GOBERNAR HABLANDO
Me imagino que debe ser
fabuloso estar gobernando y tener una oposición noble criticándote lealmente
–con la mejor intención- y más contento todavía, si esa oposición
aristocrática, altamente ética, está tratando de construir lo que uno desde el
gobierno ha sido incapaz de construir, aunque lo desea firmemente. Debe ser una
vivencia del paraíso, del nuevo mundo posible. Es lo que el gobierno ha
solicitado por décadas, una oposición seria. Bueno. Este blog pertenece a esa
ON. Veamos para qué les sirve a los revolucionarios burocráticos.
***
El gobierno quiere
gobernar hablando, pero bastaría con hacer con exactitud el trabajo y mostrar los
resultados: el supermercado iraní, el
82% de recuperados. Ese tipo de noticias alegra suficiente, lo imprescindible
para seguir avanzando en medio de los tropiezos.
En ese largo conversar
ante un público, en parte obligado –muchos se mantendrán pensando que deberían
estar en otro lado-, hay temor. Inestabilidad. El gobierno siente que no hay un
vínculo real con el pueblo, con la mayoría, al menos, y se propone crearlo
enterando a la gente a través de largas peroratas. Pero lo que hace falta es el
vínculo estabilizador. El rumbo cierto. Si el pueblo tuviera la directriz:
“Vamos hacia el paraíso, ya lo estamos construyendo. Tenemos las claves
generadoras (todo lo que domina está de más, todo lo que separe, todo lo que
sufra), y con eso basta, el día a día lo podemos deducir nosotros. Todos
estamos aprendiendo y somos líderes de descubrir cómo se llega más rápido. Los
del Barrio Feliz No 1 ya llegaron y podemos aprender de ellos. Mejoremos eso a cada
hora. ¡Manos a la obra!” Con eso bastaría. Ya habría un vínculo sagrado
inviolable.
Ya no sería necesario sentarse
con largas cadenas, horas y horas a escuchar a una persona que no tiene las
claves y por eso habla y habla a ver si algo sirve. A ver si algo queda. Ese es
el camino viejo e inservible. El que lleva a una revolución que se autoliquida.
Si se construye el barrio piloto y se entregan las claves de la transformación,
habrá una forma canónica autodesarrollante, en que la misma militancia se
estaría entrenando permanentemente en los barrios que estuvieran saliendo.
Nadie que no hubiera liberado un barrio (es decir, que no supiera cómo liberar,
en vez de dominar) podría ser considerado líder ni electo a cargo alguno. Sólo
saldrían candidatos a alcaldes, concejales y diputados, los propuestos en las
comunidades liberadas. Si se hace el trabajo esencial y se lanzan los
parámetros y se establecen los mecanismos de evaluación, ya el vínculo estaría
creado, el futuro estaría fijado y el pueblo tendría en su poder los
instrumentos de producción de la nueva cultura, el Presidente sólo tendría que
ocuparse de pulir las líneas de mando, calibrar las evaluaciones, los líderes
intermedios tendrían un amplio y jugoso teatro de operaciones dónde dialogar
entre ellos y con la vida para aprender. Habría un camino seguro hacia la
adscripción paulatina de la mayoría, a la patria, todo estaría asegurado. Apenas
tomar el rumbo cierto, la angustia, de otro modo eterna, cesaría.
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