Décimo Programa: Europa
Y el deseo de poner a Europa en su lugar
obedece a que una de las causas del enloquecimiento del sector fascista de la
clase media venezolana, es su desprecio prepotente por los mestizos, a quienes no consideran sus
semejantes: se creen más gente por saberse descendientes directos o casi directos
de los inmigrantes europeos, y conservan la anticuada convicción colonial,
según la cual: Europa es el centro del
mundo por ser una maravilla absoluta, sin defectos, incuestionable, y Latinoamérica
es monte y culebra, los europeos prósperos son superiores a los criollos
indolentes, a los pobres que no saben progresar, a los negros, a los que viven
en los cerros, a los que viven en los barrios marginados de las ciudades, a los
que tienen menos estudios universitarios.
Creerse más los lleva a despreciar a todo
aquel que no se les someta, a los que quieren hacer algo distinto. Algo
distinto como distribuir la renta petrolera entre todos, no sólo para la
oligarquía sino brindando a toda la población servicios gratuitos, o muy
baratos, de salud, educación, vivienda, gas, luz. Los descendientes de europeos
y los que consumieron la cultura colonial se creen más y entonces no revisan la
información que han estado recibiendo por años, no creen que pueda haber algún
error ahí, eso es perfecto; o forman un clan que se apoya las mentiras. Creerse
más y despreciar, los lleva a querer derrocar por las malas a un gobierno que
pudiera ser el más democrático del mundo. No lo afirmo fanáticamente, lo
propongo para la discusión nutritiva. Eso de que esto es una dictadura y punto,
no es así, Hay que sentarse a conversar, a nutrirse, a entender, a aprender y
avanzar y crecer. Así que vamos a ver
algunas cosas que están detrás de todas esas falacias de la superioridad
europea.
Cuando llegaron los europeos, dijeron
que los indios no eran gente, para quitarles las tierras sin meterse en un
problema legal, para legalizar el robo y la expropiación, si son perros, esas
tierras no son de ellos, son de Dios y del Papa, que se las puede entregar a un
rey, que se las puede entregar a su gente de confianza y de armas y de pelea. O
sea, lo de la superioridad era un invento para robar.
Cuando dijeron lo mismo de los negros,
que no eran gente, era para usarlos como esclavos. Otra excusa para depredar
apoyados en el poder de fuego, la malicia y la ética depredativa.
Europa escaló al primer lugar en entre
las regiones del mundo, por un lado inventando y por el otro depredando. Son
explotadores, enemigos de otros hombres, sobrevivientes a muerte. Si ven a uno
débil, lo aprovechan para prevalecer. Encima falsearon la historia o
escondieron a los autores de los primeros inventos que usaron (la pólvora, el
papel, la imprenta, la brújula, el álgebra) Y aprovecharon los conocimientos
científicos para lucrar de la debilidad ajena. Tienen un amplio historial como
seres inhumanos y deshumanizadores. Su gloria pertenece a la era de las
masacres. Algo que debemos y podemos superar. Desde el exterminio del
Neandertahl hasta hoy, cuando están rodeando a Rusia y apuntando con su dedo
homicida a Venezuela, los europeos llevan 30 mil años asesinándose entre ellos.
Hoy, pese a sus innegables contribuciones a la civilización planetaria, sus
poblaciones mediatizadas, convencidas de mil mentiras por sus medios de
información domesticadora, dejan que los
jerarcas fascistas los lleven a una nueva Guerra Mundial, tan ciegos como el
siglo pasado y tan ciegos como hace treinta mil años. Un problema tan sencillo como
el del seis y el nueve, lo tienen sin resolver. No son una cultura
incuestionable que podamos ensalzar como ejemplo. Hay que ser críticos. Por el
contrario, constituyen un verdadero peligro para la supervivencia de la
humanidad. Lo de salvar el planeta, es realmente en serio y un reto que
nosotros “los del sur”, sí estamos resolviendo, aunque tengamos aún mucho
camino por andar.
Bolívar no sólo se planteó que Nuestra
América debería resolver el problema fundamental del hombre en libertad. En vez
de morir rico, murió sin bienes materiales, en vez de entregar las riquezas del
subsuelo a los particulares, las destinó para el reparto igualitario entre la
población, y en vez de pequeñas naciones aisladas y enemigas, soñó y alentó un
puñado de naciones unidas y de paz, capaces de generar un equilibrio en el
mundo.
Al sacar sus ejércitos para liberar,
los libertadores de Nuestra América generaron una ruptura epistémica, radical
con la cultura europea, cuyos reyes fueron básicamente saqueadores,
delincuentes, asesinos fanáticos, desquiciados sin remedio. Esa ruptura no sólo
se mantiene hoy, se ensancha. Los europeos y estadounidenses son los
depredadores, nosotros los libertadores. Hoy ellos son los matadores de gente,
nosotros los que graduamos médicos para curar personas, los que reímos y
bailamos en medio del acoso, en un combate que para nosotros es amoroso. Y, con
este cambio paradigmático, estamos haciendo un aporte gigantesco, sobrehumano, a
riesgo de nuestras vidas, para qué en el planeta se acaben las guerras.
Europa ha creado muchas de las glorias
de la civilización planetaria, desde el cálculo integral y la música de Bach
hasta la teoría de la evolución y el psicoanálisis, pero lo hizo porque se
levantó del suelo. En un principio de la gesta europea, en el siglo 14, Europa
era el continente más atrasado de los conocidos. Siglos antes, el emperador
CarloMagno había gobernado sin saber leer, firmaba con un sello. Comenzó
estando de última, pero hizo lo que tenía que hacer para subir de rango y lo
logró por varios siglos. Todavía está arriba, pese a su franco deterioro
cultural.
Esto del ascenso europeo desde cero hasta
la cima, lo digo porque sirve para ver nuestro caso: nosotros, los
latinoamericanos afrocaribeños, aunque estamos en muchos aspectos abajo, no vamos
a quedarnos ahí obligatoriamente para siempre. Con un poco más de ingenio que
le pongamos, nos terminaremos de levantar hasta ser la vanguardia de la cultura
planetaria. No vanguardia guerrera para aplastar a otros, por supuesto. Y no es
un sueño para el futuro, llevamos siglos haciéndolo: solo que nuestro ascenso no
vendrá mediante armas cada vez más poderosas para exterminar humanos, ni por el
aprovechamiento de la debilidad ajena, sino gracias a aportes culturales que desde
hace ya cierto tiempo han venido elevando la calidad de vida de todos,
comenzando por nosotros mismos.
Los inventos de nuestra América, de la
América latina africana y caribeña, son creaciones para que la gente disfrute
en paz y con alegría: hemos inventado la salsa, el futbol de toque, la
pedagogía libertadora, el reagge, la Ciencia de Uno, la revolución venezolana,
que está poniendo en práctica, aún intuitivamente, pero cada día más sobre una
base analítica y racional, la búsqueda de la libertad mediante la paz y la
alegría: una sofisticada contienda de última generación: la guerra amorosa, de
ganar ganar, de ganar sin matar, de poner a todos a ganar. Nuestra apuesta es a
lograr el desarrollo sin explotar a los débiles, ese ascenso inaudito sellará
nuestra diferencia cultural con la tradición europea y norteamericana.
Ese será el legado de Latinoamérica.
En menos de cien años, ya estará cumplido el sueño de Bolívar y seremos una
nación inmensa, múltiple, diversa y de paz que le dirá al mundo antiguo, es
decir a Europa, Estados Unidos y Canadá: ¡Las armas pasaron de moda, ríndanse a
la paz y la alegría, admiren ahora la majestad del mundo nuevo y vénganse a la
gloria de estar todos juntos!
Pero, como los más enloquecidos no se
van a convencer sólo con razonamientos y explicaciones verbales, vamos echarles
el cuento mediante ese cómic, esa comiquita que se llama “EL Euro-peo”, y en
cada episodio se narrará en dos cuadros alguna de las incontables guerras que
en los últimos 30.000 años ellos no han aprendido a desmontar, aunque nosotros
lo aprendimos en menos de quinientos.
La serie está también diseñada
especialmente para alertar a los europeos sabios y ayudarlos a responder en su
propio terreno, el peligro que significa para el mundo, que sus líderes
fascistas estén hoy señalando con su dedo asesino a los países
latinoamericanos, secundando a la desquiciada élite militar estadounidense. Las
mayorías de Europa deben despertar de su sueño de civilización que encubre y
disfraza la cultura de la muerte, y desalojar del poder a esas élites fascistas
y así ayudar a construir la patria grande, global, donde todos nos protegemos y
quedamos vivos y felices por siempre.
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