Finales de julio 2020: Indicios de la acción burocrática: hacerse el loco.

Desde el principio de la pandemia, el gobierno se esmeró en alejar de sí la imagen de “dictadura” al declarar con insistencia que haríamos una cuarentena voluntaria y consciente –la repetición, expresa ya el deseo de alejamiento-, y al respecto hay que aclarar: es consciente para los que están en ese alto uso de la inteligencia, la consciencia más plena: ese sector del país tomará todas las medidas por su propio entendimiento de la situación. Ejerciendo la plena libertad que le otorga a cada cual su raciocinio. Y si asumimos que esa vanguardia que acata inteligentemente las medidas restrictivas, es la mayoría de la población, entonces la cuarentena en el país es realmente consciente y voluntaria. Pero también desde el primer día se observó a los que no están en ese grado elevado de comprensión de lo que ocurre. Y la actitud del gobierno de decir por los medios que “toda la población” estaba cumpliendo conforme -y la de no buscar eficientemente a los infractores tempranos-, nos da la muestra inicial del viejo truquito burocrático de hacerte el loco, ignorar el problema esperando que pase, acumularlo hasta que te explota en la cara.

De marzo a mayo, en los dos primeros meses de la pandemia en Venezuela, durante el acierto tajante y abrumador de la gestión gubernamental, observamos a los pasajeros arracimarse en los microbuses de Caracas, repletarlos hasta quedar guindados en la puerta, y a los paseantes, vendedores y compradores arremolinarse en los mercados y supermercados no vigilados y complacientes con la disidencia –la policía nunca podrá cuidarlos a todos todo el tiempo- sin guardar la distancia, a veces sin tapabocas y echándosete encima en las colas. Si les decías algo te respondían ¡Ay, señor!”, como diciendo “¡Estás pasado de paranoico!” y no se apartaban, tenías que hacerlo tú, y, entonces, venía otro y se metía delante de ti, asumiendo que no estabas haciendo cola, porque para ellos hacer cola es estar apiñados. Y desde el principio fue normal ver los bulevares full de buhoneros buscando el pan y muchachos tomando agua del grifo con las manos sin siquiera enjuagárselas primero. Pero el canal ocho siguió pasando solamente extensas vistas de los lugares donde no había nadie y diciendo que el venezolano estaba cumpliendo 100%, feliz y en paz, las medidas contenedoras.

Por el tercer mes, los camaradas del canal ocho anunciaron que el gobierno colombiano estaba cambiando la táctica y desviando a los regresantes lejos de los puestos vigilados, para obligarlos a pasar por las trochas e infectarnos, pero nadie aprovechó el dato. Vamos a ponernos pesados y decir “lo que debimos hacer”: los del canal ocho, al ver que el ejército no hacía nada, debió insistir, inventar una etiqueta especial y repetirla persistentemente “Trocheros asesinos sin control”. Y debieron comenzar una acción adicional contra los infractores urbanos del párrafo anterior, en vez de invisibilizarlos. Los periodistas debieron hacer una huelga, ponerse cómicos, para que les pararan, el canal en pleno debió apoyarlos. Los del Frente Popular de Comunicadores de la Milicia Bolivariana debieron sumarse y dar una rueda de prensa. La ANC inmediatamente debió promulgar o tramitar una ley donde se les prometieran veinte años de cárcel a los que ingresaran por trochas y no fueran directo y voluntariamente -teniendo todo el cuidado para no contagiar a ningún compatriota-, a un puesto de control sanitario fronterizo. Ahora se habla de 30.000 trocheros. Si es así, ¿dónde estaban las Fanb? El cuerpo militar debió aceptar la cruda realidad: los venezolanos no controlamos esa frontera, igual que no dominamos la de Brasil: por todo ese extenso territorio mandan los irregulares. La gestión civil debió ser convocada y combinada con la militar. La juventud del partido debió irse a la frontera, como cuando la batalla de los puentes, intervenir como cuando los muchachos resolvieron las colas y las trácalas con la gasolina iraní, y agarrarse de las manos en una cadena interminable que abarcara toda la franja limítrofe, para impedir, ¡a tiempo, por allá por el tercer mes de la pandemia!, para impedir que entrara un solo asesino asintomático en potencia. La gobernadora del Táchira debió hacer algo ejemplar, que demostrara, fehacientemente, que desea cuidar a los venezolanos y que está muy lejos de querer ayudar al gobierno de Colombia a exterminarnos (demostrar que no va a Colombia, como en los partidos de fútbol).

Ahora todos, el canal de los venezolanos, la Fanb, la Anc, el partido y la Gobernadora, deberían reconocer que fallaron en sus respectivas misiones y hacerse una autocrítica: Los oligarcas colombianos perdieron rotundamente la “Batalla de los puentes”, pero están ganando con harta soltura la “Batalla de las trochas”. Y, ante ese resultado escueto, debemos hacer de una buena vez la chamba que no hicimos hace dos meses. Haber permitido la infiltración infecciosa, y no reconocer que hubo una falla y no corregirla ahora, todavía a tiempo, son muestras adicionales de lo que es gobernar burocráticamente. Que el canal que vela por todos los venezolanos –y no por la acumulación de la riqueza en pocas manos-, teniendo la información, no la esgrimiera hasta mover al gobierno y convencerlo, es una muestra de lo que es un medio sin capacidad crítica, sin poder para gobernar. Un medio sumiso: un canal burocrático de tv. Un canal de la revolución burocrática.

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