberarte es
construir un país de la armonía, pese a todos los obstáculos, no perder el
norte y edificar lo nuevo para asombro de todos y para convencerlos de que el
otro mundo existe; mientras que lucha es dedicarle la mayor parte de tu energía
a la defensa y la sobrevivencia (exactamente lo que ha ocurrido durante casi
doscientos años), usando las armas de la praxis reproductora y posponer lo más
importante, el salto. Toda esta problemática quedará ampliamente clarificada
cuando profundicemos en el estudio del conflicto social y su solución técnica.
Categorización
de la noción de conflicto social (cs).
Cuando
se analizan los conflictos entre dos personas, se determina que invariablemente
los focos en confrontación están albergando y sufriendo conflictos interiores y
que la solución de estos influye directamente en la solución del conflicto
conjunto. Lo anterior permite una definición técnica de conflicto interpersonal
o grupal: es la interacción de dos sujetos que se alimentan cada cual su
conflicto interior con la acción dividida y sufriente del otro. Y permite,
asimismo, elaborar una fórmula resolvente: los conflictos interpersonales se
resuelven cuando uno de los dos focos soluciona su conflicto interior y actúa
ayudando a que cese el conflicto en el otro foco, lo cual se garantiza porque
a) no gasta su energía en choque y la puede usar entendiendo la situación, b)
como salió de su ci, tiene conocimiento de cómo se resuelven y puede aportar
este bagaje técnico y c) como no usa el viejo repertorio de la defensa ciega
(intentar convencer y que no lo convenzan, repetir su razón sin notar que el
otro no escucha porque está aferrado a la suya, no escuchar al otro, querer
someter al otro, soñar que el otro desaparece, intentar el exterminio del otro
o lograrlo), queda libre para emplear un
nuevo repertorio correspondiente a la integración.
Los
conflictos entre dos personas, se comportan, en su articulación y en su
desmantelamiento, como los conflictos entre grupos, con la diferencia de que,
en vez de un sujeto individual, ahora se trata de un sujeto plural. Por
consiguiente, la definición de conflicto interpersonal es la misma para los
casos en que los sujetos no son dos personas sino dos grupos, incluso cuando
estos grupos son clases sociales. De esta manera, queda fundada la categoría
conflicto social y su fórmula resolvente.
Hay un
momento trascendente en la solución de los cs: aquel en que el sujeto pionero
(llamémoslo el avanzador) resuelve su conflicto interior. Imaginemos a un padre
que está molesto porque su hijo le acaba de entregar una citación, enviada por
la maestra del menor, debido a que éste tiene días sin hacer las tareas. Al instante descarga su molestia regañando,
no deja hablar al niño, éste llora y se refugia en las piernas de la madre. El
padre ahora califica al niño de llorón, se enfurece más y genera una trifulca
con la madre porque ésta consiente en exceso a su hijo. Ése es un conflicto
interpersonal. Veamos la solución: el padre ve su malestar, recuerda que hay un
paradigma alternativo y decide mudarse, elimina sus imágenes donde el niño
“debió hacer las tareas” y “no debería ser tan “flojo” o tan llorón” (choques
con la realidad, frustración). Entonces queda en calma. Su realidad no ha
cambiado, pero él sí. Entonces es capaz de acercarse al niño con otros gestos,
otro tono de voz y otra intención: podrá preguntarle con una caricia sincera
“qué pasó campeón”, y supongamos que el niño le informa lo que antes no pudo
explicar gracias al arranque de ira paterno “Es que yo me sé todo lo que la
maestra está dando, pero ella está
repasando con los más atrasados y ya me sé eso: por eso no hago las tareas. Me
tienen fastidiado”.
Unión psicológica, una
categoría para la construcción de lo nuevo. Vamos a detenernos en el momento en
que el padre ya resolvió su conflicto interior,
quedó en calma y se acerca al niño con la intención de aprender: en ese
momento ya se ha roto la praxis antagónica, el avanzador deja de ser un sufriente
y un atacante, una víctima y un dolor, y se transforma en un ser atento a lo
que ocurre, alguien compasivo, dispuesto a desentrañar el mundo de acosos en
que vive su hijo, alguien interesado en
saber qué es lo que ocurre, alguien que ve el proceso para aprender y actuar
técnica, amorosamente, más allá de la acción mecánica: eso significa que el
avanzador está unido al otro, integrado a su ambiente, que está libre y
conforma con el otro una unidad amorosa, que escuchará y ayudará a solventar
los problemas del otro. La transformación crucial, iniciada con la solución del
conflicto interior en un foco, inaugura una praxis integradora y de liberación
social. A partir de ella, no
se puede hablar de división entre los dos sujetos. La acción nueva genera y concentra en sí la energía
requerida para la construcción de la nueva sociedad. La acción integrada
conlleva una diferencia estructural con la acción dividida, por eso es capaz de
desmantelar la vieja sociedad
El equipaje de las nuevas creaturas. Los
que se transforman dejan atrás las viejas armas del temor y la separación
(obligar, manipular, engañar, asesinar) y utilizan un nuevo repertorio
especializado: conforman con los demás una unidad fraterna, viven en comunión
con su ambiente, apoyan al otro en su más genuina aspiración, quieren que ambos
sobrevivan en una síntesis que conserva lo mejor de ambos y elimina lo nocivo
donde esté, explican calmadamente, actúan amando al otro, quieren genuinamente
que el otro sea feliz, trabajan para esa felicidad de ambos, cambian cualquier
procedimiento que no funcione por otro más versátil:, persuaden, convencen,
despliegan dispositivos de cambio, realizan portentos atrayentes, enamoran con
la belleza de los hechos.
Operadores divididos: A
esta altura podemos revisar operaciones como
criticar molesto o impotente, quejarse, lamentarse, juzgar, condenar,
calificar, posponer o postergar, culpar, esperar. Todas estas operaciones
corresponden a la vieja mentalidad, son las formas típicas que asume el cs.
Conllevan la acción dividida y la reproducen. Conocerlos, permite detectar
cuando se está operando en la vieja sociedad y confeccionar los sustitutos
idóneos de la gesta libertadora.
Categorización
de la noción de estructura psicológica social:
Todos
los conceptos y categorías de la Tgc parten del ci, éste es el estructurante
universal de todo lo que despliega la praxis
antagónica del hombre. Y por consiguiente, la autoliberación es el foco
de la desestructuración. En la Tgc están suficientemente codificadas, además de
las categorías de ci y cs, otras como
“trampas de tiempo”, “profecías de autocumplimiento”, “mecanismos de
dominación”, “niveles de acción” hasta llegar a la “Estructura psicológica
social” (Eps),
La
estructura psicológica social es el constructo de las relaciones humanas,
erigido sobre la base de la contradicción íntima. Es una articulación, una
forma de relación que contiene, como esencia, el conflicto interior, y
cualquier derivación que se construya con esa base de sustentación. Es una red
de relaciones que adopta la modalidad de la dominación y produce sufrimiento
multitudinario. La estructura psicológica social contiene un estado de
desarrollo de las tensiones contradictorias íntimas e interhumanas en un
momento dado de la historia.
La
denominación Eps fue inicialmente tomada del lenguaje de J. Krisnamurti y, ya
al interior de la Tgc, se caracteriza por ser la fuente que dimana o permite la
reproducción de la división individual y social. En los desarrollos épicos y
dramáticos del paradigma ha sido denominada Estructura de la Muerte. Es una
forma de articulación humana que ha permanecido intacta por milenios, desde la
aparición de la división psíquica. Han variado las imágenes, la intensidad de
la dominación de esas imágenes, la modalidad del sufrimiento, la forma de
escogencia o de manipulación de las imágenes por parte de los factores de
opresión interhumana, pero nunca ha desaparecido el molde organizador, el
esquema que teje los conflictos con un sempiterno resultado de dominaciones y
sufrimiento.
Los proyectos factibles son
medios para producir construcciones factuales comunitarias que concreten y
ejemplifiquen la nueva sociedad –la democratización plena o el empoderamiento
popular-, y para probar el conocimiento teórico específico, pulir las
herramientas conocidas y elaborar nuevos instrumentos de trabajo
transformativo. Constituyen dispositivos
para que la población aprenda construyendo, pero no son modelos para repetir:
es la comunidad la que debe deducir sus herramientas, quien, en el diálogo
permanente, debe elaborar los instrumentos de reconstrucción humana que
necesita. Por ejemplo, un proyecto genérico barrio piloto no puede ser aplicado
mecánicamente. Es la gente del sitio donde se va a fundar el barrio, quien va a
decidir si se trae gente de afuera, si se trabaja con todos los líderes
locales, si se desincorporan unos y se los entrena en otra parte para luego
–cuando hayan desaparecido o amainado las posibilidades de fuerte
desencuentro- insertarlos en su propio
barrio. La Tgc puede servir de guía
general, pero es la población quien tiene que producir su conocimiento
inventando.
Los
niveles de acción.
Para
caracterizar el progreso de la acción del sujeto humano, la Tgc discrimina
cuatro fases, desde la inconciencia a la lucidez, y según se produzca o no
conflicto.
La acción libre inconsciente, es
la característica del niño que se divierte sin conocimiento de que causa daños
en el ambiente. Es autoescogida y disfrutada (y en este sentido es plena, feliz
y libre de división interna), pero por su inconsciencia es inmadura,
irresponsable, no surge de información específica respecto a lo que ocurre, no
protege el ambiente ni es ecológica.
La acción sumisa
obedece a un enemigo (material o virtual), es fruto de la represión y la
consiguiente inhibición del sujeto castigado. No evalúa la situación, es
mecánica, puede cumplir por temor un acto que no hace falta u omitir otro que
sí es necesario. Es acción dividida, no disfrutada.
La acción rebelde le
lleva la contraria a un enemigo (material o virtual), es acción por tanto,
dividida. Sobreviene cuando el sujeto sumiso nota que no puede ser castigado
hasta el infinito o descubre que el represor disminuyó su capacidad castigante,
pero carece de información sobre el proceso en marcha. Genera daños en el
ambiente es irresponsable, no cuida el ambiente.
La acción libre consciente llega
cuando el sujeto humano elimina la imagen de enemigo y evalúa la situación, es
altamente informada, consciente, amiga, inteligente, autoescogida, integrada,
madura, libre y feliz.
Hay
cambio estructural cuando el individuo pasa de la libertad
infantil, inconsciente pero disfrutada, sin idea de enemigo y por tanto no
dividida, a la acción escindida o dicotómica, sea ésta sumisa o rebelde.
Nuevamente hay cambio estructural cuando se madura desde la acción dividida a
la acción consciente, integrada, autónoma, autoeligiente, holística y feliz.
Este último paso se puede llamar también mutación psicológica, salto
dialéctico, cambio epistemológico o paradigmático, cambio estructural, ascenso ético-espiritual o traslado estético,
consolidación de la personalización o de la individuación: mutación
psicológica.
Vamos
a constituir la Tecnología de la Mutación (tm):
La tm
es la forma operacional de la Teoría General de Confrontaciones Comunes.
Conjuga las técnicas de solución conflictual, el conocimiento y las
herramientas elaboradas por la teoría –el saber sobre trampas, operadores,
mecanismos de dominación, niveles de acción, etc- y elabora nuevos medios y
proyectos, encaminados a la liberación de poblaciones. Son dispositivos de
Tecnología de la mutación, un film o una telenovela de procesos, un concurso de
videojuegos de no matar, un festival de canciones de no llorar, la fundación de
un barrio piloto o de un liceo feliz
encaminado a servir como vitrinas y desarrollos mostrables, para
difundir las herramientas o garantizar que la gente se enamore de la utopía.
Redefinición
de la categoría salto dialéctico.
Ya
sabemos lo que es el cambio dialéctico, estructural o de mentalidad en una persona, y es su salida de cada
conflicto y su consiguiente acción unida a su
entorno. En el plano social, se hablará de cambio estructural, cambio
epistémico o salto dialéctico en un área (o en una práctica específica), cuando
una construcción o un desarrollo de esa área demuestre que rompe el viejo
paradigma de la dominación y el
sufrimiento, y establece los nuevos parámetros de acción integrada, holística,
amigable, feliz y respetuosa del ambiente.
Por ejemplo, vender alimentos a cielo abierto es una práctica que apunta
a resolver el problema coyuntural, pero la respuesta estructural sería fundar
primero una comunidad piloto (en la
página seis se dibujó escuetamente el perfil de un barrio experimental, en la
última parte de este libro se aborda el tema con toda propiedad) y, como parte
de su liberación profunda, establecer ahí un puesto de distribución de
alimentos administrado por la gente ya empoderada y enseñarle esa realización a
todo el país para establecer que si podemos vivir unidos, que es mejor esa
solución, y así ayudar que se replique y mejore el experimento en todo el país
y en el mundo.
No hay
salto dialéctico en el paso de la acción sumisa a la acción rebelde. Rebelarse
no es ser libre, es enterarse de que se puede llegar a serlo y trabarse en una lucha que alimenta al
opresor, que lo mantiene vivo y emitiendo respuestas. El salto, el cambio
epistémico, el salto dialéctico y la libertad ocurre, no cuando el oprimido se
molesta con el opresor o cuando pelea con él: el salto se produce cuando el
oprimido deja de serlo, cuando conoce el proceso que fabrica a su opuesto
dialéctico y deja de accionar el mecanismo social que reproducía la situación
de ambos: es decir el salto acontece cuando el oprimido adquiere una
conciencia del proceso que fabrica a su opresor, y se dedica directamente a desmantelar la
estructura que sostiene a ambos en el nivel de la depredación. Hay salto cuando
hay construcción de lo nuevo y asombro capaz de vencer el escamoteo, la
ocultación, la indiferencia y el sueño.
El punto de inflexión en un individuo es
aquel en que éste conoce la raíz de su problema y disfruta la solución: ya sabe
ver su interior, deshace con regularidad
sus ci y llega a la alegría cada vez con mayor frecuencia, se deja ayudar a
resolverlos, cada día se hace más capaz ver los ci en los otros y queda en
condiciones de ayudarlos en la extirpación permanente de los focos de
conflicto.
El punto de inflexión en una construcción
social, pongamos por ejemplo una gran empresa del estado, la
inflexión ocurre cuando sus miembros, ya enterados de la mecánica reproductora
del caos, tienen un plan de emersión y todos se ayudan a detectar y disolver
cada uno de los hábitos de la vieja sociedad (ver y callar, dejar pasar, no
meterse en problemas, molestarse por las observaciones así sean acertadas y
bien intencionadas), desmantelar las operaciones divididas, los artilugios y
nudos de relaciones de la vieja estructura apenas se presentan. Cuando apenas
aflorar, cada corruptela, desmán, vejación, prejuicio, temor, escondrijo o
triquiñuela es develada afectuosamente por un acuerdo de todos en favor de la
mutación social y el traslado a la nueva sociedad. El punto de inflexión en una institución es aquel en que la mayoría de
los movimientos ya pertenecen al nuevo paradigma, y cada momento los genes
de la vieja sociedad son develados y extirpados con mayor soltura y júbilo de
todos.
Para
que pueda haber cambio de sociedad, tiene que volverse una labor cotidiana la
práctica teórico-política de ver, capturar y deshacer conflictos. De la misma
manera en que producir o almacenar mercancías, por parte de unos, y colocarles
precios correspondientes con la acumulación programada, difundir en la tv, en
vallas y revistas incontables estimuladores del consumo, facilitar las compras
emitiendo créditos, procurar leyes que favorezcan estas operaciones; y, comprar
ansiosos, por parte de los otros, y difundir en la propia ropa durante el uso
diario los emblemas y símbolos de las corporaciones transnacionales sin
averiguar si ponen dinero para las conspiraciones destinadas a impedir que el
pueblo se libere, correr rumores y chismes con gran goce en el vecindario o la
oficina, creer todo lo que llega vía la tv, esperar, juzgar y criticar
destructivamente a nuestros semejantes son operaciones cotidianas perfectamente
coordinadas y válidas para reproducir la
vieja sociedad, asimismo detectar y disolver conflictos internos y mecanismos de dominación, trampas de tiempo,
profecías de autocumplimiento, detectar operadores y atrapar toda la vieja
fauna de la mente vieja hasta vivir
contentos, difundir esa alegría
resultante, ser afectuosos y comprender cuando otro no entiende, y no
molestarse sino conseguir otra forma más eficiente de explicar, reunir a los
avanzadores, construir instituciones vecinales libertarias invulnerables a los
azotes, fundar los barrios felices, los colegios experimentales sin dominación,
los prescolares que no creen separación psicológica, la red de distribución de
bienes sacralizada por el pueblo, inventar los deportes de no competir sino
compartir y disfrutar juntos, los juegos de mesa que no entrenen
la sed de lucro ni la separación; en fin, insurgir permanentemente para
disolver en cada acto la dominación y el sufrimiento e instaurar la unión, son
los actos significativos que, si pasan a ser una mayoría de gustosas
operaciones de cada instante, por parte de los interesados, permitirán
raudamente arribar a una nueva sociedad.
Instrumentos de evaluación: Para
evaluar convenientemente las realizaciones de los ciudadanos libertadores, el
cambio profundo y la acción integradora, la Teoría de confrontaciones elaboró
una batería de cuestionarios aplicables a barrios emergente, colegios, empresas
de producción socialista, universidades, colectivos y demás entes inmersos en
procesos donde se pretenda que toda la población adquiera una nueva mentalidad,
se libere de un viejo paradigma, supere la condición dividida y ascienda a una
ciudadanía libre, correspondiente a la sociedad sin dominación y sin
sufrimiento: el paraíso construible en la tierra, la sociedad sin clases o la
democracia perfecta.
Con la
categoría salto dialéctico ya resemantizada, se subsana la deficiencia que
hemos venido notando en las construcciones de los luchadores socialistas
tradicionales, que no terminaban de parir la nueva sociedad porque no sabían
con qué actos precisos erradicar la vieja. La redefinición de la categoría
“salto dialéctico”, aporta los puntos de inflexión entre lo viejo y lo nuevo, y
permite apuntar con precisión las herramientas de edificación de la nueva
sociedad.
Lugar
de la Tgc dentro de la epistemología dialéctica.
La
visión dialéctica del mundo ha sido una construcción histórica: fue un
embrión en Heráclito, se enriqueció en
lo que Morris Berman llama paradigma dialéctico medieval, con interesantes
protocolos inscritos en la tradición hermética y alquímica (lo que está arriba
es lo que está abajo, unidad de los opuestos, correspondencias ocultas a la
simple vista, violación del principio de
no contradicción de Aristóteles, integración del sujeto y el objeto, teoría de
las semejanzas, búsqueda del perfeccionamiento humano mediante el acceso a la
divinidad, participación con la naturaleza y respeto a la misma) que nutrieron
el horizonte humano durante la Edad Media. Hasta el siglo XVI, este paradigma
hermético alquímico ayudó a
apuntalar a la iglesia cristiana: La
alquimia “reclamaba para sí haberle dado contenido interno a la
cristiandad…” (Berman, Cap IV) y haber
ayudado a fundar el estatuto epistemológico de las ciencias: “Sólo después que
la magia le hubo provisto a la tecnología de un programa metodológico, es que
ésta última estuvo en posición de rechazar a la primera”, (ibidem) hasta que
pretendió disputar la principalía a la iglesia cristiana como método de
salvación, y fue arrinconada mediante un juicio político –más que una refutación científica-, apunta Berman
en el mismo capítulo. La dialéctica renació dos siglos más tarde con Hegel,
como causa que explica el movimiento de la idea absoluta hasta su realización,
y, con Marx, se reafirmó como motor de la historia y clave para un plan de
liberación del hombre. La Tgc, como llave para la transformación
participativa, es el último desarrollo de la dialéctica, el estudio de la
contradicción, simultáneamente en el marco individual y en el ámbito social. El
perfeccionamiento de la tgc dará origen al paradigma mágico, que consolidará la
epistemología dialéctica como campo eximio del saber universal.
La
historia de la dialéctica, ampara entonces los siguientes desarrollos:
·
Heráclito
·
Dialéctica medieval
·
Dialéctica de
Hegel
·
Dialéctica marxista
·
Dialéctica de las contradicciones íntimas y
sociales: Tgc
·
Paradigma mágico.
la Tgc
es un discurso post cartesiano, conocimiento sensual. Se funda en una
participación del sujeto agente en el misterio del universo. Es un saber del
cuerpo que participa y aprende superando el paradigma cartesiano o dividido, que
negaba que el observador pudiera ser al mismo tiempo el objeto de estudio. La Tgc no cabe en el positivismo lógico, en el
estructuralismo ni en el funcionalismo, porque es ciencia corporal, construida
desde un investigador participante, que, en un momento de la praxis analiza, se
observa para aprender, y en el siguiente se reintegra, disfruta la unificación
posible que le permite el conocimiento adquirido.
Una
misma problemática hace surgir al marxismo y a la Tgc. La tgc no cambia la
problemática del marxismo, sigue la tarea de transformar el mundo del hombre.
Pero agrega un nuevo campo a la dialéctica marxista: el estudio de la
contradicción en el interior humano y la proyección de los resultados de ese
estudio en el tratamiento de los conflictos entre personas y grupos. Con esto
proporciona una extraordinaria revolución teórica, a la vez que una poderosa
herramienta para penetrar el conocimiento de la vida de las comunidades
familiares, vecinales, escolares, y propiciar su cambio profundo, estructural.
La Tgc facilita apurar el paso e ir de la revolución intuitiva a la etapa tecnológica,
sistemática o tecnopoética de la transformación humana y la construcción del
paraíso.
Con
esto, la Tgc aporta un conocimiento que
hacía falta, un saber crucial: aún en medio de todo el acoso
contrarevolucionario, es imprescindible poner el énfasis principal en el cambio
de mentalidad y en la fabricación de enclaves del paraíso; es urgente e
imprescindible mudar gente y crear instituciones que vivan más allá del mundo
del temor. Si los bolcheviques hubieran sabido eso, jamás se hubiera derrumbado
el experimento soviético.
Algunos
principios desprendidos de la teoría:
La
lucha no es liberación, es una etapa intermedia. Liberación es la acción
diferenciada, en individuos y en construcciones fácticas ya enclaves del
paraíso.
El
partido no es el sujeto del cambio fundamental, sino cada ciudadano que muta y sus comunidades. Quien
debe asumir el cambio es cada ciudadano y cada comunidad.
Sólo
quien ama funda una nueva sociedad. El revolucionario profundo va directo
contra la división estructural. Integra. Ama.
El
cambio estructural, el salto dialéctico o la mutación son en cada presente o no
ocurren jamás. El paraíso es ahora o nunca.
El
imperio somos todos los que operamos con la estructura dividida. Sólo se sale
del imperio quien muta. Lo que vale no es matar, es mutar.
No hay
camino para la paz: la paz es el camino, como dijo Gandhi. Si no estás en paz,
no la construyes en la sociedad. Los medios son el fin. Fines y medios
conforman una misma unidad de significación.
El
opuesto de la sociedad burguesa es la sociedad socialista, pero ambas
pertenecen al paradigma dividido, al mundo de la guerra y están en
contradicción con la paz.
El opuesto del capitalismo-socialismo es la
sociedad paradisíaca, esperada y añorada por toda la humanidad desde el inicio
de las sociedades divididas.
El fin
último de la revolución no es el socialismo sino el paraíso. La Nueva Sociedad no es el socialismo porque
éste se apoya en una clase contra otra, con lo cual mantiene el conflicto
antagónico. Y la Nueva sociedad da fin a las clases y al conflicto antagónico.
La
Epistemología de la Liberación se puede denominar también Epistemología
Libertadora, y estatuye Líderes-Poetas-Sabios-Magos, Ciudadanos Libres o
Activistas Mutantes, que también pueden ser llamados, con toda propiedad Héroes Libertadores.
Sólo
estos Ciudadanos Libres, los Héroes Libertadores detentan el Poder Moral.
Problema
cuarto:
Sobre
el estado de participación original y el nacimiento del ego
Hagamos
primero un acercamiento a los aspectos anecdóticos del ego: El ego de una
persona es lo que, en ella, se niega a reconocer un error para no mostrar un
flanco débil (ese temor a otro, esa división), y al negarse deja un problema
sin resolver con el otro (un vecino, el país, un niño, la pareja o el consorte)
y las relaciones maltrechas; el ego es el que quiere ver algo o a alguien pero
se lo prohíbe para que no lo observen mirando (esa escisión íntima); el que,
mientras camina, se imagina observado y va incómodo; o, se sabe realmente observado
y camina más nervioso e incomodado todavía; el ego es lo que imagina enemigos y
quiere vengarse aunque los imaginados sean inocentes; es la instancia que, en
una persona, teme lo virtual sin notar que lo temido es una fabricación
ilusoria propia; es el dinamismo que guarda huellas de los daños recibidos y
vive preparándose para vengarse y, ante los golpes de la vida dice, “Cuando
esté arriba me desquitaré”; es el que miente para quedar a salvo o para
desequilibrar a otro, el que sospecha un daño, el que culpa sin averiguar.
El ego
es el que se las arregla con escasa información, o con la parte que favorece a
un bando y es capaz de hacerse la víctima y de montar una trampa ante millones
de personas, tratando de engañar, sabiendo que no lo logrará con todos, pero conformándose
con lo poco que obtendrá. Esa instancia humanoide que se esconde y usa
artimañas puede ser realmente maligna y un azote para la humanidad. Toda esa armazón
de tácticas para sobrevivir en medio de la ofensa permanente, es capaz de
invadir países basándose en argumentos falsos, aunque posea la industria y el
ejército más poderosos del mundo. El ego no se desarrolla hacia el conocimiento
de situaciones y su solución comprensiva, eso
lo destruiría; permanece en la defensa ciega contra contrarios: actúa como
si lo más importante de su dotación craneana fuera el cerebro reptiliano, se defiende manoteando a ciegas. El ego es
realmente una construcción que ha llegado a ser mortífera, maligna, diabólica.
Morris Berman, en “El Reencantamiento del Mundo” (1955, cap 6), reúne una gran
documentación de investigadores de diversas disciplinas hasta levantar un
historial del ego y, entre otras descripciones, aporta la de que: “parece ser
una estructura que evolucionó para obtener amor por medio del dominio en un
mundo sin amor” (Pg 168).
El
ego, según la investigación de Berman, es una construcción similar al lenguaje,
con elementos innatos, que se potencian sólo en condiciones favorables. La
aparición de ambos data de la misma fecha, el comienzo de las sociedades
agrícolas. El ego ha evolucionado hacia una cristalización cada vez más rígida
y problemática, quizá una expresión de patología, pero lo importante es que es
una creación del temor. Para Jung, el ego es una máscara elaborada con datos de
cómo nos ven (o cómo queremos que nos vean) los demás y destinada, en el mejor
de los casos, a desaparecer en el Sí mismo, que es la instancia que se da
cuenta y motoriza o dirige el proceso de maduración que él llama individuación.
Para mí, aportando en esa misma dirección, es una elaboración torpe y ciega que
seguirá disparada de su cuenta mientras no aparezca una conciencia humana que
lo ponga en su lugar. El ego, en su forma actual, es el depositario del miedo
humano después del periplo recorrido por todas las fases de la estructuración
mental dividida, y la acumulación de todas las incomprensiones acaecidas desde
que tuvimos sensaciones, emociones y uso del símbolo. Pertenece a una
incipiente conceptualización, a un pensamiento rudimentario que aún nos gobierna.
De hecho, los frutos de la ciencia, aunque cosechados mediante el pensamiento
lógico abstracto, han estado siempre administrados por esta instancia
defensiva, y usados desde la división, para la expoliación de la humanidad,
para la guerra, el dominio y el sufrimiento.
Berman
aporta evidencia documental para afirmar
que el ego actual es una fabricación reciente. A partir del temor
inicial y de las primeras elaboraciones del pensamiento, el sistema del ego se
fue potenciando hasta que, a finales de la edad media se consolidó con la
revolución industrial y cuajó en la forma que hoy ostenta. Se sabe que hace
alrededor de 10.000 años, la sociedad humana estaba conformada por grupos
tribales de recolectores y cazadores y que es posible realizar todas las tareas
propias de las tribus hortícolas y de las ciudades imperio agrícolas, sin
necesidad de un ego fuertemente artillado, tal y como lo conocemos hoy: es lo
que hacen las jaurías de lobos o de otras especies que cazan en manada. Quizá
se pueda aportar, en apoyo a esa tesis, la etapa sensomotriz y las
adquisiciones infantiles hasta los dos años, que no necesitan el lenguaje ni la
conciencia de un yo separado para manifestarse. Y pudiera ayudarnos mencionar
el comportamiento de los antílopes y ciervos, que viven en manada y descansan
unos en otros, la placidez de los gorilas y las palabras de I Burk, “en el
principio no teníamos `yo` sino `nosotros`, que incluía a los animales”. Para
la época de Sócrates, la gente conocía vía la imaginación mimética. Las multitudes
se aprendían los versos de memoria, en trance, identificándose con los actores
de la obra representada. Los ataques
de Platón contra la mimesis, y del Judaísmo contra el animismo, significan un
hito en el trayecto de la separación del sujeto respecto al objeto, meta que
sólo se completó en el siglo XVI con la revolución científica. Lo
relevante de todo el trayecto, es que con la revolución científica se dispara
una división suprema: la élite científica declara, supone y prescribe que el
humano está separado de lo que estudia, de lo que ve, de lo que vive. Y esa
forma de conocer tiene un esquema idéntico a los esquemas de Laing en “El yo
dividido”, correspondientes a la esquizofrenia -esto nos plantea la pregunta de
si realmente vivimos en un estado de locura colectiva, o a un desajuste no muy
lejano al que denunciaba Rousseau, y la de cómo llegamos a ella. Desde la época
presocrática y hasta 1600, la humanidad vivió con un ego sin alienación masiva.
“Al hombre medieval le fue asignada una posición con un fin determinado en el
universo, que no requería de un acto de su voluntad”, deduce Berman, lo cual
explica para él que no apareciera un ego fuertemente armado –yo recordaría que
la mediación eclesiástica sí causaba una alienación significativa, el humano medieval
vive sometido férreamente a una creencia que le es impuesta por el medio social:
vive defendiéndose, es un ego oprimido y dividido-. Para Bergman, el
surgimiento de la forma actual de ego está relacionado con una serie de cambios
ocurridos en las costumbres familiares desde finales de la Edad Media. El
artillamiento de un ego rígido,
competitivo y sufriente, necesitado de escapes fútiles y autodestructivos,
comenzó con la aparición de los estados naciones industriales y sigue en pie en
nuestro sistema planetario informático. A
fines de la edad media, con el paso de la familia extendida a la
nuclear, se produjo un abrupto cambio hacia el control, aumentó el castigo, se
incrementó el alejamiento emocional paterno durante la crianza: la humanidad comenzó
a criar a los niños despegados de la madre, cesaron la lactancia de hasta los cuatro
años y los juegos de estimulación genital hasta la pubertad (costumbres todas
que se pueden aún observar en culturas “primitivas” que coexisten con nuestra
civilización maquinizada y donde el ego es más suave). A partir del siglo XIII,
el poder de la esposa declinó
constantemente, en favor de una creciente masculinización en el ámbito de
la educación infantil, disminuyó el número de parteras, apareció el hospital y el
traslado de los recién nacidos bajo el cuidado de enfermeras en locales similares a fábricas -el antecedente de
nuestras clínicas de hoy-, donde quien acaricia al niño no es su madre sino una
insensible cuna. A principios del siglo XX se recomendaba en Norteamérica la
distancia emocional de los padres, reducir el cariño a un mínimo, aplicar
fuertes dosis de disciplina, alejar a los pequeños de la sensibilidad de las
personas, a fin de moldear sus capacidades y facilitar “su conquista del mundo”
(Pg 166). Es posible que todo este
cambio haya alimentado la raíz de la endémica angustia existencial (uno de los
índices de la personalidad esquizoide) que padece nuestra sociedad. El ego, tal
y como se manifiesta hoy, no es una formación universal. Hay en nuestros días
civilizaciones que poseen estructuras más tenues de ego. La formación
esquizoide, clara expresión de una patología que notamos en los países
desarrollados y en quienes los copian, es un producto del capitalismo, afirma
Berman en el capítulo 6.
Transcribo
mi resumen de un artículo que encontré en Wikipedia: el ego es una instancia
psíquica actuante, como un poder o una persona dentro de la mente, que está
pendiente de nosotros, analiza las situaciones, se ocupa del examen de la
realidad, utiliza los recursos de la memoria y lanza respuestas posibles para
la toma de decisiones en cuanto a defensa y para que obtengamos el mayor placer
posible, dentro de los marcos que la realidad permite, todo dentro de un
ambiente de cierta inconsciencia.
Desde
la tgc, aplicando el modelo de los niveles de acción, surge la explicación
siguiente: al ceder, a finales de la
Edad Media y luego con el derrumbe del poder absoluto de los reyes, los factores que obligaban la conducta de las
personas -el temor al universo, la dictadura eclesiástica, el estado totalmente
autoritario-, el hombre quedó libre de desarrollar su personalidad pero, debido
a que su conocimiento de lo que estaba ocurriendo era escasísimo, no ascendimos
a la conciencia plena ni a la armonía, sino al establecimiento de una nueva
modalidad de dominaciones mutuas. Un
niño que primero es sometido y luego dejado a sus anchas, no evoluciona hacia
la libertad plena y consciente, sino hacia la rebeldía ciega en el marco de la
acción dividida, la dominación y el sufrimiento. Las mayorías, en las
sociedades modernas, albergan un yo subordinado a otro que logró afirmarse y
vencer. Yo dividido quiere decir yo sometido, manipulado, alienado. La
dominación es afianzada por la escuela, que no nos enseña a trascender la
Estructura Dividida sino a adaptarnos dentro de ella, porque los maestros
fueron adoctrinados dentro de una normalidad en que la dominación mutua es
considerada eterna, no educan para superarla, la refuerzan.
El ego
es el núcleo de autoreconocimiento del ser humano, un factor de identidad y un
logro de la evolución, pero las vicisitudes de la supervivencia hasta hoy han
obligado a que cristalice en la inmadurez y no evolucione hacia la conciencia. Esta circunstancia determina que la mayoría
no avance hacia una alta autoestima, alegría, libertad y armonía, sino que
permanezca a merced de otros egos más
firmes, dominado, manipulado, alienado y
fuertemente atornillado, incluso por la educación que recibe la población, pues
ésta no está diseñada para superar la inmadurez y ascender en la escala humana,
sino para estratificarse, cristalizar o paralizarse en la defensa individual
ciega. En consecuencia, el cerebro reptiliano queda al mando y, debido a ello,
si observamos a las principales potencias,
podemos constatar hasta qué punto estamos a un paso de la destrucción
total.
La gente vive mimetizada en esta estructura, repitiéndola.
La mujer necesita la mirada masculina y, si no la obtiene se resiente, si la
obtiene y es aprobatoria, goza en su interior de forma dependiente, precaria o
artificial. Actuamos con lo heredado, hacemos una copia de lo que había, usamos
la doctrina, los rituales de la superstición: si caminas bajo una escalera
tendrás mala suerte. Discutimos ciego, adoctrinamos al otro o nos dejamos
zombificar. El ego es una imagen virtual de uno, que maneja los recuerdos,
gustos, fobias, tendencias, moviéndose por “sed de honores, de dominio y de
bienes”, por ansias de seguridad y de belleza, que no se consiguen en el mundo
dividido.
Cada quien cree que es alguien independiente, pero todo el
que vive preso en el ego es algo manipulable para otros egos, una cosa, un
objeto programable, una máquina predecible, un automatismo a través del tiempo.
El ego es una suma de operaciones fallidas: una fabrica dolor evitable: es el
que recuerda y se atormenta, el que quisiera cambiar el pasado y no se da
cuenta de que no puede, pero prefiere sufrir, pues tampoco nota que pudiera
dejar de pensar. El ego se ofende en vez de entender que el otro sacó a relucir
en voz alta sus propios contenidos mentales deficitarios. El ego es el cúmulo
de los errores mentales. ¿Cuál fue el primer paso hacia esta
construcción enfermiza?
Para
dilucidar el problema, desde la Tgc, haremos
una aproximación a lo que era la vida antes de la aparición de esta
forma de pensamiento autodefensivo, que
pretende estar escondido, que funciona artillado para la defensa, el ego, que
sigue funcionando aún cuando no hace falta, si tomamos en cuenta que existen
tecnologías para la producción de suficientes alimentos y bienes espirituales que
alcanzan para todos. Nos interesa ver qué había incluso antes de la crítica de
los filósofos griegos y los profetas judíos a la mimesis y al animismo. Debemos
trasladarnos incluso a la situación que había antes del animismo y el
totemismo. En el animismo, los objetos son dotados de alma y son adorados o
temidos como dioses; en el totemismo, la población se considera descendiente de
un ser animado o inanimado. Desde la Tgc podemos decir que estos fenómenos son
ya actos de división, mediaciones donde
el pensamiento separa a la gente del objeto y durante las cuales se transcurre
dormido, de modo que atisbaremos el fenómeno correspondiente al momento en que
aún no había aparecido la división. Para preparar nuestro arribo a la era sin
división, hagámonos una pregunta: ¿qué hizo aparecer el ego, qué hizo aparecer la
idea de uno mismo asociada a la noción enfermiza de defensa?
Podemos
suponer cómo ocurrió el primer momento de la era del miedo, en la que aún
estamos. La persona o una instancia de la futura persona imagina un daño, recuerda un acoso y avanza hasta el presentimiento de que se repetirá, todo
lo cual significa división, fabricación de tiempo psicológico: me separo
internamente entre el momento real actual y un tiempo supuesto, pensado en que
ocurrirá el daño imaginado, pero ese daño imaginado, o mejor dicho, la
imaginación del daño que supuestamente vendrá, es ya una sensación, una
elaboración sensible, una tensión capaz de moverme. Esa escisión entre dos polos, entre lo que hay y lo que
vendrá: esa es la división y el malestar. Vemos cómo el miedo está en la
génesis de la división o ésta en la génesis del temor. Son una misma cosa. Temer quedar en evidencia
ante el grupo si reconozco que me equivoqué, o acusar al enemigo político de
ser culpable (para esconder que el culpable soy yo), son formas más elaboradas
del fenómeno, pero básicamente lo mismo, miedo: división.
Después
vino, para la humanidad la estructuración del temor, los atisbos de explicación
de fenómenos como las estaciones, los rayos, las lluvias, sentimientos de culpa
por estar dando muerte con gran éxito a los animales (Burk), culto a imágenes,
ideas sobre la muerte o el origen de los semejantes, recuerdos tergiversados
de experiencias ancestrales con seres
maravillosos, el nacimiento de los mitos, del totemismo y el animismo. El
pensamiento animista más rudimentario bien se pudo alimentar del sentimiento de
vacío ante la muerte. Al morir alguien nos quedamos habitados por los
pensamientos y recuerdos que nos dejó y que ahora no tienen asidero en lo
físico: una solución fácil –ante la carencia de una ciencia de eliminar el
pensar residual- es decir que la persona aún está por ahí y nos acosa o ayuda,
según haya sido nuestra relación con el ausente (esto vale independientemente
de que haya vida después de la vida y entidades invisibles por ahí). Temerle o
venerarlo, ponerle comida o amarrar el cadáver en el fondo de la cueva son
todas formas de vivir con nuestros pensamientos, de pronto convertidos en
fantasmas. (Y significa vivir dividido,
nacer a la división, creer en los contenidos de la mente, animar el pensamiento
y quedar dividido en dos, el que está presente o real y el que se supone que
también está). Eso puede explicar cómo se pasa de vivir sin ideas del más
allá a vivir poblado de ánimas, en los primeros momentos del manejo de nuestras
percepciones y de la formación de conceptos sobre la vida y la existencia. El
pensamiento mágico, que luego la estabilidad agrícola y la división del trabajo
convertirán en instituciones con oficiantes, la base de las religiones, tiene
su origen en una separación en el seno de la psiquis humana, es hijo del temor
y una forma de la división estructural. Con ellos se inicia la estructura
psicológica dividida, madre del yo actual.
Pero nos interesa el extenso momento antes de que esa primera
solidificación del pensar mecánico apareciera.
Detengámonos
en ese instante, ¿cuántos milenios duró esta era anterior al miedo enfermizo y
elaborado en explicaciones, mitos y fábulas, antes de la formación del lenguaje
y del pensamiento como instancia del temor y como articulación del mismo?
¿Cuánto duró la era antes de la aparición del animismo y el temor estructurado
en ritos?
Podemos
imaginar entonces francamente un tiempo en que el miedo no era una estructura,
sino apenas momentos esporádicos -a la hora del acoso de un depredador natural,
de un movimiento telúrico o un incendio volcánico-, y que, de resto, los seres
vivientes más evolucionados podían permanecer en calma, muchas veces apoyados
en el nosotros, sin yo y sin temor, como permanece el niño que no ha sufrido
abstinencias o precariedades y que, sumido en su sabio inconsciente, en su
cuerpo, descansa cuidado por sus padres y en el seno del universo. Ese estado
de gracia lo podemos llamar integración primitiva, libertad primera, libertad
original. Pudiera haber un parecido entre lo que ocurre en ese estado de
libertad original y lo que sucede en la meditación: la meditación –quizá
debería decir “cierto tipo de meditación”- se caracteriza por la desaparición
del pensar, es un estado en el cual, la atenuación de la actividad pensante,
permite que aparezca una especie de unión
con el universo, una inmersión en el universo -por desaparición del pensar
temeroso-, en medio de una calma
especial. Quizá esa tranquilidad (la confianza del niño bien protegido por su
ambiente, la calma de la meditación) es, de alguna forma, como el estado en que
vivía la gente antes del nacimiento del ego, antes de la irrupción de esa
instancia que primero teme, luego imagina fantasías explicativas y finalmente
se desarrolla como defensor personal frente al ambiente humano inhóspito,
fabrica y dispara armas de destrucción masiva capaces de acabar con su planeta,
y las desarrolla por placer de sentirse seguro.
Según
Piaget y otros pensadores, el niño nace sin yo, en un estado que Romain Rolland
llamó “sentimiento oceánico” (citado por Berman, Pg 156), considera que su
madre es él, no comienza a tener la noción de una separación de él respecto a
su ambiente sino hasta varios meses después, cuando, al tocar el brazo de la
madre, se percata de que se siente diferente a cuando toca su propio brazo.
“Desde el período fetal en adelante, el cuerpo infantil, o el inconsciente,
está sujeto al constante mensaje de la unión sujeto/objeto, de la falta de
tensiones (y por tanto de distinciones) entre el sí mismo y lo demás” (Ibidem). El yo aparece tras una serie de desarrollos en parte innatos, y en parte
vicisitudes de la vida de relación. Por ejemplo (el ejemplo es mío), cuando
adquiere el habla, se le presentan problemas porque dice todo lo que ve y es
reprendido, de ahí nace la convicción de que debe guardarse porciones
importantes de lo vivenciado, esconder una parte, esconderse para evitar un
golpe, y se vuelve mentiroso y esquivo, luego se hará hipócrita, al final quizá
artero. Toda la armadura del yo se comienza a erigir como un sistema de
ocultaciones, prevenciones y cuidados destinados a preservar la integridad
personal. Finalmente en los señores saurios (es el apodo dado a los magnates de
la guerra, en el guion fílmico “La República Contraataca”, uno de los proyectos
factibles de esta investigación) se da el
fenómeno insólito y abisal: tienen todo el dinero y los recursos
tecnológicos del mundo, pero los manejan con el cerebro reptil, quieren más
para protegerse mejor. Y en el punto
medio de estos extremos podemos ver
todas las situaciones risibles que alimentan los chistes, las comedias,
los dramas, toda la capacidad para el rollo que tratan los psiquiatras, y está
la locura, que, según Laing, proviene, no de un individuo con anomalías
estructurales, sino de un ambiente desquiciante.
Ahora,
llevando al plano filogenético este conocimiento sobre el niño pequeño y su
ontogénesis, se hace fácil imaginar cómo era la vida de la humanidad antes de
poseer un yo dividido y alienado. Sencillamente, durante millares de siglos
vivimos unidos al universo, y parte de esa comunión es lo que se expresa en los
cuidados que los ciudadanos bolivianos luchan por rescatar cuando hablan de
Pachamama y de volver a la armonía con el planeta. Si lo conocido para los
niños es válido para la especie, la psiquis del ser humano primitivo
transcurrió, durante quizá millones de años, identificada con el paisaje. Para
él, el placer de la realidad era igual al conocimiento de la realidad. Como un niño pequeño, aún experimentaba todo
en su propia piel. El hecho y el valor eran una misma cosa. El sujeto y el
objeto no se habían separado aún.
Por
milenios se desarrolló el pensamiento tácito, el aprendizaje vía el cuerpo. El
conocimiento era sensual, como es el de los niños durante los dos primeros años
de vida, antes de la aparición del “yo soy yo”, “yo existo”.
Fue un
larguísimo momento aquel anterior al miedo sistemático, un estadio en que no
temíamos al más allá ni a los espíritus, no teníamos conceptualizaciones sobre
el origen, ni premuras sobre el futuro y sí muchísimo tiempo libre, reposábamos
en el nosotros, que incluía a los animales –como dice Burk- y teníamos la
visión del presente, un ojo que veía más que el ojo actual, que estaba más en
lo físico circundante que en lo interior embrollante y distrayente –como lo
demuestran los artistas de las cavernas y Giotto, Andrea del Castagno y otros
pintores que comenzaron pintando piedras en el campo sin ninguna cultura
académica, y con esas pruebas de un arte asombroso sin escuela persuadieron a
los que luego los indujeron a cultivar su saber en talleres y academias. La
mirada del hombre atormentado ve principalmente sus fantasmas, no a los otros,
no la desgracia humana, por eso no la consuela ni subsana. La división se
manifiesta también como una barrera de pensamientos que impide ver lo que
tenemos alrededor. Maya, un velo que oculta lo circundante, es el nombre que le
dan algunas ramas del hinduismo a esa barrera. Para transformar el mundo es
preciso despertar, destruir el velo, el ego.
Para
facilitar su eliminación sistemática, podemos valernos de que la tgc permite
ubicarlo técnica y operacionalmente. El ego es otro nombre de la división. El
ego es lo que hay que deshacer para fundar una nueva sociedad. Todo lo que
lleva división es ego y es Estructura. La Estructura psicológica Social es la
estructura de la división y la estructura del ego. O como lo llamamos en una de
las efusiones líricas de esta investigación, la Estructura de la Muerte, contra
la cual estmos en pleno combate los Héroes Mutantes.
Los
que no saben meditar, es decir, detener, sobrevolar, trascender el pensamiento, pueden por ahora sólo
imaginar esa vivencia sin imágenes precisas, ni negadas ni identificadas.
Obtendrán de estos acercamientos solamente una idea intelectual del vacío. Pero
pueden practicar intentando ver sus contenidos mentales como vivencias y
vestigios que van rumbo a volverse nadas. Osho da una excelente descripción de
la meditación: es como un lago donde ya fue lanzada la última piedra y cada vez
aparecen menos ondas, hasta que se hace la calma. Los que aún no meditan
tendrán que conformarse por ahora con sólo una noción de la ausencia de
pensamiento. Pero, categóricamente, lo que vale es el acercamiento sensual,
corporal, de eso trata la tecnopoesía mutante, la Epistemología de la Liberación.
Es posible conocer sobre el fin del ego eliminándolo en cada momento que se
manifieste, vivir su desaparición sensualmente, disfrutarlo con el cuerpo y la
existencia y no meramente con el intelecto, durante el trecho entre un
pensamiento y otro. Lo serio es acudir a esa evidencia vivencial. La belleza
existencial está en saber por comprobación personal directa, que el vacío y la
liberación existen, que el despertar cósmico es posible: descubrirlo,
investigarlo haciendo ciencia corporal, es fundar el saber, el conocimiento de
uno mismo.
Antes
del ego éramos conciencia potencial, capacidad para crear todo lo que hemos
creado a la fecha. Ahora, al deshacer el ego quedamos siendo conciencia
ampliada, porque ahora disponemos de un vasto universo de comprensiones
aportadas por el camino recorrido. La crisis del ego tiene que ver con la falta
de sentido. Pero ahora, en medio del derrumbe de las formas compulsivas de
ordenar la sociedad, la vida pone ante la criatura humana, junto a las
alternativas aterradoras, las más espléndidas posibilidades. Entre ellas, cualquier
construcción divinizante que nos eleve hasta el infinito.
Problema 5:
¿Qué
hizo el capitalismo para surgir? ¿Cómo vamos a surgir los Libertadores?
Revisando
los tratados clásicos sobre el nacimiento de la sociedad industrial, saqué la
siguiente síntesis: Crearon el valor del dinero, hasta los papas canonizaron el
nuevo paradigma vendiendo indulgencias: como el máximo valor en la Edad Media
era la salvación, y ahora ésta se podía comprar, automáticamente el máximo
valor pasó a ser el dinero, razona Berman.
Vencieron el paradigma de la
magia y la alquimia, en un proceso en que éstas no fueron refutadas
científicamente sino rechazadas en una componenda política. Pero esa unión fructífera
de investigadores y científicos, académicos, experimentadores e inventores,
ingenieros, artesanos, comerciantes
inversores y la iglesia -que comenzó a negar la magia aunque antes la
usufructuaba-, logró vencer a sus competidores. Hundieron la conciencia
dialéctica del paradigma alquímico y hermético, y lograron sobrevivir juntos.
Negaron la conciencia participativa, el aprendizaje vía la imaginación y el
cuerpo, en vez de vía el intelecto, aunque hasta hoy la ciencia siempre la ha
albergado; apoyaron una nueva forma de conocer, que consiste en separarse de la
experiencia, estableciendo definitivamente el paradigma que, en cierta forma,
había propuesto Platón. Estimularon la revolución científica. Apoyaron y
aprovecharon el nuevo método que combinaba la experimentación y las Matemáticas
para forzar la naturaleza a emitir respuestas y aprovechar sus regularidades y
exactitudes. Usaron tan prodigiosa herramienta para crear máquinas fabulosas
y producir en serie. Se enriquecieron un
gran número de individuos y convirtieron el éxito material en parámetro de
validación del nuevo sistema. Desarrollaron el comercio en gran escala y el
crédito, inventaron los bancos. Invirtieron
en la compra de talleres artesanales y fundaron fábricas, compraron o
expropiaron las tierras para apoyar con insumos agrícolas el desarrollo
industrial. Utilizaron lo acumulado para explorar nuevos territorios,
anexárselos y explotarlos. Fomentaron la cristalización del ego en la forma que
hoy tiene, que instiga a los poderosos a dedicarse a la guerra de conquista y
expoliación, en pleno siglo XXI., aun cuando ya podemos producir en abundancia
para todos y fundar un paraíso entre nosotros.
La
burguesía mostró a las mayorías poblacionales la profilaxis exterior,
superficial, la vida más decente y
digna, más limpia y libre de microbios. Al acumular dinero y posesiones, los
burgueses mostraron un camino que, aunque sólo desde el ego parecía ser
transitable por todos, prometió engañosamente permear la riqueza hacia todos.
Los capitalistas exitosos vencieron contra la miseria, la escasez, las pestes y
las mortandades por factores endémicos, aunque sin querer desarrollaron al
máximo las sempiternas guerras de conquista y nuevos flagelos, el cáncer, el
sida, el ébola, la contaminación en gran escala, el efecto invernadero, la
amenaza de extinción atómica, y aún experimentan probando sobre las poblaciones
indefensas nuevos flagelos de su propia cosecha. Lograron que la gente se
sumiera en el sueño del desarrollo capitalista y aún se cree que el progreso
por esa vía, donde todos nos tratamos
como enemigos, es un lugar realizable,
por haberlo visto y disfrutado en las películas y en el resto de los medios de
adoctrinamiento y dominación. Y millones de personas son capaces de arriesgar
la vida para emigrar a las metrópolis imperiales, aunque el sistema se esté derrumbando
a pedazos: la fuerza de atracción del mito (unido a la presión del engaño
publicitario y a la incapacidad de la estructura para decir abiertamente su
verdad) gobierna pese a los hechos. Los
sistemas de realidad están fuertemente construidos en base al pasado y va a ser
difícil desarticularlos. Por supuesto, no constituyen un obstáculo insalvable,
significan sólo un reto para los Hacedores del Cielo.
Hace
500 años, la burguesía, con gran empuje y mediante la realización de fabulosas
proezas, logró cambiar las expectativas, los deseos y las costumbres de la
gente, aunque un siglo antes ese viraje parecía una tarea irrealizable. Ahora
nos toca a los revolucionarios paradisíacos transformar la mentalidad -la de
cada uno de nosotros en primer término-, para enamorar al resto de la población
mundial hacia un mundo en que se comparta en paz y la vida sea feliz, no sólo para
el 30% irrigado por el goteo de la abundancia, sino para todos. En esa odisea de
transformar radicalmente el acontecer, en más de un aspecto nos puede servir el
ejemplo de la burguesía: de ella podemos aprender hasta qué punto hay que
esmerarse para tener éxito en la tarea.
Consideremos
ahora lo fantástico que deberá ser el ímpetu de las fuerzas revolucionarias –después
de no burocráticas, no sectarias, no oportunistas, no enemigas de alguien-, el
portentoso despliegue que necesitará describir el Método de Uno para erradicar
la dominación al tiempo que extermine el sufrimiento, y todo lo que tiene que
construir el ser humano noble para cumplir la nueva etapa evolutiva de la sociedad.
Es deducible que habrá una serie de desarrollos colosales, extraordinarios
inventos (bombillos eternos, máquinas voladoras, a la vez acuáticas y todo terreno,
impulsadas por energía magnética no
contaminante - como anticipara Ibrahim López García-, todos los inventos que
las corporaciones han refrenado para mantener su tasa de beneficios), uniones inverosímiles,
principalmente muestras vivas de que la vida puede ser diferente y traslados
puntuales de las primeras áreas del mundo desde su eje dividido al paradigma de
la armonía.
En un
panorama mínimo de las bellezas que deberán aparecer a medida que triunfa la
liberación humana caben los siguientes prodigios:
El surgimiento de los increíbles héroes
mutantes, promotores totales, líderes de llevar simultáneamente lo
económico y lo social a su rango estético, más allá de las brutales pulsiones para
sobrevivir azarosamente y de la simple búsqueda de comodidad. Héroes-poetas-sabios,
los llamó Luis Britto García en su cuento “Inca go home”. La lírica de la Liberación
les agrega el rango de magos, porque convierten la vida cotidiana en belleza
existencial, y los denomina HPSM. También los hemos llamado Promotores
Paradisíacos, Libertadores Contemporáneos, Empresarios Bolivarianos,
Emprendedores Totales. Estos pioneros, con su ejemplo y sus proezas son los adelantados
en la puesta en marcha de la emancipación definitiva o de todos.
En vez
de procurar para sí dinero y riquezas, los Héroes Mutantes aprenden cómo
detener la fabricación masiva de pobres y se dedican sistemáticamente a
enriquecer a todos en belleza espiritual y en calidad de vida, con lo cual aprovechan
la capacidad tecnológica infinita ya existente, para producir bienes y
generalizar el reparto, el gran compartir adonde todos los humanos fueron
convidados, de manera que los pobres heredan la tierra.
Infinidad
de apóstoles que desarrollan en la gente el amor a la naturaleza en sus
territorios, dando fin a la conciencia separada, usando formas novedosas, entre
otras, la vivencia feliz. Se los ve actuar riendo, se burlan hasta de sus
descalabros coyunturales, ponen de moda aprender de sí mismos. Dejan atrás toda
amargura y son admirados por esa actitud risueña y la total confianza en los
poderes del universo.
La aparición de las fabulosas Escuelas de Talentos. El lugar donde se forman los HPSM no es una
serie de aulas ni de asambleas sino los
barrios que estos Libertadores extraen de la Estructura de la Muerte: el
quehacer cotidiano en los territorios liberados es la escuela. La condición para
que haya Empresarios Totales, es que estos, durante su formación, liberen
barrios, y dentro de ellos, colegios y factorías.
El esplendor de los barrios liberados: el
asombroso cambio de mentalidad de las poblaciones pioneras, convertidas en las
verdaderas protagonistas de la liberación, su nivel superior de organización,
la impermeabilidad de estas comunidades piloto ante las ofensas y las artimañas
de los agentes divididos, su saber que no tienen enemigos aunque un gran
porcentaje de la población odie todavía, su hazaña de no disparar ni un solo
tiro para lograr su emersión, sus colegios y prescolares sin dominación, su
salida del caos con hechos verificables,
evaluables y repetibles hasta el infinito. Todo ese prodigio encendiendo
el ánimo de los turistas del Edén es la principal vitrina, la puerta de acceso de
la Nueva Sociedad.
La difusión y popularización de la TM y del
Código de Uno. En algún momento del proceso, la población en pleno ya estará empoderada
con los saberes esenciales: cuanto hacemos es división subsanable, todo dolor
tiene cura, la vida puede ser feliz en cada ahora, el paraíso es habitable hoy
y el que no se muda de inmediato se lo pierde, pero ya no tiene sentido que
culpe a otro. Poco a poco en los barrios, se deberá perfeccionar el modelo,
zonas liberadas que se expanden hasta que queda fundado el Primer País de la
Armonía Planetaria, donde cesan los partidos y se consolida la unión. Por
primera vez, los bandos de una nación no terminarán matándose, y la relación de
ese enclave diferente con los demás lugares le enseñará a las potencias
reptilianas cómo dejar de vivir matando, supuestamente en defensa propia, cómo
dejar de invadir y de llenarse de refugiados, cómo suspender el asesinato
masivo en nombre de la libertad, en vez de ejercerla plenamente. Otros hitos de
esta escalada de la armonía son:
Las redes de abastecimiento de rango
humano que surjan de la integración inteligente de los barrios
libres. Su asombrosa cualidad de no ser penetrables por el interés mercenario
al servicio del dinero ni por el temor cómplice y fabricante de vasallos de la
fuerza bruta, sino que rindan tributo a la libertad plena de la gente y al
Reino de la Amistad.
El trabajo feliz y riente, la producción
social de base ética suprema, los conglomerados de empresas de la gente que den fin a la obsolescencia programada, al
desempleo, a la pobreza en cada vez más regiones den pie al surgimiento de
los primeros conglomerados de países libres del caos, focos de luz para el
mundo, caracterizados por las avanzadas habilidades de comunicación de sus
habitantes, sus referéndums relámpago y, en general, el altísimo psiquismo, que
les permita ganar las guerras no convencionales sin usar el viejo arsenal,
proezas que fascinen al mundo y generen múltiples liberaciones por todo el
planeta.
Deberán
popularizarse los eventos nacionales e
internacionales de deportes de base no dividida, las Nuevas Olimpíadas y las diversiones
felices, juegos de mesa, de campo, de pista, de cancha obra de los Forjadores
del Paraíso, que ayuden a integrar a la gente y unan a los pueblos.
Así
como, apenas concebido el método científico y con su aplicación en las técnicas
más diversas, se abrió el camino de la producción en serie, porque la dinámica
social se alimentó fluidamente con la aparición de millares de promotores
deseosos de aplicar el truquito de usar las máquinas, incluida la criatura
humana, para fabricar bienes en serie, guiados por el gustico de ganar dinero y
escapar de la precariedad individual,
asimismo en adelante, ya descifrada la Ciencia de Uno y su instrumental,
se prevé que la propia dinámica social actual alimente la aparición de millares
de promotores que querrán hacer prodigios aplicando el Método de Uno para crear
enclaves del paraíso y disfrutar el
gustico de ver a la gente libre, feliz, y ser prócer del nacimiento del Mundo
Nuevo. Por supuesto, también servirán de estímulo la consciencia de la
necesidad del viraje, la inminencia del desastre si continuamos hacia el fondo
del caos, y la belleza inédita de las realizaciones posibles, el asombro del
descubrimiento, la energía de la
divinización pero, sobre todo, la alegría irradiante nacida de la propia
libertad alcanzada respecto al pensamiento.
Frente
al sueño que se agota dentro del paradigma dividido, que ya arrojó su cara
nefasta, que demostró su engañosa promesa, su incapacidad técnica ante la
magia, su nulidad en cuanto a dar respuestas tanto en el campo científico como
en el ético, su saldo negativo respecto a la fabricación de pobres y guerras. Frente
al colapso evidente y amenazante del mundo dividido, los Ciudadanos
Libertadores tenemos el más vasto panorama de opciones para desarrollar nuestra
gesta de liberación, después de abrir el acceso a las nuevas prácticas, al
silencio, a la comprensión amplia, a la vida sin escisión. Aprender a detectar la
separación –la vieja mentalidad- y a deshacerla a cada paso, no depende de que
lo haga una persona especial, un líder carismático. Es un trabajo para cada
ciudadano que desee la nueva sociedad. La labor de los líderes es aprender de
sí mismos y quedar en condiciones de asesorar a los demás y de seguir
aprendiendo en la interrelación, no encerrados en un convento ni en aulas, sino
en los barrios, colegios y centros productivos, embelleciendo la relación
humana, desarticulando las viejas rutinas, las obsoletas mecánicas, haciendo
reír al mundo, generando la poética real, la poesía de la acción cotidiana.
Así
como la revolución burguesa hubiese sido imposible sin el método científico,
asimismo la transformación paradisíaca no podría efectuarse sin el Método de Uno,
sin esa Tecnopoesía de la mutación, y
sin una eclosión de Libertadores que manejen con destreza los dispositivos y
estrategias de la integración. Sin método, no hay transformación. Otros
portentos que ayudarían a reconducir la energía sobre el planeta:
Que en
China y Rusia comience una praxis transformadora que disuelva la guerra en una
síntesis estructuralmente diferente, en una práctica pacífica y pacificadora,
concretada en zonas de desarrollo
especial, enclaves del paraíso en pleno mundo en guerra.
Ese portento de la transformación de China y
Rusia, de Turquía e Irán en vanguardia fundadora del Paraíso entre nosotros, depende
de que en Venezuela (o en cualquier otro país latinoamericano en vías de
liberación profunda) se verifiquen los postulados de la epistemología
dialéctica y se prueben sus hipótesis mediante la ejecución de los proyectos factibles
pertinentes. Es decir, que se liberen sus barrios uno por uno, que aparezcan
miríadas de líderes con la mentalidad estetizadora y que se resuelvan problemas
como el de la economía de rango humano y el de la unificación nacional
armoniosa.
Problema
6
Sobre
darle fin al ego
Después
de diez mil años de evolución, la catástrofe, aunque podemos recusarla, está
servida. El ego, la instancia que nos ha garantizado la supervivencia, produce
naciones en alto grado animálicas que sólo entienden la relación humana como
dominación y atacan ciegamente hasta a pueblos eminentemente pacíficos que no
han invadido a nadie en doscientos años y que se encuentran a la sazón (pese a sus
vestigios de las civilizaciones anteriores), inaugurando la democracia
participativa y otros avances significativos hacia el poder de todos, iniciando
los referéndums revocatorios a nivel mundial, ampliando los beneficios sociales
obligatorios, las pensiones universales, la garantía de vivienda, la equidad,
la justa distribución de las riquezas y adelantándose como constructores del paraíso
en la tierra. Los señores saurios, prisioneros del instinto de defensa,
permanecen atacando a todo el que no se les someta, sin recordar que nacieron
queriendo fervientemente ser Repúblicas, sin advertir el proceso que los llevó
a convertirse en imperio.
El
trabajo de los Líderes Libertadores es, primeramente, eliminar la parte que ocupan
del imperio: salirse, dejar de ser dominados por sus propias imágenes o por
opresores extranjeros, y erradicar cuanta forma de separación se presente en su
quehacer cotidiano (complicidades automáticas, conquistas amorosas,
supremacismos, crítica impotente, participación en redes de escarnio o
depredación, sometimiento de alumnos, actos de seguir o de adoctrinar, maltrato
de niños o de ancianos). Y, simultáneamente a esa liberación individual y
nacional –y con la energía generada por ella-, ayudar a que las demás poblaciones
entiendan el proceso de la dominación y el sufrimiento, para que a su vez, en lugar
de someterse dócilmente o intentar salvarse aisladamente dominando a los países
más débiles, aprendan a autiliberarse, se unan, eliminen las depredaciones y
generen una armonía planetaria.
En
cada uno de estos pasos, se estará cumpliendo una eliminación de ego. Porque cada
liberación es un acto de consciencia, y la inteligencia, la consciencia, es la
instancia opuesta al ego. La categorización de la tgc concuerda perfectamente
con la clasificación de Berman, sacada, entre otros, de Freud y Reich, y con la
de Jung. La instancia que aprende y evoluciona según la terminología de Jung,
es el Sí mismo. Mientras el yo almacena lo fallido y lo erróneo, el Sí mismo es
inteligencia, es capacidad integradora y liberadora. El ego es el pasado, el Sí
mismo es la liberación en el presente: la capacidad para comprender y actuar
con frescura, sin el temor compulsivo, para reconocer errores y avanzar. Estos conceptos
concuerdan con lo que en la tgc estamos llamando conciencia plena, vida
holística y que indistintamente llamaremos también espíritu, madurez,
inteligencia y alma. La TM es todo el
instrumental para desarrollar esta Conciencia Superior. La transformación personal
es la clave de la liberación social. El Método de Uno es el método para
volvernos uno, íntima y socialmente,
individual y planetariamente. El Código de Uno –la mayor síntesis del
método- es el código de la integración humana.
Frente a la acción esquizoide, autodefensiva y ciega, el
ser humano tiene a disposición su capacidad de comprender e integrar. El ego
sólo ve la mitad del otro (lo malo ajeno) y no reconoce un error propio (no ve
la viga en su ojo), se contradice y no lo nota; la inteligencia puede ver
completo todo el proceso –lo bueno y lo malo de mí, junto a los bueno y lo malo
del otro-; el ego dice que él no fue aunque está grabado, filmado lo que hizo,
gana con los aciertos y pierde con los fracasos, pero el alma aprende con todo.
El ego es como la rata en el laberinto de Skinner, se mueve sin una visión del
proceso en que está involucrado y sin una técnica precisa, busca salidas, pero no
pone una inteligencia ni un empeño suficientes y se mete en nuevas veredas de
la misma trampa; el ser humano no es una rata en un laboratorio conductista,
puede separarse del cajón, ver todo el artilugio y entender lo que le están
haciendo. Aunque no la use, tiene acceso a una conciencia ampliable y a una
energía aplicable, capaz de ver la estratagema y salir. Develar el simple
misterio del ego y darle fin trae la libertad, es forjar el alma, es construir el
espíritu o acceder hasta él.
El ego es manipulable por los políticos, los publicistas,
los emisores de sentido para la vida, es engañable con promesas que no se
cumplen pero vuelven a surtir efecto en otras versiones, estructuradas por el
mismo plan de dominación pero desde otras bocas: el ego es domesticable. Pero
el alma es un poder capaz de darse cuenta y volar fuera del molde de la
ilusión, el desengaño o las domesticaciones. El ego se compara, pierde o gana y
se bambolea, espera, se aburre, juzga, condena, acomete todas las operaciones
de baja energía, la visión superficial y la acción poco profunda. Ocurre igual
a cuando el bulbo raquídeo se hizo obsoleto para las operaciones de análisis,
hoy el ego es inservible para la acción de construir una Verdadera República.
Pero todo el que note esa insuficiencia, sabrá que, para esta acción de nivel
superior en complejidad, que es construir una nueva sociedad, es imprescindible
abandonar el ego y utilizar la inteligencia.
El ego existe en función inversa a la conciencia. El
cerebro nuevo tiene la cualidad del silencio y la comprensión liberadora, pero entra
en funcionamiento sólo en la medida en que no está el ego acaparando todo el
espacio y la energía en su quehacer escindiente y mortificante. El ego es la
zona errónea del espíritu. Una armazón operativa ciega que siente placer cuando
se considera por encima de otro, y dolor cuando se cree inferior, aunque ambas
opciones son mentira desechable en función de la paz y la alegría. Toma la
creencia por verdad y es capaz de matar por ella. El alma entiende los
mecanismos de dolor y vuela libre.
Dar
fin al ego (no a su parte innata ni al arsenal de datos fácticos acumulados,
sino a la forma grotesca en que imagina peligros y se defiende empecinadamente
de sus sombras) es aprender a reír, entre otros aspectos, aprender a reírnos de
nosotros mismos. La estrategia para eliminarlo es cazarlo en falta y burlarlo,
no hacerle caso, dejar de obedecer su tiranía. Cuando se debata “¿Qué hago,
acompaño a esta mujer casada y triste o abandono mi idea sexual y sufro por no
estarla haciendo feliz?”, saber que no es obligatorio cumplir ninguna de esas
dos formas de sufrimiento, que existe el mundo feliz y tiene las respuestas
abiertas. Cuando diga a esperar golpeando el piso con un pie, o caminando de
aquí para allá, porque cree que así el tiempo pasará más rápido, verlo y
cuajarnos de la risa por dentro. Igual cuando vemos gente que se compara y
gana o pierde. O cuando nos veamos
envidiando y cuando diga a preocuparse porque los camaradas son lentos o los
líderes de la oposición se esmeran en la perversidad: entender que la
preocupación no lo va a remediar, sino la alegría y la cantidad de gente que
sea atraída ella mediante. Cualquiera puede ver esa entidad mediocre trabajando
horas extra en uno, esa forma de gastarse en desvaríos, ideaciones estériles y
recuerdos inservibles, mientras uno se
afeita o mientras se pone el pantalón o la blusa. Verlo es la mejor forma de
saber que está pasando de largo y qué papel juega y qué sencillo es dejarlo ir,
trascenderlo y vivir sin obedecerle nunca más.
¿Adónde
llegamos cuando sabemos que el yo es eliminable y comenzamos a darle fin? ¿Se
puede vivir sin esa construcción milenaria y obcecada en hacer lo que no hace
falta? El trabajo de eliminar la Estructura de la Muerte y alcanzar la paz y la
armonía puede asentarse en una base muy poderosa: los millares de años que
transcurrimos en el bosque y luego en la pradera; esa recóndita vivencia de la
libertad primera pudiera ser el ancla biológica suficiente para regresar a una
forma de estar en el planeta sin el pensamiento temeroso, sin la estructura
dividida, atormentada, sufriente y por lo tanto maligna. Tenemos un amplísimo espacio
para descansar del tormento de tener mente y tiempo psicológico y espera y
desesperanza, duda, crítica feroz, rencorosa, deseo y frustración, fastidio,
angustia, nausea y disgusto por lo que hace otro, ira, preocupación. Tenemos
nuestra heredad recuperable, el silencio, el vacío y la creatividad auténtica, el
universo de los prodigios.
Ahora
podemos volver a ese lugar fuera del sueño, ser inocencia, frescura, asombro.
Ausencia de miedo. Andar sin el peso de los siglos. Descansar de la pesadilla que
nos acosó durante milenios.
Enseñorearnos de la tierra para bien de todos, no a título personal.
Ahora el otro puede ser una extensión de ti mismo que te cuida, que vela sin
esfuerzo por ti, mejor a como el antílope vigila mientras la manada pasta.
Volver a los colores del paisaje y al canto de los pájaros, al rumor de las
aguas y a sonido del silencio. Podemos estar en nuestro hogar inicial,
compartirlo sin recelos, disfrutarlo sin limitaciones. En adelante será muy fácil
sortear los últimos escollos. .
Tras
pulsar la opción de desautorizar el
pensamiento, dejamos libre la enorme potencia de la mente, para que se exprese
comprendiendo los procesos, lo que hay, lo que ocurre, lo que somos y hacemos.
Disponemos de un lugar amplio y fresco para salir del sufrimiento y librarnos
de las drogas que son usadas intentando un consuelo. Y un jardín para librarnos
del consumo inducido, que solemos emplear para intentar compadecernos o escapar
del yo. Existe un paraíso al cual la gente puede acceder en un instante para
disfrutar como en una vacación. Está a nuestra disposición una heredad espléndida para, si uno quiere, crear, hacer
poesía escrita, o arte, pero sobre todo desde un vivir en el juego, en el
relax, en el amor a la vida y en la reconciliación con los semejantes. Y, lo
más trascendente, tenemos un lugar donde pertenecer, desde el cual fundar la
paz, donde salir de la insania. Un sitio adonde ir en vez de a la locura o a la
agresión y a la guerra, que es lo mismo. Contamos con una base de lanzamiento
para trasladarnos a otra vida.
Si esa
posibilidad biológica existe y es ahí adonde llegan los que meditan o caen en
éxtasis, entonces cuanto ha hecho la humanidad durante los últimos ocho mil
años es una aventura pasajera. Interesante, extraordinaria, apasionada y
peligrosa, de la cual podemos sacar los frutos, las máquinas y los otros
aprendizajes, pero de la que podemos deslastrar todo lo desechable. Más allá de
ese territorio del pensar atormentado, podemos y necesitamos cultivar nuestros
momentos expandibles en el lugar de los portentos, podemos y necesitamos
visitar, cada vez más frecuentemente, esa área recuperable, el parque de diversiones
jurásicas sin dinos antiguos. Por ahí andan los guerreros reptilianos, los
señores saurios, pero ya sabemos cómo lidiar con ellos: todo es una cuestión de
amor, en esta contienda sagrada. Amor herido, el de ellos. Amor triunfante, el
de cuantos nos logremos mudar.
Lo más
sorprendente es que este proceso de darle fin al ego ya comenzó. Los muchachos
en las esquinas, la gente en los bares tiene, entre sus diversiones favoritas, la
de burlarse del que teme de más, reírse del ego de los amigos y los extraños,
cazarle los gazapos, destruirlo amenamente***. Es lo que hacen la comedia, la
sátira, muchos chistes y otros géneros. Lo que haremos desde la tecnología
mutante será sistematizar y acelerar ese proceso de aniquilación de la armadura.
Este es el siglo de darle fin al ego, esa fabulosa creación transitoria. El ego
es el cúmulo de todas las operaciones fallidas innecesarias, tramadas desde el
temor para escondernos o defendernos, para quedar a salvo de peligros que a
veces no existen sino en nuestra mente, abarca todas las trampas de tiempo, las
operaciones divididas, todos los conflictos entre personas, los ritos, las
creencias, las supersticiones, los conjuros, los mecanismos de dominación,
todas las alucinaciones con
peligros imaginarios que terminan siendo
creados por la respuesta alucinada. El
ego es lo que impide a tanta gente cantar en público, el que te dice que no
puedes escribir o pintar, o el que te hace escribir o pintar por motivos espurios o estériles -para ser alguien o
ganar dinero. El yo puede arruinar la plenitud de una persona, opacarla,
disminuirla o hacerle creer que crece cuando en realidad engrandece una
instancia incomprensiva. El ego puede tapar la luz de una persona, quitarle la
plenitud y ahogarla por completo hasta socavarle la vida.
El ego
es una instancia de guerra, que reproduce esquemas y situaciones de apremio
hasta cuando juega, pues por lo regular quiere que el otro pierda. Es el
resultado de la división constante heredada socialmente durante la crianza, la
base de operaciones montada a partir de todos los agravios recibidos y de las
incomprensiones vividas. Es el arsenal de respuestas para competir en un mundo
adverso. Es la división en acto, en funcionamiento. Jamás aprende a cesar: su
tendencia es a enconcharse cada vez más, a hundirse más y más echándose encima
capas concéntricas de pensamiento, es una caverna que se cava a sí misma cada
vez más hondo configurándose como una
prisión casi perfecta. Es una máscara para competir, no colabora sino
por un interés, calculando, sacando cuentas, ganando y perdiendo.
La
instancia dialécticamente contraria, la que aporta desinteresadamente, sin
cálculo, llega cuando el ego tiene fin. Cuando comprendemos su catástrofe, su
inviabilidad. La nueva potencia actúa
como un niño, ayuda por placer, para ver qué pasa, es curiosa e
inocente, creativa, no da gracias, no pide favores, solicita atención
desinteresada, es como son los infantes cuando aún no han aprendido a esconderse ni a odiar, cuando no han
aprendido a ser como los adultos.
Esta cualidad
de inocencia y frescura, esta capacidad de decir la verdad sin ofender, de no
esconderse y confiar en el otro, característica de los niños hasta cierto
momento de su socialización, es la esencia de la nueva estructura psíquica
humana, la conciencia, y es imprescindible para la difusión del poder en el
seno del pueblo: la única forma de que la mayoría ejerza el poder, es que cada
nuevo líder lo sea de compartir, de no temer ni avasallar, de liberar, de
ayudar al crecimiento de la multitud hasta que cada cual sea un líder de no
dominar ni relegar o excluir a sus conciudadanos, ni siquiera con los
mecanismos de dominación subliminales y ocultos, tales como apartar a las
mayorías en las barriadas, o en las universidades -actuando con la mejor voluntad pero sin
Ciencia de Uno-, y encima echarles la culpa y calificarlas de apáticas.
El
trabajo de los libertadores es facilitarle a la población mundial el ascenso al
espíritu, acometer la conquista del alma. Promover masivamente el conocimiento
de cada quien respecto sí mismo, entregar las herramientas para la
deconstrucción y dirigir el arribo de la humanidad al hogar eterno. Construir
los dispositivos de reencantamiento del mundo, los barrios felices, los
colegios sin dominación, los juegos integradores. Enamorar con las bellezas
realizadas, con las proezas cumplidas. Salir de la parálisis ética, del
estancamiento o la involución estética. Completar el trabajo que quedó
inconcluso tras la aparición del ego, su maduración y su transformación en su
opuesto dialéctico, el arribo a la plenitud, a la conciencia, a la vida
verdadera.
Dar
fin al ego significa pasar cada vez menos tiempo en los rollos mentales y cada
vez más lapsos vivenciando, directamente, el espectáculo de la vida. Dedicar
más energía a ver las prisiones sucesivas mientras se deshacen y a quedar libres
de toda elucubración automática estéril. Descansar de la mente distraída, usar
toda la energía para entender y para disfrutar las presencias reales, el
milagro de la existencia, el prodigio del presente eterno. Significa mantenerse
saliendo de las trampas y de la respiración entrecortada y regresando al más hondo
aliento y a la reconciliación con la vida. Esta epopeya significa dar un salto
descomunal a un nuevo acontecer, a una vida lúdica que se forja a espaldas del
pasado, mientras avanzamos enamorados de
la realidad diferente que vamos encontrando.
Problema
7:
La
ideología y las nuevas prácticas.
Según
la definición de ideología como “una efectuación simbólica de clase”, la tgc no
es una ideología, porque trasciende el accionar de las clases. Los mutantes
actúan desde el fin del conflicto, sin enemigos en ningún bando. Al proscribir
sistemáticamente la lucha contra un enemigo, la tgc trasciende el accionar
llamado ideológico. A muchos les
resultará difícil de aceptar pero es técnicamente coherente. La tgc despliega
su instrumental en la novísima plataforma de la integración humana que ella
misma funda, no se parcializa por una clase, no surge para destruir a una parte
contra la otra o para accionar desde una parte, sino desde la comunión, desde
el todo. Por tanto, no es caracterizable dentro de la lucha de clases ni como
ideología. Es, sí, una moción desde la conciencia plena (en este momento
histórico), y un paso para lograr el fin de la guerra fundando la praxis
transformadora no antagónica. De ese intento surgen las siguientes puntualizaciones:
La revolución es psicológica a la
vez que social, o no es revolución. Llevar a su cenit la revolución psicológica,
es la única forma, o la vía rauda para que la población se torne no
manipulable, inmune a las jugadas mediáticas administradas durante las guerras
de última generación.
El protagonista principal de la gesta
libertadora es el pueblo noble (no el obrero ni el partido),
el pueblo en la medida en que eleva su
conciencia, cambia su mentalidad o muta, porque sólo en la medida de ese ennoblecimiento
se hace capaz de transformar todo lo que toca en belleza existencial.
El
nivel más alto de ciudadanía no es el voto, la máxima expresión
de la democracia es la regulación cívica permanente, el reclamo amistoso en
cualquier espacio, la participación constante entre iguales a toda hora: el
poder compartido o poder popular. Una igualdad que se verifica cuando hay
reorientación amorosa y desarticulación, en vivo, de cuanta dominación
aparezca, en cada instante en que se hace presente. El nivel más alto de
ciudadanía es la contraloría social permanente en todos los niveles, familiar,
vecinal, escolar y en el ambiente laboral, en los sitios públicos y en todo el
conglomerado nacional. El nivel más alto de ciudadanía era el voto durante del
viejo paradigma. La Nueva Sociedad vuelve ese precepto una falacia.
El más importante instrumento
para promover la conciencia humana no es
hacer música; ni hacer deporte es la mejor forma de crear o manifestar
hermandad; ni el partido es la principal herramienta para organizar el poder
popular (un partido puede pasar 15 ó 70 años en el gobierno y
seguir dejando para después lo fundamental: lograr que el pueblo se quede
ejerciendo el poder)
Las palomas son un símbolo
harto erróneo de la paz. Esos animales salvajes se pelean entre
ellos por la comida aunque la haya en
abundancia. Tal símbolo encierra una ilusión, se corresponde con el
deseo de paz, a lo que se reducía la paz
en el paradigma dividido. La vivencia de la paz requiere otros símbolos.
Sobre
la nueva forma de hacer oposición: El progreso mutante, el
ascenso de la conciencia activa el surgimiento de una ala protestataria y
laboriosa dentro de la revolución, una que une, que es sabia y no forma un
partido, que critica desde la amistad, pero, más que eso, construye lo que el
gobierno revolucionario no puede hacer. Esto
incluye al contingente de los que se habían ido desengañados, negaban su
voto y su esfuerzo y criticaban impotentes poniendo en peligro el trabajo de
los revolucionarios. Pero asimismo, el avance de la conciencia en el seno del
pueblo activa, genera un ala protestataria y laboriosa dentro de la antigua
contrarevolución, un activismo alejado del fascismo y dotado del nuevo
instrumental. Tal desarrollo es lo que corresponde a una praxis transformadora
no antagónica y a la nueva sociedad. Un opuesto dialéctico que opera con
teoría de confrontaciones y no genera divisiones, pero demuestra con hechos
contundentes la diferencia radical entre los líderes de uno y otro paradigma.
Por un lado, los operadores tradicionales que,
sean de izquierda o derecha, no saben liberar ni son especialistas en
poder popular; y por el otro los líderes emergentes, los mutantes, que con sus
sorprendentes acciones, garanticen la unificación de la población en torno a la
revolución profunda, la democratización absoluta y la construcción de la nueva
sociedad. Ante tal irrupción, los más sensatos ciudadanos excluidos, los
silenciosos tradicionales no podrán evitar ser atraídos también, y vendrán a sumarse
a esa oposición noble, amorosa, constructiva y conservadora de la especie, y
ayudarán radicalmente a que desaparezca de la política el estilo dividido: el
sectarismo excluyente en el gobierno, y la labor delincuencial y neofascista,
asesina y dispuesta a todo para tomar el poder por parte de la
contrarevolucuión tradicional.
El
núcleo de la revolución son los barrios. Lo que debe
desarrollarse, madurar, prosperar, elevar su conciencia y embellecerse
diariamente en su tenor revolucionario hasta quedar libre del caos es cada
ciudadano y su barrio. No el partido ni los cuadros dispersos, ni las
fábricas ni núcleos aislados (los núcleos de desarrollo endógeno) que la gente
pueble de día y abandone de noche sino las comunidades residenciales, donde la
gente vive y tiene vecinos, empresas de todos y la más compleja red de
relaciones, enriquecibles o madurables a
través de la solución de los problemas comunes. Todo el análisis para la
fundación de una praxis no antagónica, está sustentado en esta tesis de la Tgc según
la cual el núcleo transformante de la sociedad debe ser cada barrio. Y éste se
sostiene en un postulado técnico: cada foco consciente sale primero y ayuda a
la emersión general.
El
pueblo tiene que construir su nuevo aparato económico.
Solicitar que los oligarcas se rindan, se porten bien, colaboren y pongan lo
que saben al servicio de la revolución popular, no debe distraer la energía de
la tarea fundamental de armar el aparto emergente, alternativo, idóneo según
los requerimientos de la democratización a fondo de la sociedad.
La
transformación económica estructural ocurre cuando aparecen los emprendedores
totales, los Gerentes Libertadores, y estos sólo pueden ser formados a través de un arduo y preciso
entrenamiento en los barrios que logran culminar su liberación, colegios
y empresas incluidas. Sólo gente no dividida puede generar una economía que no
enriquezca a unos cuantos magnates ni fabrique pobres y guerras. Cualquier hito
del aparato económico, un sistema importador y productor noble, bancos del
pueblo, una red de distribución sana sólo puede afianzarse como enclave
de la Nueva Sociedad, si el pueblo está generando cambio mental y organización
diferenciada, barrios liberados, líderes del más alto rango humano, puntos de
expendio atendidos, no por funcionarios sino por los vecinos ascendidos a
líderes que hacen contraloría permanente. Si no se desarrolla al pueblo
como líder vencedor no hay revolución ni democracia que arriben al Nuevo Mundo Posible.
El gobierno no puede construir
una mega industria que sustituya al oligopolio Polar y a las trasnacionales,
pero las comunidades sí pueden. La situación actual en que las
transnacionales y el oligopolio Polar -que fabrican o comercializan desde la
harina precocida hasta la salsa de tomate y la mayonesa, el jabón, los
jugos envasados, los refrescos chatarra,
margarinas y aceites, los jabones y el champú-,
y cuando quieren esconden, disminuyen, desvían la producción o sabotean
la distribución sembrando el caos a su favor, puede servirnos para visualizar
los paradigmas en juego. Desde el paradigma de la integración, tal situación se
revierte trasladando al pueblo la fabricación de la mayoría de esos
rubros. La gente (una vez dotada de una nueva mentalidad más allá del
sectarismo) puede moler el maíz y diversos tubérculos en sus casas o en
pequeñas empresas comunitarias de bajísimo costo de instalación. En comunidades
avanzadas, la población ya está fabricando champú, jabón de tocador y de aseo
para su consumo, y desodorantes, salsa de tomate –las familias italianas lo han
hecho por siglos-, la gente puede hacer mayonesa. El gobierno sólo tendría que apoyar
con el transporte (el personal, sobre todo los conductores, deben salir de los
barrios más seriamente organizados, para
impedir que secuestren el producto, como desde tiempo atrás secuestran
el gas doméstico) y con el equipo tecnológico de control o monitoreo, a la hora
de conformar la nueva red de distribución, y proveer a tiempo y sin
sobreprecios el maíz, apio, ocumo, yuca, plátano, tomates y huevos, la sosa
cáustica, el bicarbonato de sodio. En la coyuntura actual, una iniciativa que provea
frutas frescas y alimente una red que fabrique jugos naturales sanos y frescos,
terminaría sacando del mercado los refrescos chatarra ya casi incomprables dado
su precio. Que la burguesía haya elevado los precios y escondido la producción
para rendir al pueblo, nos da la oportunidad de producirlos al precio más
sincero y ganar organización y productividad alternativa. Que la gente sume sus
aportes comunitarios y produzca lo que falte, tal y como ya se fabrican
bloques, puertas y ventanas, resolvería con la mayor rapidez el problema y
mejoraría la calidad de los alimentos. El resultado neto sería a) en el más
corto plazo, más de la mitad de las población dejaría de padecer
desabastecimiento o encarecimiento y estos problemas quedarían circunscritas a
la clase media no organizada, b), el pueblo sabría que las soluciones están en
sus manos, crecería como protagonista noble, c), se eliminaría la falacia
consumista de que la comida viene de los supermercados, d), estaríamos
realmente sacando a los oligarcas del mercado, e), el país recibirá la
percepción de que la vida sí cambia y que entramos a una etapa en que el pueblo
está a punto de ganar la guerra económica, porque realmente sabe aprovechar
cada dificultad para avanzar en el objetivo estructural de cambiar la sociedad
hacia un paraíso donde no hay dominaciones.
¿Qué pasaría si los vecinos construyen este nuevo
aparato económico desde el temor y el acoso, excluyendo a los “traidores” y
culpando a los que “no colaboran”? Que no se arribaría a una NS sino se reforzaría
el sometimiento de muchos, de la misma forma que el progreso capitalista
fabricó a los pobres y los culpó de flojos etc. Los promotores se conformarían
como una nueva clase. Para que haya NS,
los protagonistas, el nuevo liderazgo, antes de partir, debe tener clara la
estrategia del fin de las dominaciones y estar dotados de las herramientas para evitar cada división, decantar,
desarrollar como instrumento los deseos
de paz de la mayoría y desentrañar el Código de Uno, salirse de los adoctrinamientos, irmás allá de los
partidos y las pugnas por el poder, ser expertos en unir, trabajar entre todos para
el fin de los conflictos. Entonces estarán construyendo una praxis no
antagónica.
Se confirma que la forma idónea de arribar es
mediante expediciones sabiamente diseñadas (los barrios piloto, o
experimentales), donde el cambio mental
sea lo primero.
¿Qué harán los que no conocen el paradigma del fin
de los conflictos? Necesariamente, no
impulsarán el traslado definitivo, no llamarán a moler, o llamarán pero no
crearán una seria red de transporte, no facilitarán los insumos, el maíz, la
sosa cáustica, las frutas y verduras frescas de forma directa y al precio no especulativo, no se
esmerarán en liberar los barrios para que sean ellos, y no los funcionarios, la
base de la nueva red de distribución, preferirán importar panelas de jabón
desde China a un precio exorbitante, y no producirlas en las comunidades
aprovechando nuestras ventajas comparativas –mar con agua salada y
electricidad-, se esmerará más en el control policial, la fiscalización y las
expropiaciones, en vez de en la educación de la población; pondrá el énfasis en los acuerdos con los
productores leales al país, que ofrecen soluciones en el mediano plazo y,
mientras tanto, condenará peligrosamente a la población a las distorsiones en
la producción y la distribución (ralentización de la producción, escamoteo, acaparamiento
y engorde de los productos, precios groseramente
especulativos, escasez inducida, colas) y al desaliento. Pero la permanencia en
el viejo paradigma, estará diciendo a cada instante hasta qué punto se cree en
la gente, hasta cuál se sabe impulsar el aporte del pueblo productor, el
protagonismo de las comunidades, el empoderamiento y las soluciones desde abajo,
y con cuál diligencia se avanza hacia el estado comunal o se lo detiene.
Otro
punto crucial donde se puede verificar el choque de paradigmas es la comercialización
directa de bienes. Desde la TM y la naciente estructura de la armonía, cada
barrio, antes de ser provisto directamente, debe estar plenamente involucrado
en una política de estado para acabar definitivamente y en el más breve plazo, con
las distorsiones mencionadas (ralentización, escamoteo, acaparamiento y engorde
de los productos, precios arteramente
inflados, escasez inducida, colas), mediante una maduración del propio barrio y
su transformación en un ente organizado invulnerable a los depredadores, sean
bachacos, paramilitares, comerciantes realengos o anárquicos, funcionarios
corruptos, contrabandistas o productores fascistas. La TM recomienda además
trabajar con la estrategia de fundar barrios piloto: los primeros enclaves del
paraíso, construidos por los más audaces avanzadores revolucionarios, pilotos capaces
de dictar la pauta para que los otros barrios tengan un método qué pulir,
mejorar, producir desde sus especificidades. Y recomienda la aplicación
sistemática de instrumentos de evaluación, considerándola una parte esencial del
arsenal diseñado para garantizar el empoderamiento popular y la democratización
absoluta de todo el país. Eso recomienda la tgc. Por el contrario, un gobierno
que no conozca el paradigma de la integración, utilizará las ventas a cielo
abierto y supermercados no adscritos a comunidades ni supervisados por ellas, que,
junto a la distribución directa de bienes a barrios no organizados
previamente para una contraloría exhaustiva y el fin del bachaqueo,
facilitarán el trabajo de los saboteadores del consumo popular y tenderán a
mantener a la población tiranizada, dispuesta a cansarse de la revolución y
darle el voto a sus verdugos.
Sobre
la Asamblea Nacional: Repetir el modelo heredado de la IV República es mantenernos en el pasado. El
modelo de la nueva sociedad se arma con gentes y barrios libres de dominaciones.
Liberar es un prerrequisito. Entonces es una necesidad prioritaria establecer
el tiempo venidero en que, a la hora de
las elecciones parlamentarias, sólo se considerarán candidatos y sólo se enviarán
a los cuerpos legislativos, líderes que hayan liberado comunidades, héroes que
hayan demostrado con hechos que saben hacer ese trabajo prioritario. Cuando se
fije y se cumpla esa ruptura, estaremos actuando en la nueva estructura, trabajando
en la armonía, en la praxis no antagónica, construyendo la nueva sociedad.
La
cultura latinoamericana. Latinoamérica,
después de varios siglos de resistencia
aborigen y africana, tiene cien años apareciendo y mostrando el
espíritu de los nuevos tiempos: la rumba, la conga, el cha cha cha, la samba.
Todos, con su mensaje inequívoco de no dañar sino poner a la gente a gozar,
dictan la pauta. Ése es el signo de Nuestra América: el fútbol de toque o “jogo
bonito”, con sus tácticas para ganar sin masacrar al oponente, basadas en el
desarrollo de habilidades extraordinarias al manejar el balón; la Pedagogía del
Oprimido, con su mirada desde abajo, que
completa y corrige la visión autoritaria y desde arriba, dan la impronta
de nuestro espíritu emergente. En esa línea de trabajo se inscribe la
tecnopoesía de la liberación: fin de la división, la pugna y la tristeza,
alegría para todos, glorificación del arte de vivir. Que un primer país de esta
América latinocaribe, aportara su liberación definitiva y emergiera libre de
las dolorosas cadenas de las sociedades detenidas en el odio, mente a mente,
barrio a barrio, canción a canción sería el mejor regalo entregado al mundo, en
estos tiempos en que se necesitan luces para aclarar el camino.
Sobre
la producción comunicacional: El imperio tiene siglos
produciendo contenidos para subyugar mentes y ya las tiene bien sujetas. Pero
lo que pintan filmes como Avatar, Star War y The Matrix son parodias donde el
poder del imperio bélico es vencido por los insurgentes. ¡La asonada
libertadora está en marcha desde hace tiempo hasta en el mismo corazón de las
metrópolis imperiales! Podemos aprovechar esa jornada vencedora y, con la mejor
calidad, con los dispositivos fílmicos mutantes
de última generación, producir el nuevo cine, la tv, caricaturas,
afiches, pero también las nuevas canciones sin llanto ni enemigos, correspondientes
a la vida libre, a la celebración por los logros de la gesta liberadora, y los
juegos de computadora que reviertan la subyugación secular. Un concurso de
telenovelas, de filmes y de juegos del amor verdadero, serviría para
direccionar a los creadores y obtener insumos para el imprescindible y decisivo
combate cultural. Una importante cantidad de La energía social se ha estado
dispersando en el deporte, el rap, la poesía y la asonada sexodiversa sin otro resultado que la ilusión de
libertad, la declamación de versos, la obtención de medallas y todo un festival
de fuegos artificiales, intrascendentes porque no transforman la estructura de
la sociedad. Será ciclópea y memorable la proeza de liberar y reconducir esa energía
hacia el liderazgo eficiente y la construcción seria de dispositivos que
signifiquen transformación profunda, telenovelas de procesos, comics,
caricaturas y divertimentos que operen desde
el nuevo paradigma y lo establezcan con exactitud evaluable.
Esta
“ala protestataria y laboriosa dentro de la revolución”, junto a un “ala
protestataria y laboriosa dentro de la oposición” deberán tener su canal de tv, con programas
capaces de enamorar tanto a los de la izquierda como a los de la derecha y a
los silenciosos, y de unir al país.
La
estrategia no antagónica consiste en “No
criticar impotente la tv de la revolución burocrática sino hacer la nueva tv”.
¿Qué
programas tendría ese canal? La respuesta deben darla los interesados en que la
vida se traslade de eje. Un ejercicio practicable es deducir unos cuantos antes
de leer la siguiente lista de posibles candidatos: 1) programa de problemas
resueltos por las comunidades según la estética superior, 2) programa con sesgo
humorístico (¡podría ser de talante malhumorado o agresivo?) con un acopio de
falsos positivos muy bien documentados,
3) Programa de promoción de nuevos y viejos cultores musicales para que asciendan a la Trova Feliz 4)
La
forma no antagónica sino amistosa de hacer oposición, es el broche de oro de la
construcción de la Nueva Sociedad.
El
paradigma viejo recomienda controles, vetos, multas a las cableras. En el
emergente, se impone mejorar de tal
forma la calidad de los contenidos en una red noble de tv, para que la gente
que quiere paz escoja.
¿Para qué es el capítulo? Para abrirle la puerta grande a la praxis estética,
aportando a la vez datos, orientación sobresaliente, pautas generales. Distinción
de lo que es praxis antagónica de praxis estética. Demostrar que lo que es
insurgente crea una revolución dentro de la revolución, una insurrección
cultural. No criticar impotente lo que hace mal el gobierno sino construir lo
nuevo alegremente, los barrios piloto. ¿Por qué sabotear al gobierno sería
praxis antagónica?
Lo que no es separado: canciones de amor dolor, de odio,
de conflicto no. Deportes de competir, no. Economía de fabricar pobres, no. Política de partidos,
no. El capítulo es para pintar a grandes zancadas, el nuevo panorama de la acción
no escindida, no ideológica sino amorosa.
Todo sobre el fin del conflicto. Lo que impide la praxis antago
La AN:¿quién no quiere que los barrios se liberen,
que la gente sea feliz y resuelva sus problemas más allá de la separación en partidos y en paz? ¿Claro
que los hay, pero no son mayoría! Claro que se opondrán, seguirán llevando
sicarios para quemar cosas y sabotear. Pero si aparecen suficientes líderes nobles
unidos al deseo de la mayoría y su germen prende, el entusiasmo por salir
ayudará a que los pocos malhechores queden aislados. Como no se los verá como
enemigos, cada vez más gente los dejará
solos y los aislará. El resultado será que en cada comunidad crecerá el pp, la
red sana y los colegios felices, no el infierno.
Hay que poner adelante lo de la oposición
noble, luego lod e la an.
Problema
8
Para
iniciar una Crítica de este nuevo paradigma.
La
tgc está en pleno desarrollo, queda aún
mucho parámetro por establecer. Entre lo que falta, está:
La Tgc
aún no ha hecho un escaneo del término humanismo. El marxismo es un humanismo
que coloca al hombre como sujeto, en vez de dios, la naturaleza, un príncipe o
el dinero (Kohan, 75) pero en la Tgc este papel se eleva, de un sujeto
colectivo, diluido como seguidor en el partido, el ciudadano pasa a ser un
productor de consciencia de su realidad y dotado de capacidad (información
teórica y práctica tecnológica) para transformarla disolviendo la dominación y
el sufrimiento en cada instante. Esto habla de que la categoría entró en crisis
y merece una contundente resemantización.
El
paradigma actual ya no es el científico. Aunque las academias no hayan dejado
de ensalzar ésta forma limitada de conocer., existen en la actualidad
demasiadas búsquedas y hallazgos de las más diversas alternativas. Pero falta,
desde la Tgc, un estudio completo del asunto.
Así
como apareció la Tgc, que aborda el conocimiento de la contradicción al
interior del ser humano, es de esperar que aparezcan otros estudios que
evidencien y amplíen la dialéctica en otros aspectos de la vida, que desde aquí
no han sido abordados.
Finalmente,
la Tgc no explica lo mágico. No hace nada por avanzar en ese campo, no inicia
estudios ni arroja hipótesis. Sólo
acepta su existencia y apoya a los que están trabajando en ese desarrollo
dentro del proyecto de dar fin a las dominaciones. En realidad, esta limitación
abre el campo para un nuevo contrario que asuma, explique y utilice sabiamente
el aspecto mágico del conocimiento. Eso no querrá decir que lo hecho sin la
magia vendrá a ser erróneo, sino que habrá llegado la hora en que nuevos
saberes coloreen y enriquezcan lo ya logrado, dotando lo conocido de más
amplios horizontes y aprovechando ocultas potencialidades.
En la
medida en que se consolide y madure, la
Teoría General de Confrontaciones Comunes sentará las bases para un
emprendimiento en el terreno de lo que hoy llamamos sobrenatural. Pero el
paradigma que viene no romperá drásticamente con el anterior, será su
continuación, su fortalecimiento. La nueva epistemología, bien sentada sobre la
base de que la vida es dialéctica, podrá aceptar la magia y dedicarse
sistemáticamente a desarrollarla.
BIBLIOGRAFÍA:
Bergman,
Morris. “El Reencantamiento del mundo”, Editorial Cuatro vientos, Santiago de
Chile, 1987
Kohan,
Néstor y Rep, Miguel. “Gramsci para principiantes”, Ediciones de la Alcaldía de
Caracas, 2008.
Lanz,
Rigoberto. “El marxismo no es una ciencia”, Ediciones de la UCV, Caracas, 1980
Melo,
Fredy J. “El marxismo y la revolución bolivariana”, Fondo Editorial Inces,
Caracas, 2015
Escobar,
Máximo. “Teoría general de confrontaciones comunes”, www.utopiahora.jimdo.com,
2006.
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